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La “guerra contra las drogas” es un éxito

por RedaccionEM noviembre 3, 2026
noviembre 3, 2026
3

Por: Norberto Soto Sánchez. 3/11/2026.

La idea de que existe una clara
división entre el Estado y el crimen
–y de que la corrupción y el contubernio
son el producto de algunas personas deshonestas–
es un mito hegemónico promovido
por los Estados-nación y
los medios de comunicación oficiales…
La impunidad no es el resultado
de un Estado débil o deficiente,
sino que es concedida activamente
a una amplia gama de grupos armados
que cometen crímenes y actos de terror
contra ciudadanos y migrantes,
en especial los más pobres.
D. M. Paley – Capitalismo Antidrogas. Una guerra contra el pueblo.

Hay una trampa ideológica en el calificar la “guerra contra las drogas” como un “fracaso”, puesto que ello implica asumir que el objetivo oficial, declarado, es el objetivo real y que los Estados burgueses, semicoloniales e imperialistas, simplemente han sido incompetentes para lograrlo.

Empero, si observamos que la llamada “guerra contra las drogas” fue declarada oficialmente en 1971 durante la administración del gobierno yanki de Richard Nixon y su modelo, de carácter policíaco-militar, exportado mediante presiones imperialistas por Estados Unidos hacia semicolonias durante los siguientes años hasta el presente, nos percatáremos de que, a través de más de medio siglo de su aplicación y la subsecuente proliferación tanto de la producción de sustancias psicoactivas ilegales como de las organizaciones paramilitarizadas asociadas al rubro, y la militarización de las sociedades, con sus correlativas irrupciones de violencia que permiten el avance de políticas antipopulares y antidemocráticas, ya se ha demostrado de manera fehaciente, por la vía de los hechos, que la política “antidrogas”, como un mecanismo de control social, es funcional al capital.

Si decimos que la “guerra contra las drogas” es un “fracaso”, validamos el mito liberal de que el Estado es un árbitro neutral que genuinamente busca el bienestar general pero que, por “ineficiencia” o “corrupción”, no puede derrotar a los “cárteles”. Vamos más allá: el “crimen organizado” no es algo externo a los Estados burgueses; desde el nacimiento de los Estados capitalistas y la democracia burguesa, en términos generales, requieren de la criminalidad y de redes criminales para existir. Ahí está, en la historia de la lucha de clases, la figura del genio tenebroso de José Fouché1 para recordárnoslo. Más atrás, los propios procesos de acumulación originaria, como momento fundacional del capitalismo, nos recuerdan que el crimen, la violencia extrema, el robo y la mentira ─esta última, como operaciones ideológicas que hoy conocemos bajo términos como guerra psicológica-, son algunos de los pilares en que se sostiene dicho modo de producción.

En su fase imperialista, ahí donde los matices ─que, aunque bastante limitados, se ganaron como producto de las victorias de la clase trabajadora en la lucha de clases- han caído, dichos fundamentos emergen con una crudeza igual, semejante o hasta superior a la de ese momento fundacional. Se trata de episodios donde la acumulación primitiva acontece a cielo abierto, sin tapujos. En esto, la creación de enemigos formidables para los Estados burgueses aparece como una necesidad.

Los argumentos principales de las políticas antidrogas internacionales son la seguridad nacional y la salud pública. Sin embargo, las acciones coercitivas que conllevan se focalizan sistemáticamente en los sectores más vulnerables de las sociedades: campesinado pobre y proletarizado, comunidades indígenas, proletariado urbano y mujeres, disidencias sexogenéricas, juventud y minorías étnicas precarizadas.

Es decir, la “guerra contra las drogas” justifica la militarización ─a través de la paramilitarización que, simultáneamente, se lleva a cabo mediante múltiples acciones encubiertas de diversos segmentos policíaco/militares- de barrios periféricos y de territorios rurales, destruyendo el tejido comunitario, despojando de tierras a comunidades indígenas y permitiendo desactivar, en una lógica preventiva ─de contrainsurgencia ampliada, diría Marie Paley2-, las resistencias y autoorganización que puedan enfrentar medidas capitalistas nacionales e imperialistas que atentan contra intereses populares; esto se expresa en situaciones concretas, como la construcción de megaproyectos o con otras cuyos procesos pueden ser más dispersos o lejanos al ojo público, como la confección y aplicación de contrarreformas o la configuración de regímenes de superexplotación laboral, solo por mencionar algunos ejemplos.

Se suele ver al narcotráfico como un “cuerpo extraño” o estructuras externas que combaten al Estado burgués. Si bien es evidente que no pertenecen formalmente al aparato estatal, se relacionan con él en la lógica del Estado Ampliado (o integral)3; desde esa óptica se puede ver una dialéctica donde la sociedad política (que aglomera a las instituciones coercitivas estatales) no solo ejerce la coerción, sino también juega con el consenso y desde la sociedad civil se ejerce la coerción donde el consenso y la legalidad no permite que las primeras entren en acción directamente.

En ese sentido, las estructuras paramilitares se enlazan con mandos de la sociedad política, a quienes las primeras muchas veces sirven sin saber para quién trabajan realmente, ya que son instrumentalizadas bajo la lógica de la operatividad compartimentada, segmentada y encubierta, racionalidad y práctica que se ha construido, como una tecnología, en los centros de producción y reproducción del conocimiento y práctica castrense, policíaca y de inteligencia, sobre todo de los Estados imperialistas.

Además, el capital “ilegal” del narcotráfico está profundamente entrelazado con el capital legal/formal, con corporaciones que proveen precursores químicos, bancos y negocios que blanquean capitales, operaciones militares que se llevan a cabo en limbos legales y/o en la ilegalidad y que por diversas circunstancias requieren ser financiadas con dinero procedente del narco, entre otras cosas.

Las sustancias psicoactivas ilegalizadas son una mercancía más, su ilegalización hincha su valor en el mercado, generando tasas de ganancia extraordinarias, mientras la violencia de la “guerra contra las drogas” es funcional para la reconfiguración permanente de mercados, donde los competidores menores ─por así decirlo “free lance”; los pocos que queden o puedan aparecer- son eliminados y se garantiza que el flujo de capitales ilegales continúe hacia intereses globales ocultos.

En ese juego los ejércitos, las cúpulas policíacas de fuerzas especiales y las grandes transnacionales del capital financiero como JP Morgan Chase ─que, se ha descubierto, participa del fenómeno transportando toneladas y toneladas de drogas ilegales impunemente4– son los actores más relevantes, mientras que los capos de las sierras, los campos, las selvas y los barrios pobres, así como las siglas de los llamados “cárteles”, son el ficticio enemigo formidable que se necesita como chivo expiatorio.

Decir que la “guerra contra las drogas” o estrategias como la Kingpin han “fracasado” es, a final de cuentas, casi casi como un acto de fe ideológica que legitima al Estado burgués, puesto que se le concede buena voluntad al presentarlo, de manera homologada, como conjunto de instituciones y funcionarios en última instancia que no participan en el narcotráfico, con intenciones transparentes, genuinas, pero incompetentes, cuyos errores derivan de una mala lectura de la realidad y/o una mala elección del método para combatir el fenómeno, o de una mala o insuficiente aplicación del mismo, sin cuestionar la veracidad del discurso oficial.

Los Estados burgueses son sumamente heterogéneos; aunque no todos sus funcionarios de los aparatos securitarios/militares participen en las economías/industrias criminales, siempre hay algunos que sí lo hacen, atraídos por esos nichos de acumulación de capital. La razón es el lugar objetivo que ocupan dentro de las sociedades capitalistas mandos de inteligencia, policíacos y militares, sobre todo los de fuerzas especiales; ello los ha convertido históricamente en algunos de los actores clave en las tramas que implican la producción y trasiego de sustancias psicoactivas ilegales. La técnica de procedimientos encubiertos, pensadas en un primer momento para la “seguridad nacional”, son utilizadas también para la redituabilidad. La gran ventaja que tienen esos tipos de procedimientos es que implican mecanismos de negación plausible y guerra psicológica, lo cual, aunado a los beneficios formales e informales que conlleva la posición burocrática cupular, da una amplia posibilidad de impunidad ─aunque no del todo garantizada- a los instrumentalizadores.

El mencionado acto de fe ideológica que legitima al Estado burgués en su narrativa de supuesto combate al narcotráfico ocurre aún si se hace una crítica a la vía policíaco-militar pero no se cuestiona la veracidad en las intenciones que se declaran como justificación de la “guerra”. Como decía Gary Webb: “No creo en jodidas teorías de la conspiración. Estoy hablando de una jodida conspiración”. Habría que matizar: son muchas conspiraciones, a muchos niveles, en muchos espacios de distinto tipo.

Ahora bien, la visión ingenua que ve un “fracaso” en la guerra, además de ser tecnocrática, quita atención a la violencia y los engaños deliberados ─como PsyOps- inherentes a las relaciones de poder capitalistas, presentando como “errores” lo que está pensado para garantizar formas de dominación y acumulación de capital.

Fases del desarrollo de una máquina imperialista

Los momentos históricos del régimen de prohibición internacional de algunas sustancias psicoactivas que comenzó a inicios del siglo pasado, articulándose a la narrativa del combate al terrorismo, son cuatro5 en Estados Unidos. Su desarrollo, si usamos la imaginación, es como el de una máquina imperialista a la que se le han ido ensamblando piezas que perfeccionan la concentración y aplicación de su fuerza para presionar y someter con mayor efectividad y eficacia, primero a las clases subalternas de Estados Unidos y, después, a países semicoloniales.

La primera fase va de 1914 a 1971, con leyes como la Harrison Act. (1914)., la Marihuana Tax Act. (1937) y la Controlled Substances Act. (1970). Aquí estas normativas funcionan principalmente como recursos disciplinadores internos en Estados Unidos, criminalizando a la clase trabajadora, comunidades afroamericanas y chinas, así como activistas antiguerra de Vietnam. Aunque ya se presentan rasgos de usos imperialistas, o sea, para presionar a países semicoloniales en diversos rubros.

La segunda fase va de 1971 a 2001, en ella la máquina ensambla nuevas piezas y se recalibra como un arma que ahora apuntará hacia el exterior. Se declara la “War On Drugs” (1971), nace la Drug Enforcement Administration (DEA, en 1973), se fortalece la perspectiva militarista con la Military Cooperation Law Enforcement Act. (1981) y, mediante la famosa National Security Decision Directive 221 (1986)6, la administración de Ronald Reagan eleva al grado de asunto de seguridad nacional el tema del narcotráfico, enlazando por primera vez a este con el terrorismo y la insurgencia, estableciendo que en las acciones determinadas por el ejecutivo del imperialismo yanki está el expandir el rol de las fuerzas militares estadounidenses en labores de supuesto combate al narcotráfico, bajo la premisa de que los efectos del este eran especialmente insidiosos para los Estados Democráticos del Hemisferio Occidental.

Es también con Reagan que se estableció, en 1984, la Act to Combat International Terrorism7 a partir del cual se publica el programa de recompensas por “información que conduzca al arresto o la condena de cualquier persona que planifique, cometa, ayude o intente cometer actos terroristas internacionales contra personas o propiedades estadounidenses, que impida que tales actos se produzcan, que conduzca a la identificación o localización de un líder terrorista clave, o que interrumpa la financiación del terrorismo.” (Párr. 2). Además, en 1986 se emiten la Omnibus Diplomatic Security and Antiterrorism Act8 y la Anti-Drug Abuse Act9 (de la cual se harán algunas modificaciones para 1988); la primera, entre muchas otras cosas, expande al “narcoterrorismo” y al tráfico de drogas las recompensas por información (Pág. 17), mientras que la segunda va a instaurar el mecanismo de política exterior de modelo de certificaciones que se impone a países semicoloniales, con el que se condicionan apoyos económicos a la implementación de programas de supuesto combate al narcotráfico que serán evaluados por Estados Unidos (Pág. 42).

Es importante mencionar que, mientras todo esto se diseña y despliega, segmentos del aparato castrense y de inteligencia del imperialismo estadounidense coordinan esfuerzos clandestinos internacionales de narcotráfico, instrumentalizando a grupos criminales en México, Centroamérica, Colombia, Laos y Afganistán, al menos, con operaciones como Ciclón e Irán-Contras, en su lucha global contra el comunismo, en el marco de la guerra fría.

En esas operaciones, las sustancias psicoactivas ilegales que destacan son la cocaína, el crack y la heroína, y las comunidades inundadas por ellas en Estados Unidos y, por ende, las más afectadas, son las afroamericanas de ciudades como Los Angeles y Nueva York.

En 1992, ya con la Guerra Fría finalizada, se afianza la “Estrategia Kingpin”, acentuando a nivel fáctico y narrativo la idea de que las estructuras dedicadas al narcotráfico son un enemigo formidable cuyas cabezas se multiplican como hidras. No está demás decir que esta “estrategia” solo ha agudizado la violencia en los países donde se ha impuesto. Uno de quienes la desarrolló fue el agente de la DEA Robert Nieves10, señalado en la famosa obra del periodista Gary Webb, Dark Alliance11, como un actor de la Operación Irán-Contras vinculado al tráfico de cocaína hacia Estados Unidos desde Costa Rica. Robert había sido asignado12 a la oficina costarricense de la agencia antidrogas.

Esta segunda fase del régimen internacional de prohibición de algunas sustancias psicoactivas puede ser llamada la de consolidación del instrumento imperialista. Repetimos, es cuando se crea, desde la racionalidad securitaria del imperialismo yanki, la idea de “cártel” de la droga como la de un enemigo formidable que supuestamente amenaza a los Estados burgueses del hemisferio occidental; el término comienza a popularizarse a partir de mediados de la década de los 1980’s13, a la vez que Estados Unidos intensifica en distintos países de América Latina su apoyo clandestino para la emergencia y consolidación de dichas estructuras, a las que en el plano discursivo declara enemigas pero que le son sumamente funcionales.

Al final de esta fase, poco tiempo antes de la llegada de Bush Jr. a la presidencia de la república, se concibe (1999) y aplica (2000) el Plan Colombia y los neoconservadores del ThinkTank denominado Project for the New American Century (PNAC) publican el documento titulado Rebuilding America’s Defenses: Strategy, forces and resources for a new century, en el que hablan de la necesidad de un “nuevo Pearl Harbor” (Pág. 51)14 como catalizador para acelerar la modernización tecnológica del aparato militar y de vigilancia del imperialismo yanki. Dentro de los integrantes del PNAC están quienes pasaron a ser parte de la administración Bush Jr., como Dick Cheney ─vicepresidente-, Donald Rumsfeld ─secretario de Defensa- y Paul Wolfowitz ─subsecretario de Defensa-.

La tercera fase, que va de 2001 a 2025, inicia tras los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos. Si seguimos los trabajos de autores como Peter Dale Scott15, Michel Chossudovsky16, Thierry Meyssan17, Éric Raynaud18 y Andreas Von Bülow19, o de testimonios de las pocas víctimas que se han atrevido a hablar desde una perspectiva crítica como April Gallop20 y William Rodríguez21, así como de documentos que muestran tentativas a gran escala de ataques militares estadounidenses contra su propia población civil para culpar a una nación extranjera ─como el proyecto de Operación Northwoods de 196222-, e investigaciones como la del equipo de ingeniería estructural de la Universidad Fairbanks de Alaska23, del equipo de químicos de la Universidad de Copenhague dirigido por Niels H. Harrit24 y la del investigador Paul Thompson ─del Center for Cooperative Research25-, podemos dudar con bastantes elementos de la versión oficial del imperialismo estadounidense y sospechar, con fundamento, en que esos ataques pudieron haber sido una operación de falsa bandera26. Probablemente la más grande y mortífera en la historia de la humanidad.

Aquí se declara la “Guerra Contra el Terror” y se emite la Patriot Act. (2001), la cual, entre otras cosas, expande las facultades para vigilar ─espionaje contra terroristas en discurso27; espionaje indiscriminado contra la población civil dentro y fuera de los EE.UU en los hechos- de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), creando programas secretos como PRISM ─denunciado por el ex NSA-CIA Edward Snowden28– que recopila masivamente correos electrónicos, chats, fotografías, transferencias de archivos, contraseñas de internet, audios de llamadas telefónicas y muchísimos datos y metadatos más que, literalmente, miles de millones de personas dejan en el ciber espacio.

Se emiten la National Security Strategy (2002) ─que introduce la doctrina militar de “Guerra Preventiva”-, la Intelligence Reform and Terrorism Prevention Act (2004) ─creando el Centro Nacional de Contraterrorismo-. A finales de 2006, bajo la subordinación a Estados Unidos, en México el gobierno de Felipe Calderón inicia la llamada “Guerra Contra el Narcotráfico” que abre una fase de militarización y paramilitarización de México. Mientras esto se implementaba, el imperialismo estadounidense impulsaba una política secreta que permitió deliberadamente la venta y tráfico ilegal de miles de armas de fuego, de alto calibre, a organizaciones paramilitares del narcotráfico al sur de su frontera. Lo poco que se descubrió de dicha política secreta fue lo que a posteriori ha sido conocido como la “Operación Rápido y Furioso”, de 2009. En ese contexto se emitió en 2011 la Strategy on Transnational Org. Crime., donde se refiere una presunta fusión entre redes criminales y terroristas globales. Aquí, mientras el propio Estados Unidos intensifica el fortalecimiento clandestino y encubierto a las organizaciones criminales mexicanas, insiste en una supuesta relación entre “cárteles” de la droga y organizaciones como Hezbola. Es también en estos años cuando comienza la crisis de opioides en suelo estadounidense, particularmente de fentanilo.

Esta es la fase de consolidación de la narrativa que habla de los “cárteles”, presuntamente relacionados con el terrorismo islámico, como supuestas amenazas al hemisferio occidental.

La cuarta y última fase inicia a partir de 2025, con la segunda administración presidencial imperialista de Donald Trump, donde esgrime nuevamente la doctrina Monroe de “América para los americanos” ─reforzada, a la “Donroe”-, utilizando el supuesto combate a los “cárteles” como palanca de presión y configurando una narrativa donde el narcotráfico imaginariamente se articula con redes globales socialistas, antifascistas ─estas, designadas en suelo yanki como terrorismo doméstico29– e islámicas.

Para ello su primera orden ejecutiva designa a los “cárteles” como Organizaciones Terroristas Extranjeras; emite una directiva de operaciones en el extranjero que permite el uso de la marina para ejecuciones sumarias y extrajudiciales en aguas internacionales bajo el pretexto de acusaciones de narcotráfico; designa el fentanilo como arma de destrucción masiva; formula la Estrategia de Defensa Nacional 202630; una estrategia antiterrorista31; crea el Escudo de las Américas32, como una coalición con naciones subordinadas que trabajarán “en conjunto para impulsar estrategias que detengan la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, las bandas criminales y narcoterroristas, los cárteles y la inmigración ilegal y masiva”; e insiste ante la asamblea general de la Organización de las Naciones Unidas en que los “cárteles” supuestamente son como el Estado Islámico del hemisferio occidental33. Hay que decir que Estados Unidos también apoyó al Estado Islámico, por ejemplo, con la “Operación Timber Sycamore” desde el 2012. Algo similar a la “Rápido y Furioso”, pero con organizaciones sirias que buscaban derrocar a al-Ásad. Entre dichas organizaciones se encontraban algunas que a nivel oficial son identificadas como supuestas enemigas de Estados Unidos.

Esta última etapa es la de ofensiva imperialista bajo la doctrina Donroe, potencializada por la narrativa de supuesto combate a un imaginario enemigo formidable que condensa en una extraña combinación el narcotráfico, terrorismo, socialismo, islamismo e ideología woke.

Durante todas las décadas que Estados Unidos desarrolla esta maquinaria de presión imperialista, siempre actúa creando y fortaleciendo a los enemigos que declara combatir. Por eso decimos que la guerra contra las drogas es un éxito. Nunca se ha tratado de combatir la producción y trasiego de sustancias psicoactivas ilegalizadas, sino de someter a naciones semicoloniales y a las clases subalternas.

Como señala el especialista en adicciones Gabor Maté: “Si la intención es detener el consumo de drogas o detener el tráfico de drogas, sabemos que es un fracaso… Pero… si la intención es aumentar el poder del Estado, militarizar las fuerzas policiales, ejercer más control sobre la población, mantener intacto todo el sistema legal en el que jueces y abogados ganan muchísimo dinero con la guerra contra las drogas, entonces es un gran éxito.”34

1 Se le considera el padre de la policía política y el espionaje de los estados modernos. Fouché, que vivió de 1959 a 1820, logró consolidar un Ministerio de Policía centralizado y de alcance nacional, altamente efectivo para la represión, vigilancia y manipulación de ciertos sectores de la sociedad. Estuvo al frente de dicho aparato entre 1799-1802 y 1804-1811. Oportunista total, fue un actor relevante en el bando jacobino en la Revolución Francesa, después para el Imperio de Napoleón Bonaparte y luego para la restauración de la monarquía bnorbónica. Stefan Zweig escribió una biografía bastante interesante de este personaje.

2 Paley, D. M. (2016). La guerra en México: contrainsurgencia ampliada versus lo popular. El Apantle, Revista de Estudios Comunitarios, (2), 181–197. https://www.academia.edu/30263485/La_guerra_en_Mexico_contrainsurgencia_ampliada_versus_lo_popular

3 Dal Maso, J. (2016). El Marxismo de Gramsci. Ediciones del Instituto del Pensamiento Socialista. Pp. 64-67.

4 Yahoo Finanzas. (2019, julio 10). Barco con toneladas de cocaína tiene conexión con JP Morgan. https://es-us.finanzas.yahoo.com/noticias/barco-toneladas-cocaina-conexion-jp-morgan-200207307.html

5 Esta idea la trabajamos en Soto Sánchez, N. (2026, 4 de febrero). El gran teatro del narcoterrorismo: un siglo del desarrollo de una herramienta imperialista. Insurgencia Magisterial. https://insurgenciamagisterial.com/el-gran-teatro-del-narcoterrorismo-un-siglo-del-desarrollo-de-una-herramienta-imperialista/

6 United States. White House Office. (1986, April 8). National Security Decision Directive 221: Narcotics and national security (NSC-NSDD-221). Federation of American Scientists. https://irp.fas.org/offdocs/nsdd/nsdd-221.htm

7 U.S. Department of State. (s.f.). Rewards for Justice: History. Bureau of Diplomatic Security. Recuperado de https://2009-2017.state.gov/m/ds/terrorism/c8651.htm

8 Omnibus Diplomatic Security and Antiterrorism Act of 1986, Pub. L. No. 99-399, 100 Stat. 853 (1986). https://www.govinfo.gov/content/pkg/STATUTE-100/pdf/STATUTE-100-Pg853.pdf

9 Anti-Drug Abuse Act of 1986, Pub. L. No. 99-570, 100 Stat. 3207 (1986). https://www.govinfo.gov/content/pkg/STATUTE-100/pdf/STATUTE-100-Pg3207.pdf

10 U.S. Drug Enforcement Administration. (2012). The Kingpin Strategy. U.S. Department of Justice, Museum of the DEA. https://museum.dea.gov/sites/default/files/2021-09/The%20Kingpin%20Strategy%2009122012–Accessible.pdf p. 7

11 Webb, G. (2004). Dark Alliance. Seven Stories Press. P. 305.

12 Es importante decir que Nieves en una entrevista en el año 2000 negó esas acusaciones bajo el clásico argumento de que eso era una “teoría de la conspiración” y denostando a Webb, a quien señalaba de ser un “farsante”. Gary fue sometido a una feroz campaña de difamación y su trabajo desacreditado por medios mainstream como el New York Times, Los Angeles Times y el Washington Post. Tras ello Webb se “suicidó” en misteriosas circunstancias, ni más ni menos que de dos balazos en la cabeza. Los señalamientos del exagente de la DEA hacia este periodista como un “teórico de la conspiración”, años previos al misterioso “suicidio”, pueden consultarse en: Nieves, E. (2000). The cocaine cartels: Interviews: Evelyn Nieves. PBS Frontline. https://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/drugs/special/nieves.html

13 Zavala, O. (2026). Los Cárteles no Existen. Debate.

14 Project for the New American Century. (2000). Rebuilding America’s Defenses: Strategy, forces and resources for a new century. https://web.archive.org/web/20070213191802/http://www.newamericancentury.org/RebuildingAmericasDefenses.pdf

15 Dale Scott, P. (2017). The American deep state: Big money, big oil, and the struggle for U.S. democracy. Rowman & Littlefield.

16 Chossudovsky, M. (2005). Guerra y Globalización. Siglo XXI.

17 Meyssan, T. (2002). 11 de Septiembre de 2001. La Gran Impostura. La Esfera de los Libros.

18 Raynaud, É. (2010). 11-S. Las Verdades Ocultas. Akal – Foca.

19 Von Bülow, A. (2022). Die cia und der 11. September: Internationaler Terror und die Rolle der Geheimdienste. Piper Verlag.

20 Hendrix, S. (2011, 10 de agosto). After 9/11, woman who was at Pentagon remains skeptical. The Washington Post. https://www.washingtonpost.com/national/after-911-woman-who-was-at-pentagon-remains-skeptical/2011/08/10/gIQAUtQDGK_story.html

21 Rodríguez es considerado el último superviviente en salir por su propio pie de la Torre Norte del World Trade Center (WTC). Es considerado un héroe, ya que trabajaba como conserje en dicho edificio y contaba con una llave maestra que él utilizó para abrir muchas de las puertas del inmueble por las que él y otros bomberos pudieron rescatar a cientos de víctimas. En 2016, William declaró haber escuchado explosiones previas al choque del avión contra la Torre Norte, la cual, recordemos, fue la primera en ser impactada la mañana del 11 de septiembre de 2001. Su testimonio, en el cual él declara “Sé que se colocaron explosivos debajo del World Trade Cente… Estoy totalmente en desacuerdo con la versión del gobierno” puede leerse aquí: Rodriguez, W. (2016). William Rodriguez’s story. Voices Center for Resilience. Recuperado de https://voicescenter.org/living-memorial/911-stories/william-rodriguezs-story

22 National Security Archive. (2001). Northwoods Operation. Justification for US Military Intervention in Cuba (TS). [Documento desclasificado]. George Washington University. https://nsarchive2.gwu.edu/news/20010430/doc1.pdf

23 Hulsey, J. L., Quan, Z., & Withiam, J. (2020). A structural reevaluation of the collapse of World Trade Center 7: Final report. University of Alaska Fairbanks, College of Engineering and Mines. https://ine.uaf.edu/wtc7

24 Harrit, N. H., Farrer, J., Jones, S. E., Ryan, K. R., Legge, F. M., Farnsworth, D., Roberts, G., Gourley, J. R., & Larsen, B. R. (2009). Active thermitic material discovered in dust from the 9/11 World Trade Center catastrophe. The Open Chemical Physics Journal, 2, 7–31. https://doi.org/10.2174/1874412500902010007

25 Thompson, P. (2004). The Terror Timeline: Year by Year, Day by Day, Minute by Minute: A Comprehensive Chronicle of the Road to 9/11―and America’s Response – The Definitive Primer on 9/11 and the War on Terror. Harper Perennial.

26 Hay organizaciones que se han dedicado a tratar de refutar investigaciones como la del equipo de Harrit, defendiendo la versión oficial, es decir, la versión imperialista sobre lo ocurrido en los atentados del 11-S. Una de las organizaciones que más destaca es la de New Mexicans for Science and Reason, cuyo presidente es el académico Dave Thomas. Una búsqueda en internet presenta a dicha organización como independiente, sin embargo, hay más información que relaciona a Dave con BDM International, una consultora de defensa del gobierno estadounidense, a su vez relacionada ni más ni menos que con Carlyle Group, una firma de inversiones del complejo científico-industrial-militar-energético yanki-saudí donde confluyeron capitales de las familias Bush y Bin Laden a finales del siglo pasado e inicios del presente. Sobre esto, véase https://en-wikipedia-org.translate.goog/wiki/Dave_Thomas_(skeptic), https://www.latimes.com/archives/la-xpm-1990-09-19-fi-701-story.html & https://www.elmostrador.cl/noticias/mundo/2011/05/02/la-oscura-relacion-de-negocios-entre-las-familias-bush-y-bin-laden/

27 CheneyWatch1. (2010, octubre 26). 10-26-2001 – George W Bush signs the Patriot Act [Video]. YouTube. https://youtu.be/NLYZn1MXS8s

28 Sobre el tema del 11-S, el propio Snowden, en sus memorias, refiere que descubrió que la narrativa que vinculaba a los talibanes con Al Qaeda era una “mentira”, al igual que aquella que hizo “aparecer por arte de magia el acopio imaginario de armas de destrucción masiva de Sadam Hussein”, así como que “Al Qaeda sí mantenía unos vínculos inusualmente estrechos con nuestros aliados, los saudís, hecho que la Casa Blanca de Bush se esforzó muchísimo en borrar”. Snowden, E. (2019). Vigilancia permanente. Planeta. Págs. 113 y 186

29 U.S. White House. (2025, septiembre). Designating Antifa as a domestic terrorist organization. Presidential Actions. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/09/designating-antifa-as-a-domestic-terrorist-organization/

30 U.S. Department of Defense. (2026). 2026 National defense strategy. https://media.defense.gov/2026/Jan/23/2003864773/-1/-1/0/2026-NATIONAL-DEFENSE-STRATEGY.PDF

31 U.S. White House. (2026). 2026 U.S. counterterrorism strategy. https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2026/05/2026-USCT-Strategy-1.pdf

32 U.S. Department of State. (2026, marzo). The United States to host the Shield of the Americas Summit. Office of the Spokesman. https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesman/2026/03/the-united-states-to-host-the-shield-of-the-americas-summit/

33 ABC News. (2026, septiembre 22). FULL SPEECH: Trump addresses United Nations General Assembly [Video]. YouTube. https://youtu.be/80kzfZ3ZEQE

34 Ansede, M. (2026, 25 de mayo). Gabor Maté, médico: «Fui mucho más afortunado que mis pacientes, mis adicciones eran respetables». El País. https://elpais.com/salud-y-bienestar/2026-05-25/gabor-mate-medico-fui-mucho-mas-afortunado-que-mis-pacientes-mis-adicciones-eran-respetables.html

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