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Empresas y gobiernos invierten 33 veces más en actividades que destruyen la naturaleza que en salvarla

por RedaccionA febrero 14, 2026
febrero 14, 2026
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Por: Eduardo Robaina. 14/02/2026

La IPBES (grupo de especialistas en biodiversidad) publica un informe centrado en el impacto de las empresas en la naturaleza y ofrece más de 100 medidas para revertir la situación.

El actual mundo capitalista se ha hecho a sí mismo destruyendo la biodiversidad, a pesar de que sin ella no podemos vivir. Las empresas (desde la agricultura hasta la alta tecnología) y los gobiernos dependen de la naturaleza, pero los sistemas actuales incentivan su destrucción: el dinero invertido en 2023 a nivel global con impactos directamente negativos en la naturaleza ascendió a 7,3 billones de dólares (2,4 billones procedecentes de subsidios públicos), mientras que el destinado a actividades en favor de su conservación y restauración fue solo de 220.000 millones, es decir, 33 veces menos. 

Este lunes, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), ha presentado su nuevo informe sobre empresas y biodiversidad. La evaluación, que fue aprobada por más de 150 gobiernos durante la tarde del domingo, es el resultado de tres años de trabajos por parte de 79 especialistas del ámbito científico y el sector privado. Como confirman a Climática fuentes de la IPBES, la delegación de los Estados Unidos no estuvo presente y no participó en la sesión plenaria que dio el visto bueno al texto. Esta decisión va en línea con la orden de Donald Trump de abandonar los principales foros globales, si bien desde la IPBES aseguran que el país norteamericano no ha notificado formalmente su marcha.

El objetivo de este informe no solo es advertir sobre el daño que las empresas (y todos los actores involucrados) hacen a la biodiversidad, sino que ofrece una hoja de ruta con más de 100 medidas concretas para evitar una mayor destrucción. Estas van desde la reforma de los subsidios perjudiciales hasta la obligatoriedad de divulgar los riesgos relacionados con la naturaleza.

Dos siglos de crecimiento económico a costa de la biodiversidad

Durante los últimos dos siglos –señala la evaluación–, el crecimiento económico a nivel mundial ha sido gigantesco, pasando de 1,18 billones de dólares en 1820 a más de 130 billones en 2022. Sin embargo, este progreso ha tenido un precio (no tan) oculto y devastador: una pérdida inmensa de biodiversidad que ahora amenaza la estabilidad misma del sistema financiero mundial.

«La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas, aun así, la realidad distorsionada es que suele parecer que a las empresas les resulta más rentable degradar la biodiversidad que protegerla», lamenta el profesor Stephen Polasky (EE. UU.), copresidente de la evaluación. Como explica este economista ambiental, «la forma tradicional de hacer las cosas puede parecer rentable a corto plazo, pero los efectos en múltiples empresas pueden tener efectos acumulativos, que se suman a los efectos globales, los cuales pueden cruzar puntos de inflexión ecológicos».

La IPBES (a la que se suele definir como el «IPCC de la biodiversidad») busca demostrar con este trabajo que con las políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, lo que es conveniente para la naturaleza es también lo mejor para la rentabilidad. El grupo de especialistas también desmonta las excusas de muchos actores económicos, que históricamente han alegado no poder medir el impacto sobre la naturaleza. Así, en su informe, la IPBES detalla una amplia variedad de métodos, métricas y datos para medir tanto los impactos como las dependencias empresariales.

No obstante, la aplicación de estos métodos sigue siendo marginal. Menos del 1% de las empresas que presentan informes públicos menciona sus efectos sobre la biodiversidad. Matt Jones, copresidente de la Evaluación, señala que el informe ofrece «claridad y coherencia» para que las empresas y las instituciones financieras puedan «abrirse camino a través de la confusión de innumerables métodos» y pasar de las promesas vacías a la acción transformadora.

El informe propone categorizar las acciones en cuatro niveles de toma de decisiones: corporativo, de operaciones, de cadena de valor y de cartera. Además, enfatiza la necesidad de seguir la jerarquía de mitigación: primero evitar el daño, luego minimizarlo y, solo como último recurso, restaurar o compensar.

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Una hoja de ruta para el cambio sistémico

La IPBES deja claro que las acciones voluntarias de las empresas, aunque necesarias, no son suficientes por sí solas. Se requiere un «entorno propicio» creado por gobiernos y reguladores. En este sentido, el informe detalla más de 100 medidas concretas que se distribuyen entre gobiernos, instituciones financieras, empresas y la sociedad civil, abordando desde marcos legales hasta normas sociales.

Para los gobiernos, la prioridad señalada es una reforma fiscal profunda. El documento insta a eliminar o redirigir los subsidios perjudiciales hacia incentivos que premien la conservación. Además de la política fiscal, se proponen medidas regulatorias estrictas: integrar criterios de biodiversidad en la contratación pública, exigir evaluaciones de impacto ambiental estratégico e implementar controles severos sobre la publicidad para erradicar el greenwashing y la desinformación corporativa.

El sector financiero, identificado como el gran motor del cambio, recibe directrices claras para dejar de financiar la destrucción. Se insta a los bancos centrales y reguladores a desarrollar marcos de evaluación de riesgos que obliguen a las instituciones a rendir cuentas sobre su dependencia de la naturaleza. A la banca privada y a los inversores se les pide ir más allá de la neutralidad: deben crear instrumentos innovadores como bonos verdes de alta integridad y créditos de biodiversidad, además de utilizar su poder como accionistas para exigir a sus clientes corporativos que adopten prácticas sostenibles.

En cuanto a las empresas, las medidas exigen una revolución en la transparencia y la operativa. Los especialistas de la IPBES son tajantes sobre la necesidad de trazabilidad total: las corporaciones deben mapear sus cadenas de valor para identificar impactos ocultos en proveedores lejanos. A nivel operativo, apelan a la jerarquía de mitigación (evitar, minimizar, restaurar y compensar) para lograr, como mínimo, una pérdida neta cero de biodiversidad. Asimismo, destacan como medida fundamental la obtención del consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas y las comunidades locales antes de iniciar operaciones en sus territorios.

Finalmente, el informe empodera a la sociedad civil y a la comunidad científica como vigilantes del sistema. Se alienta a las ONG y a los consumidores a ejercer presión mediante el monitoreo ciudadano y la modificación de patrones de consumo hacia estilos de vida sostenibles. 

Uno de los hallazgos más críticos del informe es la desconexión entre el mundo corporativo y las comunidades locales. El desarrollo industrial amenaza actualmente al 60% de las tierras indígenas en todo el mundo.

Plenario de cierre. IISD/ENB | Anastasia Rodopoulou.

La profesora Ximena Rueda, copresidenta de la evaluación, advierte que la literatura científica a menudo ignora las necesidades empresariales, pero, más grave aún, las empresas ignoran el conocimiento indígena. «Entre las empresas suele haber una comprensión y un reconocimiento muy limitados de los pueblos indígenas y las comunidades locales como guardianes de la biodiversidad», señala Rueda.

Por eso, una de las medidas más innovadoras propuestas es la creación de bases de datos comunitarias que protejan el conocimiento tradicional y respeten la propiedad intelectual indígena, cerrando así la brecha entre la ciencia occidental y la sabiduría ancestral.

El crecimiento de la economía mundial se ha producido a costa de una inmensa pérdida de biodiversidad que pone en riesgo a la economía, la estabilidad financiera y el bienestar de los seres humanos. Al igual que ocurre con el cambio climático, o se actúa de manera decidida en la actualidad o las consecuencias en el corto, medio y largo plazo harán de este planeta un mundo más cruel, feo e inhumano.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Climatica. Vertedero en las afueras de Daca, donde montañas de residuos y maquinaria pesada dominan el paisaje. Foto: Suvra Kanti Das/ZUMA Press Wire.

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