Por: Portal oaca. 30/03/2025
La inmigración se ha convertido en los últimos años en un tema candente en el debate público como consecuencia de la expansión de los flujos migratorios y la emergencia de fuerzas políticas reaccionarias. La polarización social que se ha generado en torno a esta cuestión es notable, y es actualmente un debate que seguirá abierto, se quiera o no. Así pues, la cuestión en todo esto radica en diferenciar aquellas críticas legítimas a la inmigración de aquellas otras que no lo son. Algunas críticas legítimas, las menos, ponen el foco en los efectos negativos que se derivan de la inmigración desde una perspectiva ideológica libertaria, tal y como sucede en “El regreso de la esclavitud a Europa”.[1] Sin embargo, predominan críticas a la inmigración que no son legítimas por los argumentos en los que se basan al recurrir a teorías de la conspiración—el genocidio blanco, el gran reemplazo o sustitución étnica, y la teoría de Eurabia y la islamización de Europa, entre otras—, la demagogia y el irracionalismo, como ocurre con la defensa de los genes blancos. Esto es lo que sucede con los demofascistas españoles organizados en torno a la Revolución Integral (RI), una secta política conspiracionista rojiparda que se manifiesta en contra de los inmigrantes bajo el pretexto de las mencionadas teorías de la conspiración y la defensa de los genes blancos europeos.
El presente artículo tiene como finalidad exponer la correlación en términos de identidad que existe entre las principales ideas fuerza del nacionalismo blanco y el discurso de los demofascistas españoles en relación con la inmigración, y más específicamente en lo que ataña al etnonacionalismo que defienden. En este sentido, se busca aclarar las ideas de los nacionalistas blancos más relevantes, y constatar cómo se reproducen en la narrativa demofascista. Todo esto es llevado a cabo a través del estudio de los textos y obras de referencia tanto de los nacionalistas blancos como de los propios demofascistas. La cuestión migratoria es pertinente en todo esto en la medida en que constituye el nexo ideológico principal entre los demofascistas y el nacionalismo blanco, al mismo tiempo que esta cuestión constituye un elemento central en torno al que se articula la narrativa identitaria demofascista que, como se explica a lo largo de este texto, no sólo es coincidente con la de los nacionalistas blancos, sino que reproduce las mismas ideas y lógica discursiva.
El nacionalismo blanco
En primer lugar, es necesario aclarar las ideas básicas del nacionalismo blanco que, no hay que olvidar, constituye una ideología que surgió en EE.UU. en la década de 1970,[2] pero que desarrolló diferentes ramificaciones en el resto de Norteamérica, en Europa[3] y en Oceanía. Además de esto, es importante tener en cuenta que este concepto se superpone con otros con los que tiene relación, pero que no son sinónimos.[4] Esto es lo que ocurre con el supremacismo blanco y el segregacionismo/separatismo blanco que son formas de nacionalismo blanco, los cuales constituyen corrientes ideológicas dentro del nacionalismo blanco.[5]
El nacionalismo blanco, como puede deducirse del propio concepto, constituye una forma de etnonacionalismo. En lo que a esto respecta, considera que la cultura es producto de la raza, razón por la que aboga por la autopreservación de la población blanca. Los nacionalistas blancos buscan asegurar la supervivencia de la raza blanca y las culturas de las naciones históricamente blancas. Sostienen que los blancos deben mantener su mayoría en los países predominantemente blancos, mantener su dominio de la vida política y económica, y que su cultura debe ser primordial. Muchos nacionalistas blancos creen que el mestizaje, el multiculturalismo, la inmigración masiva de personas no blancas y las bajas tasas de natalidad entre los blancos amenazan a la raza blanca, y algunos argumentan que todo esto obedece a un plan de las élites para perpetrar un genocidio contra los pueblos blancos.[6] Esta teoría conspiracionista del genocidio blanco fue popularizada por el supremacista neonazi estadounidense David Lane en la década de 1990, y logró una notable propagación a principios del s. XXI que ha alcanzado amplios sectores de la extrema derecha europea y americana.[7]
Dado su carácter profundamente identitario, el nacionalismo blanco se articula en torno a la creencia de que la identidad nacional debe construirse alrededor de la etnia blanca y que, por tanto, las personas blancas deben mantener una mayoría demográfica que se proyecte sobre el dominio de la cultura y la vida pública del país. En última instancia, el nacionalismo blanco aboga por mantener el dominio político y económico de los blancos, y no se limita a mantener una mayoría numérica o una hegemonía cultural.[8] Por tanto, se produce una identificación entre el “demos” y el “etnos” a la hora de determinar quién puede pertenecer a la comunidad política y participar en las decisiones vinculantes de esta.
Sin embargo, como todas las formas de nacionalismo, el nacionalismo blanco también cae en el problema que entraña determinar quién es blanco y quién no lo es y, consecuentemente, quién posee derechos políticos y quién no, lo que normalmente conduce a callejones sin salida. No hay que olvidar que, tal y como Giorgio Agamben señala, la revolución francesa fue la que hizo de un acontecimiento biológico, como es el nacimiento, la fuente de derechos políticos, lo que, en definitiva, refleja el trasfondo biopolítico del concepto de soberanía nacional sobre el que se funda el poder político moderno.[9] Así es como los revolucionarios franceses problematizaron lo que es ser francés, y las consecuentes relaciones entre el hombre y el ciudadano. Los totalitarismos continuaron con esta problematización entre biología y política, entre nacimiento y derechos, para determinar quién forma parte de una comunidad política y puede participar en las decisiones vinculantes de esta. Esto fue evidente en la Alemania nazi cuando fue necesario determinar quién era ciudadano alemán, lo que requirió establecer unos criterios biológicos que en la práctica generaron muchos problemas, y sobre todo arbitrariedades.[10] El nacionalismo blanco hace exactamente lo mismo, con la particularidad de que en esta ideología son particularmente visibles los desacuerdos a la hora de determinar quién es blanco y quién no.[11]
Así pues, la configuración de la comunidad política en el nacionalismo blanco se organiza en torno a la etnicidad blanca, lo que conduce directamente a la naturaleza étnica de este tipo de nacionalismo y de las instituciones políticas que promueve. Es decir, la vida política, desde la perspectiva de esta ideología, debe estar dominada única y exclusivamente por los blancos. En lo que a esto respecta, la etnopolítica desempeña un papel crucial para los nacionalistas blancos, tal y como sucede con Wilmot Robertson, quien aboga por la creación de una comunidad política para los blancos exclusivamente, lo que le lleva a hablar de un etno-Estado.[12] Este tipo de proyecto político es planteado como una necesidad práctica y moral para los blancos de cara a garantizar su supervivencia como pueblo frente a la inundación de los países históricamente blancos por las poblaciones del tercer mundo. Se trata, en definitiva, de una necesidad existencial si los blancos todavía desean seguir existiendo, lo que justifica la creación de un Estado étnicamente homogéneo. Todo esto es contrapuesto con la tendencia a que los blancos conformen minorías que son desplazadas políticamente para, finalmente, ser subyugados por otros grupos étnicos.
El nacionalismo blanco suele entrañar generalmente alguna forma de racismo. Ciertamente, no existe una definición única y comúnmente aceptada del racismo. Sin embargo, la idea más extendida de este fenómeno es aquella que lo considera la creencia que sostiene la superioridad de un grupo étnico sobre los demás, lo que conlleva la discriminación o persecución social.[13] En este sentido, el nacionalismo blanco presenta un carácter racista en la medida en que establece una jerarquía entre razas, de forma que existen razas superiores e inferiores. La raza blanca suele ocupar un lugar superior frente a todas las demás.[14] Por esta razón, el nacionalismo blanco habitualmente se asocia con alguna forma de supremacismo, aunque no siempre es así. Puede afirmarse que el nacionalismo blanco está revestido de una suerte de excepcionalismo al atribuirle a los pueblos blancos unas cualidades excepcionales, de forma que cualquier contacto con otras razas únicamente contribuiría a su degradación, razón por la que para muchos nacionalistas blancos la coexistencia de los blancos con otras razas en una misma comunidad política no es deseable.
En la medida en que la identidad de los blancos constituye un elemento central en la narrativa del nacionalismo blanco, y que como tal representa un valor absoluto que debe ser defendido y protegido frente a cualquier tipo de amenaza, se utilizan diferentes ideas conspiracionistas para favorecer la cohesión intrarracial como es la del genocidio blanco, el gran reemplazo y la teoría de Eurabia o islamización forzada. En suma, se identifica a unos enemigos externos, otras razas, que pretenden dominar a los blancos y en última instancia destruirlos mediante una serie de políticas que atacan directamente su identidad. Es así como la inmigración ocupa un papel relevante al presentarla como una amenaza existencial, especialmente en la medida en que le acompañan políticas de integración racial que son consideradas un eufemismo del genocidio blanco para, en definitiva, disolver a los pueblos blancos.[15]
El rechazo a la inmigración y, en definitiva, a la coexistencia de diferentes grupos raciales en una misma comunidad política es un aspecto central del discurso político de la mayoría de los nacionalistas blancos. Esto se debe a que consideran que la inmigración de individuos no blancos a países blancos contribuye a convertir a los blancos en una minoría, a perder el control de sus instituciones y medios de vida, y a que se generen unas condiciones favorables para el mestizaje, lo que, desde su punto de vista, conduce irremisiblemente a la desaparición de la población blanca. En lo que a esto respecta, los nacionalistas blancos no sólo aluden a las teorías del gran reemplazo y del genocidio blanco, sino también al hecho de que en este tipo de contexto las mujeres blancas son obligadas a mantener relaciones interraciales.[16]
Debido al materialismo biológico en el que se asienta el nacionalismo blanco, la cuestión racial, la herencia genética, y todo cuanto tiene que ver con la reproducción física de la comunidad para garantizar su pervivencia en el futuro, posee una importancia central. Por esta razón, los nacionalistas blancos enfatizan la necesidad de establecer una moral biopolítica orientada a la preservación de la raza blanca, lo que conlleva el control de las relaciones sexuales y la implantación de unos códigos de conducta en este ámbito que tienen como principal finalidad la procreación. Esto explica, por ejemplo, que la homosexualidad sea rechazada como algo antinatural, mientras que el sexo sea contemplado como un acto de reproducción que tiene la única finalidad de incrementar el tamaño de la población blanca. Como consecuencia de esta visión de la sexualidad, los nacionalistas blancos consideran que la mujer debe estar sometida al hombre, la cual debe ser sumisa, mientras que el hombre tiene la obligación de someterla mediante el poder y el control del territorio. Las mujeres quedan reducidas así a la condición de vientres encargados de producir hijos y a ocuparse de las cuestiones domésticas.[17]
El nacionalismo blanco del demofascismo
El presente apartado tiene como finalidad aclarar la relación en términos de identidad entre la narrativa ideológica demofascista y el nacionalismo blanco. En lo que a esto se refiere, se pretende poner de manifiesto que el demofascismo toma numerosos elementos del nacionalismo blanco, cuyo origen está en los discursos políticos de los círculos neonazis estadounidenses, para formar una narrativa particular que reproduce esta ideología bajo unos ropajes políticos diferentes.
Así, en primer lugar, es necesario resaltar que los demofascistas tienen una visión esencialista de la identidad cultural, la cual es ligada a una herencia genética específica, por lo que los cambios en esta última afectan a la cultura de las sociedades. Los demofascistas sostienen que cultura, moral, valores, etc., están intrínsecamente unidos, de un modo orgánico, a una etnia y a una herencia genética que, a su vez, mantienen una íntima conexión con el medio geográfico en el que se han formado y desarrollado. Esto lleva a los demofascistas a afirmar que la evolución de una lengua se produce en conjunción con un lugar y su paisaje, pero también con una historia, una cosmovisión y una estructura física, biológica y genética de quienes la hablan. Según este razonamiento, dicha unidad debe mantenerse al existir el peligro de que la alteración de una de las partes trastoque completamente al conjunto y finalmente desaparezca.[18]
Rápidamente puede inferirse que el demofascismo asume uno de los elementos centrales del nacionalismo blanco al establecer una relación de dependencia entre cultura y genética, lo que deja bastante claro que la narrativa demofascista se alinea con los principales postulados de esta ideología nacionalista. Esto es especialmente claro cuando los demofascistas defienden abiertamente la protección de los genes blancos europeos. En lo que a esto se refiere, los demofascistas afirman categóricamente lo siguiente: “Esos genes han de permanecer, no desaparecer”.[19] Como consecuencia de esto, el discurso demofascista confiere una gran importancia a la natalidad como un instrumento para garantizar el futuro de dichos genes.
La lectura demofascista de la sexualidad es la misma que la del nacionalismo blanco. El sexo sólo es para tener hijos y asegurar la existencia a largo plazo de los blancos europeos frente al genocidio blanco de la sustitución étnica. “El sexo es el sistema establecido por la naturaleza para dar continuidad a las especies. Por eso, en esta hora dramática, todo lo más importante depende del sexo. (…) Contra el genocidio europeo en curso lo más decisivo es tener hijos, que nazca gente autóctona, nativa, aborigen, para que así no culmine la limpieza racial, la sustitución étnica en curso”.[20] De este modo, la política natalista planteada persigue impedir que los europeos blancos sean barridos por la inmigración de pueblos no blancos. “Tener hijos como sea, en cualquier circunstancia, es decisivo para que Europa tenga futuro y no sea barrida”.[21] Esto último implica, a su vez, la promoción de una sexualidad heterosexual orientada fundamentalmente a la reproducción, con todas las consecuencias que de ello se derivan en relación con el papel que se le pretende asignar a la mujer en dicho modelo de sociedad.[22] A esto le acompaña la condena de prácticas que contravienen ese canon sexual que aspiran a implantar con su particular moral biológica, tal y como explicitan en su programa político: “(…) se anima a niños y a jóvenes a practicar la homosexualidad, se promueve la masturbación a través de la industria del porno (…)”.[23]
En definitiva, es prioritario que los europeos blancos tengan la mayor cantidad posible de hijos, lo que convierte a la mujer en un mero vientre cuya principal responsabilidad es parir. Esta idea se refuerza por el sexismo, misoginia y paternalismo del discurso demofascista al afirmar, sin prueba alguna, que a las mujeres blancas europeas se les “(…) manipula y presiona de muchas maneras, para que tengan relaciones íntimas con emigrantes, a fin de realizar en la práctica la teoría racista y exterminacionista del mestizaje. Ello se convierte, a fin de cuentas, en un llamamiento a los inmigrantes a que violen a las mujeres europeas (…)”.[24] En otra parte se lee: “A las mujeres europeas se las fuerza y obliga a cooperar en el “mestizaje” de Europa, esto es, a tener sexo con emigrantes (…)”.[25] Se trata de un claro ejemplo de misoginia al constituir un ataque ad hominem hacia las mujeres europeas al desaprobar que estas deseen libremente tener relaciones íntimas con inmigrantes. Todo esto refleja el alineamiento del demofascismo con el nacionalismo blanco que le impregna, y que es directamente copiado de los neonazis estadounidenses.
Otro ejemplo más del nacionalismo blanco a ultranza del discurso demofascista es en lo tocante a la amenaza de que las instituciones políticas queden en manos de individuos no blancos. Si esto ocurre, lo siguiente que sucederá es una persecución de la población blanca europea hasta exterminarla, consumando de este modo el genocidio blanco que, también, estará acompañado del mestizaje forzoso. “Pero el mestizaje será incluso singular. Una vez que la raza blanca nativa ha sido descrita y etiquetada como “la mala raza”, a extinguir, y la raza negra como “la nueva raza superior” a promover a los puestos de poder y mando (…)”, las élites perseguirán “(…) una explosión de racismo antiblanco violento y sediento de sangre, que se elevará a exterminacionismo étnico, para hacer desaparecer a la así misma llamada “raza maldita” o “basura blanca”. Esto es, el mestizaje será una situación de persecución permanente, feroz y violenta, de la población blanca aborigen residual, hasta reducirla a su mínima expresión, o incluso extinguir del todo”.[26] Los nacionalistas blancos y neonazis estadounidenses sostienen este mismo discurso, razón por la que abogan por un separatismo blanco en el que, como ya se explicó antes, la política y la economía, así como las instituciones, estén controladas por los blancos de manera exclusiva. Así pues, la cita anterior, no se aleja en nada fundamental de las teorías del genocidio blanco y de la literatura neonazi estadounidense, como Los diarios de Turner.[27]
La interpretación de la realidad social y demográfica de Europa que los demofascistas hacen, como se ha dicho, está anclada en la teoría conspiracionista del genocidio blanco, lo que justifica la adopción de fuertes medidas natalistas que, en esencia, implican una transformación sustancial de la sociedad. Así, los demofascistas afirman: “Porque el genocidio europeo tiene dos partes, una, impedir de muchas maneras que los pueblos europeos se reproduzcan, tengan hijos; dos, traer masivamente gentes de fuera, para primero dejar en minoría y luego aniquilar a los pueblos europeos”.[28] Esta línea argumental se une a lo dicho más arriba, y es que el control de las instituciones por los blancos, y la transformación de este colectivo en una minoría, conducirá irremisiblemente a su exterminio. Por tanto, es fundamental aumentar el tamaño de la población blanca europea para que no se convierta en una minoría y finalmente sea barrida del mapa una vez haya perdido el control de la política y la economía.
La argumentación anterior conlleva, asimismo, a establecer la expulsión de los inmigrantes como un objetivo estratégico para garantizar la supervivencia de los europeos blancos como grupo étnico, e impedir al mismo tiempo que los pueblos no blancos tomen el control de las instituciones de los países europeos. En lo que a esto respecta, los demofascistas son bastante claros al insistir una y otra vez en que los trabajadores extranjeros no tienen derecho a permanecer en suelo europeo, que este continente no es su lugar: “Los emigrantes aquí establecidos deben ser persuadidos, como se ha dicho, para que retornen a sus países (…). Se les debe demandar explicaciones sobre su venida, como se ha expuesto, (…)”.[29] Los inmigrantes de origen africano reciben una atención especial de los demofascistas, quienes sienten una particular animadversión hacia ellos. Por esta razón, afirman: “Se debe convencer a los africanos instalados en Europa que vuelvan a sus países de origen, que abandonen Europa. Esto es decisivo”.[30] “Con estos [los inmigrantes africanos] tenemos que ponernos serios, severos, y decirles con claridad que no han sido llamados por los pueblos europeos y que no pueden estar aquí. Que tienen que marcharse”.[31] Los demofascistas, como ya se ha explicado en otra parte, persiguen una limpieza étnica para que los europeos blancos sean los únicos habitantes en suelo europeo, y conserven el control de las instituciones políticas y económicas para garantizar su supervivencia.[32]
Los demofascistas consideran que la inmigración es una grave amenaza para la pervivencia de los europeos blancos, por lo que constituye un fenómeno que es preciso atajarlo a través de medios contundentes y expeditivos. De hecho, abogan por el uso de la violencia y ponen de ejemplo a seguir los disturbios de Dublín y Reino Unido en 2023 y 2024.[33] El nacionalismo blanco del que está impregnado el discurso demofascista reproduce la misma narrativa y lógica de los grupos neonazis y supremacistas cuando abordan la cuestión migratoria y la relacionan, a su vez, con el genocidio blanco en curso. Existe en este punto, también, una relación de identidad entre lo que los demofascistas defienden y lo que los neonazis y demás nacionalistas blancos propugnan. Por tanto, puede afirmarse que en lo esencial los demofascistas toman prestadas las ideas y narrativas de estos grupos nacionalistas y racistas.
En la medida en que los demofascistas proponen la expulsión de los inmigrantes en suelo europeo, también asumen un elemento fundamental en el nacionalismo blanco y que es específico de su corriente segregacionista. Así, los demofascistas plantean que los europeos blancos no pueden convivir con gente de otras razas sólo por el hecho racial en sí mismo, pues constituye una amenaza existencial a través del mestizaje que pondría en peligro la supervivencia de los blancos europeos. Por esta razón, los inmigrantes deben retornar a sus países de origen, de modo que a cada raza le corresponde un determinado espacio geográfico. Esto explica su consigna de hacer retornar a los africanos a África, idea, por cierto, muy presente entre los nacionalistas blancos estadounidenses, aunque también entre los nacionalistas negros.
El nacionalismo blanco, al igual que el resto de los nacionalismos, apela al orgullo identitario. Sin embargo, este nacionalismo está marcado de forma particular por un sentimiento de superioridad frente a otras razas. Los demofascistas reproducen este mismo aspecto a través del excepcionalismo europeo. En este sentido, los demofascistas presentan a los europeos como culturalmente superiores al describirlos como los campeones de la libertad en contraste con otras razas que, por el contrario, se caracterizan por su servilismo, docilidad y sumisión que les han mantenido en un estado de atraso permanente que las ha incapacitado para despojarse de sus tiranos. Así pues, los europeos son distintos, únicos y ejemplares en comparación con otros pueblos, de forma que sus valores y desarrollo histórico son únicos en la historia humana, lo cual implicaría que están destinados y autorizados a jugar un papel distinto y positivo en el escenario mundial.[34] En el fondo se trata de una forma de supremacismo.[35]
Por último, y no menos importante, el demofascismo reproduce la identificación que el nacionalismo blanco hace entre el “demos” y el “etnos” en la medida en que también aspira a implantar una comunidad política racialmente homogénea. Por tanto, la membresía de esa comunidad y la ostentación de derechos políticos está supeditada a la pertenencia al grupo étnico de referencia, en este caso los europeos blancos. Esto es más relevante si cabe en el discurso demofascista debido a que su propuesta política contempla la organización de la sociedad en ausencia de Estado, lo que contrasta con la mayoría de los grupos nacionalistas blancos. Por esta razón, los demofascistas, quienes reivindican la democracia directa y toman las principales ideas de Jean-Jacques Rousseau a este respecto, pueden catalogarse como un grupo rojipardo al combinar elementos dispares procedentes de los polos opuestos del radicalismo político. Puede decirse que los demofascistas son unos anti-estatistas autoritarios, lo que les acerca a otro tipo de grupos neonazis que han adoptado este tipo de postura política, pero que mantienen un autoritarismo extremo, tal y como sucede con los neonazis del “nacional-anarquismo”.
Conclusión
La principal conclusión que cabe extraer a tenor de todo lo explicado hasta ahora es que los demofascistas españoles de la RI asumen el nacionalismo blanco como parte esencial de su discurso político y, por tanto, como un componente definitorio de su ideología totalitaria. Prueba de todo esto es la coincidencia que existe en términos de identidad entre las ideas que los demofascistas sostienen y las que caracterizan al nacionalismo blanco en general. En definitiva, el demofascismo está impregnado de un profundo etnonacionalismo que hace de los genes blancos europeos una cuestión fundamental a nivel identitario, y que como valor absoluto debe ser preservado para impedir la alteración de la cultura de los europeos y su destrucción frente al genocidio blanco en curso.
El nacionalismo blanco de los demofascistas integra todas las teorías de la conspiración inherentes a esta ideología, fundamentalmente la relativa al genocidio blanco y el gran reemplazo. De esta manera, la realidad es representada como una lucha existencial entre los europeos blancos y quienes están empeñados en su exterminio por medio de la inmigración, el mestizaje y las bajas tasas de natalidad entre las mujeres blancas. A esta ideología le subyacen una serie de ideas y planteamientos que ya han sido examinados con detenimiento, de entre los que destaca la relación que se establece entre raza y cultura, de forma que los genes están intrínsecamente unidos a una cultura específica en torno a la que se establece la identidad étnica de una comunidad.
Sin embargo, esa concepción de la identidad y la cultura es contradictoria con la realidad. Lo cierto es que el esencialismo de los demofascistas ignora el hecho fundamental de que tanto la identidad como la cultura son realidades contingentes, pues cambian con las nuevas generaciones, y estos cambios incluyen la incorporación de elementos de las culturas de otras sociedades. Esto se debe a que la cultura e identidad son el complejo resultado de la fusión de elementos culturales e identitarios de diferente procedencia fruto de las interacciones entre individuos de distintas sociedades y culturas. No hay nada puro, entendido en el sentido de homogéneo, ya sea en los genes, en la cultura, en la lengua, etc., de una determinada sociedad, sino que bajo estas realidades subyacen múltiples mezclas y transformaciones fruto de todas aquellas experiencias que han contribuido a originar una sociedad única y diferenciada de las demás.
Los demofascistas demuestran una gran hipocresía en su discurso político arremetiendo contra la inmigración y el mestizaje cuando ellos mismos, tal y como se ha dicho antes, también son el resultado de mezclas de diferente tipo. Además de esto, los propios demofascistas son inmigrantes o hijos de inmigrantes, personas que se desplazaron del campo a la ciudad dentro del Estado español o que descienden de quienes hicieron ese trayecto, por lo que ellos también son portadores de esa culpa que atribuyen a los inmigrantes no europeos que llegan a las Canarias o a las costas de la Península Ibérica. En otros casos son urbanitas que han huido al campo. Pero peor que esta hipocresía, o simple desconocimiento fruto de su falta de reflexión, son los argumentos que utilizan para defender su posición política en relación con la inmigración. Unos argumentos que no son legítimos al ser falsos y basarse en el irracionalismo de la defensa de los genes blancos y en teorías que nunca se han demostrado, como las conspiraciones del genocidio blanco y el gran reemplazo o sustitución étnica. Todo esto sólo refleja los prejuicios de esta gente fanatizada que persigue consumar una limpieza étnica a escala continental, e implantar una sociedad racialmente homogénea.
Así pues, los demofascistas son en última instancia una sucursal ideológica del movimiento neonazi debido a su nacionalismo blanco, sus teorías de la conspiración y sus terribles prejuicios racistas y xenófobos que aplican a todo el mundo menos a sí mismos. Los demofascistas son sumamente recalcitrantes, y por ello incorregibles. No tienen remedio. Por esta razón es importante ponerles en evidencia, desmontar sus aberrantes teorías y sus argumentos propios de personas desquiciadas movidas por la rabia y el odio más abyectos hacia todos quienes no son igual que ellos. Su aborrecible proyecto político, y sus no menos despreciables tácticas basadas en la intimidación, el engaño, el acoso, el señalamiento público, el insulto, la difamación, la mentira, la hipocresía, la demagogia y la confusión requieren una contestación clara, directa y contundente. Pero aún tan importante como denunciar públicamente sus ideas e intenciones es ponerles coto cerrado ante los continuos intentos de infiltración en el ámbito de la disidencia política, y muy especialmente en los medios libertarios, para lo que se han valido del discurso anti-estatista mediante el que han practicado el entrismo y hecho apología de sus desvariadas ideas. Es hora de que todo esto termine de una vez, y ponerles definitivamente en el sitio que merecen.
Esteban Vidal
Fuente: https://puntossobrelasies.com/inmigracion-nacionalismo-blanco-y-demofascismo/
[1] Cosa bien distinta es pensar que la inmigración puede detenerse. Lo cierto es que hay pruebas suficientes que demuestran que esto es imposible.
[2] Zeskind, Leonard, Blood and Politics: The History of the White Nationalist Movement from the Margins to the Mainstream, Nueva York, Farrar Straus Giroux, 2009.
[3] Kaplan, Jeffrey y Leonard Weinberg, The Emergence of a Euro-American Radical Right, New Brunswick, Rutgers University Press, 1998.
[4] Hughey, Matthew W., White Bound: Nationalists, Antiracists, and the Shared Meanings of Race, Stanford, Stanford University Press, 2012.
[5] Swain, Carol M. y Russ Nieli (Eds.), Contemporary Voices of White Nationalism in America, Cambridge, Cambridge University Press, 2003.
[6] Metzger, Tom, “What We Believe As White Racists”, en Jeffrey Kaplan (Ed.), Encyclopedia of White Power, Walnut Creek, AltaMira Press, 2000, pp. 537-553.
[7] Jackson, Paul, “‘White Genocide’: Postwar Fascism and the Ideological Value of Evoking Existential Conflicts”, en Cathie Carmichael y Richard C. Maguire (Eds.), The Routledge History of Genocide, Abingdon, Routledge, 2015, pp. 207-226.
[8] Taub, Amanda, “‘White Nationalism,’ Explained”, The New York Times, 21 de noviembre de 2016.
[9] Agamben, Giorgio, Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos, 1998.
[10] Nótese lo paradójico que supuso que, durante la Segunda Guerra Mundial, la Wehrmacht acogiese en sus filas a decenas de miles de “Mischling”, término despectivo utilizado por los nazis para referirse a quienes eran mitad judíos y mitad arios. Rigg, Bryan M., Hitler’s Jewish Soldiers: The Untold Story of Nazi Racial Laws and Men of Jewish Descent in the German Military, Lawrence, University Press of Kansas, 2002. Idem, Lives of Hitler’s Jewish Soldiers: Untold Tales of Men of Jewish Descent who Fought for the Third Reich, Lawrence, University Press of Kansas, 2009.
[11] Algunos entienden que los judíos no pueden considerarse blancos y sostienen un punto de vista antisemita. Otros, por el contrario, sostienen el punto de vista contrario, como Jared Taylor o William Daniel Johnson. Beirich, Heidi y Kevin Hicks, “White Nationalism in America”, en Barbara Perry y Brian Levin (Eds.), Hate Crimes: Understanding and Defining Hate Crime, Westport, Praeger, 2009, Vol. 1, pp. 109-132. Morgenstern, Elizabeth B., “White Nationalist Groups”, en Kathleen R. Arnold (Ed.), Anti-Immigration in the United States: A Historical Encyclopedia, Santa Barbara, Greenwood, 2011, Vol. 2, pp. 504-508.
[12] Robertson, Wilmot, The Ethnostate, Howard Allen, Cape Canaveral, 2015.
[13] Bös, Mathias, “Racism”, en Bertrand Badie, Dirk Berg-Schlosser y Leonardo Morlino (Eds.), International Encyclopedia of Political Science, Londres, Sage, Vol. 7, pp. 2197-2199. Osborne, Danny y David O. Sears, “Race and Racism”, en George Thomas Kurian (Ed.), The Encyclopedia of Political Science, Washington DC, CQ Press, Vol. 5, pp. 1416-1420.
[14] Una excepción es la de Jared Taylor, quien considera que la raza superior es la asiática, después de la cual se encuentra la raza blanca. Para ello establece una relación entre la raza y el nivel de inteligencia o cociente intelectual. Hay que tener en cuenta que Taylor nació y creció en Japón hasta su adolescencia, y que quizás esta experiencia haya influido en su punto de vista. En cualquier caso, Taylor presenta un punto de vista que es al mismo tiempo segregacionista y racista. Nieli, Russell, “Jared Taylor and White Identity”, en Mark Sedgwick (Ed.), Key Thinkers of the Radical Right: Behind the New Threat to Liberal Democracy, Oxford, Oxford University Press, 2019, pp. 137-154.
[15] Lane, David, “88 Precepts”, en Jeffrey Kaplan (Ed.), Encyclopedia of White Power, Walnut Creek, AltaMira Press, 2000, pp. 492-502.
[16] Lane, David, “White Genocide Manifesto”, en Katja Lane (Ed.), Deceived, Damned & Defiant: The Revolutionary Writings of David Lane, St. Maries, 14 Word Press, 1999, pp. 4-6.
[17] Lazebnik, H. C., “The Intersection of White-Racist Communes and the American Legal System”, en Timothy Miller (Ed.), Spiritual and Visionary Communities: Out to Save the World, Farnham, Ashgate, 2013, pp. 207-223.
[18] Rodrigo Mora, Félix, “No a la emigración en Euskal Herria y en toda Europa”, p. 11.
[19] Ibidem, p. 89.
[20] Ibidem, p. 53.
[21] Ibidem, p. 92.
[22] Ibidem, pp. 52-53.
[23] Bases para una Revolución Integral, p. 16 (versión epub).
[24] Ibidem, p. 98.
[25] Idem, Manual de la Revolución Integral, p. 132.
[26] Rodrigo Mora, Félix, “No a la emigración en Euskal Herria y en toda Europa”, p. 32.
[27] Novela escrita por William Luther Pierce bajo el pseudónimo de Andrew Macdonald en la que se describe una guerra racial en la que nacionalistas blancos exterminan al resto de la población no blanca y a los judíos. Se trata de una novela de culto en círculos neonazis, y constituye una apología de la guerra racial y del genocidio.
[28] Rodrigo Mora, Félix, “No a la emigración en Euskal Herria y en toda Europa”, p. 6.
[29] Ibidem, pp. 82-83.
[30] Ibidem, p. 82.
[31] Ibidem, p. 88.
[32] “Demofascismo y limpieza étnica”.
[33] Rodrigo Mora, Félix, “No a la emigración en Euskal Herria y en toda Europa”, p. 93. Rodrigo Mora, Félix, “Inglaterra en llamas. Contra el racismo antiblanco y el fascismo musulmán”. 18 de agosto de 2024. Ver también: “Demofascismo y guerra racial”.
[34] Rodrigo Mora, Félix, “No a la emigración en Euskal Herria y en toda Europa”, p. 33.
[35] Waltman, Michael y John Haas, The Communication of Hate, Nueva York, Peter Lang, 2011, p. 24.
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Fotografía: Portal oaca