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Encuestas de opinión más allá del ámbito político

Por: Luis Armando González. San Salvador. 21/06/2017

“Con un margen de error de tres puntos porcentuales arriba o abajo, la encuesta mostraba que todo un 61% de los estadounidenses cree que el relato de la creación contenido en el libro del Génesis ‘es literalmente cierto; es decir, que ocurrió palabra por palabra (…)’. El 60% cree en la historia del diluvio universal y el arca de Noé”

Susan George, El pensamiento secuestrado.

 

En El Salvador se ha vuelto costumbre que las encuestas de opinión pública[1]  se orienten casi exclusivamente a explorar las percepciones ciudadanas sobre la política (figuras políticas, desempeño político, instituciones políticas, intenciones, preferecias y electorales, etc.). Y cuando se abordan temas no políticos (por ejemplo, económicos o de seguridad y violencia[2]) o  bien se los aborda en su relación con la política o bien su especifidad se diluye en un marco de preguntas mayoritariamente centradas en lo político.

Ahora bien, hay ámbitos de la realidad social que aunque relacionados con la política no sólo gozan de autonomía, sino que son importantes (y algunos decisivos) en la vida la gente. Y así como la política, por serlo, merece el examen de lo que las personas opinan de ella, también esos otros ámbitos urgen de un tratamiento a partir de las percepciones de la gente. No para conocer sus dinámicas y funcionamientos reales –para eso deben usarse los recursos e instrumentos provenientes de las ciencias sociales—, sino para establecer el grado de distorsión que hay en la conciencia colectiva respecto de las dinámicas reales, no estrictamente políticas, que afectan su vida.

No se está diciendo aquí que no deben hacerse encuestas de percepción referidas a la política y los políticos. Lo que se apunta es que deben extenderse esos ejercicios investigativos hacia otras esferas de la vida social. Es dificil aventurar las sorpresas que tal indagación revelaría, pero cabe suponer que, muchos de los que ahora celebran los juicios poco gratos que emiten las personas cuando las entrevistan sobre temas políticos, se quedarían perplejos ante las valoraciones ciudadanas acerca de su desempeño, riqueza, poder o responsabilidades sociales.

A continuación, se hace un listado de algunos de los ámbitos de la realidad nacional acerca de los cuales es necesario y urgente conocer el escrutinio popular mediante unos buenos sondeos de opinión.

Con este esfuerzo –que es una gran deuda de la investigación científica en El Salvador— no sólo se conocería mejor la subjetividad de los salvadoreños, sino que superaría ese interés casi exclusivo –y a ratos enfermizo– por la política en el que han caído algunas instituciones académicas; esto da lugar a una  especie de inercia investigativa, poco creativa e innovadora, que convierte a muchas encuestas de opinión en más de lo mismo.

Y es que algunas casas encuestadoras, al dedicarse (casi) exclusivamente al sondeo de percepciones ciudadanas sobre lo político han caído en una zona de comodidad y de mínimo esfuerzo. Quizás la exploración de las percepciones acerca de otras realidades les lleve a asumir riesgos investigativos,  marcos de interpretación novedosos y a tomar en serio su responsabilidad de poner en evidencia, con rigor científico, las distorsiones que hay en las opiniones y creencias populares en su relación con las distintas dinámicas de la realidad.

Veamos algunos de los ámbitos merecedores de atención, no sin antes dejar constancia de lo necesario que son las buenas preguntas para obtener una mejor información sobre las percepciones ciudadanas. En las preguntas de encuesta de opinión lo más fácil es hacer trampa[3], comenzando con el hecho de que cualquier pregunta circunscribe el marco de las posibles respuestas, especialmente cuando se ofrecen opciones fijas de respuesta[4].

 

  1. El ámbito de las grandes empresas, los grandes capitales y las familias que concentran la riqueza. Cómo que no va a ser importante conocer la opinión ciudadana acerca de la esfera desde la que se incide decisivamente en la estructuración de la sociedad desde su base económica. ¿Cómo percibe la gente a los ricos más ricos del país? ¿Los considera comprometidos con el bien común o sólo motivados por la ambición de acumular riquezas sin importar la suerte de los más pobres? ¿Cuál es la opinión ciudadana de la resistencias del gran empresariado a pagar salarios justos y decentes? ¿Cómo valoran las personas a la ANEP y a FUSADES? ¿Qué juicio le merece a la población la evasión y la elusión fiscales? ¿Roban los ricos al país cuando no pagan impuestos? ¿Son transparentes? ¿Se han beneficiado o se benefician de la corrupción? ¿Abusan los bancos de los ciudadanos? ¿Las grandes empresas de telecomuniciones son voraces e ineficientes? ¿Qué calificación, del 1 al 10[5], da la gente a quienes encabezan la lista de los más ricos del país? Sin duda, se trata de interrogantes –a las que se pueden y se deben añadir otras— que nos permitirían ponderar cuál es el grado de distorsión de la visión de las personas sobre el mundo empresarial. Hasta ahora, los ricos más ricos de El Salvador, han logrado ponerse a salvo, con la complicidad de muchos, de un escrutinio de esa naturaleza.

  1. Las religiones y las iglesias. No se trata del camino fácil que consiste en preguntarle a la gente si asiste a alguna iglesia, o si se tiene una católica o protestante.  Se trata de explorar con el mayor detalle las valoraciones y opiniones de las personas a partir de preguntas bien formuladas y acusiosas. Por ejemplo: ¿Cumplen todas las iglesias en El Salvador los mandatos del Evangelio o lo traicionan? ¿Es fiel la Iglesia católica a las enseñanzas de Mons. Romero? ¿Por qué asesinaron a Mons. Romero? ¿Es la religión un negocio en El Salvador? ¿Explotan económicamente algunas iglesias a los feligreses? ¿Está bien que la Iglesia haga valoraciones sobre la política o debe ser apolítica? ¿Qué opinión tiene la gente del Tabernáculo Bíblico Bautista “Amigos de Israel”? ¿Qué opinión de su principal líder? ¿Y de la Iglesia católica? ¿Merece Mons. Gregorio Rosa Chávez la nominación de Cardenal? ¿Por qué cree la gente que la obtuvo: por su compromiso con la fe y la justicia, o por otros motivos? ¿Es comunista la Iglesia porque condena los abusos de los ricos? ¿Qué calificación da la gente, del 1 al 10, a los principales líderes religiosos del país? Nos hace falta, para los fines de conocer mejor a la sociedad salvadoreña, no uno, sino muchos sondeos de las percepciones ciudadanas sobre las religiones y las iglesias[6]. Cabe sospechar que aquí no sólo se encontrarán respuestas contradictorias, incoherentes y de pobre conocimiento, sino que se pondrá de manifiesto la distorsión existente entre las creencias populares y la realidad religiosa en el país.
  2. Los medios de comunicación, especialmente las grandes corporaciones mediática No se trata solamente de indagar cuántas horas dedica la gente a ver determinados programas o cuáles medios, radiales, televisivos o escritos, son los preferidos por la población, sino de investigar cuáles son las percepciones ciudadanas sobre asuntos más de fondo. Por ejemplo: ¿manipulan o dicen la verdad a la población las grandes empresas mediáticas? ¿Mienten los grandes medios de comunicación? ¿Son empresas que sirven a la sociedad o a grupos particulares de poder económico? ¿Informan o desinforman? ¿Violan o respetan las normas básicas de la ética? ¿Han recibido ilícitamente dinero de los gobiernos de ARENA? ¿Tienen complicidad con crímenes en contra de personas inocentes en décadas pasadas? ¿Cuál de los medios escritos miente más a la población? ¿Es TCS una corporación digna de confianza? ¿Son un modelo a seguir los presentadores y presentadoras? ¿Qué calificación, del 1 al 10, otorgan las personas a los medios escritos, radiales y televisivos más poderosos desde un punto de vista económico? Y la lista de preguntas puede y debe ampliarse, pues no cada duda de que la población tiene opiniones y valoraciones, que conviene conocer, sobre los medios de comunicación.

  1. La educación superior y las universidades. Claro que sí tiene que ser estudiado esté ámbito desde las percepciones ciudadanas, y ello por sus influencias en la dinámica social, política y cultural a través de la docencia, la investigación y la proyección social (y también por la influencia que tienen en la opinión pública las instituciones académicas que investigan la opinión pública[7]). No se entiende por qué, hasta ahora, no se han indagado las percepciones ciudadanas sobre la calidad de la educación superior; el rol político de las universidades –por ejemplo, cómo valora la gente el que las universidades critiquen o no al poder económico–; la responsabilidad de éstas en la deplorable calidad de la educación en el conjunto del sistema educativo; si las universidades investigan lo suficiente y eso ayuda al país; si está bien que las universidades privadas sean contratadas por los gobiernos; si debe fortalecerse la universidad pública en vez de la privada; la responsabilidad de las universidades privadas en la mercantilización educativa y su conversión en empresas educativas; la depreciación de los títulos académicos; el papel de algunas universidades en la reforma educativa de Armando Calderón Sol, y un largo etcétera. Y por supuesto que es interesante la investigación de estos y otros asuntos (por ejemplo, la nota, entre 1 y 10, que daría la gente a las universidades más grandes). Y es que, dado que algunas universidades dedican importantes esfuerzos investigativos a explorar lo que dice a la gente acerca de otros, qué bueno sería que supieran lo que la gente opina de ellas. Quizás eso pudiera ayudarles a moderar sus pretensiones de creer que están libres de responsabilidad en los males que este país acumula desde hace un buen tiempo.

  1. Por último, otro gran foco de interés en la investigación de la opinión pública es lo que las personas opinan de sí mismas, es decir, cómo se ven y se valoran, y lo que creen acerca de ellas. Vaya desafío este para las instituciones que investigan la opinión pública. Se trata quizás del más complejo y difícil, pero que es ineludible si se quiere conocer a una sociedad. Porque si la distorsión que existe entre las percepciones y la realidad externa a las personas es extraordinaria, cabe suponer que es más drástica cuando esas percepciones atañen a la propia vida. Nadie ha asumido ese reto en El Salvador, pues el terreno cómodo del estudio de las percepciones políticas consume las energías y los recursos. ¿Cómo se ven los salvadoreños a sí mismos: como triunfadores, como fracasados, como exitosos, como respetuosos de la ley, como tolerantes, como no violentos, etc.? ¿Se informan lo suficiente de los temas que les afectan? ¿Cuáles son sus fuentes y referentes de información? ¿Cómo quién quisieran ser? ¿Cuáles son sus modelos de vida: presentadores de noticias, entrevistadores, figuras del deporte, líderes religiosos, empresarios exitosos? ¿Creen que hay personas inferiores o superiores, o creen en la igualdad y la justicia? ¿Cuáles son sus aspiraciones: tener dinero, ser ricos, tener propiedades, ser buenos ciudadanos? ¿Les preocupan los asuntos públicos o les son indiferentes? ¿Han dañado al alguien con su comportamiento, opiniones y actitudes? ¿Son pacíficos o violentos? ¿Qué nota, entre 1 y 10, se da cada cual a sí mismo? Se trata, con preguntas de ese tenor, que los salvadoreños hablen de sí mismos, que ponga en evidencia las valoraciones que tienen de su propio comportamiento y actitudes, no que hablen de los otros.

 

Para terminar, arriba se han anotado algunos ámbitos de los que sería importante conocer la opinión y percepciones ciudadanas. Una gran falla de nuestro país es no contar, adscrito a la Universidad Nacional de El Salvador, con un instituto de investigaciones de la opinión pública que explore, con rigor científico y en toda su diversidad, las percepciones de los salvadoreños. Esta sería la mejor respuesta a la proliferación de encuestas, algunas francamente endebles, que se centran casi exclusivamente en el ámbito político, con lo que se descuidan otras dimensiones de la conciencia colectiva. La única manera de hacer un contrapeso a los manejos abusivos de los datos y a las interpretaciones equivocadas de las encuestas –como esas que ven en las percepciones de la gente un “reflejo” de lo que sucede en la realidad– consiste en impulsar una línea de investigación en encuestas de opinión más amplia y rigurosa, lo mismo que menos interesada, por razones políticas o de publicidad, en el impacto amarillista de algunos de sus resultados.

[1] Nos referimos aquí exclusivamente a las encuestas de opinión pública, no a otro tipo de encuestas, por ejemplo demográficas.

[2] Hay que decir que en temas de seguridad y violencia se desarrolló una interesante línea de investigación de la opinión pública, con encuestas de victimización de gran calado científico, que poco a poco perdió el impulso que la sostuvo durante más de una década.

[3] En las encuestas que suelen hacerse en El Salvador, este aspecto se pasa por alto con frecuencia, y en muchas de las preguntas que se hacen desde ellas es evidente el sesgo para obtener determinadas respuestas.

[4] Algo que no debe pasar desaparcibido es el significado de esas opciones para las personas. Píensese, por ejemplo, en preguntas paras las que las opciones de respuesta son “algo”, “poco” o “nada”; o, en en otro ejemplo, “bueno”, “regular”,  “malo” o “muy malo”. Vaya uno a saber lo que cada cual entiende por eso. Aunque quienes interpretan los resultados de ese tipo de respuestas pueden hacerlo a su antojo.

[5] No hay nada en las ciencias sociales que diga que  no es lícito, si se aplica una encuesta de opinión, solicitar a las personas que den una nota,  entre el 1 y 10, a cualquier institución o persona del ámbito público o privado. Así pues, no tiene sentido no usar ese recurso de evaluación popular en todos los casos en que se realicen encuestas de opinión. Por otro lado, es oportuno preguntarse qué resultado se obtendría si, en lugar de pedir una calificación entre 1 y 10, se solicitara a las personas aprobar y reprobar a una figura pública, empresarial o religiosa.

[6] Lo cual quiere decir ir más allá de preguntarle a la gente cuántas veces asiste a la iglesia, o cuál es su religión, o si aporta diezmo en su iglesia.

[7] Porque los estudios de opinión pública, cuando se divulgan masivamente, contribuyen a moldear la opinión pública, como deben saberlo quienes las auspician y promueven.

Fotografía: factum

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