Por: Carlos Munevar. 16/10/2025
La Barbarie como Orden Mundial
En Gaza, más de 67.000 palestinos han sido asesinados en los últimos dos años, entre ellos más de 20.000 niños, lo que equivale a un niño asesinado cada hora. Al menos 2 millones de personas han sido desplazadas, 200.000 toneladas de bombas han caído sobre la franja, 460 personas han muerto de hambre y 788 ataques han destruido hospitales, ambulancias y cadenas de suministro médico. Además, 254 periodistas y casi 300 trabajadores humanitarios han sido asesinados mientras cumplían su deber de informar y salvar vidas.
Estos datos no son simples estadísticas: son el retrato del rostro más brutal del necrocapitalismo contemporáneo, ya desde la Pandemia este concepto había rondado algunos círculos académicos y por lo menos a mí me había causado gran interés. Ahora es claro, es un sistema que hace de la muerte un instrumento de dominación geopolítica y de acumulación económica. Y lo más inquietante: esta violencia no ocurre en la periferia del sistema, sino que es protegida, financiada y legitimada por las democracias liberales del Norte Global, encabezadas por Estados Unidos, Alemania y sus aliados.
La causa palestina no es solo un conflicto territorial: es el espejo donde se reflejan todas las contradicciones del orden mundial. Como advirtió Aldous Huxley en Un mundo feliz, la barbarie puede presentarse envuelta en el lenguaje de la civilización. Hoy, bajo el discurso de la “seguridad” y la “defensa de la democracia”, Occidente sostiene un proyecto que combina tecnología, colonialismo y fascismo para sostener su hegemonía. Algunos hablan de Tecnofeudalismo.
El Estado Policial Global y la Economía de la Muerte
El politólogo William I. Robinson advierte que el mundo atraviesa la consolidación de un Estado policial global: un entramado de vigilancia, represión, militarización, control digital y despojo económico al servicio de las élites transnacionales. Este Estado, no en el sentido que lo conocemos, no tiene fronteras, tiene poder económico transnacional y funcionarios asesorando a una gran mayoría de gobiernos alrededor del planeta: coordina políticas, comparte información, criminaliza disidencias y normaliza la violencia estructural a escala planetaria. Gaza es su laboratorio más extremo.
El necrocapitalismo, concepto desarrollado por Achille Mbembe y ampliado por críticos como Sayak Valencia, describe la lógica por la cual el capital no solo tolera la muerte, sino que la convierte en herramienta de producción y control. En Palestina, cada cadáver, cada desplazado, cada ruina se integra a una economía global que produce ganancias para fabricantes de armas, empresas de seguridad, contratistas de reconstrucción y corporaciones tecnológicas.
La industria armamentística global superó los 2,44 billones de dólares en gasto militar en 2023, con Estados Unidos e Israel entre los principales beneficiarios. Las bombas arrojadas sobre Gaza —más de 200.000 toneladas— no son simplemente armas: son inversiones rentables que alimentan la acumulación de capital. Cada hospital bombardeado (de los 788 ataques registrados) abre espacio para contratos millonarios de reconstrucción. Cada periodista asesinado (254 en total) es un obstáculo menos para el relato oficial que legitima la ocupación.
Además, este Estado policial global no solo actúa hacia afuera. También penetra el interior de las democracias: vigila a sus ciudadanos, persigue activistas, censura contenidos y criminaliza protestas. En Alemania, cientos de manifestantes propalestinos han sido arrestados arbitrariamente; en Estados Unidos, se han desplegado unidades de la Guardia Nacional para reprimir movilizaciones pacíficas. La lógica colonial ahora se aplica dentro de las metrópolis, revelando que el autoritarismo no es un accidente, sino una condición estructural del neoliberalismo en crisis.
Neofascismo Occidental y la Hipocresía de la Democracia Liberal
La complicidad de gobiernos occidentales con el genocidio palestino expone la esencia del neofascismo del siglo XXI: un sistema que mantiene las formas democráticas pero vacía sus contenidos éticos. Estados Unidos veta sistemáticamente resoluciones de la ONU que condenan los crímenes de guerra israelíes. Alemania persigue judicialmente a activistas por desplegar banderas palestinas, mientras envía armamento que alimenta la ocupación. Francia y Reino Unido justifican bombardeos masivos con el lenguaje de la “legítima defensa”.
Esta hipocresía se extiende al plano discursivo. Los mismos gobiernos que condenan violaciones de derechos humanos en países enemigos guardan silencio ante el asesinato de más de 20.000 niños. Quienes se presentan como defensores del orden internacional basado en normas lo violan sistemáticamente cuando sus aliados las infringen. En este doble estándar se revela la función ideológica del derecho internacional: un instrumento de dominación, no de justicia. Podríamos decir que el orden mundial heredado de la posguerra ha muerto, la ONU y los grandes organismos internacionales son apenas tribunas vacías, sin mayor relevancia.
La Resistencia Global: Sociedad Civil Contra el Estado Policial
Frente a esta maquinaria de muerte, ha emergido una resistencia planetaria. Desde Londres hasta Bogotá, desde Berlín hasta Yakarta, millones de personas se han volcado a las calles en defensa del pueblo palestino. Las flotillas humanitarias como Sumud desafían bloqueos navales; sindicatos en Europa se niegan a cargar armas destinadas a Israel; universidades en Estados Unidos impulsan campañas de desinversión.
Este movimiento global no es espontáneo: es expresión de una conciencia política emergente en el Sur Global y en sectores críticos del Norte, que reconocen en Palestina no solo un símbolo, sino una causa que condensa todas las luchas contra el colonialismo, el extractivismo y la deshumanización. El Sur Global, históricamente sometido, se convierte ahora en el sujeto histórico que lidera la demanda de justicia planetaria.
Filosofía de la Resistencia: Vida contra Necrocapitalismo
La resistencia a la necropolítica debe pensarse no solo como lucha política, sino como proyecto filosófico. Como advierte Žižek, el mayor poder de la ideología no es imponer ideas falsas, sino convertir la injusticia en parte del paisaje cotidiano. Por eso, la lucha no puede limitarse a la denuncia: debe romper la normalidad de la barbarie.
Huxley nos recuerda que la opresión puede presentarse bajo el disfraz de la comodidad. Hoy, la distracción tecnológica, el consumismo y la desinformación actúan como mecanismos de neutralización política. La resistencia exige, por tanto, un trabajo ético de ruptura: desobedecer el mandato de la indiferencia.
Gustavo Petro y otros líderes del progresismo han propuesto un horizonte alternativo basado en la defensa de la vida como principio civilizatorio. En su discurso en la ONU, Petro denunció el orden necropolítico global que sacrifica pueblos enteros por petróleo, geoestrategia o hegemonía. Esta es la esencia del nuevo internacionalismo: unir las luchas del Sur Global bajo la bandera de la vida frente al capital.
Hacia un Nuevo Contrato Planetario
La crisis palestina demuestra que la humanidad necesita una transformación radical. Un nuevo contrato planetario debe:
• Reconocer la soberanía de los pueblos frente al imperialismo.
• Criminalizar el uso de la guerra como mecanismo de acumulación.
• Proteger a periodistas, trabajadores humanitarios y defensores de derechos humanos.
• Garantizar justicia internacional efectiva frente a crímenes de guerra.
• Colocar la defensa de la vida —humana y no humana— como principio rector del orden mundial.
La Historia No Está Escrita
Las cifras hablan: 67.000 muertos, 20.000 niños asesinados, 2 millones desplazados, 200.000 toneladas de bombas, 254 periodistas y 254 trabajadores humanitarios ejecutados. Estos números son una acusación directa contra el orden mundial. Pero también son un llamado: la humanidad no puede permanecer en silencio.
La historia no será escrita por los imperios que lanzan bombas, sino por los pueblos que levantan hospitales en ruinas; no por los gobiernos que criminalizan la solidaridad, sino por las multitudes que marchan por justicia. Palestina no es solo un lugar: es el nombre que lleva hoy la lucha universal por la dignidad humana.
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Fotografía: Huella del sur
