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Hacia las elecciones presidenciales en El Salvador.

Por: Nery Chaves García. Rebelión. 14/05/2018

Tras la culminación de las elecciones parlamentarias, de alcaldías y Concejos Municipales las fuerzas políticas y el electorado salvadoreño se preparan para lo que será la disputa presidencial en febrero del 2019. La Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), revitalizada y victoriosa después del 4 de marzo, eligió el pasado 22 de abril al empresario español Carlos Calleja como su candidato presidencial. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) aún debilitado electoralmente, se prepara para el sufragio interno en medio de un proceso de profunda crítica y reflexión en sus filas. Todo esto sucede en un contexto en el que la desconfianza a los partidos y la “clase política” es creciente, cuestión que resulta evidente en una baja movilización electoral.

I

El pasado 4 de marzo el electorado salvadoreño eligió la nueva conformación del aparato legislativo y la dirección de las alcaldías[1]. ARENA se impuso como ganadora al acaparar un 40,23% de los votos, logrando un total de 37 diputados y diputadas, mientras que el FMLN apenas consiguió 23 escaños con un 20,61% de electores.[2]. Las demás curules fueron repartidas entre: Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), con 10 escaños; el Partido Concertación Nacional (PCN), que se llevó 9 diputaciones; el Partido Demócrata Cristiano, con 3 curules; el Partido Cambio Democrático (PCD) que ganó un diputado y; un candidato independiente que obtuvo una curul de diputado. [3]. La participación general fue del 45,6% del padrón electoral. Junto a esa baja participación se impuso un aumento importante del voto nulo al pasar de 48.822 en 2015 a 178.538 en 2018[4]. Por otro lado, en lo que refiere a las alcaldías, la gran mayoría fueron alcanzadas por ARENA, incluída San Salvador[5].

Dicha pugna electoral significó la más grande derrota para el FMLN desde su abandono de las armas. Ésta sucede cuando el Frente cuenta con el Ejecutivo y, a la vez, con importantes resistencias en el Poder Judicial y la Asamblea Legislativa, la cual sancionó reformas económicas que lo debilitaron[6]. Según el politólogo Álvaro Artiga, de la Universidad Centroamericana (UCA), los resultados demuestran que el voto duro por ARENA es más grande que el del FMLN, mientras que otras perspectivas señalan que las personas simpatizantes del Frente castigaron a su partido no asistiendo a las urnas. Todas estas condiciones complejizan el panorama para el partido de izquierda, no sólo de cara a las elecciones de 2019 sino también a la gobernabilidad en el último año del presidente Sánchez Cerén. La Asamblea está controlada por la derecha.

II

Son diversas las problemáticas en el Frente. Entre las más importantes se encuentra la inseguridad creciente e insostenible. El FMLN continuó con la mano dura y declaró a las maras como terroristas, cuestión que, lejos de disminuir la delincuencia, contribuyó a la militarización de la vida cotidiana en detrimento de la comunidad. Además, distintos casos de corrupción, irrespeto al principio de idoneidad, así como fuertes críticas a la Comisión Política, han originado apatía entre sus simpatizantes[7]. Sobre ello, la organización de izquierda, Alianza Social para la Gobernabilidad y Justicia (ASGOJU) exige una reestructuración del gabinete, especialmente en las carteras de Hacienda, Economía y Comunicaciones[8].

En esa misma línea, una crítica reiterada se concentra en la necesidad de cambio en la dirigencia del Partido. La Comisión Política[9] se encuentra conformada por ex comandantes del proceso guerrillero que cada vez se aleja más de las realidades de los movimientos sociales, de un pueblo aún empobrecido[10] y una juventud con mínimas opciones[11]. Dicho reclamo no es nuevo: durante la mitad de la década de los 90 se llevó a cabo un enfrentamiento entre las ramas “ortodoxa” y “renovadora” del Partido; la primera resultó vencedora al obtener la Secretaría General a través de Medardo González. Al respecto, a inicios del mes de abril, organizaciones de veteranos del FMLN hicieron público un comunicado en el que desconocían al Frente como opción política dado que no habría realizado rupturas con el modelo neoliberal, y exigieron la renuncia de la Comisión Política para eliminar la concentración de la toma de decisiones[12]. En este sentido, una de las grandes conclusiones de la jornada electoral es que las personas simpatizantes del FMLN no votaron por la bandera sino por candidatos específicos; cuestión que podría dar pistas del nivel de desconfianza hacia el cuadro político del Partido como tal[13].

Antes de la derrota electoral, la Comisión Política del FMLN respaldó la candidatura de uno de sus miembros, Gerson Martínez[14]. Posteriormente, el 18 de abril, Hugo Martínez, ex Canciller de la República salvadoreña, anunció su interés en participar en las elecciones internas del FMLN[15]. “La ciudadanía envió un mensaje en las elecciones del 4 de marzo a los partidos políticos y quiere partidos más democráticos” fueron las palabras mencionadas por Hugo en compañía del vicepresidente, Óscar Ortiz. La postulación de dos candidatos es una oportunidad para obtener una figura presidenciable que no sea elegida desde la dirección partidaria –la cual, tomó distancia de la candidatura de Gerson-. Además, esta disputa interna despierta la fractura que a mediados de los 90 afectó al FMLN; tanto Óscar como Hugo fueron reconocidos miembros de la rama renovadora[16].

La derrota en marzo deja un panorama con pocas opciones para que el FMLN evite una nueva pérdida. La alianza con el actual alcalde de San Salvador -expulsado del Frente-, Nayib Bukele, es una remota posibilidad que ya ha sido desechada por varios dirigentes –entre ellos, Lorena Peña[17] y Medardo González- pero, ambos precandidatos se han referido a la necesidad de establecer alianzas con Bukele y otros sectores sin ser muy claros al respecto[18]. Esta alianza podría ser una oportunidad para atraer nuevos electores, como jóvenes de clase media y del espacio urbano[19].Mientras tanto, el FMLN sobrevive en instituciones heredadas por ARENA, con un margen complejo de acción al chocar con el Poder Judicial y lidiar con una economía débil. Las deudas estructurales del Frente también tienen que ver con una oposición “arenera” sin cuartel.

III

El partido ARENA eligió internamente entre tres grandes empresarios: Carlos Calleja, Javier Simán y Gustavo López[20]. La división también estuvo presente en el partido tricolor y las simpatías hacia Calleja y Simán incidieron en su fractura. El pasado 22 de abril el español y vicepresidente de la más grande cadena de supermercados en territorio salvadoreño, Carlos Calleja, fue elegido candidato presidencial con el 61% de la base electoral del partido. Calleja es apoyado por la cúpula de ARENA y por grandes familias criollas pertenecientes a la élite político-económica salvadoreña[21], como los Regalado, los Dueñas y los Kriete.

Por otro lado, las personas simpatizantes de Simán denuncian fraude debido a que la campaña del precandidato Calleja inició mucho meses atrás –solapadamente desde 2015- y generó grandes apatías en las bases hacia Javier Simán. El año pasado, el Grupo Calleja, al donar $871,780, se convirtió en el principal financista de ARENA. La sigla también cuenta con fondos provenientes de la compañía azucarera de la familia Regalado. En ese sentido, Simán menciona que el peligro de Carlos Calleja corresponde a la visualización de El Salvador como una finca de unas cuantas familias, mientras él se autodenomina como la opción que quiere un cambio a través de ARENA.

El cambio resulta confuso al provenir de un importante empresario salvadoreño. Sin duda alguna, la discusión es interna a las élites y, ante la derrota, Simán menciona regresar a sus empresas y no colaborar con Calleja. Mauricio Interiano, presidente de ARENA, insiste en la unidad del Partido y en la responsabilidad de las personas salvadoreñas para sacar adelante el país[22].

IV

Sin lugar a dudas, el 2018 será un año crucial para ambas agrupaciones. Mientras tanto, se fortalecen posturas que muestran un recelo al sistema partidario y el fortalecimiento de la postura de la no existencia de alternativas u opciones. Un diputado independiente con propuestas como el aumento de presupuesto a la educación y el respaldo al aborto terapeútico[23] logró canalizar 18.000 votos y, con ello, llegar a la Asamblea. Si bien la derecha salvadoreña salió muy fortalecida del proceso electoral, aún queda mucho por reflexionar sobre el mensaje transmitido en las urnas por parte del electorado. Probablemente, entre los mensajes se encuentre una creciente apatía al sistema o, más bien, una crisis o agotamiento de la opción partidaria como motor de cambio.

ARENA ya dio su primer mensaje el 1 mayo. Su alianza con el PCN -partido que respaldó la dictadura militar- y, en menor medida, el PDC, marcó la ruta para la conformación de la Junta Directiva. GANA está a la expectativa de ser integrada en la alianza y el FMLN pudo negociar dos espacios frente Interiano[24]. Así inicia una arenosa Asamblea Legislativa, en medio de un largo camino de reflexión para la izquierda salvadoreña.

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Fotografía: CELAG

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