Por: José Yorg. 02/05/2026
«No hay mejor prueba del progreso de la civilización que el progreso del poder de cooperación”. John Stuart Mill
“Revolución cooperativa implica una transformación de los lazos sociales que el neoliberalismo ha fragmentado. Transformar, significa desarrollar una relación social y económica del tipo cooperativo”.
“El problema de la ciudadanía pasiva, acrítica, e irreflexiva, adoctrinada en los asuntos del Estado desde la conveniencia del ejercicio del poder libre y sin control de la sociedad, situación que se deriva del inadvertido proceso de exclusión en participación ciudadana, propio de un modelo neoliberal que se limita a garantizar la inclusión de forma nominal, y a mantener la ciudadanía en la pobreza política”. Darwin Clavijo Cáceres y Sirley Juliana Agudelo Ibáñez.
Enmarcados en la conmemoración del 1° de Mayo, mientras el sistema intenta reducir nuestra jornada a un simple descanso,decimos que, a nuestro modesto juicio, creemos que es hora de dar el debate de fondo dentro del movimiento cooperativo universal, en cuanto a la necesidad de contrarrestar la deshumanización del modelo neoliberal políticamente. Por nuestra parte nos preguntamos: ¿Es pertinente hablar de revolución cooperativa?
Por tanto, para nosotros, políticamente hablando, revolución cooperativa implica una transformación de los lazos sociales que el neoliberalismo ha fragmentado. Transformar, significa desarrollar una relación social y económica del tipo cooperativo.
El diagnóstico es tan evidente como doloroso: el sistema actual ha llegado a su límite. No lo dicen solo los «desposeídos», lo admiten entre líneas las propias élites en Davos cuando hablan de un «Gran Reinicio». Pero no nos engañemos: ese reinicio no es para el pueblo, es la reingeniería del capitalismo para sobrevivir a su propia crisis de legitimidad sin ceder un ápice de control.
Sin embargo, debemos admitirlo, un muro invisible bloquea nuestras mentes. Una montaña de argumentos y traumas históricos y propaganda del individualismo extremo sobrevuela nuestro presente para susurrarnos que cualquier intento de transformación benéfica para al pueblo conduce inevitablemente al caos. El neoliberalismo ha logrado su victoria más amarga: el descorazonamiento.
Han sustraído la palabra «revolución», reemplazándola por un «cambio» incluso en la academia. Ya no se dice “pueblo”, se dice gente. Les da escozor a los neoliberales hablar de la Revolución de mayo.
La historia registra la “revolución conservadora”, bien neoliberal, por cierto, ahora el gobierno argentino desmanteló el Estado de bienestar social, antes desmantelaron el Estado peronista todo bajo aquella consigna.
La Revolución industrial parió a la Revolución cooperativa.
El odio visceral que los sectores neoliberales expresan hacia el cooperativismo no es más que el síntoma de su propio miedo: saben que hemos descubierto que se puede producir, distribuir y vivir cooperativamente.
Como sabemos, La Revolución Industrial capitalista fue un proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino de Gran Bretaña.
La Revolución Cooperativa comenzó como la respuesta humana desde las propias entrañas de la Revolución industrial en el mismo momento en que la expoliación cayó impiadosamente sobre las espaldas del trabajador.
El muro de la resignación es alto, pero la cuña de la ayuda mutua es más dura y constante. La Revolución industrial parió a la Revolución cooperativa.
La agonía del capitalismo no se resolverá con más mercado, sino con más pueblo organizado. Es momento de dejar de pedir permiso y empezar a ejercer nuestro derecho humano de vivir dignamente. La revolución cooperativa no es un sueño del pasado de los Pioneros de Rochdale; es la construcción colectiva de nuestro futuro, aquí y ahora.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!
Fotografía: José Yorg
