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QUE PELÉ DUERMA EN PAZ Y QUE EDSON SEA OLVIDADO

por RedaccionA enero 20, 2023
enero 20, 2023
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Por: Eric Nepomuceno. 20/01/2023

Recuerdo que joven reportero me dieron una misión rara: ir al estadio de Vila Belmiro, del equipo Santos, para acompañar un partido con Pelé, pero sin ver el juego.

La misión era contar cómo era la vida de quienes habitaban en el estadio, y en un juego con Pelé, pero no veían el encuentro.

El vendedor de entradas, el ascensorista, el tipo que vendía papas fritas y refrigerantes y cerveza en las gradas, los hombres de seguridad de las porterías, en fin, los que estaban pero no estaban.

No recuerdo quién era el adversario –hablamos de 1968, quizá 1969–, pero recuerdo perfectamente que estaba hablando con el ascensorista cuando oímos, a puertas ce-rradas, una gritería lejana, y él me dijo: «Gol de Pelé».

Antes de ir a conferir, pregunté cómo él sabía. La respuesta fue fulminante: «Sólo cuando él hace un golazo escuchamos el griterío aquí, dentro del ascensor».

Soy de la generación que vio a Pelé surgir y crecer. Tenía yo nueve años cuando mis padres se mudaron con la familia para Europa, y en el vuelo estaba el seleccionado brasileño que disputaría la clasificación para el Mundial de 1958.

Recuerdo a un muchachito negro y flaquito que, con una sonrisa luminosa, al ver que yo lo miraba precisamente por ser tan niño y flaco entre tantos grandotes, miró a mi madre y preguntó: ¿Cómo se llama él? Yo me llamo Pelé”.

Mis padres me contaron. Fue la única vez en que nos vimos.

En vivo, he visto a Pelé jugar pocas veces, y eso que desde niño soy futbolero irremediable, como bien sabe la niña fea de Oaxaca.

En la cancha, Pelé ha sido para mi generación y todas las que vinieron después: mi hijo Felipe, por ejemplo –sólo ha visto grabaciones de sus partidos–, una especie única de dios.

Jamás he sido nada siquiera parecido antes, jamás he visto nada parecido después. Que me desfilen todos los nombres, y nada de nada.

En mi opinión, Pelé ha sido una mezcla de Pablo Picasso y Joan Miró en la pintura. Como Pelé, dividieron el arte en dos, cambiaron la manera de ver el mundo.

No recuerdo ninguna otra imagen de belleza absoluta que resultó en un fracaso: la frustrada jugada de Pelé frente al arquero de Italia en el Mundial de 1970.

Jugada divinal, absoluta, y la pelota pasó hacia afuera, a milímetros del arco.

A mis 22 años de entonces, quedó claro, para mí y para siempre, que un fracaso podía tener luz y dignidad. Dignidad suprema.

Reitero: en el futbol, aunque en ese de hoy, maquinal, mecánico, deshumanizado o casi, que en nada, absolutamente nada, se parece a aquel futbol luminoso e iluminado de Pelé, todo sea helado donde antes había fuego.

Ha sido, en mi opinión, el mejor de los mejores de todos los tiempos.

Sin embargo, y como lamentablemente suele ocurrir hay, entre la figura pública y la persona, un abismo sin fondo.

Por qué si Pelé ha sido una estrella única, el ciudadano Edson Arantes do Nascimento ha sido un ciudadano abominable.

A su primera hija, de un casamiento con una mujer de piel clara, la registró –acorde a la ley brasileña– como «blanca».

No, no, era mulata o mestiza, como quieran y como era: la puso como blanca.

Otra hija vio cómo Pelé rehusó aceptar la paternidad. Los exámenes legales comprobaron que sí lo era, pero ella murió sin ver los resultados.

A sus dos hijos, nietos de Pelé, el dios de la pelota que no nadaba, flotaba en dinero, regalaba una pensión mensual de unos 700 dólares.

Leí, entre muchísimos textos sobre la muerte de Pelé, uno especialmente certero, escrito por el más que reconocido periodista deportivo brasileño, Juca Kfouri. Dijo que Pelé, inmortal, no ha muerto. Que quien murió ha sido Edson Arantes do Nascimento. Que así sea.

Que nadie mezcle la imagen y la memoria de un ciudadano degradado con el mayor dios, el mayor genio, el más grande de los más grandes del deporte más amado del planeta: el futbol.

Que Pelé descanse en paz. Y que Edson Arantes sea olvidado.

La Jornada

LEER EL ARTÍCULO ORIGIAL PUSANDO AQUÍ

Fotografía: El ortiba. Edson Arantes junto a su tercera esposa, Marcia Cibele Aoki, 24 años menor, con quien se casó en 2016.

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