Top Posts
Invitación a la Feria Internacional del Libro Infantil...
Calaveras mexicanas de cristal: ¿mito o realidad?
Filtran datos de Revista Espejo tras solicitar información...
LA TRISTEZA COMO VALOR DEMOCRÁTICO CONTRA LA ULTRADERECHA
Fiscalía General de la República reporta 20 veces...
Abordaran las implicaciones pedagógicas de 3 nuevos protocolos...
Encuentro en defensa de los territorios y por...
Brasil: un poco de agua al vino
Señor del Nicho, que los desaparecidxs regresen a...
Sanción del IMPI a Penguin Random House por...
  • Colectivo Insurgencia Magisterial
Portal Insurgencia Magisterial
Banner
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
Espacio principalEspacio secundarioPalestina

En Israel crece un racismo cercano al del nazismo incipiente.

por La Redacción marzo 1, 2018
marzo 1, 2018
1,1K

Por: Zeev Sternhell. Rebelión. 01/03/2018

En una columna para Le Monde, el historiador israelí especialista en fascismo se embarca en una comparación entre el destino de las personas judías antes de la guerra y el de las palestinas de hoy.
A veces intento imaginar como trataríamos de explicar nuestra época al historiador que vivirá dentro de 50 o 100 años. Se preguntará sin duda ¿en qué momento se empezó a entender que Israel, ese país que se constituyó como Estado durante la guerra de independencia de 1948, fundado sobre las ruinas del judaísmo europeo y al precio de la sangre de 1% de su población −entre ellos miles de combatientes sobrevivientes del Genocidio (Shoah)−, se transformó en un monstruo  para la población no judía bajo su dominación? ¿Cuándo exactamente los israelíes −por lo menos en parte− entendieron que su crueldad hacia las personas no judías bajo su dominación en los territorios ocupados, su determinación de romper las esperanzas de libertad y de independencia del pueblo palestino, o su rechazo a dar asilo a los refugiados africanos, empezó a quebrantar la legitimidad moral de su existencia nacional?

La respuesta −dirá tal vez el historiador− se encuentra en su germen, en las ideas y acciones de dos importantes diputados de la mayoría: Miki Zohar (Likud) y Bezalel Smotrich (Hogar Judío), fieles representantes de la política gubernamental, recientemente propulsados al primer plano. Pero aún más importante es el hecho de que esta misma ideología se encuentra en la base de las propuestas de ley llamadas «fundamentales», es decir constitucionales, que la ministra de Justicia, Ayelet Shaked −con el asentimiento entusiasta  del primer ministro Benyamin Netanyahu− se propone hacer adoptar rápidamente por el Knesset (Parlamento).

Shaked, número dos del partido de la derecha religiosa nacionalista, además de su nacionalismo extremo, representa perfectamente una ideología política según la cual una victoria electoral justifica el control de todos los órganos del Estado y de la vida social, desde la administración a la justicia, pasando por la cultura. En el espíritu de esa derecha, la democracia liberal es un infantilismo. Se concibe fácilmente el significado de ese enfoque para un país de tradición británica que no posee Constitución escrita, sólo reglas de comportamiento y un armado legislativo que puede ser cambiado con una mayoría simple.

El elemento más importante de esta nueva jurisprudencia es una legislación llamada «ley sobre el Estado-nación»: se trata de un acto constitucional nacionalista duro, del que el nacionalismo integrista de otros tiempos como el de Charles Maurras no hubiera renegado, que la señora Le Pen hoy no se atrevería a proponer, y que el nacionalismo autoritario y xenófobo polaco y húngaro acogerían con satisfacción. Se trata de judíos que olvidan que su suerte, desde la Revolución Francesa, está ligada al liberalismo y a los derechos humanos, y que al mismo tiempo generan un nacionalismo en el que se reconocen fácilmente los más duros chovinistas de Europa.

La impotencia de la izquierda

En efecto, esta ley tiene como objetivo abiertamente declarado someter los valores universales de la Ilustración, del liberalismo y de los derechos humanos a los valores particularistas del nacionalismo judío. Obligará al Tribunal Supremo −al que Shaket, de todos modos, hace lo posible por reducirle las prerrogativas y hacer añicos el tradicional carácter liberal, sustituyendo en la medida de lo posible todos los jueces que se jubilan con juristas próximos a ella− a emitir veredictos siempre conformes a la letra y al espíritu de la nueva legislación. Pero la ministra va todavía más lejos: acaba de declarar que los derechos humanos tendrán que sacrificarse ante la necesidad de asegurar una mayoría judía. Pero ningún peligro acecha dicha mayoría en Israel, donde el 80% de la población es judía; por lo tanto, se trata de preparar a la opinión pública para una situación nueva, que se producirá en caso de anexión de los territorios palestinos ocupados (como desea el partido de la ministra): la población no judía quedará sin derecho a voto.

Gracias a la impotencia de la izquierda, esta legislación servirá como primer clavo en el ataúd del antiguo Israel, aquel del que sólo quedará la declaración de independencia como una pieza de museo, para recordar a las generaciones futuras lo que nuestro país hubiera podido ser si nuestra sociedad no se hubiera descompuesto moralmente tras medio siglo de ocupación, colonización y apartheid en los territorios conquistados en 1967, y ahora ocupados por unos 300.000 colonos. Hoy, la izquierda ya no es capaz de enfrentar a un nacionalismo que, en su versión europea, mucho más extrema que la nuestra, casi consiguió aniquilar a los judíos de Europa. Es por eso que conviene que insistamos en leer −en Israel y en todo el mundo judío− las dos entrevistas realizadas por Ravit Hecht para Haaretz (3/12/2016 y 28/10/2017) a Smoritch y Zohar. Se ve cómo crece ante nuestros ojos, no un simple fascismo local, sino un racismo cercano al nazismo en su etapa inicial.

Como cualquier ideología, el racismo alemán también había evolucionado, y en su origen sólo atacó los derechos humanos y cívicos de la población judía. Es posible que sin la Segunda Guerra Mundial, el «problema judío» se hubiera traducido en una migración «voluntaria» de las población judía de los territorios bajo control alemán. Después de todo, prácticamente todos los judíos y judías de Alemania y Austria pudieron salir a tiempo. No se descarta que, para algunos miembros de la derecha, la misma suerte podría presentarse para la población palestina. Sólo habría que esperar la ocasión oportuna; una guerra «buena», por ejemplo, acompañada de una revolución en Jordania, la cual permitiría expulsar hacia el este a la mayor parte de los habitantes de Cisjordania ocupada.

El espectro del apartheid
Los Smotrich y los Zohar, digámoslo, no quieren atacar físicamente a la población palestina, por supuesto si éstas acepta sin resistir la hegemonía judía. Simplemente se niegan a reconocer sus derechos humanos, su derecho a la libertad y a la independencia. En la misma línea, ya en caso de anexión oficial de los territorios ocupados, ellos y sus partidos políticos anuncian sin complejo que negarán a la población palestina la nacionalidad israelí, y por supuesto el derecho a voto. En cuanto a la mayoría hoy en el poder, las y los palestinos están condenados al estatuto de población ocupada para la eternidad.

La razón es simple y claramente enunciada: los árabes no son judíos, por eso no tienen derecho a pretender la propiedad de cualquier parte de la tierra prometida al pueblo judío. Para Smotrich, Shaked y Zohar, un judío de Brooklyn, que tal vez jamás ha pisado esta tierra, es su legítimo dueño; pero el árabe, que nació en ella −al igual que sus antepasados antes que él− es un extranjero cuya presencia únicamente es aceptada por la buena voluntad y humanidad de los judíos. El palestino, nos dice Zohar, «no tiene derecho a la autodeterminación porque no es dueño del suelo. Lo quiero aquí como residente, y eso porque soy honesto: nació aquí, vive aquí, no le diré que se vaya. Lamento decirlo pero [los palestinos] sufren una deficiencia esencial: no nacieron judíos».

Lo que significa que, incluso si los palestinos deciden convertirse (al judaísmo), dejarse crecer los aladares y estudiar la Torá y el Talmud, no les serviría de nada. No más que a los sudaneses y eritreos y a sus hijos, que son israelíes en todos los aspectos –lengua, cultura, socialización. Era lo mismo con los nazis. Después vino el apartheid que, según la mayoría de los «pensadores» de la derecha, podría, con algunas condiciones, aplicarse también a los árabes que son ciudadanos israelíes desde la fundación del Estado. Para nuestra desgracia, muchos de aquellos que tienen vergüenza de esos representantes electos y odian sus ideas, por muchas razones seguirán votando por la derecha.

 

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ.

Fotografía: webguerrillero

Compartir 0 FacebookTwitterWhatsapp
La Redacción

noticia anterior
La ética de la cooperación (genuina) desde una perspectiva de equidad de género.
noticia siguiente
¿El fin de la disputa electoral en América Latina?

También le podría interesar

NAZA, el documental: la confesión de militares israelíes...

octubre 25, 2026

Abdul El-Sayed derrota contundentemente al lobby israelí en...

octubre 24, 2026

Honduras, laboratorio latinoamericano del eje Israel-Estados Unidos

octubre 19, 2026

AVISO

Estamos realizando labores de mantenimiento en el Portal.
Algunas elementos no están funcionando adecuadamente.
Gracias por tu comprensión.

VENTANAS A PALESTINA

Visitas de Septiembre de 2026

Miércoles a las 7 de la noche

¿Derechos de Autor?

21 eventos a la semana

Red de reporterxs

Análisis que diseccionan

Opinando sin algoritmos

Canal de difusión

Nuestros pasos…

Comentemos desde Bluesky…

Delcy Rodríguez, restableció relaciones con Israel, al igual que Espriella en Colombia. En Argentina, Milei se declara "el presidente más sionista del mundo". En Chile, José Antonio Kast nombró agregados militares al igual que en Honduras. LEER EN: insurgenciamagisterial.com/la-riesgosa-...

[image or embed]

— Portal Insurgencia Magisterial (@insurgenciam.bsky.social) 7 de octubre de 2026 a las 10:45

@2020 - Insurgencia Magisterial

Portal Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
Portal Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
@2020 - Insurgencia Magisterial

Leer también:x

Analizando el vértigo de la venganza: Irán, Israel...

junio 21, 2025

Las formas del racismo en la escuela...

abril 3, 2022

Dime con quién andas y te diré...

mayo 23, 2025