Por: Victor Ortega. 13/09/2025.
Guillermo Rousset Banda y otros militantes del Partido Mexicano del Proletariado (PMP) regresan a México del exilio europeo en 1975. Ese mismo año editan dos ensayos: Sobre la revolución proletaria y Acerca de la táctica de la revolución permanente en México, ambos escritos en París en 1968 y publicados en México bajo el seudónimo de Adolfo Vega por Ediciones Acción Proletaria, del PMP. Los ensayos están acompañados de una editorial anónima en la que se deslindan de la posición leninista del partido y suscriben la autogestión, y dos anexos: uno sobre los problemas teóricos de la revolución y uno sobre el carácter del partido proletario.
Dice la editorial, de septiembre de 1974:
“[…] En el enfoque de la problemática revolucionaria que hace Vega en su ensayo no se trata de la “revolución socialista” sin más, sino de la explicación del concepto marxista de ciclo de revolución permanente, que se inicia en la fase política y conduce hasta la formación social del comunismo.
“El tema de la revolución proletaria… contribuye a lograr mayor precisión en la caracterización de las tareas políticas del proletariado frente a su enemigo principal de clase.”
Para Rousset Banda, el ciclo entero de la revolución proletaria se realiza en un plano formal, en el que la lucha de la clase proletaria concreta se despliega en los marcos del Estado nacional en conexión esencial y directa con el despliegue en los marcos de la lucha de clases internacional, que es su contenido real, y que se traduce en el pasaje de la revolución política a la revolución social. Este estos despliegues y desdoblamientos, caben alianzas entre clases que no responden a las mismas determinaciones que las del oportunismo:
“[…] la revolución social implica a la totalidad. De ahí que se despliegue en un ciclo de revoluciones parciales, necesarias como momentos sustanciales dentro del cambio económico, político, cultural, etc., de la vieja sociedad.
“Según Vega, las fases del ciclo son las siguientes:
“-La revolución política (toma del poder)
“-La revolución social o económica (expropiación de los expropiadores)
“-La revolución cultural
“-La revolución antinacionalista
“-La revolución de las costumbres y la moral
“-La revolución de la conciencia”
Y en seguida realiza un distanciamiento con la situación de los llamados Estados socialistas:
“Condición esencial para el avance del ciclo revolucionario en toda su intensidad y extensión es que el régimen de dictadura del proletariado (principalmente durante las dos primeras fases del ciclo) impulse al Estado de transición hacia su completa disolución. La tendencia inversa, que se observa hoy en todos los Estados burocráticos, implica la detención del ciclo entero de la revolución social proletaria.”
Sobre el carácter del partido proletario, apunta la editorial:
“[…] la fusión entre su ser material y su conciencia se lo da al proletariado la praxis, sus luchas primero “espontáneas” y siempre permanentes contra el capital. En tal contexto el papel de la intelectualidad es la de auxiliar del proletariado y su aportación más significativa está dada, en todo caso, por su capacidad para teorizar, categorizar y difundir la lucha de clases del proletariado, ayudándolo a construir una perspectiva clara de acuerdo a sus verdaderos intereses.”
“[…] Entendemos tal partido como el producto del movimiento social generado por las contradicciones del capitalismo y cuya esencia estriba en la teorización de la lucha de clases, su vinculación práctica a estas luchas y su capacidad para definir una perspctiva científicamente revolucionaria (Programa).”
A la centralización administrativa y política del poder en México, el PMP opone la autogesión:
“[…] El Partido tiende por ello a destruir en la práctica, el mito del Estado-patrón por encima de las clases buscando “la conquista de un poder obrero en los lugares de producción, no como un fin en sí, sino como la prefiguración de la autogestión social por los productores soberanos”.”
Finalmente, su deslinde formal de la posición leninista del partido:
“[…] Una advertencia más. Cuando este folleto fue escrito por primera vez en 1968 todavía nos caracterizábamos por nuestra defensa enconada de las formas centralizadas de organización. En nuestra concepción acrítica de entonces pretendíamos seguir al pie de la letra todo lo dicho por el leninismo en cuanto a formas específicas de lucha. La reflexión acerca de la práctica histórica seguida por el movimiento obrero de otros países –y por el nuestro propio- y la atención a los argumentos empleados contra las formas leninistas por otros marxistas europeos –Luxemburgo, Korsh, Pannenkoek, etc.- nos hicieron poner en entredicho tales concepciones y experimentar formas propias, más adecuadas a la situación política nacional. “
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En el primer ensayo se desarrolla la teoría de la revolución permanente, su forma, su contenido, su ciclo, sus fases, su función y su curso. En el segundo, la teoría de la revolución permanente se desarrolla hasta los principios estratégicos y tácticos, postulando en todo momento la centralidad del proletariado en la lucha y su vínculo práctico con el partido y su programa, lo que supone una caracterización mínima de la estructura social de Rusia, China, Cuba, Vietnam y Argelia, la noción de enemigo principal, posiciones sobre los sindicatos, y una crítica de la guerrilla como forma principal de lucha, detallados en los anexos.
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La crítica de la guerrilla como forma principal de lucha se sitúa en la concepción insurrecional de Rousset Banda, dice Acerca de la táctica de la revolución permanente en México:
“[…] Por insurrección nacional se entiende la participación, práctica y decidida, en diversas formas y con diferentes ritmos, de suficientes sectores del proletariado y la burguesía democrática –pequeña y mediana burguesía urbana, pequeños y medianos campesinos, campesinos pobres- en la lucha de clases política dirigida hacia la conquista del poder político, que incluye, como principal medio táctico, la lucha armada de todos los tipos, pero no se reduce a ella exclusiva; la guerrilla rural, la organización de la resistencia y el sabotaje urbanos, la huelga y el paro políticos, la constitución de un ejército de línea, etc., son sólo formas posibles que la insurrección nacional puede adoptar y utilizar en su combinación, con preferencia de unas sobre otras según el momento, etc.
“En cuanto al caso particular de la guerrilla, rural o urbana, dos aspectos quedan evidentes, a saber:
“1. Sería absurdo considerar, a semejanza de los sectarios castristas o maoístas, que tal método táctico de la revolución constituye de antemano la forma exclusiva y excluyente, o siquiera la principal, porque su papel depende de las circunstancias concretas.
“2. En razón de las condiciones peculiares del país, para comenzar su extensión y población, resulta obvio que unas cuantas guerrillas aisladas carecen de toda efectividad práctica: militar, política, económica, que sólo podrá lograrse, supuesto el caso, mediante la multiplicación de las guerrillas y la amplificación de sus acciones sobre partes considerables e importantes del territorio, como prueba la práctica histórica durante las diversas insurrecciones nacionales: La Revolución de Independencia, La Guerra Revolucionaria Democrático-burguesa.
“En consecuencia, nuestro Partido, que acepta la violencia como principio revolucionario y estima que la revolución política proletaria no puede llevarse a término sino mediante prolongada guerra civil, sólo puede asumir la lucha armada cuando se trate de la insurrección nacional, que presupone el más amplio apoyo de las clases explotadas en el orden económico y oprimidas en el político, pero, antes que nada, del proletariado que trabaja en la industria urbana. En lo referente al asunto de la guerrilla, sólo cabe adoptarla como método táctico cuando exista la probabilidad efectiva de poner en acción múltiples centro cuyas acciones puedan irradiar sobre extensas e importantes regiones del país. En las condiciones del período histórico actual, quiere decir, en el presente y porvenir inmediatos, emprender acciones de carácter militar –guerrillas, sabotaje, terrorismo, etc.- o participar en ellas, cuando no se cuenta ni se podrá contar de momento con amplio apoyo de las clases trabajadoras y, sobre todo, del proletariado, resulta inadmisible y sólo conduciría a incurrir en el aventurerismo pequeñoburgués o estudiantil, cuya consecuencia práctica sería, con mucha probabilidad, la aniquilación.
“Los dos presupuestos esenciales requeridos para emprender la acción militar estriban en contar con el apoyo suficiente de la clase proletaria por un lado: objetivo, y con la organización partidaria consistente, capaz y probada en la lucha por otro: subjetivo.”
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La crítica intransigente y demoledora, no atrapaba al PMP en un sectarismo ridículo. Sus militantes practicaron una pragmática solidaridad de clase con sus combatientes agrupados en otras formalizaciones políticas.
En su texto El legendario Guillermo Rousset Banda, un ausente imprescindible (2018) de Joel Ortega dice de una militante clandestina del PMP:
“[…] la doctora Emma Manifacio realizaba una labor incansable de atención médica a los militantes ultras del PMP, a los de la Liga Comunista Espartaco e incluso al propio Lucio Cabañas.”
A lo que agrega Antonio Rousset Bonilla en una nota editorial: “La solidaridad de algunos miembros del PMP con la guerrilla no constituye una casualidad, a pesar de que la mayoría mantenía serias reservas con una forma de lucha que consideraban limitada en su alcance y contenido.”
