Por: Gastón Moyano Brito. 15/03/2025
En el año 2015 vivía en una habitación de pensión, pensaba todo el día en mi hija, la veía poco en ese tiempo, estudiaba el Profesorado de Lengua y Literatura en el Normal, había terminado una Tecnicatura en psicopedagogía y aprendizajes. Iba de una escuela secundaria a otra cubriendo suplencias, tenía un cargo de DAI (docente de acompañamiento a la inclusión) en una secundaria, y trabajaba cubriendo suplencias en 4to llamado de Literatura. El trabajo docente quedó totalmente degradado, es muy difícil subsistir siendo un trabajador de la educación. Una amiga que trabaja en la UNC (Universidad Nacional de Cuyo) y militaba en un movimiento social (cuya orientación ideológica era una mezcla de peronismo, progresismos, kirchnerismo y la lectura marxista latinoamericana de Mariátegui) me invitó a participar en la campaña de alfabetización que se desarrollaría en el barrio La Favorita. Con un sueldo aceptable, y con una perspectiva de continuidad. Dejé las horas que tenía de Lengua en una escuela, en lo económico casi no me servía, en lo intelectual, dudaba mucho sobre la enseñanza de la Literatura en la secundaria (la Literatura es arte y el arte no se enseña, pensaba). La campaña de alfabetización resultó muy bien, aprendieron a leer y a escribir muchas personas, de diferentes edades.
La Favo, como le dicen los vecinos, es un barrio emblemático, donde se dan, históricamente luchas de poder. Su historia es trágica y marcada por un espíritu cooperativo: en esta zona del oeste de la Capital llegaron militantes del MIR y de varias agrupaciones de izquierda que pudieron escapar de la dictadura de Pinochet. Llegaron en pequeños grupos, muchas familias con mujeres, casi todas jefas de hogar, casi no venían hombres. Tomaron terrenos abandonados, incluso muchas venían embarazadas. Fueron construyendo una comunidad. Pocos años después, el gobierno provincial de la dictadura militar les mandó topadoras para arrasarlas y la policía. Intervino Pérez Esquivel, quien estaba en Mendoza, en la unión vecinal tienen fotos, el premio Nobel de la Paz y las mujeres poniéndose delante de las máquinas excavadoras y de la Infantería, y atrás, casitas precarias, un páramo seco de piedras y tierra al pie de los cerros, más atrás la montaña, imponente. Ese es uno de los inicios de La Favorita.
Se partió de la idea de que todos los chicos tienen derecho a la educación, incluyendo a los que tienen alguna discapacidad intelectual, como lo especifica la Ley Nacional de Salud Mental 26657
Se llama La Favorita el barrio en referencia a la fábrica “La Favorita”, que funcionaba en ese predio a fines de la década del 40, junto a otras empresas como Aliar, Winka y Santequia. Las fábricas quebraron, y aún están sus estructuras en ruinas. Urbanizaron lentamente la zona, así que ahora La Favorita es un enorme conglomerado de cuarenta barrios diferentes, de hecho, ya es el conglomerado urbano más grande de Capital. Se ubica detrás del Parque General San Martín. Conviven muchas comunidades: peruanos, bolivianos, chilenos, colombianos, senegaleses. Es un barrio plagado de gatillo fácil y droga, también de militancia social. Uno de los casos de gatillo fácil más marcado fue el de Jonathan Chandía Bernal, de 20 años, fusilado por el policía Juan Carlos Oruza, que le dio dos tiros en la cabeza cuando estaba tendido en el suelo con su hermano y un amigo. Estudiaba, trabajaba y bailaba hip hop. El muralismo, el baile y las canciones daban identidad a los pibes del barrio.
Jonathan a principios del 2000 había introducido la cultura del hip hop, él con sus amigos ocupaban las esquinas, rapeando, bailando. La madrugada del 27 de mayo del 2006 lo asesinaron. Conocí a su mamá, desde la Organización hicimos una entrevista con ella. Una de las fundadoras del barrio, llamémosla N, nos presentó a la mamá de Jonathan. N era parte del contingente de exiliados chilenos, se escapó embrazada de la Pequeña Habana en medio de los allanamientos del ejército. Su hermana, otra vecina de la Favo, había sido la chófer de la ambulancia de la Pequeña Habana, ambulancia donada por Fidel Castro. Sin darme cuenta, había sido introducido por mi amiga en una red. Dejándome llevar por los acontecimientos y al terminar la campaña de alfabetización con muy buenos resultados, empecé a trabajar en el área de educación y salud mental de la Organización. La pedagogía es un ejercicio cristalino de introspección, los estudiantes y los educadores que conocí me ayudaron a entender los componentes y el funcionamiento de este tipo de trabajo, que iba más allá de la función de DAI. Nos centramos en “otros” sujetos de la educación: chicos y chicas con certificado único de discapacidad (CUD) de escasos recursos, chicos judicializados, chicos delincuentes, chicos con consumos problemáticos, otros levemente psicotizados, niños y adolescentes. Trabajé en el espacio que trataba a los pibes con CUD (Certificado Único de Discapacidad) debido a mi formación. En el año 2017 la biblioteca popular recuperada por nuestra Organización era uno de los centros comunitarios que mejor funcionaba en el barrio. Ahí empezamos a recibir y acompañar a las familias con sus hijos. El espacio también tenía comedor, aulas satelitales, funcionaba el Bachillerato Martina Chapanay.
La UNC (Universidad Nacional de Cuyo), SEDRONAR, la DGE, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y Contingencias Mendoza financiaban el proyecto. El docente de educación especial tenía que mediar los contenidos con la escuela y la DGE, trabajar en el gabinete psicopedagógico, intervenir en la escuela para la inclusión educativa. Todo era más complejo y delicado, debido a la vulnerabilidad de los chicos que viven su discapacidad en un contexto marginal. La red desplegaba sus hilos, conectaba las escuelas de la Favo, con su Centro de Salud, “La Salita”, con la Escuela Hogar Eva Perón, con la Universidad de Cuyo y las familias. Se partió de la idea de que todos los chicos tienen derecho a la educación, incluyendo a los que tienen alguna discapacidad intelectual, como lo especifica la Ley Nacional de Salud Mental 26657. A partir del amparo de esa Ley, empezamos a transitar las escuelas del barrio. Esta ley fue la estructura que permitió la intervención pedagógica para las inclusiones educativas.
El ajuste integral del gobierno interrumpió este proceso, se eliminaron los espacios de inclusiones educativas para las clases populares, con una primera consecuencia evidente: el ajuste aísla a las personas con discapacidad, los chicos con CUD quedan encerrados en sus casas
En la Biblioteca de la Favo encontré un libro de Fernand Deligny, Los vagabundos eficaces, después me regalaron Semilla de crápula, este último editado por Tinta Limón. Leyendo al pedagogo francés, empecé a darle un marco teórico, personal a la enseñanza, que resultó bastante efectivo. El criterio de salud mental se fue construyendo con la práctica, se relacionaba con el rescate de la identidad personal de los chicos con discapacidad, quienes son negados y degradados por las instituciones. No era una especulación teórica, la inversión del orden entre teoría y práctica evita la teorización sobre la teoría. Creíamos necesario en la Organización abrir las ventanas a la historia de una nueva concepción de la familia y la escuela en su tarea educativa. Ambas instituciones (familia y escuela), requieren una reestructuración cognitiva, una modificación y adaptación a un nuevo estilo de educación y una actitud abierta a la formación de los estudiantes orientada a una educación para la vida comunitaria. Gracias a la Ley de Salud Mental promulgada durante el segundo gobierno de CFK, se tomó a la discapacidad como una cuestión de derechos humanos. El Modelo de Derechos Humanos podemos vincularlo con lo que Deligny aconseja: variedad en cuanto a la reconstrucción del sistema de realidad del adolescente, la discapacidad es agravada por las amputaciones vividas en las zonas que se organiza el sistema de realidad de los chicos. También es cuestionable el CUD y su significado simbólico, si bien su función es la de incluir a las PCD (Personas con Discapacidad), en la sociedad, por otro lado, es una categoría que convierte a la persona en una cosa, en objeto. Tener CUD es el mal menor. Sin CUD la sociedad somete a las PCD a un ocio masivo. Los chicos pobres con alguna discapacidad sufren un doble estigma, el de la pobreza y el de la discapacidad. No pueden moverse solos, prácticamente no pueden salir a la calle, trastornos como el TEA dificultan la vida social. Si no se los estimula van perdiendo el contacto con la realidad, pierden la comunicación, se quedan sin lenguaje. Sufren una vulnerabilidad extrema, dependen completamente de sus madres. Lentamente fuimos conociendo a los estudiantes que nos asignaron. Hay que ser perceptivo, observar al estudiante, para confeccionar adaptaciones pedagógicas que sean útiles para ellos, se trabaja en equipo con los docentes de cada materia. Se adaptan los contenidos curriculares de los AP (Aprendizajes Prioritarios), paso a paso se los va evaluando. La Ley Nacional de Salud Mental 26657 dio la posibilidad a esos chicos discapacitados de bajos recursos, de realizar la escuela primaria y secundaria.

Antes de la pandemia, desde el año 2018, ya tenía un vínculo con los estudiantes que me habían asignado, era responsable de un grupo de cuatro estudiantes con CUD. Dos de ellos tenían intereses muy particulares: L, estudiante con diagnóstico de TEA (Trastorno de Espectro Autista), tuvo durante un año escolaridad protegida, por lo que iba a su casa a darle las tareas escolares y ayudarlo a estudiar. Una vez me mostró lo que lo obsesionaba: construía maquetas de naves de Stars War, unas cincuenta naves interestelares sobre una gran mesa de cartón prensado. Le encantaba todo lo de pequeño tamaño: pajaritos, cachorros, objetos diminutos, le daba un placer inmenso observarlos. No quería tocar solo mirar. L vivía con su mamá y sus dos hermanos menores. Armaba las maquetas con pegamento, pinzas y una lupa. Naves de todos los tamaños, diminutas y grandes. También le encantaba el cine, veía sin parar una y otra vez en el celular todas las películas de Stars War. Su mamá trabajaba en un puesto de diarios y revistas, por eso conseguía las maquetas, se vendían con un libro de la saga. La mamá, a pesar de trabajar todos los días y todo el día, siempre buscaba nuevas herramientas para a su hijo. La construcción de las maquetas era un excelente ejercicio de concentración, ese acto creativo vinculado con el arte ayudo a L a compensar su déficit atencional, le daba una rutina de concentración, una actividad que hacía trabajar su imaginación, pasaba todo el día adentro de su casa, solo salía para ir a la escuela o a las terapias, una vivienda humilde, no apta para que un chico con TEA pase su vida: dos habitaciones, una cocina/comedor y un baño afuera, en el patio, con letrina. En verano no hay agua corriente, un camión irrigador de la Municipalidad pasaba a la tarde y llenaba un tanque australiano con agua, los vecinos buscaban ahí agua, que no era potable, la tenían que hervir primero antes de consumirla. Así se vivía en algunas partes de La Favorita y así se vive aún. Un día, ya no tenía escolaridad protegida, apareció L por la Biblioteca con su primo, un chico de 17 años (era uno de los pibes chorros de La Favo) que rengueaba: tenía una herida de bala en su pierna derecha. No podía ir al hospital, ni al Centro de Salud, porque tenía pedido de captura. L nos pedía ayuda para su primo. Vane, una trabajadora social del equipo y enfermera, se hizo cargo de la situación. Extrajo los pedigones de la bala alojados sobre la rodilla. Desinfectó la herida, le dio calmantes y antibióticos. Y se quedó una semana entera en la Biblioteca Popular. Se fue de la Biblioteca, después de esa semana, nunca más volvimos a verlo.

Otra estudiante con CUD, era M, autista. Iba a la escuela dos veces por semana, una hora y media. El resto de los días de la semana tenía escolaridad protegida. M tenía intereses muy particulares. Necesita una estimulación permanente. El autismo es un trastorno de origen biológico y tiene un importante componente genético que afecta cualitativamente a diversas funciones psicológicas del individuo: interacción social, comunicación verbal y no verbal, simbolización e imaginación, modos de comportamiento rígidos, inflexibles, estereotipados, intereses restringidos y obsesivos. En realidad, es más correcto denominar a este síndrome como trastorno de espectro autista (TEA), puesto que cada persona puede situarse en un punto concreto de un amplio espectro, lo que conlleva a una gran diversidad en cuanto a capacidades y competencias. Por ejemplo, algunos tipos de TEA implican un cierto grado de deficiencia intelectual mientras que, por el contrario, es habitual que los afectados por el tipo de autismo conocido como Síndrome de Asperger tengan un coeficiente intelectual superior a la media. M está situada en el Asperger. Clases silenciosas, una comunicación a través de objetos y gestos.
La existencia de grandes diferencias en cuanto a nivel de inteligencia, capacidades y potencial de los chicos con autismo, resulta difícil establecer unas estrategias educativas, pautas y patrones metodológicos que sean válidos y eficaces para todos los estudiantes diagnosticados de TEA. Dichos estudiantes con necesidades educativas especiales (NEE) y que, independientemente de su potencial e inteligencia individual, siempre va a presentar, en mayor o menor grado, problemas de interacción social, consistentes en un cierto grado de aislamiento y falta de contacto social y afectivo con las personas, así como carencia de empatía e incapacidad para expresar sus propios sentimientos. Alteraciones de conducta, conductas repetitivas o disruptivas y obsesión por temas normalmente de escaso interés para el resto, como series de números o las posiciones de estrellas y planetas. Déficit en la comunicación y el lenguaje (verbal o no verbal) que puede ser inexistente o presentar importantes anomalías en la intencionalidad o el significado. Las actividades enfocadas a niños autistas deben ser muy funcionales, estar muy bien organizadas, estructuradas y destacar por la claridad y la sencillez. En cuanto a los materiales, se debe procurar que por sí solos muestren al niño las tareas que debe realizar. Con M tratábamos de que hallara por sí misma experiencias que ayuden a obtener autonomía en su vida. M. usaba plastilina para crear personajes de Pókemon, había recreado todos los personajes del anime con plastilina. Unas cincuenta figuras de plastilina ocupaban una mesa. Me decía el nombre de cada personaje, y los repetía. Después dibujaba, y mirábamos las letras de los libros con una lupa.
La red desplegaba sus hilos, conectaba las escuelas de la Favo, con su Centro de Salud, “La Salita”, con la Escuela Hogar Eva Perón, con la Universidad de Cuyo y las familias
Dentro de la red íbamos vinculando los intereses de los chicos, observando y escuchando. A partir de esa vinculación se pueden confeccionar adaptaciones pedagógicas para cada materia, ajustes significativos de los contenidos que conforman los AP (Aprendizajes Prioritarios). Por medio de estos documentos institucionales (Adaptaciones Pedagógicas) los estudiantes con CUD, podían estudiar, rendir exámenes, ser evaluados para alcanzar los Aprendizajes Prioritarios. Los intereses de los chicos variaban, no todos eran maquetistas como L, hay algunos que se fascinaban con las hinchadas de futbol, con la música de los bombos, los redoblantes, los cantos, la alegría del deporte. También las motos, pero solo su estética, no la mecánica, el ruido de los motores los perturba.
El ajuste integral del gobierno interrumpió este proceso, se eliminaron los espacios de inclusiones educativas para las clases populares, con una primera consecuencia evidente: el ajuste aísla a las personas con discapacidad, los chicos con CUD quedan encerrados en sus casas, y en el encierro se impregnan de un eterno deambular, no van a ningún lado, se repliegan en la soledad, en todo sentido, después es imposible entender mínimamente su mensaje, lo que quieren decir. Así se le asigna algo de la categoría de muertos. Es posible que este trabajo pedagógico casi invisible, solo se realice en las escuelas de la clase media públicas y en escuelas privadas. Los espacios socio-educativos de la Organización desaparecieron, solo quedó el merendero en la Biblioteca. La eliminación y la fragmentación no se detienen. Uno de los sectores más frágiles de la población, las PCD, tienen que soportar discursos y políticas que hacen de ellos una imagen de desdicha, que se vuelve una imagen ridícula, cada significado se diluye en el otro, así los van degradando cada vez más. El ajuste en discapacidad producirá daños inmedibles. Vidas que se aíslan, consecuencias en el orden de cada familia, desgano, y todo en la periferia de la periferia. El ajuste es también un golpe al corazón en personas que pueden sentir lo peor: que no valen la pena. Ojalá haya revancha.-

Fotos: Camila Randis
LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ
Fotografía: Panama revista