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Va de cuento (La granja del tío Fiebel).

Por: Gilberto Dorantes Álvarez. 08/05/2017 

Hace muchos pero muchos años, en uno de los tantos corrales que tiene la segunda granja más grande de Don Irpnap D. Nació un lechoncito chistoso desde el nacimiento mismo al que por las graciosidades le apodaron “payaso”. 

“Payaso” se convirtió en poco tiempo el principal atractivo de la granja de Don Irpnap, pues era el más rechoncho de la camada y a la hora de mamar, era siempre el que escogía el mejor lugar para alimentarse. Al pasar los primeros tres meses de su nacimiento “payaso” ya se había convertido en todo un joven marrano dispuesto a salir y explorar su entorno, cada vez necesitaba menos de los cuidados de la madre y el tiempo que pasaba fuera del corral, cada día era mayor. De esa manera se dio la oportunidad de conocer a muchos animales que formaban parte de la granja de Don Irpnap D., siempre se mostraban juguetones y comían juntos los alimentos que para ellos les disponía el dueño de la granja, hasta que un día se aventuró más allá de los límites de la granja y junto con otros mayores que él empezó a hacer sus primeras fechorías al empezar a escarbar en terrenos que no eran los propios. Así continuó por muchos días, corriendo por todos lados y de vez en cuando hurtaba algo para saciar su hambre que siempre fue en aumento hasta convertirse en todo un jovenzuelo con aspiraciones propias que iban más allá de los alimentos que le daba Don Irpnap D.

La granja ya la conocía por todos sus rincones, sabía dónde echarse cuando saciaba su hambre sin ser molestado por el resto de los animales, sabía en donde se encontraban los mejores charcos, los cuales usaba para refrescarse del insoportable calor, andaba por toda la granja y tenía sus propios métodos para poder escabullirse fuera de la cerca. 

Conoció a una hembra de iguales ambiciones y juntos se iban de pinta sin otra cosa más que satisfacer sus propias necesidades. Juntos se convirtieron en el terror de la granja, pues eran capaces de cometer todas las fechorías marraniles a su alcance, al grado que robaban la comida de los lactantes, y lo mismo se comían las zanahorias de los caballos que los olotes del burro, el maíz de las gallinas, las calabazas de Don Irpnap, la sopa de los perros, el alimento de los gatos y fue tanta su osadía que un día en que don Irpnap estaba enfermo y por consiguiente no salió a alimentar a los animales de la granja, esta pareja de rufianes del “payaso” y su compañera, entraron a la casa de Don Irpnap y aprovechando que dormía, hicieron un vil desmadre, comieron de todo, hicieron un tiradero, situación que algunos otros animales aprovecharon para entrar por la puerta forzada y prácticamente arrasaron con todo, pues hasta las panelas desaparecieron y los chayotes que guardaba Don Irpnap D. 

“Payaso” ya estaba rechoncho y aun así quería más, pero fue tanto el ruido que hicieron que despertó al dueño de la granja y Salió en busca del principal actor, pero este ya se había escabullido entre el borlote armado. Así anduvo por un tiempo, escondiéndose de Don Irpnap que en la mano blandía un cuchillón listo dizque para convertirlo en carnitas.

Todos los de la granja se molestaron mucho con “payaso” porque prácticamente se quedaron sin nada, la destrucción fue casi total, ahora todos quieren lincharlo, pero se les escondió y no saben dónde se encuentra. Pasaron muchos días hasta que el vecino de otra granja dio avisó a Don Irpnap que en sus tierras había visto su marrano, Don Irpnap D., envío a un emisario para que le trajeran a “payaso”. 

Ahora todos están esperando que llegue “payaso”. Todos quieren ajustarle cuentas, hasta los gatos quieren un poco de manteca, la cola es enorme, pero Don Irpnap, tal vez le tomó mucho cariño a “payaso”, porque nada que le asesta la puñalada final, o tal vez esté esperando la fiesta grande donde Don Irpnap D. se reúne con todos los granjeros para elegir a su representante. Reflexionemos mientras llega el próximo café. 

Fotografía: Rodríguez

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