Por: Egbert Méndez Serrano. 30/08/2026.
Las siguientes ideas fueron extraídas —casi de forma literal— del libro del profesor Roberto González Villarreal, La desaparición forzada en México. De la represión a la rentabilidad.
Hoy, 30 de agosto de 2026, es el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, diversas colectividades de búsqueda y personas solidarias se dieron cita en la Glorieta de las y los Desaparecidos donde realizaron varias actividades.
La desaparición forzada, a decir del investigador Roberto González Villarreal, es un conjunto de acciones, técnicas, procedimientos, saberes e instituciones que tienen como propósito detener a una persona y borrarla de los circuitos políticos, económicos y vitales, realizada por agentes del Estado, o protegidos por ellos, que niegan su participación, esconden, confunden, suprimen o entorpecen la búsqueda y el destino de las víctimas… se trata de una tecnología racional, un conjunto de técnicas y discursos orientados hacia un fin: desaparecer a una persona; lo que a su vez implica varias fases y procedimientos articulados e inestables, desde identificar a la persona, perseguirla, buscarla, aprehenderla y detenerla, hasta borrar su rastro.
Se convierte en problema político paradójicamente al no consumarse la desaparición, porque familiares, amigos y colectivos exigen la aparición con vida de la persona. En este sentido, el caso del profesor guerrerense Epifanio Avilés Rojas es el primero del que se tiene registro.
El 18 de abril de 1969 un grupo de hombres armados y vestidos de civil llegaron a la casa de su familia. Preguntaron por él, pero no lo encontraron pues se había resguardado en una zona alejada. El 18 de mayo del mismo año decidió volver, ahí fue aprehendido por el mayor Antonio López Rivera, posteriormente entregado al general Miguel Bracamontes quien le dijo a los agentes que lo llevaría al Campo Militar Número Uno de la Ciudad de México. Desde ese momento se ignora su paradero.
El proceso de desaparición del profesor Epifanio no inicia ese 18 de mayo, sino antes, con su IDENTIFICACIÓN como integrante de la organización guerrillera Asociación Cívica Nacional Revolucionaria. A partir de ahí, el Ejército comenzó su BÚSQUEDA. El 19 de mayo un pelotón comandado por el mayor Antonio López Rivera lo APREHENDIÓ en Coyuca de Catalán.
De Guerrero es trasladado al Campo Militar Número Uno donde estuvo DETENIDO varios meses hasta que el 22 de mayo la historia comienza a cambiar con mentiras y narrativas de las autoridades contradictorias entre sí. La Procuraduría de Justicia de Guerrero informó que Epifanio estaba vivo y había sido enviado a la Ciudad de México; la SEDENA, por el contrario, que había muerto en un enfrentamiento el 19 de mayo. Esa es la DESAPARICIÓN de Epifanio en marcha.
Conforme aumenta la lucha de las familias buscadoras, se actualiza la tecnología desaparecedora, el aparato burocrático-político, fiscalías, políticos de todos los partidos, CNDH, gobiernos, etc., comenzarán a prometer, a negar, reconocer, desdecirse, mentir, generar incertidumbre, crear incluso esperanzas, para dejar que pase el tiempo y las huellas de la persona se vayan eclipsando poco a poco.
En 1969 inició una onda larga de desapariciones forzadas que concluyó en 1990, estas tiene que ver con un carácter represivo, inicialmente son utilizadas contra la guerrilla rural y urbana, las luchas populares y contra los adversarios político del gobierno, más tarde la tecnología se generaliza contra las demandas populares y los movimientos sociales.
La segunda onda larga va de 1990 a la fecha, la desaparición forzada continúa pero se reactualizó, son desapariciones distintas, implican otros agentes, otros objetivos, otras modalidades, ya no siempre se realiza para reprimir; por ejemplo, no necesariamente se realiza POR las agencias del Estado, sino CON las agencias del Estado.
Las desapariciones actuales están relacionadas con la industria ilegalizada de la droga, que requiere abundante fuerza de trabajo libre, esclava o semiesclava para funcionar, especializada y no-especializada, desde obreros, campesinos, halcones y choferes hasta abogados, sicarios, médicos, enfermeros e ingenieros, procesos atravesados por una extrema violencia de genero. Aquí no hay guerrillas, ni reivindicaciones de clase, ni partidos revolucionarios, propaganda subversiva o periódicos clandestinos; no hay motivos políticos o ideológicos visibles que activen la desaparición forzada.
Cualquiera que se cruce en los circuitos geográficos de la industria ilegalizada o que interfiera con el negocio, puede ser desaparecido.
Jeshua Cisneros Lechuga fue visto por última vez el 13 de noviembre de 2025, el joven de 18 años salió de la casa de un amigo por la noche y caminaba hacia su hogar a orillas de la autopista México-Querétaro porque no encontró transporte, a la altura de la zona industrial de Cuamatla, en Cuautitlán Izcalli, fue lo último que se supo de él.
Al día de hoy, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas reporta más de 130 mil personas en esta situación. Pero según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, por cada 10 delitos solo se denuncia 1, si retomamos este indicador posiblemente haya más de un millón de personas desaparecidas en México.
Fotografía: Norberto Soto Sánchez.
