Por: Miguel González. 20/02/2025
En un contexto internacional en el que proliferan los conflictos bélicos y las tensiones interimperialistas, líderes europeos y de la OTAN intensifican sus llamados a incrementar drásticamente el gasto en defensa, desplazando prioridades sociales como la sanidad, la educación y las pensiones. Este giro hacia una política de rearme responde, según los altos mandatarios, a la amenaza de Rusia y a la creciente presión estadounidense con el fin de reforzar el proyecto imperialista occidental.
El Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, afirmó ante el Parlamento Europeo: “El 2% [del gasto en defensa] no es ni de lejos suficiente. Si no aumentamos el gasto, tendremos que empezar a hacer cursos de ruso o irnos a Nueva Zelanda. Ahora estamos a salvo, pero no dentro de 4 o 5 años.” Estas declaraciones se suman a su propuesta de destinar una fracción del presupuesto público de servicios esenciales como la seguridad social y la sanidad al fortalecimiento militar.
Mientras tanto, el discurso oficial normaliza las posiciones del trumpismo. Según la Alta Representante de la UE, Kaja Kallas: “El presidente Trump tiene razón al decir que no gastamos lo suficiente. Rusia es una amenaza existencial. La educación y sanidad están en peligro si no invertimos en defensa.” Esta narrativa promueve la sumisión total a los intereses estratégicos de Estados Unidos, consolidando a Europa como un brazo subordinado al proyecto imperialista Estadounidense.
El conflicto en Ucrania ha puesto de manifiesto la total ausencia de un modelo de defensa europeo, lo que ha supuesto un reavivamiento de la Alianza Atlántica. La OTAN ha declarado que Ucrania utiliza más munición de la que sus miembros son capaces de producir, lo que ha llevado a un vaciamiento progresivo de los arsenales occidentales. Para resolver esta crisis logística, Lituania anunció un aumento de su gasto militar al 5-6% de su PIB en los próximos cinco años, justificándolo como una medida para “predicar con el ejemplo”.
Estas medidas de remilitarización, lejos de garantizar seguridad, profundizan la desigualdad y el abandono de políticas públicas esenciales. La propuesta ampliar el gasto militar refleja la clara preferencia por un modelo neoliberal militarista que prioriza la acumulación de poder bélico sobre el bienestar de las personas.
Declaraciones como las de Rutte y Kallas, que abogan por un “cambio a una mentalidad de guerra”, buscan perpetuar un estado de alerta permanente en la ciudadanía europea, favoreciendo los intereses del complejo militar-industrial y consolidando el liderazgo estadounidense sobre el continente.
Es hora de replantear las prioridades. La única alternativa a las políticas militaristas y neoliberales de la UE es una Europa solidaria, desmilitarizada y centrada en la justicia social, que rechace la subordinación a proyectos imperialistas priorizando la redistribución de la riqueza, el fortalecimiento de los servicios públicos y la construcción de un modelo basado en la paz, la cooperación internacional y la sostenibilidad.
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Fotografía: Poder popular
