Top Posts
Invitación a la Feria Internacional del Libro Infantil...
Calaveras mexicanas de cristal: ¿mito o realidad?
Filtran datos de Revista Espejo tras solicitar información...
LA TRISTEZA COMO VALOR DEMOCRÁTICO CONTRA LA ULTRADERECHA
Fiscalía General de la República reporta 20 veces...
Abordaran las implicaciones pedagógicas de 3 nuevos protocolos...
Encuentro en defensa de los territorios y por...
Brasil: un poco de agua al vino
Señor del Nicho, que los desaparecidxs regresen a...
Sanción del IMPI a Penguin Random House por...
  • Colectivo Insurgencia Magisterial
Portal Insurgencia Magisterial
Banner
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
Doctorado UPNEspacio principalEspacio secundario

A PROPÓSITO DE «LADY CROQUIS». Un marco analítico para el estudio de los eventos micropolíticos

por La Redacción octubre 12, 2026
octubre 12, 2026
148

Por: Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro, Marcelino Guerra Mendoza. Profesorxs de la UPN-Ajusco. Laboratorio de Coyuntura y Crítica Educativa. 12/10/2026

1. El problema: cuando una escena se convierte en suceso

Una tarea escolar, una discusión entre particulares, una confrontación en un espacio público, una denuncia o un video que comienza a circular en las redes pueden adquirir una relevancia que rebasa ampliamente la situación en la que se produjeron. Lo que inicialmente parecía un episodio localizado se convierte en motivo de controversia, moviliza a nuevos participantes, suscita intervenciones institucionales, activa disputas y llega a condensar problemas que hasta entonces no se habían articulado de esa manera.

El caso conocido como Lady Croquis constituye un ejemplo de esta clase de procesos. Una situación concreta puede recorrer distintas configuraciones: de una tarea escolar a una confrontación; de la confrontación a una denuncia ante la Fiscalía; de ahí a la circulación mediática y digital, y de esta a nuevas intervenciones, interpretaciones y disputas.[1]

Sin embargo, esta secuencia no describe una evolución necesaria ni una cadena de acontecimientos cuyos eslabones estén predeterminados. Cada intervención puede modificar el curso del proceso, introducir otros problemas y abrir posibilidades que no estaban contenidas en la escena inicial.

El problema analítico consiste en explicar cómo una situación adquiere la capacidad de producir efectos que exceden sus condiciones de aparición. ¿Qué operaciones hacen que un episodio se convierta en objeto de atención y controversia pública? ¿Cómo se incorporan nuevos participantes? ¿De qué manera se transforman los objetos en disputa? ¿Qué relaciones se establecen entre los espacios en los que se desarrolla la confrontación? ¿Cómo intervienen las acciones de los participantes en la configuración de aquello que, retrospectivamente, reconocemos como el acontecimiento?

Estas preguntas obligan a desplazar la mirada. No basta con describir el episodio inicial, reconstruir la cronología de su difusión o enumerar las reacciones que produjo. Es necesario investigar el proceso mediante el cual se constituye un objeto de disputa, se amplía el campo de las intervenciones y se transforman las condiciones de la confrontación.

Proponemos abordar estos procesos como sucesos, es decir, configuraciones abiertas cuya relevancia política no está dada de antemano, sino que se produce mediante las intervenciones, las controversias, las operaciones de visibilización, las respuestas institucionales y las luchas que se despliegan a su alrededor.

El guion que articula ambos términos no busca establecer una distinción terminológica rígida. Subraya, más bien, que no estamos ante hechos aislados y autosuficientes, sino ante eventos cuyo desarrollo produce nuevas situaciones y cuyas consecuencias pueden modificar el sentido de aquello que les dio origen.

2. De la circulación a la politización: la producción del objeto político

Uno de los primeros problemas consiste en distinguir la circulación pública de una situación y su constitución como objeto político.

La viralización de un suceso o de un reel no equivale a la politización. Un contenido puede alcanzar una circulación extraordinaria sin producir una disputa política significativa; del mismo modo, una controversia puede adquirir relevancia política sin convertirse en un fenómeno masivo de difusión. La cantidad de reproducciones, comentarios o reacciones no permite, por sí misma, determinar qué clase de acontecimiento se está produciendo.

La pregunta pertinente es qué ocurre durante ese proceso de circulación. ¿Qué se selecciona y qué se vuelve visible? ¿Qué aspectos de la situación original se enfatizan, se omiten o se reinterpretan? ¿Qué problemas se formulan a partir de ella? ¿Quiénes intervienen y desde qué posiciones? ¿Qué demandas, acusaciones, defensas o exigencias se articulan? ¿Qué instituciones son convocadas y qué respuestas producen?

La producción del objeto político no consiste simplemente en hacer público algo que antes permanecía oculto. Implica operaciones mediante las cuales una situación es delimitada, nombrada, interpretada y convertida en motivo de intervención. En ese proceso pueden modificarse tanto el objeto de la controversia como las posiciones desde las que se interviene.

Una disputa inicialmente circunscrita a una relación entre individuos puede desplazarse hacia cuestiones de autoridad, legalidad, discriminación, derechos, responsabilidades institucionales o legitimidad de determinadas conductas. No hay que suponer que todas estas dimensiones estaban contenidas en la situación original, esperando únicamente ser descubiertas. Es necesario investigar cómo fueron introducidas, por quiénes, mediante qué operaciones y con qué efectos.

La producción del objeto político es, en consecuencia, un proceso conflictivo. Los participantes no necesariamente comparten la definición del problema, ni coinciden en aquello que consideran relevante, ni atribuyen el mismo significado a las acciones que observan. Las interpretaciones compiten, se confrontan y pueden transformar el objeto mismo de la disputa.

Para analizar este proceso conviene distinguir, sin separarlos artificialmente, al menos cuatro movimientos:

  • La problematización: la situación comienza a ser presentada como algo que requiere explicación, juicio, denuncia o intervención.
  • La politización: se producen relaciones entre la situación y problemas de autoridad, derechos, poder, responsabilidades, normas o formas de gobierno. No se trata de una propiedad intrínseca del episodio, sino de una operación que debe reconstruirse.
  • La circulación y la amplificación: el objeto se reproduce, se transforma y alcanza nuevos públicos y espacios de intervención.
  • La producción de efectos: aparecen respuestas, decisiones, sanciones, controversias, alianzas, resistencias o consecuencias que pueden alterar las condiciones iniciales.[2]

Estos movimientos no constituyen fases obligatorias ni una secuencia universal. Pueden coincidir, invertirse, repetirse o permanecer incompletos. La investigación debe establecer sus relaciones en cada caso, en lugar de imponerles un orden previo.

3. El territorio polemológico: la configuración de una batalla

La ampliación de una controversia permite introducir una categoría central para su análisis: el territorio polemológico.

Por tal entendemos una configuración dinámica de disputas en la que se articulan actores, objetos de controversia, envites, estrategias, repertorios de acción, recursos y relaciones de fuerza. No designa simplemente un espacio físico ni una arena institucional determinada. Se refiere a la configuración que adquiere una batalla cuando una situación pone en relación a participantes que intervienen desde posiciones diferentes, movilizan recursos heterogéneos y disputan la definición del problema, sus consecuencias y las condiciones en las que debe resolverse.[3]

El territorio polemológico no existe necesariamente antes de la controversia, plenamente constituido y a la espera de ser ocupado. Se configura y transforma mediante las intervenciones que lo componen. La disputa inicial puede abrirlo, pero no contiene de antemano todos sus componentes ni determina sus desarrollos posteriores.

A medida que el acontecimiento se despliega, pueden incorporarse nuevos participantes, formularse otros objetos de controversia, activarse instituciones y abrirse arenas de confrontación. Una denuncia puede introducir procedimientos jurídicos; la circulación digital puede convocar a públicos que no participaron en la situación inicial; una respuesta institucional puede suscitar nuevas impugnaciones; una intervención política puede reformular el problema y modificar las posiciones de los participantes.

Estas incorporaciones no deben entenderse como una sucesión de territorios que se sustituyen unos a otros. Las dimensiones escolar, comunitaria, jurídico-institucional, mediático-digital, magisterial y ciudadana pueden coexistir, interferir entre sí y adquirir distintos grados de intensidad. Los espacios físicos y los entornos digitales tampoco constituyen necesariamente mundos separados: sus conexiones, traducciones y efectos recíprocos deben reconstruirse empíricamente.

La categoría de territorio polemológico permite examinar precisamente esas articulaciones. Las nociones de multiterritorialidad y transmedialidad pueden contribuir a describir dimensiones específicas del proceso, pero no sustituyen el análisis de las relaciones de fuerza que las constituyen ni explican, por sí mismas, la dinámica de la disputa.

No toda ampliación de la circulación produce un territorio polemológico de mayor alcance. Tampoco toda participación constituye una alianza, ni toda coincidencia de posiciones demuestra una coordinación. Lo importante es establecer qué relaciones se forman efectivamente, cuáles son sus condiciones de posibilidad y qué transformaciones producen.

El territorio polemológico debe reconstruirse, entonces, como una configuración variable. Sus límites, participantes y objetos pueden cambiar a lo largo del acontecimiento. Algunas conexiones se fortalecen; otras se interrumpen. Determinadas arenas adquieren centralidad mientras otras pierden intensidad. Los actores pueden modificar sus posiciones, abandonar la disputa, introducir nuevos problemas o encontrarse involucrados en consecuencias que no habían previsto.

La tarea consiste en mapear esas relaciones sin convertir el mapa en una estructura rígida ni suponer que todas las dimensiones forman necesariamente una sola unidad coherente.

4. La batalla táctico-estratégica: intervenciones, respuestas y relaciones de fuerza

Reconstruir el territorio polemológico no basta. También es necesario investigar cómo se desarrolla la batalla que lo configura.

El análisis no puede limitarse a identificar quiénes participan, qué intereses se les atribuyen o qué resultados obtienen. Debe examinar qué hacen, cómo responden los demás, qué movimientos desencadenan, qué posibilidades abren o cierran y de qué manera sus intervenciones modifican las condiciones de la confrontación.

Esto supone atender a la dimensión táctica y estratégica de las acciones. Una declaración, una denuncia, una publicación, una respuesta institucional, una convocatoria o una decisión administrativa pueden operar como movimientos dentro de una disputa. Su alcance no depende únicamente de su contenido explícito: también depende de las posiciones desde las que se producen, de las respuestas que suscitan y de las condiciones que contribuyen a establecer.

La táctica permite observar intervenciones concretas, locales y situadas: una réplica, una acusación, un cambio de tema, una exposición pública, una amenaza, una convocatoria o una decisión que altera las posibilidades inmediatas de actuación. La dimensión estratégica remite a las articulaciones entre movimientos, a la configuración de objetivos y a los efectos que producen sobre el curso de la confrontación.

No se trata de suponer que todos los participantes disponen de una estrategia coherente ni que sus acciones obedecen a un plan común. Las intervenciones pueden ser improvisadas, contradictorias o responder a circunstancias inmediatas. Algunas producen efectos no previstos; otras fracasan o desencadenan respuestas que alteran por completo el curso de la disputa. Las estrategias pueden reconstruirse a partir de articulaciones observables, pero no deben atribuirse como una intención oculta sin evidencia suficiente.

Esta perspectiva encuentra un antecedente explícito en el análisis de la producción de la reforma constitucional en educación durante 2018-2019, desarrollado en La continuidad neoliberal. La producción de la reforma constitucional en educación: 2018-2019. El examen del memorándum presidencial del 16 de abril de 2019 y del plazo fijado para el 30 de abril muestra cómo una intervención administrativa podía alterar las condiciones de la negociación, trasladar el problema a los participantes y ejercer presión sobre sus tiempos y posibilidades de acción.[4]

El interés de ese análisis no radica solamente en establecer qué decía el memorándum o qué posición expresaba el gobierno. Consiste en reconstruir cómo una intervención modificaba el campo de la confrontación: qué condiciones alteraba, qué alternativas volvía más difíciles, qué exigencias introducía y cómo reordenaba las posibilidades de respuesta.

La acción política aparece así entonces como una intervención sobre una situación, pero también como una operación que modifica las condiciones en las que los demás pueden actuar. Esta consideración es fundamental para estudiar los eventos-sucesos: las acciones no se limitan a responder a una realidad previamente constituida; también pueden transformarla y producir nuevas condiciones para la disputa.

5. La producción de lo real y de lo virtual

La dimensión táctica y estratégica conduce a una cuestión adicional: las batallas políticas no se desarrollan únicamente sobre una realidad ya dada. También producen lo que puede llegar a ser real, lo que aparece como posible, lo que se anticipa como amenaza y lo que se presenta como una alternativa deseable o inevitable.

Por eso, la producción de lo real y de lo virtual debe formar parte del marco analítico.

Lo virtual no significa aquí lo ficticio, lo irreal ni exclusivamente aquello que sucede en los entornos digitales. Designa un campo de posibilidades, expectativas, amenazas, alternativas y cursos de acción que se hace presente en una disputa y que puede orientar intervenciones efectivas. Algunas de esas posibilidades llegan a actualizarse; otras son bloqueadas, descartadas o permanecen abiertas. Su eficacia política debe establecerse a partir de las acciones y respuestas concretas, no darse por supuesta.

Una acusación puede producir expectativas de sanción; una denuncia puede abrir la posibilidad de una intervención jurídica; una publicación puede anticipar una respuesta institucional; una declaración puede convertir una alternativa en una exigencia pública o presentar una decisión como inevitable. Incluso cuando esos desenlaces no ocurren, las posibilidades que se ponen en circulación pueden modificar las decisiones, los cálculos y los movimientos de quienes participan.

En estos casos, lo virtual no es un mero acompañamiento de la acción. Puede constituir una dimensión efectiva de la batalla, en la medida en que interviene en las condiciones bajo las cuales los participantes actúan.

La producción de lo real tampoco debe entenderse como la simple fabricación de una versión falsa de los hechos. Se trata de investigar cómo las intervenciones contribuyen a establecer qué se reconoce como problema, qué interpretaciones adquieren autoridad, qué hechos se vuelven relevantes, qué responsabilidades se atribuyen y qué consecuencias llegan a materializarse.

La disputa puede producir transformaciones en distintos planos: en las interpretaciones públicas, en las decisiones institucionales, en las relaciones entre participantes, en las posibilidades de actuación y en las condiciones materiales de la situación. Es necesario distinguir estos planos, pero también examinar sus conexiones.

De aquí se desprenden varias preguntas metodológicas:

  • ¿Qué intervenciones modifican las condiciones de la disputa?
  • ¿Qué respuestas y contraofensivas producen?
  • ¿Qué operaciones de resignificación transforman el objeto inicial?
  • ¿Qué posibilidades, expectativas o amenazas se introducen?
  • ¿Cuáles de esas posibilidades llegan a actualizarse y cuáles son bloqueadas?
  • ¿Qué efectos territoriales producen las intervenciones y cómo se modifican las relaciones entre las distintas arenas?
  • ¿Qué temporalidades se establecen: urgencias, plazos, esperas, anticipaciones, aplazamientos o intentos de clausurar la controversia?

Estas preguntas permiten analizar la batalla como un proceso de producción y transformación. Las acciones modifican las condiciones de la disputa; esas modificaciones alteran las posibilidades de intervención de los participantes, y las nuevas intervenciones vuelven a transformar el campo.

No se trata de afirmar que todo está calculado o que cada movimiento responde a una estrategia general. La investigación debe establecer cómo se articulan las acciones, qué efectos producen y qué relaciones pueden reconstruirse entre ellas.

6. Temporalidades, ritmos y transformaciones del acontecimiento

El tiempo no constituye un simple recipiente dentro del cual se suceden los hechos. También puede convertirse en objeto de disputa y recurso de intervención.

Un acontecimiento puede acelerarse mediante la circulación de contenidos, la multiplicación de reacciones o la incorporación de nuevos participantes. También puede ralentizarse, ser aplazado, quedar suspendido o perder centralidad frente a otras controversias. Las respuestas institucionales pueden introducir plazos y procedimientos; las intervenciones públicas pueden exigir resoluciones inmediatas; los participantes pueden intentar prolongar, cerrar o reabrir una disputa.[5]

Estas temporalidades no necesariamente coinciden. La velocidad de circulación de una denuncia puede contrastar con los ritmos de una investigación institucional. La intensidad de la atención pública puede disminuir mientras sus consecuencias jurídicas o administrativas continúan. Una controversia aparentemente concluida puede reactivarse por una nueva intervención o por la aparición de información que modifica la interpretación del episodio inicial.

Por ello, no conviene establecer una cronología únicamente para ordenar hechos. Es necesario investigar qué hacen los participantes con el tiempo, cómo intentan regularlo y qué efectos producen sus intervenciones sobre el ritmo y las posibilidades de desarrollo de la disputa.

La reconstrucción temporal debe atender tanto a la secuencia de acontecimientos como a las transformaciones de las condiciones de actuación. Un mismo hecho puede adquirir significados distintos según el momento en que se introduce, las respuestas que lo preceden y las posibilidades que abre o clausura.

El acontecimiento no es, en consecuencia, una unidad cerrada con un comienzo y un final evidentes. Sus límites deben establecerse analíticamente, atendiendo a las relaciones que permiten reconocer una configuración de disputa y a las transformaciones que explican su desarrollo.

7. Una estrategia metodológica: seguir el acontecimiento

El marco propuesto no pretende ofrecer una plantilla que obligue a todos los eventos-sucesos a recorrer las mismas etapas ni a presentar idénticos componentes. Su función es orientar la investigación de procesos heterogéneos, cuya configuración debe reconstruirse en cada caso.

El punto de partida es la escena concreta. Antes de atribuirle un significado general, conviene establecer qué ocurrió, en qué circunstancias, quiénes participaron y qué registros permiten reconstruirlo. A partir de ahí, se investiga cómo la situación fue problematizada, qué operaciones contribuyeron a convertirla en objeto de disputa y cómo se transformaron sus alcances.

La investigación puede organizarse mediante cuatro operaciones complementarias.

Primera operación: reconstruir la producción del objeto político.

Se trata de examinar cómo una situación se vuelve objeto de atención, controversia o intervención; qué interpretaciones se producen; qué problemas se formulan; cómo se seleccionan y resignifican los elementos de la escena inicial, y qué diferencias existen entre viralización, problematización y politización.

Segunda operación: reconstruir el territorio polemológico.

Es necesario identificar a los participantes, los objetos en disputa, los envites, los recursos movilizados y las arenas en las que se desarrolla la confrontación. El análisis debe establecer qué conexiones existen entre ellas, cómo se incorporan nuevos participantes y cómo se modifican las relaciones de fuerza. No se debe suponer que toda ampliación de la circulación constituye una ampliación equivalente del territorio de disputa.

Tercera operación: reconstruir la batalla táctico-estratégica.

Aquí se examinan las intervenciones concretas, sus respuestas, las contraofensivas, las operaciones de resignificación y los efectos que producen sobre las posibilidades de acción. Se trata de reconstruir cómo los participantes intentan modificar las condiciones de la confrontación, sin atribuirles automáticamente una estrategia coherente ni un plan común.

Cuarta operación: analizar la producción de lo real y de lo virtual.

Esta operación permite establecer qué interpretaciones, expectativas, amenazas, alternativas y cursos de acción se introducen en la disputa; cuáles se actualizan; cuáles son bloqueados, y cómo intervienen esas posibilidades en las acciones efectivas. También permite examinar los efectos materiales, institucionales, políticos y territoriales de las intervenciones.

Estas operaciones no tienen que desarrollarse en un orden lineal. La investigación puede comenzar por una decisión institucional, una controversia digital o una consecuencia inesperada y, desde ahí, reconstruir las relaciones que conducen a la escena inicial. Lo importante es mantener abierta la posibilidad de que el material empírico modifique las preguntas, las conexiones inicialmente consideradas relevantes y la interpretación del acontecimiento.

Para ello, conviene trabajar con registros heterogéneos: videos, publicaciones, declaraciones, noticias, documentos institucionales, denuncias, testimonios y otros materiales pertinentes. Su valor no consiste solamente en acumular evidencias, sino en permitir la reconstrucción de intervenciones, respuestas, temporalidades y transformaciones.

También es necesario distinguir cuatro niveles del análisis:

  1. Los hechos documentados: aquello que puede establecerse mediante registros y fuentes verificables.
  2. Las interpretaciones de los participantes: lo que afirman, denuncian, justifican o atribuyen a otros.
  3. Las operaciones reconstruibles: las relaciones entre intervenciones, respuestas y efectos que pueden sostenerse con el material disponible.
  4. Las hipótesis de investigación: explicaciones posibles que requieren evidencia adicional o que deben conservarse como provisionales.

Esta distinción es especialmente importante cuando se analizan acontecimientos de circulación masiva. La coincidencia temporal no demuestra coordinación; la coincidencia de posiciones no prueba una alianza; la reproducción de un contenido no permite atribuir a todos quienes lo comparten la misma intención. Del mismo modo, una consecuencia posterior no demuestra que hubiera sido prevista por quienes intervinieron inicialmente.

La investigación debe reconstruir las conexiones y, al mismo tiempo, establecer sus límites. No se trata de encontrar una explicación total que elimine la heterogeneidad del acontecimiento, sino de identificar las relaciones que permiten comprender sus transformaciones.

8. ¿Cuándo termina un evento?

La delimitación del acontecimiento constituye otro problema analítico. La pérdida de atención pública no implica necesariamente la desaparición de sus efectos; una decisión institucional no siempre cierra la controversia, y la ausencia de nuevas publicaciones no demuestra que las relaciones de fuerza hayan vuelto a su situación inicial.

Un evento puede perder centralidad mediática y conservar consecuencias jurídicas, institucionales o personales. También puede reactivarse cuando una intervención posterior recupera la escena inicial, introduce nuevos elementos o modifica el sentido de la disputa. En otros casos, sus efectos pueden ser limitados y la controversia disolverse sin producir transformaciones duraderas.

No conviene resolver esta cuestión mediante un criterio único, como la duración de la viralización o el número de participantes. Es preferible examinar si persisten las relaciones que daban consistencia a la disputa, si continúan produciéndose intervenciones vinculadas con ella y si las consecuencias observadas pueden relacionarse empíricamente con su desarrollo.

El final de un acontecimiento no tiene que coincidir con el cierre de todas sus consecuencias. Tampoco es necesario prolongar indefinidamente el análisis para incluir cualquier hecho posterior que guarde una semejanza temática con el episodio inicial. La delimitación debe justificarse a partir de las conexiones que efectivamente puedan reconstruirse.[6]

9. Consideraciones finales: una analítica de los acontecimientos en transformación

Los eventos plantean un problema que no puede resolverse mediante la descripción de una escena, la medición de su circulación o la clasificación de las reacciones que suscita. Exigen reconstruir cómo se produce un objeto político, cómo se configura un territorio de disputa y cómo las intervenciones de los participantes transforman las condiciones en las que se desarrolla la confrontación.

El marco propuesto articula tres dimensiones fundamentales.

La primera es la producción del territorio polemológico: cómo una situación abre y transforma un campo de disputas, incorpora participantes, articula arenas heterogéneas y modifica las relaciones de fuerza.

La segunda es la batalla táctico-estratégica: cómo las intervenciones, respuestas y contraofensivas alteran las condiciones de actuación, abren o cierran posibilidades y producen efectos que pueden exceder las intenciones iniciales.

La tercera es la producción de lo real y de lo virtual: cómo las disputas contribuyen a establecer interpretaciones, expectativas, amenazas y alternativas que orientan las acciones, así como las condiciones materiales e institucionales que resultan de ellas.

Estas dimensiones son analíticamente distinguibles, pero se encuentran articuladas en el proceso. La producción del objeto político abre posibilidades de disputa; las intervenciones configuran el territorio polemológico; las luchas modifican el objeto, las relaciones de fuerza y las posibilidades de actuación; y esas transformaciones pueden volver a redefinir el acontecimiento.

El propósito no es formular una teoría general que anticipe la estructura de todos los casos. Es construir un marco capaz de orientar investigaciones empíricas sin sustituirlas con abstracciones vacías, de identificar relaciones sin presuponerlas y de producir conceptos cuando el análisis de los acontecimientos lo demande.

En lugar de imponer una secuencia fija, se trata de seguir las transformaciones. En lugar de partir de actores, intereses o estrategias ya definidos, se trata de reconstruir cómo se constituyen y modifican durante la disputa. En lugar de confundir la circulación con la producción de un problema político, se trata de investigar las operaciones que las articulan y las diferencias que las separan.

La pregunta que organiza esta perspectiva podría formularse así: ¿cómo se produce un objeto político, qué territorio de disputas abre y de qué manera las luchas que se desarrollan en él transforman tanto el acontecimiento como las condiciones para intervenir en él?

Seguir la historia concreta del evento-, reconstruir sus relaciones y examinar sus efectos: ese es el punto de partida. Las categorías analíticas deben acompañar ese trabajo, no reemplazarlo y, cuando no existen o no alcanzan las que están disponible, inventarlas.

Fotografía: Retomado de los comentarios de la publicación de Realidades Veracruz en Facebook


[1]Víctor Cisneros, “ De una tarea escolar a la fiscalía”, en  https://www.infobae.com/mexico/2026/10/10/de-una-tarea-escolar-a-la-fiscalia-bautizan-como-lady-croquis-a-madre-que-denuncio-a-maestro-en-veracruz/

[2] Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro y Marcelino Guerra Mendoza, Anatomía política de la reforma educativa, en  https://insurreccionpedagogica.com/wp-content/uploads/2021/01/Anatomiia-poliitica-de-la-reforma-educativa.pdf

[3]  Roberto González Villarreal y Marcelino Guerra Mendoza, “Guerra en el territorio educativo”, en  https://robertogonzalezvillarreal.com.mx/libros/resistencias-y-alternativas-relacion-historico-politica-de-movimientos-sociales-en-educacion/

[4] Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro y Marcelino Guerra Mendoza, La continuidad neoliberal, en https://robertogonzalezvillarreal.com.mx/libros/la-continuidad-neoliberal/

[5] Roberto González Villarreal, “Ayotzinapa: ensambles, intensidades y transiciones de fase de la protesta”, en  https://robertogonzalezvillarreal.com.mx/capitulos/politicas-y-procesos-educativo-institucionales/

[6] Roberto González Villarreal, La revolución del orgullo. Inicios, auge y declive del Movimiento de Liberación Homosexual (Terracota: México, 2026).

Compartir 0 FacebookTwitterWhatsapp
La Redacción

noticia anterior
La ficción del sujeto político
noticia siguiente
El anarquismo no es colonial. Tu ignorancia sí

También le podría interesar

FRENTE A LOS CONFLICTOS AMBIENTALES, ESPERANZA Y RESISTENCIA....

octubre 21, 2026

El fin de la escuela ¿diagnóstico educativo o...

octubre 15, 2026

Humanos vs. Osos: ¿Quién invadió a quién? Disputas...

octubre 12, 2026

AVISO

Estamos realizando labores de mantenimiento en el Portal.
Algunas elementos no están funcionando adecuadamente.
Gracias por tu comprensión.

VENTANAS A PALESTINA

Visitas de Septiembre de 2026

Miércoles a las 7 de la noche

¿Derechos de Autor?

21 eventos a la semana

Red de reporterxs

Análisis que diseccionan

Opinando sin algoritmos

Canal de difusión

Nuestros pasos…

Comentemos desde Bluesky…

Delcy Rodríguez, restableció relaciones con Israel, al igual que Espriella en Colombia. En Argentina, Milei se declara "el presidente más sionista del mundo". En Chile, José Antonio Kast nombró agregados militares al igual que en Honduras. LEER EN: insurgenciamagisterial.com/la-riesgosa-...

[image or embed]

— Portal Insurgencia Magisterial (@insurgenciam.bsky.social) 7 de octubre de 2026 a las 10:45

@2020 - Insurgencia Magisterial

Portal Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
Portal Insurgencia Magisterial
  • Inicio
  • La casa de todxs
  • Chical de voces
  • Las hortalizas
  • Reporteras(os) y Columnistas
  • Poesía insurgente
  • Eventos
@2020 - Insurgencia Magisterial

Leer también:x

Cuando Nuño creía haber ganado, llegó el...

septiembre 27, 2017

UPN-AJUSCO EN PIÉ DE LUCHA…

mayo 16, 2019

Humanos vs. Osos: ¿Quién invadió a quién?...

octubre 12, 2026