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¿La rebeldía se volvió de derecha? La estrategia que, muchas veces, descoloca a la izquierda

por RedaccionA febrero 18, 2021
febrero 18, 2021
1,5K

Por: Cecilia González. 18/02/2021

¿Por qué avanzan las ultraderechas? ¿Cómo, por qué encantan a nuevas generaciones? ¿El progresismo perdió su mística política? ¿Perdió el rumbo? ¿Le afectó su pretendida superioridad moral? ¿Cómo dialogan (¿dialogan?) ambos polos?

Estas y muchas otras preguntas plantea Pablo Stefanoni, doctor en Historia y jefe de redacción de la revista Nueva Sociedad, en el libro ‘¿La rebeldía se volvió de derecha?’ que Siglo XXI acaba de editar en Argentina y que, tal y como anticipa el largo subtítulo, disecciona la forma en que el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común… y por qué la izquierda debería tomarlos en serio.

Uno de sus aciertos es que, desde el principio, el autor aclara que no se trata de denunciar a la derecha, sino de indagar más en una franja del pensamiento y la cultura contemporánea, sin sobreestimarla ni subestimarla, así se llame extrema derecha, derecha alternativa o populismo de derecha.

«Quizá sea el momento de prestar más atención a las derechas, de analizar algunas de sus transformaciones y de indagar en el ‘discreto encanto’ que, en sus diferentes declinaciones pueden ejercer sobre las nuevas generaciones (…) Incluso un paso más: tomar en serio sus ideas aunque nos parezcan moralmente despreciables o ridículas. Es cierto que leer a racistas, desigualitarios y misóginos requiere cierto estoicismo, pero puede dar sus frutos«, plantea.

En épocas de ‘burbujas’ de todo tipo en las que predomina el interés de ratificar estereotipos y prejuicios, se agradece esta invitación a alejarse de los extremos y pensar desde otras perspectivas.

Ha habido una suerte de apropiación de valores por parte de la derecha, lo que le ha permitido reforzar a sus movimientos y partidos, su influencia mediática y en redes sociales y su llegada a cargos políticos

Stefanoni también aclara que no es un fenómeno nuevo, ni mucho menos homogéneo. «Las posiciones de las extremas derechas son divergentes. Se trata de una constelación que incluye diferentes tradiciones y culturas políticas ancladas en las propias historias nacionales», explica al dar cuenta de la complejidad de un movimiento con múltiples facetas.

A lo largo del libro queda claro que estos militantes no son simples «loquitos», ni excepciones, ni personajes pintorescos, esa perspectiva simplista con la que a veces se les pretende abordar. Y tampoco son inofensivos. En los parlamentos europeos tienen cada vez más y numerosas bancadas y en Estados Unidos ya vimos que fueron capaces de asaltar el Capitolio. En América Latina, sabemos que su máximo exponente es Jair Bolsonaro, el presidente con el mayor número de pedidos de juicios políticos en la historia brasileña que sigue desafiando a la democracia en la región.

Intercambio de roles

Una de las tesis centrales del texto es que ha habido una suerte de apropiación de valores por parte de la derecha, lo que le ha permitido reforzar a sus movimientos y partidos, su influencia mediática y en redes sociales y su llegada a cargos políticos. Y uno de esos valores es precisamente la rebeldía que caracterizaba a la izquierda.

«En las últimas décadas, en la medida en que se volvió defensiva y se abroqueló en la normatividad de lo políticamente correcto, la izquierda, sobre todo en su versión ‘progresista’, fue quedando dislocada en gran medida de la imagen histórica de la rebeldía, la desobediencia y la transgresión que expresaba», explica Stefanoni, «parte del terreno perdido en su capacidad de capitalizar la indignación social fue ganándola la derecha, que se muestra eficaz para cuestionar al ‘sistema’. Estamos ante derechas que le disputan a la izquierda la capacidad de indignarse frente a la realidad y de proponer vías para transformarla».

Recuerda, además, que proyectos modernos como el socialismo y el liberalismo estaban asociados al optimismo sobre el futuro y a una relación fuerte entre saber y emancipación. «Si el futuro se clausura y el saber se disocia de la acción transformadora, la oferta discursiva de la izquierda, sea revolucionaria o reformista pierde su atractivo», dice.

Stefanoni advierte que el progresismo se quedó cómodo dando su batalla en «la cultura», en sus zonas de confort morales y en su adaptación a un capitalismo más hipster

Por eso, hoy que hay tanta gente enojada en todo el mundo y que sale a protestar, hay una «disputa por la indignación» en la que, muchas veces, el progresismo parece más defensor del status quo: las instituciones, el estado de bienestar, la democracia y el multilateralismo.

Frente a ese panorama, no es muy difícil que la derecha parezca transgresora, revolucionaria, frontal, inconforme, provocadora, políticamente incorrecta.

En suma: atractiva, por más que su audacia se sustente en su demagogia e irresponsabilidad, «en su falta de pruritos morales para mentir sin escrúpulos» y «en que puede echarles la culpa a los migrantes o inventarse teorías de la conspiración absurdas».

Críticas

Con una narrativa ágil que combina profundidad y claridad, y que no se ampara en tecnicismos académicos, Stefanoni advierte que el progresismo se quedó cómodo dando su batalla en «la cultura», en sus zonas de confort morales y en su adaptación a un capitalismo más hipster, además de sentirse agobiado y perder gran parte de su mística política.

«En general hay cierta pretensión de superioridad moral del progresismo que le juega en contra al momento de discutir con las derechas emergentes», explica.

Protesta en Argentina contra las medidas impuestas por el Gobierno para frenar la pandemia, octubre de 2020Agustin Marcarian / Reuters

En este sentido, asume uno de los grandes dilemas de estos tiempos: ¿qué hacer con los sectores radicalizados? ¿ignorarlos o debatir y combatirlos, así sea a costa de amplificar sus discursos? No hay una respuesta definitiva.

Aparecen, también, las confusiones, los juegos de espejos que permiten que la derecha crea que el (ya inexistente) comunismo volvió bajo la forma de «marxismo cultural» para implementar «la dictadura de la corrección política que dispone de su policía del pensamiento, su neolengua y sus ciudades vidriadas».

Su argumento, dice, es sencillo: el marxismo perdió la batalla de la economía y el socialismo real se desmoronó, pero ganó la batalla de la cultura, esa constelación que va desde la socialdemocracia hasta la extrema izquierda. Es decir, creen que la izquierda, a pesar de todo, triunfó e impuso una hegemonía. Por el contrario, la izquierda se siente derrotada frente al poder casi sin contrapesos del capitalismo globalizado.

A lo largo del libro queda claro que las mutaciones ideológicas no siempre son nítidas ni están ancladas en los estereotipos, por eso a veces descolocan. Pero ahí están. Se transforman, se adaptan. Y ganan votos.

A lo largo del libro queda claro que las mutaciones ideológicas no siempre son nítidas ni están ancladas en los estereotipos, por eso a veces descolocan. Pero ahí están. Se transforman, se adaptan. Y ganan votos.

Mención aparte a los capítulos del libro que a priori parecen un oxímoron cuando nos devela los fundamentos (y el auge) de la derecha gayfriendly y ecofriendly.

La inclusión de las diversidades sexuales en la ultraderecha, que se traduce en los escaños y cargos que ocupan políticos homosexuales conservadores en Europa, es usada para introducir en el movimiento LGBTI discursos antiinmigrantes e islamofóbicos. Para, como define el autor «contrabandear racismo» en la causa. Así se entiende mejor esa «apertura».

Lo mismo ocurre con discursos ecologistas de autores y políticos de derecha que reconocen los peligros del cambio climático y proponen combatirlo con estrategias autoritarias, xenófobas e incluso eugenésicas. Como bien resume un meme: «salvar árboles, no refugiados». 

A lo largo del libro queda claro que las mutaciones ideológicas no siempre son nítidas ni están ancladas en los estereotipos, por eso a veces descolocan. Pero ahí están. Se transforman, se adaptan. Y ganan votos.

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Fotografia: Actualidad.rt

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