Por: Bahisja Zander. 27/08/2026
[Con su libro sobre embarazo, cuidados obstétricos y autonomía, la filósofa y comadrona neerlandesa Rodante van der Waal ha planteado un debate que según ella ha sido ninguneado durante demasiado tiempo. Las discusiones sobre derechos reproductivos suelen centrarse en el aborto; Van der Waal amplía la perspectiva al conjunto del embarazo, al parto y a la posición social de las personas embarazadas. Explica que el lema “Dueña de mi propio vientre” tiene su origen en el movimiento socialista, sostiene que la libertad de elección formal apenas significa nada sin unas condiciones materiales para ejercerla y sitúa la violencia obstétrica, el parto doméstico y las redes de aborto clandestinas dentro de un alegato más amplio que defiende que la justicia reproductiva es inseparable de la lucha anticapitalista. Llama a las organizaciones socialistas a no dejar estas cuestiones exclusivamente en manos de las corrientes feministas. AN]
Bahisja Zander: ¿Qué deseas conseguir con este libro?
Rodante van der Waal: De hecho, mi punto de partida era muy simple. Llevé a cabo una investigación académica y sobre esta base escribí una tesis, pero no quise que ese conocimiento circulara únicamente en el interior de la universidad. Trata de problemas fundamentales sobre los cuidados obstétricos y sobre la manera en que la sociedad contempla a las embarazadas. Son temas que afectan directamente a la gente.
Con este libro yo quería poner de nuevo este debate sobre la mesa, plantearlo a las propias mujeres embarazadas, a los y las progenitoras y a las trabajadoras de cuidados. En lo sustancial se trata de una nueva defensa de la autonomía y la autodeterminación durante el embarazo. El lema “Dueña de mi propio vientre” suele aplicarse al comienzo del embarazo, en discusiones sobre el aborto. Sin embargo, es justamente al final del embarazo cuando esta autonomía tiende a pasar a un segundo plano, aunque son muchas más las mujeres que dan a luz que las que abortan. En cambio, poca gente se moviliza por los mismos derechos durante el parto.
B.Z.: En tu libro también trazas la historia del lema “Dueña de mi propio vientre”. ¿Crees que la insistencia en la responsabilidad individual ha anulado el contenido de este lema?
R.W.: Ese riesgo existe. Ser “dueña de tu propio vientre” suena a noción liberal de libertad de elección individual. Sin embargo, en su origen es un lema socialista. Las Dolle Mina1/ surgieron de movimientos socialistas. Por eso trato de comprender este lema desde una perspectiva socialista o anarquista. Nunca puedes entender tu cuerpo separadamente de otros. La autodeterminación surge dentro de unas relaciones de cuidados y dentro de una comunidad.
Un problema con buena parte del feminismo contemporáneo y el activismo por el derecho al aborto es que a menudo el acento se pone exclusivamente en la libertad de elección. Por supuesto que importa que la gente pueda elegir, pero una elección nunca existe en el vacío. También influyen las circunstancias en que vive cada persona. Por eso hace falta que hablemos más de cuidados, de fertilidad, de cómo las personas ganan espacio para desarrollar su relación con su propio cuerpo.
B.Z.: ¿Existe realmente la libertad de elección en condiciones de pobreza, escasez de viviendas y empleos precarios?
R.W.: No. Formalmente puede que te decidas por una cosa u otra, pero tu capacidad de actuar efectivamente de acuerdo con tu elección depende de tus circunstancias sociales. Desde un punto de vista de clase o interseccional deberíamos estar hablando mucho más de la creación de las condiciones en que la gente puede elegir libremente de manera efectiva. Estamos viendo cómo el acceso a los cuidados reproductivos depende mucho de dónde vive la persona en cuestión, de cuánto dinero tiene o de lo bien que habla el idioma.
Esto vale para el aborto, pero también para los cuidados durante el parto. Las mujeres que proceden de entorno pobres, o de origen inmigrante o que no dominan mucho la lengua neerlandesa corren más riesgo de recibir un trato deficiente y ser víctimas de racismo o violencia obstétrica. Esta última es una forma de violencia de género e institucional que se produce en la labor de comadronas y en los cuidados obstétricos durante el embarazo, el parto o el posparto. No se trata de errores individuales que pueda cometer el personal de cuidados, sino de la violencia que se deriva de la manera en que está organizado el propio sistema de cuidados. En este caso no puedes sostener seriamente que todo el mundo tiene la misma libertad de elección.
B.Z.: ¿Es posible proteger suficientemente el derecho al aborto y los derechos obstétricos dentro de un sistema de cuidados regido por el mercado?
R.W.: En el fondo, no. La justicia reproductiva solo puede asegurarse plenamente en una sociedad que esté organizada según criterios básicamente diferentes. Al mismo tiempo, no creo que debamos esperar a la gran revolución para ir haciendo cosas. Busco inspiración en enfoques abolicionistas y anarquistas que tratan de construir ya formas alternativas de cuidados. Con pequeñas iniciativas de cuidados se puede organizar la justicia reproductiva en la práctica. Una actividad organizativa que en sí misma ya es una forma de activismo.
Los cuidados siempre son directos. Se trata de personas, relaciones y comunidades. Por eso pienso que esta estrategia puede ser particularmente efectiva een el trabajo de cuidados. Sin embargo, no deja de ser cierto que en última instancia una justicia reproductiva real solo es posible si también cambian las relaciones sociales más amplias.
B.Z.: ¿Ves alguna conexión entre el ascenso de la derecha radical y los ataques al derecho al aborto en todo el mundo?
R.W.: Desde luego. Históricamente, los Estados siempre han tratado de controlar la reproducción. Y no solo lo hacen gobiernos de derechas, sino también de centro-izquierda. Precisamente por esta razón, las redes de cuidados autoorganizadas cobran cada vez mayor importancia. Mira en Polonia. Desde que allí se criminalizó casi enteramente el aborto, no son las instituciones europeas las que garantizan el acceso al aborto, sino que en todo caso lo hacen redes clandestinas.
Lo mismo ocurre en otros ámbitos. En muchos países son comadronas alternativas y trabajadoras de cuidados autónomas quienes aseguran el derecho a parir en casa. En tiempos en que avanza la política de extrema derecha, esas redes son fundamentales.
B.Z.: ¿Qué medidas podría adoptar mañana un gobierno de izquierda?
R.W.: Lo más importante es desmantelar en lo posible el filtro médico. El aborto debe desaparecer totalmente del Código Penal. Además, las píldoras abortivas deberían estar disponibles gratuitamente, por ejemplo, a través de las farmacias. Seguimos anclados en una desconfianza fundamental en lo que la gente es capaz de hacer por sí misma, cuando en realidad es capaz de gestionar la píldora abortiva.
La contracepción también debería reembolsarse plenamente, al igual que los productos menstruales. Y en cuanto a los cuidados obstétricos, es preciso que examinemos las condiciones de las trabajadoras de cuidados. Las comadronas y otras trabajadoras de cuidados obstétricos perciben relativamente pocos ingresos y trabajan bajo una presión enorme. Esto repercute directamente en la calidad de los cuidados.
B.Z.: ¿Podemos entender entonces la justicia reproductiva como lucha anticapitalista?
R.W.: Sí, sin duda. El capitalismo depende del control de la fertilidad y de enormes cantidades de trabajo de cuidados no remunerado. Silvia Federici lo ha demostrado muy bien Calibán y la bruja. En el fondo, la justicia reproductiva solo puede existir dentro de una sociedad anticapitalista. Sin embargo, esto no solo es un objetivo: también es una estrategia. Luchando por la justicia reproductiva estás construyendo también una sociedad que es anticapitalista.
B.Z.: ¿Qué papel deben desempeñar los y las socialistas en esto?
R.W.: Mi impresión es que las organizaciones socialistas dejan este tema en manos de las feministas de su movimiento o de organizaciones feministas independientes. Es una vergüenza. Si miras quién protagoniza hoy públicamente la defensa del derecho al aborto, suelen ser personas de centro-izquierda. Debido a ello, se echa en falta una voz propiamente socialista.
Al mismo tiempo, vemos que las voces más radicales en materia de embarazo y parto vienen a veces de gente muy diferente, como influenciadoras alternativas o hippies. Es extraño, porque se producen violaciones de derechos en los partos. ¿Por qué oímos tan poca cosa sobre esto por parte de la izquierda radical? Me gustaría que los movimientos socialistas insistieran mucho más en esta cuestión.
B.Z.: ¿Qué pueden hacer los y las socialistas concretamente?
R.W.: Organizar, del mismo modo que antaño organizaban a la gente en los lugares de trabajo. Entre las comadronas, por ejemplo, veo a un montón de jóvenes conconvicciones de izquierda, pero muchas no tienen tiempo ni espacio para seguir desarrollando esta política. Los grupos de lectura pueden ser de gran ayuda.
Es sorprendente, pero muchas comadronas apenas conocen la historia de su propia profesión. En muchos casos ni siquiera han oído hablar de la historia de opresión y marginación de las comadronas. Sin esa conciencia histórica, la conciencia de clase tampoco se desarrolla. Así que hay que organizar grupos de lectura, tejer redes y asegurar que la gente conozca su propia historia.
B.Z.: ¿Qué pueden aprender las y los socialistas de la tradición de justicia reproductiva propia de movimientos feministas negros?
R.W.: Ante todo, la importancia de la interseccionalidad. He observado recientemente una creciente crítica de la interseccionalidad desde partes de la izquierda. Creo que eso no es bueno. Por supuesto, la política no solo debe versar sobre la identidad, pero un movimiento revolucionario ha de comprender cómo se juntan diferentes formas de opresión.
Sin unas lentes interseccionales es fácil pasar por alto que la lucha por la justicia reproductiva no solo tiene que ver con el aborto, sino también con el derecho a tener hijos, vista la larga historia de histerectomía, aborto y contracepción forzosas impuestas a mujeres de color. Lo mismo vale para la violencia obstétrica: durante mucho tiempo se analizó desde un punto de vista feminista blanco. Debido a ello se pasó por alto el racismo profundamente vinculado a la violencia obstétrica. La plena comprensión de la justicia solo se obtiene cuando se contempla la opresión desde múltiples perspectivas.
B.Z.: Por último, ¿qué esperas que la gente saque en claro de tu libro?
R.W.: Ante todo, espero que la justicia reproductiva vuelva a verse como una cuestión política radical. Los derechos al aborto, a los cuidados obstétricos, a los partos en casa, la posición de las comadronas, el acceso a la contracepción, todo esto no son nichos separados. Son cuestiones fundamentales que tienen que ver con la autonomía, los cuidados y el poder.
Y espero que la izquierda retome este tema. Porque la lucha por el control sobre nuestras vidas reproductivas no ha sido nunca una lucha exclusivamente feminista. También es una lucha socialista.
21/07/2026
Bahisja Zander
socialisme.nu
Traducción: viento sur
Rodante van der Waal (n. 1992) es filósofa, poeta y comadrona autónoma residente en Ámsterdam.
Bahisja Zander escribe para socialisme.nu y milita en Internationale Socialisten.
1/ Dolle Mina fue un grupo de acción feminista neerlandés cuya primera manifestación se llevó a cabo el 23 de enero de 1970. En marzo de aquel año, activistas del grupo mostraron sus barrigas, en las que habían pintado la expresión “dueña de mi propio vientre”, en una conferencia ginecológica, una de las acciones que popularizaron el lema.
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Fotografía: Viento sur
