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“Hoy se puede vivir bien del mal periodismo y muy mal del bueno”

Por: Pablo Rojo. El Correo de Burgos. 20/07/2017

La reconocida periodista imparte hoy la conferencia inaugural ‘El reto de contar la verdad en el siglo XXI’ de los cursos de verano en la Universidad.

Al oír el nombre de Rosa María Calaf probablemente a muchos no les resultará extraño. Durante años, toda España estuvo viendo en sus pantallas cómo la veterana periodista informaba al pie de la noticia hasta 2009, año en que se prejubiló debido al ERE realizado en TVE en noviembre de 2008.
Ahora se dedica a la docencia, y esta tarde a las 19:30 abrirá los cursos de verano de la UBU con la conferencia ‘El reto de contar la verdad en el siglo XXI’.
Pregunta.- ¿Es tan difícil para el periodista contar la verdad en el siglo XXI?
Respuesta.- Hombre, realmente siempre lo ha sido, porque el periodismo tiene que ir siempre a contar aquello que no se quiere que se cuente. Pero ahora, digamos que importa mucho la posición de la opinión pública en el marco mediático que hay. Además en cuanto a la calidad informativa tiene influencia la revolución digital; es decir, hay una avalancha de información que es muy difícil de procesar y que te complica en diferenciar lo que es tóxico de lo que no lo es. La aparición de las redes sociales ha venido a complicarlo más, porque lo que vienen es a formar unos grupos muy sectarios que en verdad lo que divulgan, como estamos viendo, son falsedades que están infundadas en opiniones y no en hechos verificados. La famosa posverdad no es más que una mentira. A esto le sumamos que los medios privados reciben una extraordinaria dependencia financiera. Por otra parte los medios públicos tienen una malísima contaminación política. Por tanto, si juntamos todo eso hace que realmente el cumplir con el objetivo de informar del periodismo sea cada vez más complejo.
P.- ¿La información puede venir condicionada por el puesto de trabajo del profesional?
R.- Claro, porque digamos que no es lo mismo trabajar en las condiciones en que se ha trabajado siempre en cuanto a seguridad o a tiempo para la información, para salir a la calle, para moverse, para establecer el contacto con las realidades, que con la precariedad con la que vivimos en este momento. La precariedad incide en esa claridad del resultado periodístico. No es lo mismo hacer una noticia elaborada y trabajada de forma que uno tenga tiempo para saber de qué está hablando a tener que hacer siete noticias por día. Las condiciones en las que trabaje el profesional y que tienen que ver con las condiciones de trabajo pura y dura y con las condiciones del tipo de empresa (si estamos hablando de medios convencionales) para las que trabaje; es decir, si la empresa interfiere. Imagínate la interferencia que de alguna manera el dueño ejerce sobre la redacción. También tienes que en el mundo digital todavía no se ha encontrado la fórmula para poder vivir del periodismo serio. Estamos llegando al punto en el que se puede vivir bien del mal periodismo y vivir muy mal del buen periodismo, y eso es gravísimo para la sociedad.
P.- ¿Cree usted que la globalización, el avance de la tecnología o las redes sociales han facilitado la creación de la noticia o al revés?
R.- Creo que efectivamente las redes, es decir, la posibilidad tecnológica es magnífica, es una herramienta. La herramienta tecnológica es extraordinariamente positiva si se usa bien, pero con la misma fuerza puede ser extremadamente negativa si se una mal. Las redes en ese sentido son de lo mejor y lo peor. Y realmente tienen una gran influencia, le hacen creer a la ciudadanía que está informada cuando realmente lo que está es entretenida. Y en el mejor de los casos está entretenida con un fin mercantilista, de sacar dinero y tener un negocio totalmente al margen de la calidad de los contenidos o, en el peor de los casos, con un objetivo de clara manipulación, de desinformación y por tanto, de polarizarse por causas determinadas que no sirven al interés común.
P.- ¿Pueden las nuevas plataformas ayudar a que se recupere el objetivo informador y no lucrativo?
R.- Absolutamente, tengo una esperanza extraordinaria en la red y creo que el futuro está en la red. En ella igual que está lo peor está lo mejor. Sin embargo, para encontrar lo mejor hay que educar a la ciudadanía en saber interpretar los medios, para que sea capaz de darse cuenta de cuándo algo es tóxico.
P.- ¿Y acerca del G-20?
R.- Yo creo que ahora lo que se está viviendo es la consolidación de un proceso que empezó a finales de los 70, principios de los 80. En la época de Ronald Reagan y de Margaret Tatcher hay un cambio y lo que parecía que ya estaba conseguido, que era el interés por la persona, por mejorar la vida de las personas en lo material, pero también en lo humanístico se frena y entonces empieza a diseñarse otro nuevo modelo distinto, en el que la economía tiene una importancia extraordinaria y los medios de comunicación también tienen una gran preponderancia, y luego ya con la llegada de Internet esto ha alcanzado una gran velocidad.
Entonces lo que estamos viendo con Trump y lo que estamos viendo con las relaciones con Europa es que va a haber cambios. Pero estamos en un momento muy incierto, porque en el G-20 no acaba de salir nada claro, la única esperanza que parece es que Trump consiga hacer que Europa despierte y que sepa que su fuerza está en estar unida y en caminar hacia lo que era su planteamiento fundacional, que era precisamente el crear una sociedad de los valores y de los derechos, y no una sociedad de dinero y de capitalismo de casino. Trump no es algo que haya salido de la nada, sino que es síntoma de un modelo social.
P.- Sí, pero sin embargo en las masas crece justo la opinión contraria, proteccionista.
R.- Claro, ahora a lo que vamos es a encerrarnos en nosotros mismos, a crear una impresión en la ciudadanía de miedo, a rechazar lo diferente y echarle la culpa de todo al exterior, y eso nunca es beneficioso. Siempre que ha habido movimientos totalmente proteccionistas, xenófobos ha terminado muy mal. Deberíamos tener memoria, y esa es otra de las cosas que se intenta eliminar con esta aceleración supuestamente informativa. Hay una regresión a tener una ciudadanía asustada, a crear rechazos y eso no beneficia a la mayoría.
Utilizando a los sistemas de difusión mediática que existen en la actualidad, y sin ningún escrúpulo en cuanto al rigor y al respeto por la veracidad se consigue que la gente acabe queriendo aquello que va en contra de su propio interés.
Es muy complejo, todo esto debería estar en el debate permanente y supone el nuevo modelo que tenemos delante, porque la clave de todo es esto: ¿qué vamos a hacer con las personas y a quién le benefician esos movimientos que van en contra del bien común? Pues esas son las dos claves, y es un debate muy complicado y que no en todos los lugares se está planteando.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ.

Fotografía: ECB

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