Por: Wired. 21/10/2025
Autumn Gardiner pensó que actualizar su permiso de conducir sería sencillo. Tras casarse el año pasado, se dirigió a la oficina local del Departamento de Vehículos de Connecticut (DMV) para cambiar el apellido de su identificación. Mientras estaba allí, los funcionarios le dijeron que tenía que actualizar su foto. Fue entonces cuando las cosas empezaron a ir mal.
Cada vez que el personal intentaba tomarle una foto, el sistema la rechazaba. «Todo el mundo miraba. Trataban de tomar más fotos», recuerda. Gardiner, que trabaja como gestora de subsidios para una organización benéfica de conservación del medio ambiente, es una de las pocas personas en todo el mundo que padecen el síndrome de Freeman-Sheldon. A veces conocido como «síndrome de la cara silbante», este trastorno genético afecta a los músculos de la cara y el cráneo, lo que puede dar lugar a una boca demasiado pequeña.
A medida que se pedía ayuda a más empleados del DMV, Gardiner comenzó a pensar que las fotos eran rechazadas por su diferencia facial. El sistema de cámaras no parecía funcionar para ella: «Era humillante y extraño. Esta máquina me decía que no tenía un rostro humano».
Gardiner no está sola. Alrededor de media docena de personas que viven con diversas diferencias faciales, desde marcas de nacimiento hasta afecciones craneofaciales, cuentan a WIRED que cada vez tienen más dificultades para participar en la vida moderna, ya que el software de verificación de identidad, que a menudo se basa en el aprendizaje automático, se está convirtiendo rápidamente en algo habitual.
Algunos de los que viven con diferencias faciales cuentan a WIRED que se han sometido a múltiples cirugías y han sufrido el estigma durante toda su vida, algo que ahora se refleja en la tecnología con la que se ven obligados a interactuar. Cuentan que no han podido acceder a los servicios públicos porque fallan los servicios de verificación facial, mientras que otros han tenido dificultades para acceder a los servicios financieros. Los filtros de las redes sociales y los sistemas de desbloqueo facial de los teléfonos a menudo no funcionan.
«A la comunidad de personas con diferencias faciales se la pasa por alto constantemente», afirma Phyllida Swift, Directora General de Face Equality International (FEI), una agrupación que representa a otras organizaciones sin fines de lucro y de desfiguración facial. La FEI calcula que en el mundo hay más de 100 millones de personas con desfiguraciones faciales. Según la investigación de la FEI, las personas con diferencias faciales han tenido problemas con las puertas de los pasaportes en los aeropuertos, las aplicaciones fotográficas, los filtros de video en las redes sociales, el desenfoque del fondo en las videollamadas, etc. «En muchos países, el reconocimiento facial es cada vez más una parte de la vida cotidiana, pero esta tecnología está fallando a nuestra comunidad», indicó Nikki Lilly, patrocinadora de FEI, en una reunión de las Naciones Unidas en marzo.
Acceso denegado
Desde los teléfonos hasta las habitaciones de hotel, tu cara actúa cada vez más como una llave digital. En la última década, los rápidos avances en el aprendizaje automático y la inteligencia artificial han llevado a la creación de una serie de tecnologías de reconocimiento facial, lo que significa que, ahora más que nunca, tu aspecto puede utilizarse como identificador digital. La policía ha generalizado el uso de sistemas de reconocimiento facial, que a menudo han resultado ser imprecisos y parciales con respecto a los asiáticos y los negros, mientras que en el mundo más amplio de la comprobación facial los servicios gubernamentales, los sistemas antifraude y las instituciones financieras utilizan la IA para realizar comprobaciones de identidad. Más recientemente, las redes sociales y los sitios web de pornografía han adoptado el escaneado facial como parte de las medidas de verificación de la edad.
Estas comprobaciones faciales de «autenticación» pueden adoptar múltiples formas. Las selfies pueden compararse automáticamente con los documentos de identidad existentes, mientras que las pruebas de vitalidad pueden requerir que el usuario grabe un breve video para demostrar que es real y no un estafador que sostiene una foto impresa ante la cámara. En términos generales, estos sistemas biométricos suelen medir sus rasgos faciales, como la distancia entre los ojos o el tamaño de la mandíbula, para crear «huellas faciales». Aunque este tipo de tecnologías de vigilancia pueden ser eficaces para mucha gente, es posible que no sean capaces de detectar a las personas con diferencias faciales. La tecnología de aprendizaje automático subyacente puede no estar entrenada en conjuntos de datos con una variedad de rostros, por ejemplo.
«El caso de Face Equality International, personas con rostros diferentes, es un importante ejemplo de lo que puede ir mal cuando estos sistemas no funcionan», explica Greta Byrum, fundadora de la empresa de consultoría tecnológica Present Moment Enterprises, que se centra en el impacto social de los sistemas tecnológicos y ha proporcionado trabajo gratuito a FEI. Añade: «Estamos viendo cómo las tecnologías de reconocimiento facial se convierten en uno de esos martillos ante los que todo parece un clavo».
«Me gustaría que la gente se diera cuenta de que no todo el mundo tiene el mismo aspecto, desde el tono básico de la piel hasta los rasgos faciales, pasando por el aspecto estándar de la cara. La simetría facial de las personas puede no ser la misma. Otras personas tienen rasgos faciales diferentes que no siempre se ven todos los días, pero existen», argumenta Crystal Hodges, conferenciante y escritora que vive con el síndrome de Sturge-Weber y tiene un lunar en gran parte de la cara.

Hodges, que vive en Arizona, cuenta que el año pasado ella y su marido estaban intentando obtener sus puntuaciones de crédito de una gran agencia de informes crediticios cuando su servicio de verificación facial no funcionó. «Lo intenté entre cinco y ocho veces», recuerda. Acercándose el invierno, su marca de nacimiento se oscurece. «Probamos con una luz anular diferente, usamos una iluminación más tranquila, y seguía sin aceptar. Mi esposo tenía barba y sí aceptó su foto». Hace poco, Hodges volvió a probar el mismo sistema y, aunque esta vez funcionó, siguió sin obtener su puntuación de crédito.
«Si no incluyes a personas con discapacidad o con diferencias faciales en el desarrollo de estos procesos, nadie va a pensar en estos problemas», expresa Kathleen Bogart, profesora de psicología de la Universidad Estatal de Oregón, especializada en investigación sobre discapacidad y que vive con una diferencia facial. Añade que la IA ha amplificado estos problemas, pero tiene sus raíces en una infrarrepresentación y unos prejuicios de larga data hacia las personas con diferencias faciales que se produjeron mucho antes de que los sistemas generativos existieran.
Demasiado poco, demasiado tarde
Cuando los sistemas de verificación facial fallan, suele ser difícil encontrar ayuda, lo que añade más presión a una situación estresante. Noor Al-Khaled, residente en Maryland, lleva meses luchando para crear una cuenta en línea en la Administración de la Seguridad Social (SSA). Al-Khaled, que padece la extraña afección craneofacial Ablepheron Macrostomia, dice que tener una cuenta en línea le permitiría acceder fácilmente a los registros de la SSA y enviar rápidamente documentos a la agencia.
«No conduzco debido a mi visión; debería poder confiar en el sitio. Tienes que tomarte una selfie, y las fotos deben coincidir. Debido a la diferencia facial, no sé si es que no reconoce la identificación o la foto, pero siempre dice que las imágenes no coinciden», comenta Al-Khaled.
No tener ese acceso hace la vida más difícil. «A nivel emocional, me hace sentir excluida de la sociedad», explica. Al-Khaled afirma que todos los servicios deberían ofrecer formas alternativas de acceder a los sistemas en línea. «La falta de otras opciones alternativas hace que a veces la gente se quede atrapada en estos laberintos de sistemas tecnológicos», afirma Byrum, de Present Moment Enterprises.

Un portavoz de la SSA afirma que existen opciones alternativas a la verificación presencial y que la agencia está «comprometida» a hacer sus servicios accesibles a todo el mundo. Según el portavoz, la agencia no dispone de sistemas de reconocimiento facial, sino que utiliza Login.gov e ID.me para sus servicios de verificación. La Administración de Servicios Generales, que gestiona Login.gov, no respondió a la solicitud de comentarios de WIRED. «La accesibilidad es una prioridad fundamental para ID.me», afirma un portavoz de ID.me, que añade que ya ha ayudado anteriormente a personas con diferencias faciales y se ofreció a ayudar directamente a Al-Khaled después de que WIRED se pusiera en contacto.
«Hay pocas cosas más deshumanizadoras que el hecho de que una máquina te diga que no eres real por tu cara», afirma Corey R. Taylor, actor y conferenciante motivacional afincado en Nueva York que vive con una anomalía craneofacial. El año pasado, cuenta Taylor, estaba utilizando una aplicación financiera para acceder a una pequeña cantidad de dinero; al intentar completar los procesos de pago, descubrió que el sistema de verificación facial no podía hacer coincidir su selfie con la imagen de su identificación. Para que el sistema funcionara, tuvo que ponerse en diferentes posiciones: «Tuve que levantar literalmente los ojos y contorsionar la cara». Cuando envió un correo electrónico a la empresa, recibió lo que parecía ser una respuesta repetitiva.
«Una de las principales cosas que defendemos son los métodos alternativos», afirma Hannah Saunders, responsable de política y educación de la FEI. «Posiblemente haya una solución a largo plazo para cambiar la tecnología, pero de momento lo que más nos preocupa es que la gente pueda solicitar trabajo, acceder a su dinero, pasar el control de pasaportes con su familia, y que negociar con ese tipo de sistemas no sea tan estresante».
Swift, director general de la FEI, afirma que la organización ha recibido múltiples «propuestas» para colaborar con las empresas en la resolución de algunos de estos problemas, pero que aún no ha podido llegar a ningún acuerdo formal. Swift afirma que la FEI quiere poner en marcha los «sistemas y salvaguardias adecuados» para proteger a sus miembros. Además, añade Swift, «tenemos la sensación de que esto está bastante abajo en la lista de prioridades de las gigantes tecnológicas, y por eso los avances parecen lentos».
Sin embargo, los problemas van más allá de las tecnologías emergentes. Muchas de las personas con las que habló WIRED explicaron que a menudo sufren acoso en línea por su apariencia, y que el giro de internet hacia contenidos de video de corta duración, como TikToks y Reels, les hace sentirse aislados. «Durante mucho tiempo, internet fue un refugio seguro para mí. Encontré mi hogar y mi consuelo en la red porque era el único lugar donde podía conocer gente y ser realmente yo mismo sin que me miraran fijamente», afirma Al-Khaled. Hodges dice que a la gente le sorprende que pueda salir de casa: «Siento que eso se ha convertido en algo así como: ‘No puedo creer que salgas de casa y que te conectes a internet'».

El año pasado, en el DMV de Connecticut, Gardiner dice que el personal pudo anular manualmente el sistema fotográfico, aunque ella les explicó su diferencia facial durante el proceso. Ese mismo día recibió por correo el permiso temporal y más tarde el completo: «He tenido que lidiar con mucha mierda referente al aspecto de mi cara, pero cuando me fui, comencé a llorar. Fue como un recordatorio de que sí, soy diferente y no encajo».
Después de salir, Gardiner envió un mensaje a una representante estatal que conocía y le contó la experiencia, según los mensajes compartidos con WIRED. La funcionaria se puso en contacto con el comisario local del DMV y trataron el tema, además de la formación del personal.
«Si bien nos adherimos a directrices estrictas para garantizar el cumplimiento de la foto, nuestros empleados abordan sus funciones con empatía, asegurándose de que entienden y abordan las necesidades de aquellos a quienes sirven», menciona un portavoz de DMV CT. Añade: «Queremos que nuestros residentes tengan interacciones profesionales con el DMV». Un portavoz de Idemia, que proporciona la tecnología al DMV, afirma ofrecer regularmente capacitación para el personal, y sus algoritmos han sido altamente calificados en evaluaciones externas.
Gardiner concluye que, aunque en última instancia hubo una respuesta positiva, ha oído historias de personas con diferencias faciales que han tenido problemas en el DMV en otros estados: «Realmente quiero intentar presionar para que se mejoren los protocolos: ¿Qué hacen los humanos cuando la inteligencia artificial no funciona? Pero con el uso tan generalizado de los sistemas de reconocimiento facial, el problema puede parecer insalvable. Después de toda esa experiencia con el DMV, tuve que tramitar mi pasaporte, y me encontré con el mismo problema».
Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Alondra Flores.
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Fotografía: wired. GETTY IMAGES
