Por Güris J. Fry. ECO’s Rock. 7 de noviembre de 2026
Sterne/Estrellas (Konrad Wolf, 1959)
El bloque que en el Cine ha generado la Segunda Guerra Mundial cual impetuoso tópico desde el final del conflicto mismo es de una extensión desmedida, su anchura y elevación ha rozado variopintas visiones que van desde una óptica geográfica –la exhortación de los vencidos en “Germania Anno Zero” (Rossellini, 1948), o “Die Brücke” (Wicki, 1959), ¡la insinuación histórica en “Tora!, Tora! Tora!» (Fleischer, Fukasaky & Masuda, 1970), “A Bridge Too Far” (Attenborugh, 1977), “The Longest Day” (Oswald & Zanuck, 1962), o “Der Untergang” (Hirschbiegel, 2004), así como la retribución nacionalista en “Letters From Iwo Jima” (Eastwood, 2006) o “Die Fälscher” (Ruzowitsky, 2007), sin dejar de lado, claramente, el paroxismo heroico de occidente en tramas como “Dunkirk” (Nolan, 2017), “Flags Of Our Fathers” (Eastwood, 2006), o “Saving Private Ryan” (Spielberg, 1998); no obstante de su portentosa secuencia del desembarco en Normandia– claro está que óptica no es la única, ni es exclusiva, el choque global ha servido también como pretexto para tonos más bulliciosos como el incierto y altamente azucarado melodrama de “La Vita è Bella” (Benigni, 1997), retablos más íntimos y contemplativos dentro del espacio temporal como “Saul Fia” (Nemes, 2015) o bien a posterior como “Ida” (Pawlikoski, 2013), así como alegatos de suma rudeza, “Idi i Smotri” (Klimov, 1985), o aquellos que rozan lo fantástico y lo ucrónico como “The Dirty Dozen” (Aldrich, 1967), “Inglourious Basterds” (Tarantino, 2009), o “Belyy Tigr” (Shakhnazarov, 2012), sin mencionar todos los títulos que intentan centrarse en el biopic.
Con Konrad Wolf, director de alta relevancia en el cine de la República Democrática Alemana (RDA), que participó a su vez de manera activa en la parte final de las hostilidades; siendo parte del ejército rojo (aunque nacido alemán), el tema queda inscrito claramente en un vasto marco de razonamiento y ponderación. Su percepción, marcada por las cicatrices de lo revelado en sus experiencias (mucho más pautado esto en “Ich War Neunzehn”, 1968), se manifiesta desde una parquedad humanista. El enfoque abstracto que niega a todas luces el simplismo en la polaridad moral de todos sus personajes es el gran músculo de interés durante todo el encadenado, mismo manejo que no sobra decir: hizo que la película fuera vetada en su año de estreno en diversos territorios. Lo que expone Wolf en ésta, su quizá más elogiada cinta, con un tratamiento cercano el neorealismo, es la complejidad del individuo en momentos tan extremos como los mostrados. Un militar, cuyo nombre es tan sólo una fugaz referencia de la nostalgia y la impiedad de esos años, debe de cuidar a unos prisioneros (judios provenientes de Grecia) durante su ruta hacía a Auschwitz. El roce social y el suave encariñamiento hacia una mujer del campo, misma que tan sólo ve y lucha por el bien de los suyos, habrá de mostrarle no sólo un panorama al cual estaba cegado, sino una ventana abierta a una serie de elecciones que bien se pueden ejercer bajo el principio –o el fin– de un bien común, de una conmiseración ya perdida en un mundo donde todos lidian por una conveniencia jerárquica mayor que rebasa a la persona. Es un mundo incomprensible donde lo único que se puede es pelear por una incertidumbre.
Lírica en su dialogación, franca tanto en su puesta en escena como en su puesta en cámara, “Estrellas” es una anotación robusta, pero al mismo tiempo cruda (veraz) y enternecedora de las circunstancias a los que los personajes –vistos aquí cual reales personas– tuvieron que hacer frente cuando lo que menos se observaba era en sí un horizonte. Basada e inspirada en los recuerdos del guionista, Angel Wagenstein, su disertación es directa, clara, sin atajos sensibleros, su trazado es una línea recta que encamina su ruedo por los frentes de la resistencia y el amor, que cruelmente abre el páramo de la esperanza cuando se sabe a plenitud que el destino no reconoció nunca aquella distinción. Dentro del universo fílmico de la WWII, esta obra de Konrad Wolf sobresale por su probidad. Su voz cruza los años y la historia, sin miramientos políticos ni utilidades colectivas (y/o comunitarias); se alza cual lamento perdido que cada tanto alguien debe de contar y dar nombre para que no caiga, como todo aquello ya pasado, en el frio y terrible olvido.
Estrellas de Konrad Wolf.
Calificación: 4 de 5 (Excelente)

Fuente:https://www.facebook.com/share/p/1YzVJQRGn9/?mibextid=wwXIfr
Fotografia: Festival_cannes.com
