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Violencia patriarcal y tauromaquia: el nexo entre machismo y especismo.

por La Redacción diciembre 15, 2020
diciembre 15, 2020
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Por: Juan José Ponce León. Revista Crisis. 15/12/2020

“En los últimos Sanfermines varias mujeres han sido violadas y otras más —nunca sabremos su número— manoseadas, acosadas y humilladas por los mozos que participan en la sacrosanta fiesta (…) esa es fiesta de machos, y de los machos en la calle y en la plaza, enardecidos y borrachos, persiguiendo, golpeando y matando toros” (Falcon, 2017). Estos son los tipos de relatos que se encuentran en los periódicos digitales cuando se busca acerca de la relación entre el patriarcado y las corridas de toros. Este artículo busca describir esos vínculos, planteando la siguiente tesis central: el especismo y la violencia patriarcal son lógicas de dominación que interactúan y se refuerzan unas a otras.

En primer lugar, es necesario definir al especismo como un sistema de dominación patriarcal y colonial que subordina, explota e instrumentaliza a los vivientes, particularmente, a los animales no humanos, a través de la cosificación y objetivación. El especismo se funda sobre las bases del antro/androcentrismo, el cual coloca al hombre heterosexual, seminal, profesional, racional, europeo y burgués, por encima de los cuerpos animalizados o “subhumanizados”, estos son, otras especies animales, mujeres, personas no binarias, obrerxs, indígenas, montubixs, campesinxs, pueblos no modernos y la naturaleza.

Además, se entiende por heteronorma como un sistema de dominación patriarcal que despliega un ordenamiento de género que subordina a las mujeres y cuerpos diversos. Estos dos sistemas operan a nivel estructural, material y simbólico, pues, por un lado, tienen como fundamento la explotación económica del trabajo de los demás animales, las mujeres y una larga lista de cuerpos precarizados y marcados biopolíticamente por las lógicas del capitalismo neoliberal. Por otro lado, la dimensión simbólica de la dominación instituye discursos, representaciones e imaginarios que refuerzan, tanto el supremacismo humanista, como el privilegio masculino.

En consecuencia, los mataderos, las granjas de cría intensiva, los laboratorios de experimentación animal, los circos, zoológicos y las corridas de toros, suponen un espacio de relacionamiento interespecie en donde se despliegan prácticas y narrativas exacerbadamente violentas. La violencia especista, como el consumo y producción de animales muertos (“carne”) y los productos que generan los vivientes derivados de su trabajo, como la “leche” y los “huevos”, o las corridas de toros, son símbolos de la dominación masculina. Esta dominación tiene como base el refuerzo de los binarismos de especie y de género que se articulan: hombre/animal, cultura/naturaleza, civilización/barbarie, masculino/femenino, razón/emoción. En este sentido, las corridas de toros son un regímen teatral y performático, en donde se demuestran y se ponen a prueba los valores patriarcales de la masculinidad hegemónica.

La figura del torero es una de las formas que refuerza la alianza especismo – patriarcado. La virilidad, la fuerza, la potencia, la agresividad, la racionalidad, lo culto y lo civilizado que representa el matador se impone frente a lo animal, lo instintivo, lo barbárico y lo femenino, representado por el toro. Por tanto, se feminiza al toro a través de este rito contra un animal no humano, supuestamente salvaje, bravo e indómito, que busca afianzar la virilidad violenta del torero. Tanto el animal “salvaje” como la mujer “irracional, emocional y rebelde”, se vuelven las “presas” que deberán ser domadas, domesticadas y sometidas ante la racionalidad y el poder del hombre (lo humano).

En ese sentido, no extrañan los siguientes titulares de medios digitales:

“Torero ecuatoriano acusado de homicidio es detenido en México” (2017); “Detenido el torero Juan Pedro Galán, acusado de explotación sexual” (s/f); “El torero Antonio Mondejar condenado a prisión por maltratar a su exmujer” (2007). Detrás de la interrelación entre machismo y especismo existe una apología de la violencia sexual, como se puede leer en la declaración del torero “El Cid”: “pienso que los toros nerviosos son como las mujeres, la que se deja, se deja; y la que no se deja creo que comete un error” (Castro, 2016). Estos libretos de la virilidad afirman el binario: masculinidad-dominación y feminidad-sumisión.

Otra de las formas que toma el especismo – patriarcado, es a través del lenguaje de la tauromaquia.Es muy común escuchar en las protestas antitaurinas agresiones por parte de los taurinos, dirigidas hacia lxs manifestantes mujeres y cuerpos diversos, a través de palabras que buscan animalizar en un sentido peyorativo y minimizante, estos términos son: “marimacha”, “hija de puta”, “zorra”, “cerda”, “perra”, “mal culeada”, “abortista”. Por otro lado, a los varones se les dice: “maricón”, “nenita”, “llorón”. Además, en los diccionarios taurinos, se encuentran expresiones como “machorra” (vaca estéril); “maricón” (toro al que “montan” otros machos de la camada) o “desecho” (toro que no sirve para la lidia)”. Esto demuestra el vínculo simbólico entre la animalización y la feminización de mujeres, cuerpos diversos y animales no humanos. Además, los discursos culturalistas han buscado legitimar la perpetuación de la opresión y la dominación.

Finalmente, la materialización de la violencia especista-patriarcal más explícita, se da en la plaza de toros, como un lugar donde se ensayan las violaciones grupales. El caso de “La Manada”, el 07 de julio de 2016 en el contexto de las fiestas taurinas en San Fermines, es un doloroso ejemplo. Primero, se reconoce una puesta en escena bastante precisa, donde en número y fuerza, los agresores monopolizan el poder y la fuerza. Segundo, una o más víctimas son escogidas en función de su situación de vulnerabilidad. Tercero, el requerimiento de un público preparado y cómplice. Finalmente, la existencia de un encargado de atormentar a la víctima, a menudo asistido por sus subordinados.

Esta concepción de “fiesta” es el regocijo del sacrifico del más débil, la celebración del monopolio del poder. Sin duda, el especismo y el patriarcado son sistemas de opresión – cosificación que se complementan perfectamente para la explotación de los cuerpos feminizados – animalizados, y que se ejecutan a través del enaltecimiento del privilegio masculino. Las luchas por la abolición de la tauromaquia,  se inscriben desde los feminismos populares, los ecofeminismos y las luchas por la liberación animal.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Revista Crisis.

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La Redacción

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