Top Posts
El preocupante corrimiento a la derecha
VENCER EN LA GUERRA COGNITIVA
El relato y la guerra
La situación de la mujer Guineana
EL GOBIERNO DE LA 4D(SÍ, CON D)
W. Robles: En Perú, la represión contra Castillo...
Díaz-Canel: este domingo tuvimos una victoria revolucionaria
REALIZAN ACCIÓN GLOBAL #100 POR LOS 43 DE...
Bolivia. En Ivirgarzama, Arce llama a no temer...
Rosario, Beatriz y Xiomara
  • Colectivo Insurgencia Magisterial
Insurgencia Magisterial
Banner
  • Inicio
  • Nosotros/Legal
  • Directorio
  • Alianzas
  • Columnistas
  • Voces que seguimos
  • Micropolíticas del vivir
Espacio principalEspacio secundario

Construir utopías en los tiempos del cólera.

por La Redacción diciembre 4, 2020
diciembre 4, 2020
Veces que se ha leído este Artículo: 98

Por: Yayo Herrero. ctxt. 04/12/2020

Es preciso soñar y establecer laboratorios de experiencias que proyecten horizontes de deseo compatibles con los límites físicos del planeta y la justicia.

Foto: Amanecer en la playa de la Misericordia (Málaga).

Una emergencia es un acontecimiento que requiere una acción urgente para evitar o minimizar daños. La covid-19 ha desencadenado una emergencia que llega entremezclada con múltiples crisis interconectadas (pérdida de biodiversidad, cambio climático, declive de energía y materiales, migraciones forzosas, violencias machistas, empobrecimiento y desigualdades, racismo estructural, capacitismo, especismo, etc.) que nos sitúan ante una “normalidad”, la emergencia civilizatoria, en la que se desenvuelve ya, y se va a desarrollar en el futuro la vida humana.

Lo característico y paradójico de la compleja situación es que, en ninguna de sus dimensiones, se trata de algo inesperado. Los procesos que conducen al colapso de la civilización industrial han sucedido a plena luz. Fueron vaticinados hace décadas. Son la consecuencia inevitable y anunciada de decisiones y opciones, que no han sido tomadas por todo el mundo pero que han sido toleradas de forma mayoritaria.

La pandemia ha desvelado con nitidez la fragilidad del metabolismo social construido en torno al repudio de los límites, el ejercicio desigual del poder, a la violencia, y al dinero como prioridad. Ha permitido, al menos fugazmente, interconectar y poner en relación sus diferentes dimensiones. Ha posibilitado, quizás, comprender que las crisis que confluyen en estos tiempos del cólera son el resultado, diríamos inevitable, de un gobierno de las cosas que se orienta solo mediante la brújula del cálculo y la maximización de beneficios.

La normalidad, a la que mucha gente quiere volver, es la pura emergencia civilizatoria que no queremos mirar

Da igual que la unidad contable sea la moneda, los votos o los likes. El caso es que, como cultura, tenemos la mirada extraviada en la evolución las cuentas de resultados, el PIB, las encuestas o las tendencias, y mientras, delante de nuestros ojos, las condiciones que permiten una vida decente para todas se van degradando, y no es hasta que se deterioran peligrosamente, irreversiblemente, a veces, cuando se denominan emergencia y se hacen visibles. La normalidad, a la que mucha gente quiere volver, es la pura emergencia civilizatoria que no queremos mirar.

La llegada del virus ha obligado, al menos durante un minuto de lucidez, a que la sociedad se enfrente a la trampa civilizatoria en la que vive. Nuestra economía, nuestra política y nuestra cultura están en guerra con la vida. Las élites centradas en los beneficios y su seguridad personal catapultan al conjunto de los seres vivos hacia el desastre.

Ha tenido que llegar la excepción de la crisis sanitaria que ha provocado el virus para poder respirar sin riesgo, para comprobar que cuando la maquinaria loca de la economía frena, la naturaleza, aunque sea momentáneamente, revive. Ha tenido que llegar una catástrofe para que el Gobierno haga cosas que parecían imposibles: prohibir cortar la luz y el agua, impedir los desahucios y los despidos. Da rabia que sea un drama, y no una política pública orientada por la precaución, la responsabilidad y el cuidado la que obligue a legislar cosas que se han negado desde hace mucho. Pero también muestra que las decisiones “racionales” y supuestamente inapelables, presididas por la lógica contable, no son inamovibles.

La palabra emergencia tiene otro significado. Apela a aquello que emerge, que surge. Apunta a eventos que nos lanzan de lo normal a lo inédito, que nos lanzan de lo conocido a lo aún inexplorado. Y es mucho lo que ha emergido durante la crisis de la covid-19.

Prácticamente en todos los barrios y pueblos han surgido redes de personas autoorganizadas que han dado un paso adelante con la voluntad de hacerse cargo de otros y otras. Esas redes, en la mayor parte de los casos, no han surgido de la nada, sino que se han aglutinado alrededor de núcleos comunitarios previos: asociaciones vecinales, movimientos sociales, clubes deportivos, parroquias, asociaciones de madres y padres de alumnado, etc. Estas redes, que en estos días están saliendo al paso de la insuficiencia de la instituciones, muestran la importancia de la articulación social para superar circunstancias y crisis que, sin duda, se van a reproducir en el futuro.

Ha emergido también con fuerza la revalorización social de los servicios públicos. Después del desmantelamiento y privatización de una buena parte de ellos, muchas personas se han hecho conscientes de lo importante que es poder ir un hospital independientemente de si tienes o no regularizada tu situación administrativa o de que tengas o no dinero; o de la necesidad de un sistema de solidaridad colectiva que permita canalizar los despidos a ERTE o garantizar un ingreso mínimo para poder subsistir. Después del virus, el pensar y acelerar el debate e implantación de propuestas como la de la renta básica y la revisión de los servicios sociocomunitarios se hace mucho más evidente y perentorio.

Lo que hemos vivido estos días ha permitido visibilizar a aquellos sujetos y tareas imprescindibles que habitualmente permanecen ocultos. Resulta que los trabajos esenciales, los que no se podían dejar de hacer, eran los que peor se pagaban, en los que se daban unos niveles mayores de parcialidad y temporalidad y, en la mayoría de los casos, eran trabajos feminizados. Los hogares, de nuevo, se han perfilado como los lugares en los que se sostiene la vida. Fue en ellos en los que se cuidó a la mayor parte de la gente que enfermó y no requería ingreso hospitalario, y en donde se ha atendido, con enormes dificultades en muchos casos, a los menores que requerían seguimiento y apoyo para poder seguir las clases virtuales o a las personas mayores confinadas que requerían atención y cuidados.

Y ahora es importante saber cómo saldremos de esta. La Unión Europea y muchos gobiernos hablan de reconstrucción verde e incluso de resiliencia, pero muchas tenemos el temor de que las inversiones mil millonarias que se van a hacer traten de apuntalar un crecimiento económico pintado de verde, que no es físicamente viable y que no tiene como principal preocupación la redistribución, sino el mero crecimiento.

A veces, creemos que tenemos problemas de salud mental cuando tenemos reacciones sanas ante un modo enfermo de organizar la vida

Si consideramos las salidas de la crisis civilizatoria desde un punto de vista ecofeminista, habría dos grandes prioridades que tienen que ir juntas. La primera es la protección de la vida de las personas, y esto significa pensar en términos de necesidades humanas –vivienda, suministro básico de energía, alimentación suficiente, cuidados… Garantizar un suelo mínimo de necesidades es lo que algunos colectivos denominan “plan de choque social”. En segundo lugar, se trata de recomponer metabolismos económicos y sociales que se mantengan por debajo de los límites ecológicos ya sobrepasados. Se trata de aplicar una política de la contención y la resiliencia que atienda a la seguridad vital a la vez que se reduce drásticamente la huella ecológica, las emisiones de gases de efecto invernadero y el requerimiento total de materiales.

El reto está en asegurarse de que lo que hagamos a corto plazo no impida la consecución de objetivos razonables a medio plazo.

Es el momento de decir la verdad, de mirar de frente esta crisis profunda, sus causas y sus consecuencias, muchas de ellas ya inevitables. Solo así podremos establecer estrategias y medidas que protejan las vidas. Hay quien cree que no se puede hablar de esto porque provoca miedo. Pero con la pandemia hemos comprobado que en la tristeza, el miedo y el dolor, también se encuentra sentido y fuerza, que son emociones que conectan con la empatía y la solidaridad e impulsan a que unas nos hagamos cargo de otras.

Y si sentimos miedo es porque la situación da miedo, si la realidad nos abruma es porque el actual conflicto con la naturaleza y entre personas es abrumador. A veces, creemos que tenemos problemas de salud mental cuando tenemos reacciones sanas ante un modo enfermo de organizar la vida.

Se ha dicho que esta crisis nos ha hecho reflexionar sobre los inciertos derroteros de esta forma de vivir. Puede que sea así, pero la reflexión no garantiza en sí misma torcer el rumbo hacia el colapso de nuestra civilización. Solamente con un fuerte movimiento y presión social podemos transformar las prioridades que orientan las política.

Es importante, recordar otra vez que hasta llegar aquí, en cada hito, en cada punto de bifurcación se pudo elegir entre el freno y el acelerador del desastre, y que sistemáticamente se eligió acelerar sabiendo cuáles eran los riesgos, cuales podían ser las consecuencias, quiénes eran los potenciales perjudicados…En esta coyuntura de emergencias ecosocial va a haber que seguir escogiendo, cada vez con menos margen de maniobra, entre el acelerador y el freno.

Necesitaríamos manifestaciones artísticas y declaraciones políticas que permitieran proyectar un futuro comunitario

La falta de imaginación es clave. El problema es que una buena parte de la sociedad ha interiorizado que el crecimiento económico y el dinero son sagrados, que merece la pena sacrificarlo todo para que la economía crezca, pues es la única manera de satisfacer nuestras necesidades y de que el sistema se mantenga en pie. Desde esa perspectiva es difícil imaginar cómo salir de este atolladero.

Necesitamos utopías. Tenemos cada vez más relatos distópicos que nos cuentan dónde estamos y son necesarios, pero ahora también hemos de centrarnos en la configuración de utopías cotidianas deseables. Necesitaríamos manifestaciones artísticas y declaraciones políticas que permitieran proyectar un futuro comunitario, basado en los principios de suficiencia y precaución, en el reparto de la riqueza y de las responsabilidades y en la organización en torno a lo común y los cuidados.

En torno a esos principios, es preciso soñar y establecer laboratorios de experiencias que proyecten horizontes de deseo compatibles con los límites físicos del planeta y la justicia.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: ctxt.

Compartir 0 FacebookTwitterWhatsapp
La Redacción

noticia anterior
La cultura de la violación.
noticia siguiente
Marxismo, feminismo popular y animalismos críticos.

También le podría interesar

Narcisismo y política: ¿buena o mala combinación en...

marzo 20, 2023

Criminología global, control social y pandemia

marzo 17, 2023

Los movimientos sociales, entre la crisis y la...

marzo 16, 2023

Visitantes en estos momentos:

178 Usuarios En linea
Usuarios: 38 Invitados, 140 Bots

Te recomendamos leer…

CINE GRATIS EN XALAPA

Unidad de Investigaciones Periodísticas de la UNAM

Para LEER y DIFUNDIR

Artículos por AUTORES

Artículos publicados por FECHA

marzo 2023
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
« Feb    

Artículos más leídos esta semana

  • 1

    Bolivia. En Ivirgarzama, Arce llama a no temer al pluralismo de ideas y convoca a fortalecer la unidad ideológica en el MAS

    marzo 30, 2023
  • 2

    Rosario, Beatriz y Xiomara

    marzo 30, 2023
  • 3

    VENCER EN LA GUERRA COGNITIVA

    marzo 30, 2023
  • 4

    Díaz-Canel: este domingo tuvimos una victoria revolucionaria

    marzo 30, 2023
  • 5

    El preocupante corrimiento a la derecha

    marzo 30, 2023
  • 6

    REALIZAN ACCIÓN GLOBAL #100 POR LOS 43 DE AYOTZINAPA

    marzo 30, 2023
  • 7

    El relato y la guerra

    marzo 30, 2023
  • ¿Cuáles son los elementos de una historieta?

    febrero 15, 2017
  • 9

    Paro en 5 plantes, momento histórico para la UAM; alumnas en resistencia superan a autoridades

    marzo 29, 2023
  • BOURDIEU Y LA SOCIOLOGÍA COMO «CIENCIA QUE MOLESTA»

    julio 10, 2016
  • 11

    PAOLA, UNA VÍCTIMA DEL PATRIARCADO COMUNITARIO

    marzo 26, 2023
  • 12

    Perdidos, 93% de archivos del Programa «La Escuela es Nuestra»: ASF

    marzo 27, 2023
  • 13

    UNA REVUELTA ADOLESCENTE EN MORELOS

    marzo 28, 2023
  • 14

    EL GOBIERNO DE LA 4D(SÍ, CON D)

    marzo 30, 2023

Vanesa Monserrat. Argentina

Rolando Revagliatti. Argentina

Juan Antonio Guerrero O. México

Raúl Allain. Perú

Carolina Vásquez Araya

Ilka Oliva-Corado

Javier Tolcachier

Columna: CORTOCIRCUITOS

Manuel I. Cabezas González

Luis Armando González

Iliana Lo Priore

Jorge Salazar

Adolfo del Ángel Rodríguez

Oswualdo Antonio G.

José Eduardo Celis

Daniel Suárez

Güris J. Fry

Jorge Díaz Piña

Ángel Santiago Villalobos

Andrés Brenner

Alejandra Cortina

José Carlos Buenaventura

Luis Palacios

BIBLIOTECA de ÁBACOenRed

Suscríbete

Acepta recibir notificaciones

@2020 - Insurgencia Magisterial

Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • Nosotros/Legal
  • Directorio
  • Alianzas
  • Columnistas
  • Voces que seguimos
  • Micropolíticas del vivir
Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • Nosotros/Legal
  • Directorio
  • Alianzas
  • Columnistas
  • Voces que seguimos
  • Micropolíticas del vivir
@2020 - Insurgencia Magisterial

Leer también:x

PRESENCIALIDAD COMO BURBUJA

marzo 2, 2021

“Las crisis están creadas para beneficiar a...

febrero 13, 2017

¿Cuál es el éxito de Nicaragua frente...

septiembre 18, 2020