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1972: La imposible lucha de liberación nacional en Irlanda en la ultraizquierda histórica de Francia

por RedaccionEM febrero 19, 2026
febrero 19, 2026
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Por: Victor Ortega. 19*02/2026.

Existen dos textos de 1972 escritos por miembros de la ultraizquierda histórica de Francia —J. Yves Bériou, Serge Van der Straeten y Philippe Daufouy— a propósito de la lucha de liberación nacional en Irlanda. En Arcaica y portadora del comunismo: la lucha de clases en el Úlster, Bériou apunta la relación entre unificación nacional-valorización-modernización:

“[…] El capitalismo irlandés es un capitalismo que no ha llegado a unificarse, ni, por tanto, a modernizarse. La unificación del capital y de sus condiciones de valorización es, sin embargo, la principal reivindicación de su movimiento. El capital o se desarrolla o revienta. El origen de los acontecimientos de Irlanda reside en esta necesidad de modernización, pero no hacen sino agravar la separación entre ambas partes del capital.”

Para situar enseguida dicha relación en la separación estructural entre proletarios productores de plusvalor y proletarios excluido de la producción de plusvalor, entre naciones productoras de plusvalor y naciones excluidas de la producción de plusvalor:

“[…] Esta misma separación existente en la «nación» entre proletarios excluidos del proceso de trabajo y de su programación, y los que siguen siendo conservados como carne de plusvalor, esta división estructural del trabajo, característico de la etapa de dominación real del valor sobre el trabajo, existe también a escala internacional (puesto que el capital es universal y ha universalizado sus condiciones de valorización) entre naciones excluidas del proceso de trabajo y de su programación a escala internacional (es decir, de la valorización) y naciones conservadas como carne de plusvalor en el seno de este proceso.

“Las primeras zonas son sacrificadas, es decir, excluidas del capital productivo. Irlanda, por su posición histórica específica pertenece, es el prototipo mismo de esas zonas o naciones rechazadas de forma estructural y programada del proceso productivo internacional. Esta es la primera contradicción que acosa tanto a burgueses irlandeses del Norte como a los del Sur: su necesidad de unificación, de modernización, de transformación de las estructuras de la producción para ir hacia un desarrollo y en el que el capital se valorice sin inconvenientes es contrario a la división internacional que asigna a Irlanda este papel de sacrificada. Hay una contradicción entre el interés local del capitalismo y su interés internacional. (Subrayado nuestro)

“[…] cuanto más se desarrolla el sistema capitalista, más difícil es alcanzar su nivel de desarrollo partiendo de las zonas subdesarrolladas, y cuanto más se desarrolla el capitalismo a nivel internacional, más posibilidades tienen las zonas subdesarrolladas de seguir siéndolo, e incluso de permanecer estructuralmente subdesarrolladas; en otras palabras, su desarrollo consiste en volverse imposibles de desarrollar.

“[…] En pocas palabras, la situación irlandesa puede resumirse así: al desarrollarse y desarrollar sus condiciones de existencia a escala mundial, el capitalismo no puede ni debe otorgar la ciudadanía capitalista a ciertas partes del mundo. Para Irlanda, la forma de entrar en el capitalismo internacional consiste en ser excluida. Lo mismo sucede, a distintos niveles, en Oriente Medio y Quebec… Ambigüedad. Doble carácter, pues, de las luchas que ahí se desarrollan.”

Bériou sitúa la cuestión de la lucha de liberación nacional y su imposibilidad en la producción y su división internacional del trabajo, y profundiza la cuestión. Como Invariance, reconoce el doble carácter de estas luchas y, a propósito de su carácter reaccionario, apunta sobre la refuncionalización de los arcaísmos por el capital mundial lo siguiente:

“[…] Para comprender bien el hecho de que unos proletarios se enfrenten entre sí, es preciso recordar constantemente que, en un período de ausencia de lucha contra el capital, éste tiende a hacer resurgir conflictos precapitalistas más o menos escamoteados y presentarlos como eternos y transhistóricos (mujeres-hombres, parados-trabajadores, jóvenes-viejos, etc.).

“[…] Es el clásico programa de las liberaciones nacionales, de las revoluciones «burocráticas», en el que se trata de crear el capitalismo o de permitir su desarrollo, el programa del partido bolchevique, de la CNT [Confederación Nacional del Trabajo española] o del FLN [Frente de Liberación Nacional argelino]: crear el capital nacional, el capitalismo y el proletariado. La pequeña y mediana burguesía católica, sin empleo en esta Irlanda subdesarrollada, ha logrado arrastrar tras de sí a los campesino del Sur, y a los obreros y los parados católicos del Norte (reforma agraria, democracia política, independencia nacional). En pocas palabras, la revolución capitalista, lo que explica el carácter anacrónico, precapitalista, de las fuerzas e ideologías en juego: el nacionalismo, la cuestión religiosa, etc. Pero, a diferencia de Lenin y los bolcheviques, en 1972 ya no hay forma de hacer esa revolución, y si la burguesía nacional (ligada a la Gran Bretaña) no hace la revolución (burguesa), no es porque no sea lo bastante fuerte para llevarla a cabo, sino que no puede hacerla porque no corresponde a las necesidades del capital, como hemos mencionado antes. En la URSS la revolución burguesa se hizo contra la burguesía y condujo a la creación del capital ruso. La revolución burguesa en Irlanda (como en Oriente Medio) ya no puede hacerse, pues por una parte ya está consumada en Irlanda del Norte y, por otra, la burguesía es una clase acabada en lo tocante a estas tareas históricas. Los bolcheviques hicieron historia; la revolución burguesa irlandesa no fue más que un pedo.

“[…] La aparición cada vez más frecuente, en el panorama mundial, de fuerzas ideológicas arcaicas, que se manifiestan en las áreas atrasadas del sistema, tiene como base esta característica fundamental de la etapa final del sistema: su base de existencia misma en los sectores atrasados con respecto a los sectores avanzados, siendo los unos y los otros dos aspectos complementarios de una misma realidad.

“[…] ante la imposibilidad de desembocar en otra cosa, por la sencilla razón de que la situación irlandesa es también una situación precapitalista en la que las luchas proletarias son también luchas de apoyo a la pequeña y mediana burguesía (liberación nacional de hecho imposible), y de que el proletariado católico no podría tener acceso a los puntos de producción industrial donde la dirección práctica de todo el movimiento proletario tiene sus raíces; dado que el proletariado estaba dividido (los obreros industriales son sobre todo protestantes) por la lucha que se desarrollaba, todo recayó en el fango y la basura del nacionalismo y de las luchas religiosas entre proletarios. La dirección práctica del movimiento pasó así a manos de la pequeño burguesía contrarrevolucionaria, hasta llegar a los tristes acontecimientos que todos conocemos desde hace dos años y medio. El IRA, tras el fracaso y caída del movimiento proletario, salió de su limbo para hablar de él de la forma más abyecta que quepa imaginar.

“[…] Pero el esquema tercermundista-leninista, que asimila el socialismo a la lucha de liberación nacional, y el esquema anti-tercermundista, ultraizquierdista, que asimila la lucha del proletariado irlandés exclusivamente a la lucha de liberación nacional, son tan inoperantes tanto el uno como el otro. Estos esquemas proceden de la comprensión de un periodo agitado del sistema capitalista, durante el cual el capital todavía dominaba formalmente y aún existían luchas de liberación nacional reales, en el sentido de la acumulación y de la creación de un capital nacional. Ahora que estas luchas de liberación nacional son imposibles y que el capital domina realmente, todas las zonas capitalistas, incluso las poco desarrolladas, están bajo su dominación integral y la lucha del proletariado en ellas ya es virtualmente comunista.

“Sin embargo, y por esta misma razón, el proletariado no logra imponer su lucha en Irlanda, ya que se ve continuamente reducido a una lucha de liberación nacional y capitalista. En efecto, la revolución comunista no puede partir sino de los países industrialmente avanzados, y no puede adquirir su sentido y su rumbo más que a través de las luchas del proletariado industrial, lo que acarrea forzosamente que cada lucha del proletariado irlandés sea aplastada militarmente por el Estado o por las fuerzas contrarrevolucionarias, cuyas bases sociales están muy arraigadas en la situación. Y en cada ocasión, las fuerzas de liberación nacional o de la democracia política, como el IRA [Ejército Republicano Irlandés] o el UFV [Fuerza Voluntaria del Úlster], reintegran y recuperan al proletariado para su lucha en pro del capital, y éste queda reducido de nuevo a no ser más que una fracción del capital, capital variable en movimiento y concurrencia; de ahí los enfrentamientos entre proletarios católicos y protestantes. El hecho de que no puede afectar a la producción capitalista, dado que ésta no está más que en sus inicios, lo reduce, por tanto, como en la URSS de 1917 o en Cuba en 1956, a no ser más que una fuerza de apoyo a la pequeña y mediana burguesía de cara a la creación o la continuidad de esa producción.

“[…] el proletariado del Úlster podrá alcanzar inmediata e históricamente el nivel más avanzado de la revolución proletaria comunista cuando ésta se desencadene, y su contribución será directamente negadora del capital y portadora del comunismo. Los proletarios irlandeses podrán por fin realizar sus momentos de ruptura, siempre aplastados y vueltos contra ellos, integrándolos en el movimiento real. Irlanda solamente es capitalista desarrollada a nivel internacional, debido al lugar que ocupa en la división internacional del trabajo –y no a nivel irlandés-, el proletariado irlandés es, en potencia, directa e inmediatamente «internacional».” (Subrayados en negritas, nuestros)

Lo chocante y problemático de las tesis de Bériou es que puede desprenderse de ellas sin que por ello esté fundada la observación, que los proletarios de los países coloniales, o el tercermundo en general, no tenían nada que aportar a la lucha de clases internacional. No obstante, apuntamos aquí dos cuestiones: 1) Invariance ya señaló que las guerras anticoloniales y las luchas de liberación nacional, siendo el fenómeno más importante desde la revolución rusa de 1917, movilizaban de algún modo al proletariado de la zona euro-norteamericana y que, de suyo, no debían ser menospreciadas, aún y en un contexto histórico en el que el partido proletario estuviera ausente a nivel mundial, que era, en el contexto de la transición a las relaciones sociales capitalistas, la condición del transcrecimiento, que posibilitaba llevar las luchas de liberación nacional al terreno de una revolución comunista. Por otro lado: 2) la ultraizquierda histórica no se detuvo en esta problemática tesis de la imposibilidad y avanzo hacia el análisis de la nueva materialidad social del modo de producción capitalista, la tesis del pasaje de la dominación formal a la dominación real del capital, que ya hemos mencionado en otras entregas a propósito de la periodización de la lucha de clases y que abordaremos específicamente en una próxima entrega.

Por su parte, en La contrarrevolución irlandesa, del mismo año, comentando el desarrollo histórico del capitalismo en Irlanda y su relación y diferencia con las luchas de liberación nacional del tercermundo, Van der Straeten-Daufouy apuntan:

“[…] Existe una analogía entre la situación estratégica de Irlanda respecto a Inglaterra y la que ocupará más tarde Rusia respecto a Alemania, cuando esta haya sucedido a Inglaterra como bastión del capitalismo. Cuando en 1916, un año antes que los rusos, los irlandeses se sublevan, su tentativa revolucionaria no afectará en absoluto al bloque de los Aliados.

“[…] Para Marx, la independencia irlandesa no fue nunca más que una «secesión de la peble» al modo romano. En su pensamiento –y durante un período muy breve, habría bastado para debilitar a las clases dominantes inglesas. Por eso, en ningún lugar de su obra se planteó la cuestión de las posibilidades de supervivencia económica de Irlanda, cuestión que más tarde resolvieron afirmativamente las corrientes «tercermundistas», para las que un pueblo con suficiente determinación puede obrar milagros.

“[…] Es un fenómeno universal: ninguna revolución burguesa triunfó jamás sin la participación efectiva de una franja del proletariado, un desbordamiento plebeyo necesario para asegurar la victoria. Pero la burguesía, clase demasiado débil por sí sola, debe luego eliminar por la fuerza ese elemento para afirmar su dominación.

“[…] el Estado no pudo hacer frente a un nivel demasiado alto de desempleo y emigración (migración de las clases en edad productiva), a diferencia de lo que ocurre en ciertos Estados pequeñoburgueses del Tercer Mundo, donde un buen ejército basta para contener a grandes masas de indigentes desarraigados en los suburbios de las grandes ciudades. En Irlanda, el Estado, sin una sólida base de clase, era demasiado débil ante la combatividad obrera y campesina. Cuando, a partir de 1955, la producción nacional empezó a decaer, la balanza de pagos se volvió demasiado deficitaria y la tasa de desempleo demasiado alta, fue necesario tomar la decisión de regresar al seno del imperialismo.

“[…] Irlanda ha vuelto a entrar en la órbita del «imperialismo» británico, pero el concepto de imperialismo ya no abarca la realidad a la que durante mucho tiempo estuvo asociado: una fuerza militar y económica que frena el desarrollo de las zonas dominadas.

“[…] Algunos países, como Brasil o Grecia, por citar los ejemplos más recientes, pueden lograr cierto desarrollo bajo dictaduras militares, pero lo deben siempre a su interés estratégico, que atrae la ayuda financiera de las grandes potencias. Irlanda, en cambio, carece de todo interés estratégico, y la negativa de la joven República a adherirse a la OTAN en 1949 pasó completamente desapercibida.

“[…] Para el proletariado, la mejor solución constitucional seguirá siendo la supresión simultánea de los tres: Stormont, la frontera y la República, y su reemplazamiento por una federación con Inglaterra. Esa ya era la solución preconizada por Marx y el «partido irlandés» en el seno de la AIT en 1870. Después de un largo rodeo por la prehistoria, volvemos a toparnos con esta solución, ya no como el único producto necesario del «movimiento de las clases inferiores» que animaba entonces a Irlanda, sino como el único marco verdaderamente adecuado a la realidad económica y social actual del país. El Estado del Sur y lo que queda del Estado del Norte no son ya más que superestructuras inadaptadas a las fuerzas sociales que están encargadas de contener.”

Por lo que podemos leer, la diferencia de Irlanda con el tercermundo se producía al interior de una totalidad mundial segmentada y jerarquizada aún no plenamente desarrollada.

*** Las traducciones de los textos citados se pueden encontrar aquí: https://dndf.org/?p=22077…

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