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LOS EDUCADORES ANTE EL APAGÓN PEDAGÓGICO

Por: José luis Figueroa González. Maseual. 23/09/2016

Jojutla, Morelos, La divulgación de la ciencia y el acercamiento de los niños y jóvenes al conocimiento científico siempre serán actividades bienvenidas, aunque no siempre ocurre así. Para corroborarlo pongámonos en los zapatos de un empleado de gobierno que anda en las escuelas del sur de Morelos invitando a subirse a El Tráiler de la Ciencia, un interesante ejercicio de difusión del conocimiento a cargo de la Secretaría de Cultura de Morelos. Llega nuestro promotor cultural a una escuela primaria de la región y se entrevista con el director para proponerle fijar fecha de visita de los alumnos al famoso tráiler. La respuesta deja pasmado al empleado de gobierno, el director dice: “No me interesan esas cosas, no tenemos tiempo”. No habiendo más que tratar se corta la entrevista y ya no sabemos qué harán los maestros y los niños que podrán ver El tráiler de la Ciencia desde las ventanas de la escuela sin poderse subirse ni tener esa experiencia por designio del sabio y prudente señor director. En otra parte del estado de Morelos nos trasladamos a un Jardín de Niños donde las maestras atienden a la supervisora y le dicen que en el estacionamiento hay muchas piedras que pueden ser causa de accidente para los alumnos preescolares y demás personas. La supervisora, muy posicionada en su papel de poder, indica que las piedras no se pueden mover de ahí porque pueden “servir para algo”. Las piedras se quedan en su sitio y las maestras en el suyo. Así podríamos contar innumerables anécdotas que ocurren en el día a día de los tiempos de la nueva Reforma Educativa.

Respecto a lo anterior podríamos detenernos en un análisis que devele la gran semejanza entre ser directivo de una escuela pública y el papel del gerente de empresa; ambos concentran casi todo el poder y trasmiten la sensación de estar ante quien lo puede todo porque está respaldado por un poder superior. Sin embargo, en esta ocasión propongo un análisis más enfocado en el aspecto pedagógico de las historias y las otras realidades que se nos presentan durante el tiempo de interacción escolar. Quiero decir que vayamos a buscar los significados de lo ocurrido y a encontrar las causas de por qué en la escuelas públicas no hay debate pedagógico sino imposición de voluntades amparadas en nombramientos oficiales. No sabemos en qué momento se discute el carácter educativo o no de tal o cual proyecto o determinación; no queda claro si se actúa a conciencia sobre las implicaciones y consecuencias de lo que se hace priorizando el sentido pedagógico de las acciones o bien si predomina solamente el sentido pragmático y la conveniencia vista desde lo individual. Por los ejemplos expuestos se entiende que algo muy delicado está ocurriendo respecto a la toma de decisiones en las escuelas; se percibe una atmósfera de imposición a grado de lo absurdo.

En el mes de mayo de 2015, se efectuó el Foro Mundial sobre la Educación en Incheon, Korea para tratar sobre los problemas y las metas en el futuro cercano. De esa oportunidad de encuentro entre académicos, investigadores y educadores se derivó la propuesta de redactar una carta a la Directora General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) de parte de más de doscientos personajes, especialistas y pedagogos para hacer ver que algo inapropiado estaba sucediendo en esos foros. En uno de los primeros párrafos la carta dice: “Dra. Irina Bokova, con preocupación evidenciamos en buena parte de los discursos desarrollados en los paneles centrales del Foro de Incheon una preeminencia de las miradas economicistas y reduccionistas de la educación, en detrimento de la mirada pedagógica que contempla al ser humano en todas sus dimensiones, no exclusivamente las relacionadas con las necesidades de la economía neoliberal. Palabras como mercado, economía, desarrollo industrial eclipsaron los discursos y claves pedagógicas cuyos argumentos promueven reformas e innovaciones educativas destinadas a empoderar a las generaciones más jóvenes”. El punto en cuestión señala la deshumanización del proceso educativo en aras de llevarlo hacia los intereses económicos de mercado.

Al parecer el momento actual es la adaptación del profesorado a este enfoque economicista donde el control gerencial es uno de sus pilares. Por supuesto que el director de primaria que “no tiene tiempo” para autorizar que los niños se suban a El Tráiler de la Ciencia no tiene siquiera nociones del absurdo a que lo ha llevado su idea de ejercer poder por el poder, al igual que la supervisora a quien las piedras le interesan más que escuchar a las maestras. En su carta los especialistas advierten el grave advenimiento del “apagón pedagógico” en las escuelas toda vez que el enfoque neoliberal pretende despojar a los educadores de su papel como promotores del debate acerca de qué enseñar, por qué, para qué; en su lugar se está imponiendo la mecanización y la reducción del profesor a mero ejecutor de órdenes y trasmisor de saberes prediseñados. Se apaga la luz de la pedagogía como estudio de la educación en cuanto a sus fines y métodos para la formación integral de los educandos y se impone la ejecución de mandatos que atiendan casi exclusivamente a los reclamos del mundo laboral. El maestro que se pregunta, que propone, que promueve, que se atreve a salir de los cánones, ya es una especie en peligro de extinción. Las nuevas generaciones lamentarán su ausencia y cuando lo quieran regresar a las aulas lo tendrán que ir a visitar a un mausoleo.

Por lo pronto muchos nuevos maestros están entre confundidos y animados por estar sustituyendo a los “obsoletos”; ciertamente algunos se preocupan pero casi ninguno sabe qué hacer. Se encuentran en la incertidumbre donde los metió un gobierno formado por mafias a las que sólo les interesa apartar cuanto se puedan llevar y en quedar bien con sus jefes trasnacionales. Hay una mezcla complicada de intereses que se centran en tratar de evitar la pérdida de la plaza base y de las prestaciones laborales, así como cancelar la evaluación punitiva; todo bien, solamente que se actúa separando lo político de lo pedagógico cuando es imprescindible que vayan unidos. A la Reforma Educativa se puede resistir en las calles y en las plazas pero si no se le enfrenta en las escuelas, seguramente avanzará por donde menos nos demos cuenta: en los quehaceres y en los discursos cotidianos que se van asumiendo como propios.

El debate pedagógico en las escuelas no ha sido una prioridad y los movimientos de la disidencia magisterial siempre lo han postergado porque les parece más urgente la lucha por demandas económicas o sociales que atraen mejor a sus filas. La formación inicial y continua de los profesores los provee de elementos teóricos de la pedagogía desde diversas perspectivas pero casi siempre se asumen como requisito de aprendizaje o memorización para aprobar cursos y obtener títulos. La consecuencia es que en la escuela teoría y práctica caminan por distintos pasillos y nunca logran encontrarse. De esa manera, a los padres de la Reforma Educativa no les resulta tan difícil llevar a los profesores por un lado o por otro sin mediar obstáculo alguno desde lo epistemológico o lo teórico. Sin claridad en el posicionamiento teórico para el debate pedagógico pueden inclusive coexistir en connivencia la resistencia a los efectos materiales de la Reforma Educativa y la aceptación del modelo gerencial de educación.

La carta de los expertos que dirigieron a la directora general de la UNESCO es una denuncia de la percepción que tienen acerca de la pérdida del humanismo educativo por la imposición de un modelo de escuela a favor de la economía de mercado. Es denuncia también que el profesorado se vea orillado a ser un adaptado a los designios que se definen los “superiores”, a la aceptación pasiva de su nuevo rol empequeñecido. Este es un problema que se puede ver de dos maneras: como un asunto ajeno que ya resolverán los que toman las grandes decisiones o como un problema propio que debe atenderse desde el propio ser docente y en confrontación de ideas pedagógicas. No hay vuelta, es innegablemente un asunto propio aunque muchos prefieran la comodidad de no debatir nada y nada más ocuparse de cómo sobrevivir individualmente en el agitado mar de los cambios actuales.

Es extraño que los docentes permitan que se argumente a favor de una transformación de la educación como si la escuela fuera ajena al contexto social. La escuela vista como un espacio aparte donde los niños tienen que ser felices porque así lo queremos los maestros y los padres de familia, donde tienen que desarrollar las competencias estandarizadas sin tomar en cuenta saberes ni condiciones previas; la línea de producción no puede detenerse por ningún motivo y si ocurre ya tenemos al culpable: el maestro. La fragmentación de la realidad no puede ser aceptada de manera frívola ni lavándose las manos. Ningún estudio serio avalaría la pretensión de homogeneizar las prácticas y los niveles de desempeño sin considerar el entorno sociocultural y económico de cada comunidad. Esto ya es un punto de debate que de no asumirse nos llevará a quedarnos en el hacer como que no vemos y como que no sabemos. En otro párrafo la citada carta dice: “Visualizamos una peligrosa tendencia a que se genere un Apagón Pedagógico Global (APG) como resultado de la fragmentación de la pedagogía como totalidad interpretativa del hecho educativo. Cuestión que viene ocurriendo como producto de la imposición de modas didácticas, evaluativas, gerenciales, y de un fuerte y sesgado control de los currículos obligatorios, con el fin de conformar un homo economicus y un homo consumens”.

Para llegar al debate pedagógico es importante revisar la manera en que se está ejerciendo el poder en cada centro educativo. El ejercicio del poder al estilo empresarial para el que están siendo reafirmados los directivos es una cuestión de impostergable revisión grupal; se requiere tomar registro de las acciones cotidianas que pintan a imposición y no quedarnos en la risa que puede provocar el hecho de que a un director no se le dé la gana permitir que los alumnos se suban a un atractivo tráiler de conocimientos. Al menos debemos ser capaces de distinguir la potencialidad de debate entre el modelo gerencial y el de coordinación entre maestros. El educador argentino Carlos Hurtado propone la distribución del poder en las escuelas de modo que no todo dependa de la voluntad de un individuo; propone un modelo de Consejos Escolares en el que las decisiones sean consensuadas y en las que los participantes comparten logros y responsabilidades. La caída de la imagen social de los profesores, la pérdida de autoridad y de presencia debido al papel instrumental que se le ha asignado como empleado bajo órdenes superiores es fruto de la influencia del neoliberalismo en lo económico y lo neoconservador en lo ideológico y social. Por no comprender esta situación los padres de familia se enfrentan a los maestros tratándolos como sus subordinados y los padres tratando de someterlos o manipularlos en su provecho. He ahí la confusión, el problema no es doblegarnos entre quienes debemos estar coordinados a favor de los educandos; el quid de la cuestión es enfrentar al enemigo común, un sistema que ya nos preparó un destino al servicio de la maquinaria global de producción.

Para encontrar alternativas al “apagón pedagógico” es importante disponer nuestro pensamiento a la comprensión de que este asunto no puede quedar sólo en las esferas de los expertos porque ya vimos que ni a ellos les hacen gran caso. La prioridad sería poner en la agenda de cada escuela la necesidad del debate pedagógico para reivindicar el humanismo en la educación. La medición de las potencialidades y fuerzas y la manera de ampliar su espectro para forjar la hegemonía de un modelo NO gerencial de administración y desarrollo educativo. No es suficiente la lucha por la recuperación de los derechos laborales sin ubicarnos en el entorno local y global que nos toca vivir. La respuesta que se pueda dar al “apagón pedagógico” no es asunto ajeno. Esta es otra faceta de la resistencia, tan importante como la lucha objetiva en los escenarios de confrontación. La tarea de los maestros es retomar sus bases teóricas para construir un basamento que sostenga la propuesta y defensa de un modelo educativo diferente al que nos tienen destinados.

Esperamos que pronto se puedan contar anécdotas llenas de la algarabía de los niños y jóvenes que junto con sus maestros muestren haber recuperado la esperanza, la alegría de ser y hacer funcionar un mundo en el que nadie esté arriba de nadie y donde el futuro se despeje de la negra neblina que ahora lo empaña.

Fuente: http://www.maseual.com.mx/noticias/?p=10392

Fotografía: otrasvoceseneducacion

 

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