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Crítica a la política desde una perspectiva tecnoenergética y ecológica (I).

Por: Andrei Briones Hidrovo. Iberoamérica Social. 14/05/2018

Si quienes nos gobiernan y tienen el poder de decisión no escuchan a la ciencia, cualquier intento de mejorar la vida en las sociedades y de alcanzar un buen vivir (en el caso de Ecuador), no será suficiente.

Es indiscutible la existencia de problemáticas reales y concretos mundiales de diferentes índoles pero sin duda alguna, la crisis ecológica es la de mayor preocupación. No haría falta dar argumentos ya que las evidencias están expuestas. En el marco de esta crisis, que según Latouche (2012) es determinante para el futuro humano, la política tanto local como mundial juega un papel importante. Entiéndase política de manera general como el proceso y arte de tomar decisiones con la finalidad de buscar soluciones y tratar los asuntos humanos para el bien común, aunque muchos autores la relacionan con el Estado y en función del poder (Schenoni, 2007). En esta primera parte de la crítica a la política, se abarca el proceso y toma de decisiones en relación y en función primero, de la realidad en la que se vive y segundo, de los descubrimientos, hallazgos, y resultados por parte de la ciencia.

Cuando un grupo de ciudadanos organizados a través de partidos políticos logran, por vías democráticas, alcanzar el poder y dirigir un Estado, tienen la capacidad de tomar grandes decisiones que procuren el bien común, a través de la creación o reformas de  leyes así como también de políticas públicas. En este contexto, quienes gobiernan tendrían a priori suficientes elementos de juicio o información que les permitan tomar la decisión que tenga el mayor beneficio para la población. En consecuencia, y a manera de ejemplificar, ha habido gobiernos que han apuntado a mejorar el sistema de salud y educación por medio políticas que procuran una mayor inversión en dichos sectores. Durante el presente siglo, gobiernos de turno en diferentes países de América Latina han apostado por el conocimiento, la ciencia y la tecnología, como pilar para el desarrollo y que de mantenerse la tendencia, a mediano y largo plazo se podrían ver los primeros resultados. Un caso ejemplar es el de Ecuador en donde se invirtió de media un 4% del PIB en educación entre el 2007 y 2017 (Banco Mundial, 2016). A escala mundial, un sin número de regiones y países (aquellos denominados desarrollados) tienen ya grandes avances en la generación de conocimiento y desarrollo de nueva tecnología. Aquello ha permitido obtener respuestas y soluciones a preguntas y problemas de diferentes índoles tanto a nivel local como mundial, tales como la creación de vacunas o de tecnologías que permiten el aprovechamiento de fuentes renovables de energía (p. ej., panel fotovoltaico). Por tanto, aquellos países que aún no son capaces de generar todo el conocimiento necesario, bien podrían nutrirse del conocimiento generado en otras partes (si procede) para así avanzar y mejorar tanto en los citados términos como en la construcción de mejores sociedades.

Paralelo a esto, cabe señalar que el estilo de vida mundial ha dado lugar a lo que hoy se conoce como crisis ecológica. La alta dependencia de recursos no renovables, la sobreexplotación de recursos renovables, la contaminación de los agentes abióticos (aire, agua, tierra), etc., son uno de los tantos problemas que están afectando a los ecosistemas y su biodiversidad, los cuales nos proveen y suministran elementos necesarios para la vida. Esta problemática que nos concierne a todos por igual, ya es parte de los debates políticos a los diferentes niveles y escalas, siendo el cambio climático la principal temática a ser tratada ya que involucra y relaciona múltiples disciplinas, y sus efectos inciden tanto en la naturaleza como en el bienestar del ser humano. A través del Panel intergubernamental del cambio climático (IPCC por sus siglas en inglés), las alteraciones de los parámetros meteorológicos en relación al aumento de gases de efecto invernadero han sido científicamente estudiadas, concluyéndose así que el alto uso y quema de combustibles fósiles, entre otros, ha ocasionado un aumento importante en el temperatura global del planeta, causando derretimiento de los polos, alterando el clima y aumentando eventos naturales tales como huracanes, sequías e inundaciones (IPCC, 2013) (MEA, 2005). Con ello, no cabe duda de que el uso de combustibles fósiles, además de ser recursos finitos, es perjudicial por las condiciones en las que actualmente se los usa y las implicaciones que esto conlleva.

Pero la ciencia no para. Diariamente se obtienen nuevos resultados o se confirman nuevas hipótesis. En el marco del suministro de energía, y más específicamente de energías renovables, la ciencia ha realizado grandes avances, alcanzando soluciones prometedoras para el futuro. A pesar de ello, la ciencia también pone al descubierto los impactos, efectos, alteraciones, daños, etc., que las acciones humanas y las tecnologías desarrolladas ocasionan. Como ejemplo se puede tomar la generación hidroeléctrica. Sus beneficios son muy bien conocidos: su eficiencia es ente 2 y 3 veces mayor a las centrales termoeléctricas a base de combustibles fósiles (80-90%), usa un recurso renovable y abundante en la naturaleza, no genera a priori gases de efecto invernadero. Sin embargo, las investigaciones del caso desde 1990 hasta la actualidad contradicen alguno de los beneficios, además de poner en evidencia otros problemas. Renovable no es sinónimo de sostenible. Es bien conocido en la literatura científica-académica que los embalse son generadoras de dióxido de carbono y metano, este último que tiene un potencial de calentamiento global 28 veces más que el dióxido de carbono (IPCC, 2013). La emisión de dichos gases en el embalse se da por la liberación del carbono hacia la atmósfera, almacenado en la biomasa y en el suelo, a partir de la descomposición, proceso que en presencia y ausencia  de oxígeno genera CO2 y CH4 (metano) respectivamente. Con ello, las centrales hidroeléctricas no serían una fuente de energía limpia (Fearnside, 2005) (Fearnside, 2005). A pesar de que se tiene o se puede llegar a tener conocimiento de ello, dicha fuente renovable de energía se sigue implementando. Las investigaciones del caso también han revelado los importantes impactos a los ecosistemas, sus servicios, y a la biodiversidad, por la alteración del ecosistema, cambio e interrupción del flujo natural de los ríos, etc., (Bunn & Arthington, 2002) (Winemille, et al., 2016). Puntualmente, estudios realizados en la zona de los Andes y del Amazonas concluyen que hidroeléctricas construidas en esas zonas reducirán el flujo y suministro de sedimentos y nutrientes (fósforo y nitrógeno) y la población de peces; aumentará la presencia de carbono en la atmósfera y afectará las llanuras de inundación aguas abajo (Forsberg, et al., 2017) (Latrubesse, et al., 2017). A todo esto se le suma las importantes repercusiones socioeconómicas que tiene esta fuente de energía. Un estudio concluye que a largo plazo, los beneficios socioeconómicos de las hidroeléctricas no son los que se cree (de Faria, et al., 2017). Lo mencionado con respecto a las centrales hidroeléctricas puede ser replicado para otros casos en el ámbito de la generación de energía o como analogía de problemas abarcados por otras disciplinas…

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Fotografía: Iberoamérica Social

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