Por: Nicolás Tucapel G. 26/03/2026.
No es extraño que grandes sistemas y pensadores surjan en épocas de decadencia, o en lenguaje hegeliano, de máximo desgarramiento. Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) no fue la excepción: desde la revolución francesa hasta el intento de restauración absolutista por parte de Prusia, Hegel observó cambios sociales enormes. Como todo gran filósofo, sus inquietudes filosóficas tuvieron una arista o talante político, ya evidente desde su época de estudiante; su último escrito fue político: acerca de la Reform Bill Inglesa[1].
No es errado decir que Hegel se ha ganado su lugar dentro de los filósofos más importantes de la historia de la humanidad: su influencia ha sido enorme y presente en todas las ramas de la filosofía posterior a su muerte hasta nuestros días. Así lo señala Maurice Merlau-Ponty:
Hegel está en el origen de todo lo importante que se ha hecho en filosofía desde hace un siglo —por ejemplo del marxismo, de Nietzsche, de la fenomenología y del existencialismo alemán, del psicoanálisis— ; e inaugura la tentativa de exploración de lo irracional y de su incorporación a una razón ensanchada que sigue siendo la tarea de nuestro siglo. Hegel es el inventor de esta Razón más comprensiva que el entendimiento, de esta Razón que, capaz de respetar la variedad y la singularidad de los psiquismos, de los métodos de pensamiento, de las civilizaciones y de la contingencia de la historia… Podríamos decir, sin paradoja, que dar una interpretación de Hegel es tomar posición sobre todos los problemas filosóficos, políticos y religiosos de nuestro siglo.[2]
Como ocurre con todo personaje importante de la historia, Hegel —a pesar de sí mismo— fue un adelantado a su época, o más bien, pudo ver con mayor alcance y claridad su realidad y plasmarla en pensamientos, tal como él expresa la labor filosófica en su prólogo a la Filosofía del Derecho. Esto le trajo, como es de esperar, toda clase de problemas: desde la censura, el impedimento de ingresar a la Academia de Ciencias, el escaso o nulo reconocimiento de las autoridades a su trabajo, hasta la persecución y encarcelamiento de sus estudiantes, tanto en vida como a posteriori[3].
De ahí que la recepción de Hegel, tanto en su época como más tarde fue variada y divisiva: los propios estudiantes de Hegel se dividieron en facciones, respecto de la lectura que tuvieron del pensamiento hegeliano: una filosofía del proceso, del devenir, de la contradicción y con un pulso dialéctico patente no podía sino representar, como el Saber Absoluto mismo —que en su reconciliación y llevando dentro de sí la negatividad, otorgándole su carácter trágico—, se desgarre o escinda, cayendo libremente en la contingencia: en este caso, la unidad alcanzada en su sistema maduro seguiría la bestimmung[4] del Concepto, para disgregarse en varios pensadores que negarán a Hegel en diversos grados y desde diferentes perspectivas, pero siempre desde Hegel.
Uno de los más conocidos críticos de Hegel fue Karl Popper, en cuya obra La sociedad abierta y sus enemigos ilustró una imagen del suabo como un defensor del totalitarismo, de la monarquía absoluta de la restauración prusiana y, en general, como un enemigo de la libertad:
A pesar de todo esto, parece improbable que Hegel hubiera podido convertirse en la figura de mayor influencia de la filosofía alemana sin el respaldo de la autoridad del Estado prusiano. En efecto, Hegel fue designado primer filósofo oficial de Prusia en el período de la «restauración» feudal que siguió a las guerras napoleónicas. Más tarde, el Estado apoyó también a sus discípulos (entonces, como ahora, Alemania sólo tenía universidades controladas por el Estado) y éstos, a su vez, se apoyaron entre sí.[5]
Podrá parecer curiosa esta afirmación, si la contrastamos, por ejemplo, con la última biografía de Hegel preparada por el reconocido filósofo Klaus Vieweg, llamada Hegel: Der Philosoph der Freiheit[6]. (El filósofo de la libertad) ¿Cómo pueden existir opiniones o posturas tan opuestas frente al legado de un mismo hombre?
La cita de Popper ya mencionada contrasta radicalmente con lo que tanto biógrafos, como colegas, e incluso enemigos intelectuales de la época de Hegel atestiguaron sobre él, por ejemplo:
Hegel tenía la costumbre de brindar con una copa de champagne cada 14 de julio, fecha en que comenzó la Revolución Francesa. Aquel acontecimiento fue, sin duda, el que más profundamente marcó su vida y su pensamiento. Hegel fue siempre un politicus, es decir, alguien que no dudaba en pronunciarse públicamente sobre los asuntos políticos de su tiempo, y durante toda su vida defendió con ardor los principios fundamentales de la Revolución Francesa. La celebraba como un «magnífico amanecer» del mundo moderno, como la «aurora» de una existencia verdaderamente libre. El anhelo de libertad atraviesa como hilo conductor toda su trayectoria vital e intelectual: en su juventud admiró Los bandidos de Schiller —esa obra escrita como un grito contra la servidumbre— y el Fiesco; más tarde, durante sus años en Tubinga, llegó a ser uno de los principales portavoces de un círculo estudiantil de orientación revolucionaria y republicana, y trabó una estrecha amistad con Gotthold Friedrich Stäudlin, escritor, publicista y ferviente defensor de la Revolución.[7]
Este relato y datos biográficos relacionados pueden hallarse tanto en las biografías de Pinkard[8], Kaufmann[9], D’Hondt[10], Rosenkranz[11], entre otros múltiples trabajos de especialistas de Hegel. Claro está que esto no demuestra que Hegel haya sido todo lo contrario de lo que Popper afirma, pero ya nos puede ayudar a perfilar el carácter del filósofo a través de fuentes variadas —y especializadas en la filosofía clásica alemana— versus la opinión de un filósofo que usó, para criticar a Hegel, textos de selecciones de sus escritos editados por terceros, más los Zusätze (agregados) de la Rechtsphilosophie,[12] que, como es sabido, fueron añadidos de los alumnos y editores (E. Gans) y no por el propio Hegel, por lo cual no pueden considerarse como fuente primaria —que Popper reconoce explícitamente en los agradecimientos y el apartado de notas de LSA.[13]
Por un asunto de extensión, se hace imposible cubrir las más de 800 páginas de su texto para criticar con detalle cada una de las inaceptables afirmaciones, generalidades y conclusiones que se exhiben en él. Por ello, seleccionaremos algunos párrafos que nos ayuden a articular una crítica generalizada de la lectura Popperiana de Hegel.
Preámbulo – La referencia de Popper
En primer lugar, Popper invoca como «testigo» a Schopenhauer, a quien describe como «hombre de suprema integridad al que le preocupaba la verdad ante todo. Su competencia como juez en asuntos filosóficos no puede ponerse en tela de juicio»[14]. Ante todo, el propio Schopenhauer reconoció ser un hipócrita que no seguía su propia palabra, ni consideraba que debía hacerlo[15]. Además, tampoco leyó con profundidad a Hegel, aunque bien se sirvió someramente de su filosofía del arte para construir la suya propia[16]. Más extraño resulta que, para criticar a Hegel, quien se supone un enemigo de la libertad, Popper recurra a un pensador que niega tajantemente la libertad humana:
¿Podía el curso vital recorrido por un hombre dado resultar diferente de cómo ha resultado en alguna cosa, aun en lo mínimo, en algún acontecimiento o escena, considerando que, por un lado, su carácter está invariablemente fijadoy, por otro lado, las circunstancias cuyo influjo tenía que experimentar estaban, sin excepción y hasta lo más ínfimo, determinadas necesariamente por causas externas que se producen siempre con estricta necesidad y cuya cadena, formada por miembros exactamente igual de necesarios, se remonta hasta el infinito? ¡No! es la respuesta consecuente y correcta[17].
Además, es conocido el odio que Schopenhauer profesaba por Hegel. Los insultos éste emite son tomados por Popper como buenos, válidos y objetivos, calificándolos así:
…Schopenhauer, que tuvo el placer de conocer a Hegel personalmente… trazó el siguiente cuadro, excelente en verdad, del maestro «Hegel, impuesto desde arriba por el poder circunstancial con carácter de Gran Filósofo oficial, era un charlatán de estrechas miras, insípido, nauseabundo e ignorante, que alcanzó el pináculo de la audacia garabateando e inventando las mistificaciones más absurdas. Toda esta tontería ha sido calificada ruidosamente de sabiduría inmortal por los secuaces mercenarios, y gustosamente aceptada como tal por todos los necios, que unieron así sus voces en un perfecto coro laudatorio como nunca antes se había escuchado. El extenso campo de influencia espiritual con que Hegel fue dotado por aquellos que se hallaban en el poder, le permitió llevar a cabo la corrupción intelectual de toda una generación.»[18]
Esto, además de no constituir argumento aceptable de ninguna manera, resulta incómodo y muy anticientífico de atestiguar, sobre todo cuando en el mismo texto Popper señala «Todavía debemos aprender la lección de que la honestidad intelectual es fundamental para todo aquello que nos importa»[19]. También resulta sospechoso que no juzgue a Schopenhauer como un testigo con un interés particular en denostar a Hegel, considerando que su animadversión es muy conocida. Fue ese desprecio el que lo movilizó a querer medirse con Hegel dando lecciones como Privatdozent[20] en la Universidad de Berlín, siendo víctima del fracaso que él mismo provocó, no sin calumnias y mentiras hacia Hegel, esparcidas por el propio filósofo[21].
No podemos estar de acuerdo, por lo tanto, en la elección de Schopenhauer como árbitro autorizado para hablar de libertad y criticar con justicia y conocimiento profundos a Hegel.
Popper, lector de Hegel.
a. El conflicto
Citamos el siguiente extracto para un breve análisis:
El Espíritu de la nación determina su oculto destino histórico, y toda nación que desee «emerger a la existencia» debe afirmar su individualidad o alma saliendo a la «Escena de la historia», es decir, luchando con las demás naciones; y el objeto de esta lucha es la dominación del mundo. Se desprende de esto que Hegel, al igual que Heráclito, cree que la guerra es la madre y reina de todas las cosas.[22]
Somos testigos acá de un error de lectura fundamental y una extensión de éste a Hegel. Para Heráclito, la oposición de los contrarios era el movimiento de lo real. Por supuesto, el de Éfeso no hablaba de la guerra como un conflicto armado entre seres humanos, sino que, como era costumbre en su época, usa un lenguaje metafórico – mitológico para lo que Hegel llamará luego determinaciones, que son esenciales a lo que existe. Guthrie lo explica así: «Guerra no es un conflicto bélico humano, sino uno de los nombres heraclíteos para el principio supremo subyacente tras las oposiciones (otro nombre seríaZeus, cuyos atributos más frecuentes, padre y reyson aquí citados)»[23].
En otras palabras, Popper no comprende que Heráclito habla de conceptos ontológicos, reduciendo las alegorías de los elementos y fenómenos naturales a realidades empírico-sociales. Dado este problema estructural de su lectura, no es de extrañar que haya malentendido e incomprendido a la historia de la Filosofía en general, extendiendo este error a las críticas a Hegel.
b. Filosofía de la Naturaleza
El error categorial mostrado anteriormente se puede también evidenciar en las críticas que Popper hizo de toda la filosofía de la naturaleza del idealismo postkantiano y de los primeros ataques que dirige a Hegel en su texto:
Toda la filosofía de la naturaleza está saturada de definiciones de este tipo. H. Stafford Hatfield, por ejemplo, traduce así la definición que da Hegel del calor (véase su traducción de Bavink, The Anatomy of Modern Science, pág. 30): «El calor es la autorrestauración de la materia en su amorfismo, su liquidez el triunfo de su homogeneidad abstracta sobre lo definido específico, y su continuidad abstracta, de existencia autónoma pura, como negación de la negación, entra aquí en actividad». Del mismo tenor es la definición que nos da Hegel de la electricidad.[24]
Todo filosofo comprendió y comprende hoy que, tal como lo hicieron los primeros filósofos griegos, la alusión a elementos y otros fenómenos de la naturaleza no se reduce a ese elemento empírico particular, sino que, dado que ciertos elementos manifiestan propiedades características de suyo, son términos relativos a principios metafísicos. Hegel mismo lo señala:
Al tratar el pensamiento antiguo y generalizado de que los cuerpos están formados por los cuatro elementos o, según el pensamiento más moderno de Paracelso, por mercurio o fluido, azufre o aceite y sal, o al tratar otros pensamientos parecidos, ha sido fácil refutarlos, sobre todo, a base de querer entender bajo aquellos nombres los materiales empíricos singulares que se designan primariamente con tales nombres.[25]
Esta falta de comprensión del nivel epistémico del cual se habla en una filosofía de la naturaleza y no saber distinguirla del trabajo de la ciencia empírica sólo demuestra la estrechez de visión de Popper en este asunto.
c. La Dialéctica.
Cuando Popper habla de la dialéctica, lo hace del siguiente modo:
Ese desarrollo tiene lugar dialécticamente, vale decir, con un ritmo de tres tiempos. En primer lugar, se sustenta una tesis; ésta producirá una crítica, y sus adversarios, al afirmar su opuesto, darán forma a la antítesis; por fin, del conflicto de estas dos concepciones surge la síntesis, es decir, una especie de unidad de los opuestos, una especie de avenencia o conciliación alcanzada sobre un plano más elevado.[26]
Nuevamente observamos la total carencia de concepto, al afirmar que la dialéctica para Hegel es una especie de diálogo de sujetos que, producto de un acuerdo, contraponen posiciones del todo inconexas para llegar a alguna suerte de consenso.
Por un lado, claro está que Hegel, cuando describe el movimiento especulativo del Concepto, lo hace en primer lugar, en términos ontológicos. La increíble falta de comprensión del mero contexto y objeto de una obra filosófica no puede dejar de sorprender, en vista de que Popper consagró su vida entera a la reflexión filosófica.
Por otro lado y más allá del gravísimo problema que vimos, podemos señalar también la incapacidad de comprender que este movimiento que Hegel desarrolla en su obra es interno: el Concepto (o Lo Lógico en cuanto forma) en su momento inmediato (momento en sí, an sich) se hace otro de sí, se niega a sí mismo generando su otro desde sí (momento para sí, für sich), para luego reunirse con él mismo como un desarrollo más rico en determinaciones (momento en y para sí, an und für sich).[27] Además, corresponden a los momentos abstracto-inmediato, reflexivo-negativo y positivo-especulativo, respectivamente[28], que como explicación esquemática, no explica ni pretende explicarlo todo aplicando una simple fórmula (como lo intentara el Diamat[29], por ejemplo, ignorando que no siempre Hegel relaciona las categorías por tríadas), sino que, en la medida que se avanza en el despliegue de las determinaciones (o categorías), cada vez que este proceso se da, lo hace en un nivel de complejidad mayor, que además es también más intensivo, como una interiorización y un recuerdo (Erinnerung) de todos los momentos superados que trae consigo, que le pertenecen y lo definen.
d. La Contradicción.
Valdrá, por último, mostrar la lectura Popperiana de la contradicción Hegeliana:
La intención de Hegel es operar libremente con todas las contradicciones. «Todas las cosas son contradictorias en sí mismas», insiste,» para defender una posición que significa el fin, no ya de toda ciencia, sino incluso de todo argumento racional. Y la razón por la que tanto desea dejar lugar a las contradicciones es su intención de detener la argumentación racional y, con ella, el progreso científico e intelectual.[30]
No es extraño que, al pensar en la contradicción hegeliana, se presuponga una definición común de este concepto. Aunque un estudio detallado de la contradicción excede totalmente el propósito de este escrito, se puede ensayar un argumento que permita acercarnos a lo que Hegel entendió por ella.
Primero, citemos el párrafo completo donde está contenida la frase de Hegel:
Todas las cosas son en sí mismas contradictorias; en el sentido, además, de que, frente a las otras, esta proposición expresa mejor la verdad y la esencia de las cosas.- La contradicción, puesta de relieve en la contraposición, no es sino la nada desarrollada, que está contenida dentro de la identidad, y que vino a darse dentro de la expresión: Que el principio de identidad nada dice. Esta negación se determina ulteriormente hasta la diversidad y contraposición, la cual es ahora la contradicción puesta… En efecto, la identidad, que le está enfrentada, es solamente la determinación de lo inmediato simple, del muerto ser, mientras que la contradicción es la raíz de todo movimiento y vitalidad; solamente en la medida en que algo tiene dentro de sí mismo una contradicción se mueve, tiene impulso y actividad.[31]
Recurriendo a Platón y Aristóteles, y de manera preliminar, se puede decir que Hegel toma de Platón el no-ser como diferencia u otredad que se manifiesta ya en el Sofista y en el Parménides[32], una cierta preferencia de la kinesis como principio de movimiento y la participación como complemento a una especie de analogía; de Aristóteles toma el rol de la contradicción como fundamento verdadero de la no-contradicción y cómo se relaciona esto con su concepto análogo de ser.
Partiendo desde Aristóteles y teniendo en cuenta a Platón, el principio de no contradicción sólo tiene validez lógica y discursiva directa en lo real efectivo en cuanto acto, o en el campo de acción efectivo de la energeia, en lo óntico y de manera derivada ontológica como resultado excluyente en el ente, en la resolución y concreción de la dinamis entre ella y la energeia, como lugar o instante de acción del ergon. «Antes» de eso, o sea, en el devenir (o en el llegar a ser del ente), la dinamis se mueve a la vez en ambas direcciones de resolución: ser y no ser como poder-ser y poder-no-ser.[33] La impotencia del ser y no ser al mismo tiempo contiene, como determinación interior, la doble y simultánea posibilidad de ser y no ser. Lo anterior nos conduce al fundamento de la realidad ontológica de la contradicción como principio de la no-contradicción. [34]
Surgirá, claro está, la protesta habitual de un «pensador del entendimiento», pretenderá que se pruebe la limitación del PNC y creerá sentirse satisfecho en que no puede ofrecerse tal prueba en una proposición, pero precisamente ese es el punto: como esa prueba se hace en juicios de tipo sujeto/predicado presuponiendo sólo lo concebible en términos conceptuales de verdadero y falso, lo alógico —como la voluntad y la pasión que para Aristóteles es un elemento de la decisión en el actuar y por lo tanto, al menos en lo práctico, se puede ver la ambigüedad de lo lógico y lo alógico en la acción— y el no-ser (que el mismo Aristóteles concede que no es una mera nada, como también lo hace Platón) no pueden ser expresados en este tipo de proposiciones, de ahí que la contradicción sea imposible de ser vislumbrada para el hombre, pero sin embargo tiene una existencia esencial rastreable.
Esto es lo que estimamos que vio Hegel: hizo un análisis similar en su propia mirada ontológica, donde el ser es solamente como devenir (invirtiendo el orden causal de Aristóteles), por lo que la contradicción no solamente existe como potencia, sino también como parte de la efectividad/esencia del ente[35].
Esto parece explicar cómo es posible que el paso de determinaciones sucesivas no cancela totalmente la anterior, sino que conserva en parte (no parte) aquella para darse otra determinación que brota de sí en un proceso que nunca se cumple[36] del todo, ya que la ontología hegeliana no es una ontología del ente, sino del ser como proceso. Por ello, puede pensarse en una forma de kinesis virtual que es acto y potencia en uno, entelequia y energeia, una especie de potencia dinámica, ya que es capaz de darse determinaciones a sí misma y no opera ab alio[37]. Ese movimiento dialéctico tiene algo de análogo, pero en vez de ser impulsado por el ser, lo es por el devenir. Por esto Hegel puede decir categóricamente en la Doctrina de la Esencia «Todas las cosas son contradictorias», porque todo lo que es, es impulsado, fundamentado por la contradicción.
Popper no fundamenta su crítica de la contradicción hegeliana; simplemente se limita a citar parcialmente una frase de la Ciencia de la Lógica y despacharla por hallarla incoherente, sin explorar las razones que llevaron a Hegel a señalar la contradicción esencial de lo ente. Si hubiera leído esa observación completa, quizá pudo haber visto, al menos, lo fundamental del argumento hegeliano.
Conclusión
La crítica de Karl Popper a Hegel en La sociedad abierta y sus enemigos constituye un caso paradigmático de lo que podría denominarse una refutación sin fundamento: un ejercicio intelectual que, paradójicamente, viola los mismos estándares de rigor argumentativo que su autor proclama defender. A lo largo de lo analizado previamente, hemos podido constatar al menos tres niveles de insuficiencia en la lectura popperiana.
En primer lugar, un problema en el punto de partida: las fuentes. Popper construye su imagen de Hegel apoyándose en selecciones editadas por terceros, en los Zusätze de la Rechtsphilosophie —cuya autoría no es hegeliana— y en el testimonio abiertamente parcial de Schopenhauer, cuya enemistad personal con Hegel era de público conocimiento y cuya propia filosofía niega la libertad que supuestamente defiende. Invocar semejante testigo para acusar a Hegel de enemigo de la libertad es metodológicamente inconsistente, contradictorio y atenta contra la honestidad intelectual que supuestamente sirve de base para su trabajo.
En segundo lugar, hallamos una dificultad hermenéutica seria: Popper proyecta sobre el texto hegeliano categorías del pensamiento empírico y del entendimiento formal, incapaz de reconocer el nivel ontológico en que operan los conceptos de la dialéctica, la contradicción y su aplicación en la filosofía de la naturaleza. El error se origina ya en su lectura de Heráclito, a quien interpreta en clave política y sociológica, cuando habla en clave metafísica, extendiendo sistemáticamente este desplazamiento y desenfoque epistémico hasta Hegel y más allá.
En tercer lugar, se evidencia un problema de interpretación política: la tesis del Hegel reaccionario y servidor del absolutismo prusiano choca frontalmente con la totalidad del testimonio biográfico e historiográfico especializado —Pinkard, Kaufmann, D’Hondt, Vieweg, entre otros—, que documenta en Hegel una adhesión sostenida, y a menudo arriesgada, a los principios de la Revolución Francesa y a los ideales de la libertad moderna.
Por lo tanto, la lectura popperiana de Hegel no resiste el contraste con las fuentes primarias ni con la tradición exegética seria. Más que una refutación filosófica, constituye una caricatura ideológica, inaceptable como interpretación académica. Esto no implica, por supuesto, que Hegel esté exento de crítica; implica, más bien, que dicha crítica exige lo que toda empresa filosófica: leer con rigor, comprender antes de refutar y honrar la complejidad del pensamiento que se examina.
Referencias Bibliográficas
Aristóteles. Metafísica. With Tomás Calvo Martínez. Gredos, 1994.
Copleston, Frederick. Historia de la filosofía: De la filosofía kantiana al idealismo. Vol. 3. Ariel, 2011.
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Duque, Félix. La restauración: la escuela hegeliana y sus adversarios. Ed. Akal, 1999.
Guthrie, W. K. C. Historia de la filosofia griega. I. Gredos, 2004.
Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Ciencia de la lógica. 2.a edición. Abada, 2019.
Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio (1830). Ed. Bilingüe. Traducido por Ramón Valls Plana. Abada, 2017.
Kaufmann, Walter. Hegel. Alianza, 1972.
Merleau-Ponty, Maurice. Sentido y Sinsentido. 2da edición. Península, 1977.
Pinkard, Terry P. Hegel: una biografía. Las Luces. Acento, 2001.
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Popper, Karl R. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidós Ibérica, 2006.
Rosenkranz, Karl. Hegels Leben. Duncker und Humblot, 1844.
Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación 1. 2a. ed. Trotta, 2009.
Schopenhauer, Arthur. Los dos problemas fundamentales de la ética. Siglo XXI, 2002.
Vieweg, Klaus. Hegel: der Philosoph der Freiheit – Biographie. C.H. Beck, 2019.
Vieweg, Klaus. Hegel: The Philosopher of Freedom. Traducido por Sophia Kottman. Stanford University press, 2023.
[1] La Ley de Reforma realizada en 1832. [N. del E.]
[2] Maurice Merleau-Ponty, Sentido y Sinsentido (Península, 1977), 109-110.
[3] Para un detallado estudio de este fenómeno y del curso de histórico de la escuela Hegeliana: Félix Duque, La restauración: la escuela hegeliana y sus adversarios, (Ed. Akal, 1999).
[4] Aprovechando el doble significado del alemán como «determinación» y «destino».
[5] Karl R. Popper, La sociedad abierta y sus enemigos, (Paidós Ibérica, 2006), 246. Para las alusiones sucesivas, usaremos la sigla LSA.
[6] Klaus Vieweg, Hegel: der Philosoph der Freiheit – Biographie (C.H. Beck, 2019). Hay traducción al inglés en Klaus Vieweg, Hegel: The Philosopher of Freedom, trad. Sophia Kottman (Stanford University press, 2023).
[7] Vieweg, Hegel, 18-19. Traducción propia.
[8] Pinkard, Hegel: una biografía, Las Luces (Acento, 2001), 75, 87-89, 570.
[9] Kaufmann, Hegel (Alianza, 1972), 29.
[10] D’Hondt, Hegel (Tusquets Editores, 2013), 43, 61-62.
[11] Rosenkranz, Hegels Leben (Duncker und Humblot, 1844), 366.
[12] Filosofía del derecho [N. del E.]
[13] Popper, LSA, 690.
[14] Ibid. 269.
[15] Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación 1, (Editorial Trotta, 2009), § 68; también Copleston, Historia de la filosofía: De la filosofía kantiana al idealismo (Ariel, 2011), 3:VII, 209.
[16] Ibid.220-221.
[17] Schopenhauer, Los dos problemas fundamentales de la ética (Siglo XXI, 2002), 91. Destacado nuestro.
[18] Popper, 249-250.
[19] Ibid, 274.
[20] Figura de docente por honorarios que imperaba en aquel entonces, los alumnos retribuían al profesor. [N. del E.]
[21] Pinkard, Hegel, 586-87: …«Hegel decidió aprobar la habilitación de Schopenhauer, aclarándole así el camino para comenzar su carrera docente (totalmente consciente de que la peculiar petición de Schopenhauer de fijar sus clases a la misma hora que él tenía como objetivo desafiarlo ante los estudiantes). Tal como lo había pedido, se le concedió el mismo horario que a Hegel, pero cuando sucedió que casi nadie apareció por sus clases, Schopenhauer tuvo que abandonar Berlín durante varios años caído en desgracia. (Esta anécdota dio lugar a la leyenda, en parte alimentada por el mismo Schopenhauer —que detestaba profundamente a Hegel— de que Hegel había intentado impedir la promoción del joven filósofo a Privatdozent, y que en la discusión que siguió a la lectura de la tesis, Hegel había mostrado una ignorancia total de la ciencia natural.)»
[22] Popper, 254.
[23] Guthrie, Historia de la filosofía griega, I (Gredos, 2004), 347.
[24] Popper, 691.
[25] Hegel, Enciclopedia de las ciencias filosóficas en compendio (1830), Ed. Bilingüe, trad. Ramón Valls Plana (Abada, 2017), §316 N.
[26] Popper, 256. Destacado Nuestro.
[27] Hegel rara vez usa los términos «tesis», «antítesis» y «síntesis», usados por Kant y Fichte. Esto evidencia aún más que Popper no leyó a Hegel directamente, ya que, como alemán que fue, pudo leer el original y haberse dado cuenta fácilmente que Hegel usa otra nomenclatura.
[28] Hegel, Enciclopedia, §§79-82, 251-253.
[29] Materialismo dialéctico. Se presentó como la doctrina filosófica oficial de la extinta URSS. [N. del E.]
[30] Popper, 256-257.
[31] Hegel, Ciencia de la lógica, 2.a edición (Abada, 2019), 491.
[32] Platón, Diálogos, V – Parménides (1992), 134b1.
[33] Aristóteles, Metafísica, (Gredos, 1994), 1050b8. Por cuanto la validez del PNC sólo se cumple en el ámbito de la energeia, en lo ya en acto, no puede el principio dar cuenta de sí mismo ni de la entidad del ente al excluir la posibilidad de ser y no-ser al mismo tiempo, por lo que no puede ser el punto de partida de la ciencia que el Estagirita busca.
[34] Esto puede considerarse correcto incluso para la ontología tradicional.
[35] Ente acá vierte el Seiendes hegeliano.
[36] Aunque sí se resuelve, o mejor dicho, se «soluciona», se disuelve; se hace esencial como fundamento.
[37] Procedente de otro. [N. del E.]
