Por: Trabajador estatal de la Ciudad de México. 16/11/2025.
Es bien difícil tener una opinión certera respecto a los hechos de ayer en el Zócalo pero, a este respecto hay que tener opinión. Como dijo Gramsci, «hay que tomar partido».
Con esta frase —a modo de arenga— Gramsci quiso expresar que la indiferencia es una forma de parasitismo, de cobardía; un nadar de muertito como decimos nosotros. Me resulta más que obvio que los hechos de ayer marcarán un antes y un después en la relación entre el gobierno y los múltiples movimientos de inconformidad que un día y otro también se expresan en las calles de la Ciudad de México y por todo el país: Chiapas, Michoacán, Sinaloa, Oaxaca, Guerrero, Edomex, en fin.
¿Cuál es entonces mi posición?
Aunque escribo a titulo personal, puedo decir que desde la comisión política de la Asamblea General de Trabajadores (AGT) y desde las primeras entrevistas con las diversas autoridades, ya sea de las dependencias o del gobierno central, les hemos dicho de frente y de manera clara que el gobierno de la CDMX está violentando los derechos de l@s trabajador@s, a través de despidos claramente injustificados, del escamoteo de lo que el gobierno llama «dígito sindical» y que no es otra cosa que la negación del derecho a la libre sindicación y con ello también la negación de la universalidad de prestaciones. A través de aumentos salariales de los últimos 5 años anclados en un 3.5 % mientras que la inflación al menos en dos años ha sido del doble. Nos está violentando a través de la negación de la justicia laboral por medio del incumplimiento de laudos laborales firmes. Todas estas son formas de violencia que destruyen familias, que dan al traste con proyectos de vida y que alimentan el rencor contra cualquier gobierno.
A partir de aquí, es entendible el sentimiento acumulado contra este gobierno que prometió alegremente el cumplimiento de los sueños más acariciados por el pueblo para después echar culpas a los gobiernos pasados mientras se regodea en actitudes del mismo tipo. Menciono una que para mi es un botón de muestra contundente pero existen múltiples: haber designado a Mario Delgado en la Secretaría de Educación Pública, (SEP) un personaje sin proyecto educativo y eso sí, con un perfil y un historial eminentemente político, y cuando digo político me refiero a la disputa del poder por el poder mismo, o más precisamente por la posibilidad de dominar, controlar y mandar que el poder implica.
La designación de Mario Delgado en la SEP exhibe que el discurso de recomponer el tejido social es una farsa, pues las generaciones de niños y jóvenes que transitan por la administración de Delgado (lo mismo que sucedió con Delfina Gómez que solo pasó por la SEP en su camino hacia la gubernatura del Edomex) se están viendo gravemente afectados en su formación académica.
Desde la AGT tenemos estrecha relación con l@s trabajador@s del sector salud que viven una situación, sin exagerar, desesperante pues se encuentran entre la espada y la pared: obligados a dar un buen servicio, so pena de que se les lleve ante la ley por «negligencia médica», mientras que carecen de insumos elementales, medicamentos, equipo y ¡hasta de los días de descanso! que requieren para «funcionar» de manera adecuada. Ya no hablemos del salario y la seguridad en el empleo que —entre tantas cosas— yo no sabría decir si es lo más elemental. Y si se organizan para protestar ¡ah, pues los despiden! (ver el caso de la Dra. Belem Benítez).
Muchas cosas más hay que decir acerca de los hechos de ayer, pero por lo pronto y tomando partido digo que, la violencia de ayer fue en muchos sentidos provocada por el mismo gobierno. Y como dice aquella frase rebuscada: la causa de la causa, es la causa de lo causado.
Fotografía de Alejando Meléndez
