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La instrumentalización del feminismo puede hacer gobernar a la derecha

por RedaccionA diciembre 30, 2025
diciembre 30, 2025
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Por: Nuria Alabao. 30/12/2025

El feminismo institucional, que desde 2004 funcionó como activo electoral determinante para la izquierda española, enfrenta su primera crisis de credibilidad estructural en dos décadas

En Ferraz saben que tienen un problema que podría costarles las siguientes elecciones. Los escándalos de acoso sexual o de consumo de prostitución que han salpicado al partido en los últimos meses suponen una amenaza directa al núcleo duro del electorado socialista: las mujeres progresistas. Este segmento del electorado ha votado fielmente al PSOE durante dos décadas precisamente por sus discursos en materia de igualdad y ahora se dan de bruces con algo que suele penalizar a la izquierda, incluso más que la corrupción o que los hechos en sí: la evidente hipocresía. “Estoy completamente en contra de la explotación sexual de las mujeres” y “nunca he tenido que recurrir a la prostitución”, la hemeroteca abofetea a Ábalos con unas declaraciones del 2021. El Gobierno ha estado impulsado una ley abolicionista que criminaliza la prostitución, pero las conversaciones privadas entre Ábalos y Koldo sobre sus relaciones con trabajadoras sexuales son demasiado. A esto se suma el goteo de denuncias de acoso sexual dentro del partido: ya van seis, aunque sean de diferente gravedad. Casos como el de Francisco Salazar o José Tomé, aparentemente soslayados por la organización durante meses, ponen la lupa de aumento en un partido acostumbrado a cargar las tintas cuando los casos afectan a otros. Si se piden castigos implacables para los demás y se duermen sobre los propios, la contradicción puede adquirir dimensiones electoralmente letales.

El feminismo institucional, que desde 2004 funcionó como activo electoral determinante para la izquierda española, enfrenta su primera crisis de credibilidad estructural en dos décadas. Articulado en su forma institucional a partir de un discurso de carácter moral, muchas veces hiperbólico, se hace evidente su fragilidad, ya que depende de la ejemplaridad de los que lo enuncian. Parecemos asistir pues al fin de la hegemonía del PSOE como representantes de este feminismo institucional –posición que pelearon duramente a Podemos–. Ahora tienen que enfrentarse a las consecuencias de haber promovido propuestas punitivas –que rodaran cabezas o leyes más duras–. Este escenario puede destrozar el partido y reconfigurarlo completamente. Algunos dentro ya se frotan las manos con la nueva oportunidad.

La llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa en 2004 marcó el inicio de una reconfiguración histórica

La preocupación electoral tiene razón de ser. El voto femenino es parte de la columna vertebral del electorado socialista, sobre todo a partir de las dos últimas elecciones generales. Si durante la Transición las mujeres españolas votaban más a la derecha que los hombres, siguiendo el patrón europeo de la “brecha tradicional de género”, la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa en 2004 marcó el inicio de una reconfiguración histórica. Las políticas de igualdad de su Gobierno –la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004, el matrimonio igualitario en 2005, la Ley de Igualdad de 2007– consolidaron esta asociación. Durante un tiempo, parecía que PSOE y feminismo eran lo mismo. En las elecciones de 2008, esta apropiación rindió sus frutos: las mujeres pasaron a votar más al PSOE que los hombres, una tendencia que se consolidó en las décadas siguientes hasta convertirse en el principal activo del partido.

Hoy los datos son contundentes. En las elecciones generales de julio de 2023, el 56 % del electorado del PSOE fueron mujeres, frente al 44 % de hombres –según el barómetro postelectoral del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)–. Mientras que al otro lado del ring, Vox tiene un problema claro por su composición ultramasculinizada –un 66% de voto masculino frente a un 34% de mujeres–. (En otros partidos no se aprecia tanta diferencia. El PP y Sumar mantienen un equilibrio prácticamente paritario.)

La brecha de género, que las mujeres se inclinen más a la izquierda que a la derecha, no es algo que solo suceda aquí, se empieza a constatar en muchos países. En España, con la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz en 2018, la brecha se empezó a ampliar, ya que el voto de muchas mujeres parece activarse como reacción a la posibilidad de un gobierno influenciado por los ultras. Según datos del CIS citados, en la actualidad la izquierda mejora en un 22% sus resultados entre las mujeres, mientras la derecha empeora un 20%, polarización de género que alcanza su expresión más marcada entre los jóvenes. Esta brecha de género puede ser determinante porque parece que dio ventaja al bloque progresista en las pasadas elecciones generales. Según el barómetro postelectoral del CIS del 2023, las mujeres, en el recuerdo de voto, dicen haber apoyado 4,6 puntos más al bloque progresista que los hombres. Sin ellas, la ventaja de la izquierda se habría reducido a la mitad.

Esta brecha de género puede ser determinante porque parece que dio ventaja al bloque progresista en las pasadas elecciones generales

Con este escenario de fondo, el dato que ha encendido todas las alarmas en Ferraz adquiere su verdadera dimensión. Según el CIS, el PSOE habría perdido uno de cada cuadro apoyos de su electorado femenino en intención de voto tras la publicación de los escándalos sexuales. Aunque esta tendencia no llegase a consolidarse, lo que resulta indiscutible es que Ferraz huele a miedo. Si el PSOE construyó el apoyo de una parte importante del voto femenino sobre un discurso feminista, hoy enfrenta una crisis de credibilidad estructural en un terreno donde había logrado construir una ventaja competitiva sólida frente a la derecha.

El momento político amplifica la gravedad de esta erosión. Con elecciones generales en el horizonte, los socialistas también tienen que lidiar con el debilitamiento estructural de Sumar y la caída sin avistamiento final de todo el espacio a su izquierda. Esto obliga al PSOE a competir en dos frentes simultáneamente: retener a un electorado femenino progresista que podría llegar a abstenerse o migrar hacia opciones más a la izquierda, y evitar que el PP capitalice el descontento denunciando la hipocresía socialista. 

La pesca del voto femenino en río revuelto

El Partido Popular lleva tiempo tratando de pescar voto femenino azuzando temas de controversia feminista: hablando contra la ley trans; diciendo que la ley del solo sí es sí “liberaba a violadores”, y machacando con las recurrentes referencias a las saunas de la familia de Begoña Gómez. Feijóo parece creer que no necesita convencer a las votantes socialistas de que el PP es feminista, solo sembrar la duda sobre si el PSOE realmente lo es. 

Feijóo no propone políticas de igualdad que puedan presentarse como alternativa feminista creíble, pero sí juega a la agitación y la denuncia

El líder de los populares ha construido lo que podríamos llamar un “feminismo del descarte”. No propone políticas de igualdad que resuenen y puedan presentarse como alternativa feminista creíble, pero sí juega a la agitación y la denuncia. Pretende tanto captar el máximo voto posible de mujeres descontentas del PSOE –algo no tan probable–, como intentar que las que nunca le votarían se queden en casa el día de las elecciones.

Como el PP ha mantenido una composición de género bastante equilibrada no tiene un “problema” con el voto femenino, sino un potencial de crecimiento. Es cierto que sus discursos feministas pueden verse algo impostados en relación al historial del partido. Por ejemplo, en el 2023 se resolvió por fin el recurso en el Constitucional a la última reforma de la ley del aborto que ellos mismos presentaron. Pero el desgaste de la imagen pública del movimiento feminista debido a polémicas varias como la ley trans, sumado al hecho de que sean las posiciones más extremas y cercanas a la “guerra de sexos” las que más espacio ocupan en medios y redes, puede hacer parecer al PP como una opción “sensata” en defensa de las mujeres. 

Las necesidades de las mujeres más precarias ni siquiera asoman en los discursos feministas ni del PSOE ni del mainstream

Vox juega a lo mismo pero de manera más extrema, profundizando los golpes: “Donde hay que poner las balizas es en la cabeza de los socialistas para que las mujeres los vean de lejos y se puedan apartar a tiempo”, dice Abascal. Tratan de posicionarse como los defensores de las mujeres con su línea seguritaria y antiinmigrantes, pero resulta cuanto menos ambivalente, ya que siguen jugando la baza antifeminista, que moviliza a una parte del electorado masculino más radicalizado. Aunque tanto el PP como Vox continúan lanzando misiles para instalar el marco de la hipocresía feminista del PSOE, el riesgo para Feijóo es que la operación de desgaste funcione demasiado bien y active no la transferencia de voto hacia su partido, sino la desafección política generalizada que alimente más bien la abstención o el voto de protesta a Vox. Por otra parte, ¿podría capitalizar este desgaste una izquierda fragmentada donde Sumar no parece capaz de retener a la mayoría de su electorado y Podemos sobrevive en los márgenes, haya o no una candidatura conjunta?

Lo que está en juego hoy trasciende la aritmética parlamentaria inmediata. La pregunta de fondo no es quién gana o pierde votos en el próximo ciclo electoral, sino qué queda del feminismo como proyecto político transformador cuando su institucionalización lo ha vuelto tan vulnerable a la hipocresía de quienes lo enarbolan; y si esa vulnerabilidad –la distancia entre discurso y práctica– no termina siendo el mejor aliado de quienes siempre quisieron que desapareciera. Por otro lado, las necesidades de las mujeres más precarias ni siquiera asoman en los discursos feministas ni del PSOE ni del mainstream. Las políticas sociales, de transferencia de rentas, de empleo o de vivienda son también políticas feministas y, por supuesto, un gobierno de PP-Vox no parece que vaya a mejorarlas.

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Fotografía: CTXT. José Luis Ábalos durante una rueda de prensa en su época de ministro. / Eva Ercolanese / PSOE

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