Por: Instituto de balística. 15/01/2026.
Egbert Méndez es un compañero de años, matemático de formación y profesor de vocación, quizá heredada de su padre, el cual tiene la peculiaridad de haberla ejercido lejos de las ciudades y de sus burocracias, pero también de sus instalaciones. El padre de Egbert se lanzó a la selva chiapaneca en una aventura encargada por sus responsables políticos, nada más y nada menos que la dirigencia nacional de los flanes, las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN).
Crónicas intempestivas. Historia del ascenso del EZLN 1987-1994 (Círculo de Viento, 2024) no solo es un relato, sino un análisis profundo surgido desde las filas de lo que se convertiría en el EZLN. Y si bien esta organización y los procesos que inspiró (en México y el mundo) han dado pie a miles de paginas dedicadas a explicar lo que ocurrió en las selvas y cañadas del sureste, justo la tesis del autor es que aun no existe una lectura política de dicho movimiento, la cual se ha postergado por décadas en favor de una lectura sentimental y nostálgica, la cual puede ser muy válida e interesante, pero es a todas luces insuficiente.
Méndez, desde una metodología que él mismo denomina marxismo hegeliano, narra como las FLN construyeron un aparato militar con los indígenas mas pauperizados como base social. Si bien los ojos exotizantes de Europa corrieron a pintar una insurrección excepcional, el motivo de esta estaba fuerte y claro, la revolución socialista, y desde inicios de los 80 se prepararon todos los medios para ella. No fue una masa surgida de la nada reivindicando su derecho a la tradición ancestral, sino un grupo organizado por años, con responsables y asambleas, con comisiones y tareas clandestinas, lo que le dio forma a lo que todos conoceríamos el 1 de enero de 1994.
¿De donde sale este mito de una guerrilla moderna sin ideologías? Egbert sospecha que es de la clase media ilustrada que encontró en el neo-zapatismo un refugio frente a su debacle intelectual luego de la caída del bloque soviético. Y aquí aparece nuestro personaje principal: El Subcomandante Insurgente Marcos, al que nuestro autor reconoce una enorme capacidad táctica, que logró granjearse un ejercito de intelectuales y figurines para servir como su 5ª columna, sin embargo, su operación se invirtió y terminaron en vanguardia, desplazando a toda la serie de cuadros que se habían formado bajo la lucha de las efes.
Las crónicas avanzan durante ocho capítulos, desde un episodio en el aún temprano 1989, para servirse de una estructura narrativa diacrónica, yendo y viniendo por sucesos desconocidos para explicar cómo lo que hoy parece una genialidad, en realidad fue producto de las luchas de muchos militantes, sin ningún romanticismo. Esto coincide (¿coincidencia?) con los relatos que el otrora comandante Germán ha estado publicando en recientes fechas, sobre sus diferencias con Marcos y CCRI, incluso Egbert nos muestra algunas razones de ese silencio de décadas, y cómo su actual intento de rescate de la memoria de muchos compañeros, parece más un ajuste de cuentas políticas.
El compañero Egbert escribe de forma ligera y honesta, no solo para el público que desea indagar en la historia de las guerrillas, lo cual lo pone a dialogar con los trabajaos de Adela Cedillo o de Laura Castellanos sobre el mismo periodo, también lo hace para una generación de militantes activos (él mismo lo es, apenas en su cuarta década de vida) que desconocen sobre las distintas manos que le dieron forma a la insurrección chiapaneca, las dificultades que enfrentaron y las lecciones buenas y malas que extrajeron. Este acaso es uno de sus mayores méritos, traer de nuevo sus memorias a una vida posterior, porque recordemos compañeros, ni los muertos estarán a salvo si el capitalismo vence…
Los que busquen anécdotas sobre como se preparaban los golpes insurreccionales o las tácticas guerrilleras, tampoco saldrán decepcionados, el libro las cuenta de forma vívida y abundante. En específico el episodio de la traición de Zedillo en 1995, cuando desató una persecución sobre las casas de seguridad y la militancia urbana clandestina del EZLN. Muy recomendable una lectura cruzada con otros relatos como la novela de Marcos con Paco Ignacio Taibo II Muertos incomodos, o incluso con La rebelión de las cañadas, ese informe policiaco (derivado de la traición de un tal sub Daniel) disfrazado de investigación histórica. El libro termina en el s. XXI, con el relato de cómo el rumbo que tomó forzado por los acontecimientos, terminó en una deriva teórica total, purgando a los dirigentes históricos como el comandante Rodrigo o la comandanta Elisa, y desplazando a una estructura de revolucionarios en todo el país, no solo a través de disputas políticas en congresos, sino también en el desgaste militante y el combate heroico.
No ocultaremos nuestras diferencias con el autor, en lo que parece un ensimismamiento sobre sí mismo del alzamiento zapatista, centrándose en sus objetivos declarados (o deseos irrealizados) y olvidando el resto del caudal del que formaban parte, el movimiento armado socialista. Además de desconectarse de lo que este movimiento desencadeno, una transición en las formas organizativas de los movimientos sociales, que después del segundo asalto proletario se habían replegado en estructuras surgidas de esa derrota, pero que vieron en el zapatismo una organización de nuevo tipo, desde la cual impugnar al Estado capitalista. Acaso el silencio del autor hacia otros señalamientos críticos en la ultra izquierda contemporánea tanto en México (el GSL o la CCI) como en el extranjero (Charles Reeve o Aufheben) demuestra la necesidad de actualizar este debate, dado que los caracoles zapatistas son entidades vivas, que escapan por mucho a la voluntad de sus “inspiradores”. En especifico, el zapatismo parece una entidad incriticable, y quienes lo hacen se les acusa bien o de izquierda güera, o de plano de delatores y advenedizos. Como si de pronto ellos no fueran un momento de la lucha global del proletariado, y su proceso fuera solo de ellos, una auto-alienación inaceptable en estos momentos de guerra capitalista sobre todos los oprimidos.
En el IB hemos recibido con agrado la lectura de este libro, ya que se inscribe en una serie de intentos de esta generación de partisanos, que después de años de enfrentarse en México a la contrarrevolución capitalista maquillada como Transición democrática, hacen la labor de reconstrucción de su periodo histórico, porque como dice Miguel Amorós: quien controla el presente controla el pasado, quien controla el pasado decide el futuro, y una de las mayores labores de la burguesía ha sido un blanqueamiento cognitivo, donde de pronto se nos expropia de nuestra propia memoria. Esta reapropiación es una labor apenas en pañales, y por supuesto que su resolución no será tersa, el debate es necesario para arrancar su potencial revolucionario no solo a sus enemigos, sino a sus falsos herederos, aquellos que terminaron despachando en secretarías y administrando eficazmente al Estado que antes combatían. En hora buena, por esta historia, eso sí, muy otra, del zapatismo.
