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«El agro no es pop»: un estudio brasileño muestra que el hambre es resultado del agronegocio

por RedaccionA noviembre 12, 2021
noviembre 12, 2021
1,1K

Por: Redeco. 12/11/2021

Difícilmente alguien que vive en Brasil desconoce las llamativas y modernas imágenes de la campaña «El agro es pop», transmitida desde 2016 por la TV Globo. Las mismas comunican la idea del agronegocio como motor del país: la «riqueza de Brasil».

(Gabriela Moncau – Brasil de Fato) Brasil -En contraste con la narrativa que pretende construir ese consenso, el 21 de octubre se publicó el estudio El Agro no es tech, el Agro no es pop, y mucho menos lo es todo, de la Asociación Brasileña para la Reforma Agraria (ABRA), realizado en colaboración con la FES Brasil.

Los autores Marco Antônio Mitidiero Júnior y Yamila Goldfarb demuestran que la agroindustria no solo no produce alimentos para la población brasileña, la cual solo ve un aumento alarmante del hambre.

Al contrario: según la encuesta, el sector fomenta la desigualdad, lo que significa que actualmente el 55% de la población no está segura si tendrá suficiente para comer al día siguiente.

El lanzamiento del documento se realizó con un debate en vivo entre autores e invitados, cuya grabación se encuentra en el canal de Youtube de la FES Brasil.

A partir del análisis de datos de la balanza comercial, del Producto Interno Bruto (PIB) y del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), la investigación muestra que el agro contribuye poco al PIB, que significa un alto costo para el Estado, que genera pocos puestos de trabajo y que, además, es en gran parte responsable de la destrucción del medio ambiente.

Para comprender los principales argumentos presentados en «El agro no es todo», Brasil de Fato conversó con el geógrafo Marco Mitidiero, coautor del estudio y profesor de la Universidad Federal de Paraíba (UFPB).

Brasil de Fato: El nombre del estudio que acaban de publicar hace referencia y se contrapone con el marketing que retrata a la agroindustria como un sector fundamental para la sociedad brasileña. ¿Cuáles son los principales argumentos del estudio para mostrar una realidad diferente a la retratada en la publicidad?

Marco Antônio Mitidiero Jr.: El análisis nos muestra que, si bien la agroindustria es el sector de la economía que más exporta, lleva a Brasil a lo que llamamos la reprimarización de la economía.

Es decir, a una economía basada en la producción de materias primas y a la importación de productos industrializados. Y aunque es un hecho global, Brasil aparece como uno de los cinco países que más sufren el proceso de desindustrialización. Esto nos lleva a interpretar que la inserción de Brasil en el mercado mundial está subordinada.

El segundo punto fue pensar en la producción de riqueza. Para eso, analizamos los datos del PIB, en relación con tres sectores de la economía: agropecuaria, industria y comercio. Los datos del IBGE muestran que la agroindustria es la que menos contribuye a la producción de riqueza. La participación promedio de la agroindustria en la riqueza nacional es del 5%.

¿Y qué sucede en relación con las cuestiones vinculadas al financiamiento del sector, a la renegociación y condonación de deudas y a la baja recaudación tributaria?

Ese es el tercer punto: el agronegocio le cuesta mucho dinero al Estado. El Estado brasileño es el mayor responsable de los financiamientos otorgados a la agricultura y la ganadería. El agronegocio recibe mucho dinero público, mientras que la agricultura campesina o familiar recibe pocos incentivos por parte del Estado.

Luego, nos enfocamos en cuánto de este apoyo se devuelve. El estudio señaló que la agroindustria prácticamente no paga impuestos. Por lo tanto, no sorprende que todo este sector exporte mientras en Brasil hay escasez de alimentos.

Otro punto: la generación de ingresos y de empleo. Fuimos a ver los datos del IBGE. La agricultura y la ganadería son las áreas que pagan los salarios más bajos y las que generan menor cantidad de puestos de trabajo formal. Entonces, eso de que el agronegocio genera empleo e ingresos es una falacia.

Durante la pandemia el agro no se detuvo: batió récords de producción. Y el desempleo agrícola siguió aumentando.

Finalmente, pasamos al impacto ambiental, que no fue el foco del estudio, pero que debería aparecer.

Inevitable, ¿verdad?

En este momento en el que el mundo entero está discutiendo respecto de los impactos climáticos, la preocupación por la crisis hídrica y ese revuelo casi cinematográfico de los últimos 20 días: ¡las nubes de arena! Demostramos que los efectos de la agroindustria sí están relacionados con la devastación ambiental.

Un estudio realizado recientemente por la Red PenSSAN señala que hoy en Brasil hay alrededor de 20 millones de personas que no tienen qué comer. Mientras vemos ese ascenso en la curva del hambre, en un contexto de desocupación y pandemia, los datos señalan en paralelo el crecimiento del agronegocio. ¿Qué nos dice esto?

La producción del hambre por parte de este sector quedó al descubierto. El rey está desnudo. La agroindustria, con su narrativa, ya no engaña a nadie: ¡la población está pasando hambre! No hay arroz, frijoles, ni carne. Ahora tampoco hay huevos. Al comienzo de las filas del hambre, veíamos a los brasileños haciendo fila porque un carnicero de Cuiabá estaba donando huesos. Ahora vemos que las personas hacen fila para comprar huesos.

La agroindustria es, por tanto, nada más y nada menos que un negocio. El agronegocio no se preocupa por alimentar a la población en ningún lugar del planeta.

Si la agroindustria no es el motor del país, ni el camino para que podamos dormir con la certeza de que todas las personas podrán comer al día siguiente, ¿qué alternativas te parecen relevantes para combatir el hambre en Brasil?

La reforma agraria es, sin lugar a duda, la principal política pública que el Estado brasileño debería adoptar para la producción de alimentos de consumo local.

Otro problema que arrastramos desde el gobierno de Temer y que ha empeorado con el de Bolsonaro es el abandono de las políticas públicas de apoyo a los pequeños productores rurales. Necesitamos que sean retomadas.

Quizás nuestro estudio parezca sugerir, y aprovecho para decir que no es así, que sería suficiente con que la agroindustria produzca para satisfacer la demanda de población brasileña, es decir, con apuntalar la industrialización del sector. Esa no es la idea, la idea es pensar otro mundo posible.

Lo que hicimos en el texto fue jugar el papel de abogado del diablo: incluso desde el punto de vista del capitalismo, el agronegocio es un mal negocio.

LEER EL ARTICULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Redeco

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