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Semillas en riesgo: cultivos editados genéticamente, control corporativo y la defensa de la Soberanía Alimentaria en Chile

por RedaccionA mayo 24, 2026
mayo 24, 2026
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Por: La Vía Campesina. 24/05/2026

La ofensiva de las corporaciones biotecnológicas sobre las semillas no se detiene. Hoy, bajo nuevos nombres y discursos de “innovación”, intentan imponer en Chile los cultivos editados genéticamente como si fueran semillas convencionales, ocultando los riesgos ambientales, sociales y políticos que implican para la agricultura campesina y los pueblos.

Las llamadas Nuevas Técnicas Genómicas (NTG), promovidas por las empresas y respaldadas por sectores del agronegocio, buscan avanzar sin regulaciones estrictas, sin participación real de las comunidades y sin evaluaciones independientes que consideren sus impactos sobre la biodiversidad y la soberanía alimentaria.

En Chile, organizaciones campesinas, ambientales y de la sociedad civil han denunciado el actuar del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), cuestionando la falta de rigor científico y la ausencia de procesos democráticos en la regulación de cultivos editados genéticamente. Según denuncian, el objetivo es abrir el camino para que estas semillas ingresen al mercado sin ser consideradas transgénicas, evitando así controles, etiquetado y evaluaciones más profundas.

No es casualidad. Después de décadas de rechazo social a los cultivos transgénicos y a los impactos del agronegocio —contaminación genética, destrucción de biodiversidad, dependencia de agrotóxicos y concentración corporativa— las empresas cambiaron la estrategia. Hoy intentan instalar la idea de que la edición genética sería “natural”, “precisa” o equivalente al mejoramiento convencional.

Pero el modelo sigue siendo el mismo: monocultivos extensivos, apropiación corporativa de las semillas, dependencia tecnológica y expansión de un sistema agroindustrial que desplaza a la agricultura campesina, destruye los territorios y amenaza las semillas nativas y criollas.

Las corporaciones no buscan alimentar a los pueblos. Buscan controlar el sistema alimentario mundial.

Las semillas editadas genéticamente están asociadas a patentes y derechos de propiedad intelectual que profundizan la dependencia de campesinxs hacia unas pocas empresas transnacionales. El objetivo es ocupar los territorios, controlar los mercados y desplazar progresivamente cualquier semilla libre que no esté bajo control corporativo.

Cuando un cultivo modificado genéticamente contamina semillas campesinas, el daño puede ser irreversible. Se pierde biodiversidad, autonomía y la capacidad de los pueblos para reproducir libremente sus semillas. Por eso la defensa de las semillas es también una defensa de la soberanía alimentaria y de la vida.

En este escenario, las mujeres campesinas e indígenas cumplen un papel fundamental. Son las guardianas históricas de las semillas, del conocimiento ancestral y de las prácticas comunitarias que sostienen la alimentación de los pueblos.

Desde la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, ANAMURI, se ha levantado una voz firme frente a esta amenaza, denunciando que la flexibilización regulatoria pone en riesgo las semillas campesinas y favorece los intereses de las corporaciones biotecnológicas por sobre los derechos de las comunidades y de la naturaleza.

También es fundamental reconocer el trabajo histórico de María Elena Rozas y de RAP-Chile, quienes durante décadas han denunciado los impactos de los transgénicos, los agrotóxicos y el avance del agronegocio sobre la salud, las semillas y los territorios. Su trabajo ha sido clave para visibilizar los riesgos de estas tecnologías y fortalecer la articulación entre organizaciones campesinas, ambientales y sociales en defensa de la soberanía alimentaria.

Las semillas no son mercancías. Son patrimonio de los pueblos al servicio de la humanidad.

Defender las semillas campesinas significa defender la biodiversidad, la cultura, la autonomía de los territorios y el derecho de los pueblos a producir alimentos sanos y culturalmente apropiados.

Frente al avance del agronegocio y de las falsas soluciones tecnológicas, la agroecología campesina sigue demostrando que es posible producir alimentos cuidando la tierra, las aguas, las semillas y la vida.

Hoy más que nunca, necesitamos fortalecer la organización, el intercambio de semillas, la producción agroecológica y la lucha colectiva contra cualquier intento de privatizar y controlar la base misma de la alimentación.

Porque sin semillas libres no hay soberanía alimentaria.
 Y sin soberanía alimentaria no hay futuro para los pueblos.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Biodiversidad la

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