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Palestina, la virtualidad como territorio de resistencia y disputa en la nueva fase

por RedaccionA junio 19, 2026
junio 19, 2026
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Por: Alejandra Rizzo. 19/06/2026

Palestina, la virtualidad como territorio de resistencia y disputa en la nueva fase

El g3nocidio que atraviesa el pueblo palestino no se desarrolla únicamente sobre el territorio físico de Gaza y Cisjordania ocupada. También se libra en el terreno de la información, las plataformas digitales y la producción de subjetividades. Mientras la población palestina enfrenta la histórica ocupación, bombardeos, desplazamientos forzados, hambre y destrucción sistemática de su infraestructura civil, se despliega simultáneamente una disputa mundial por el relato, la visibilidad y la legitimidad política.

En esta nueva fase del capitalismo, las disputas geopolíticas ya no se desarrollan únicamente sobre territorios físicos, recursos estratégicos o corredores comerciales, también se libran sobre la infraestructura digital. La guerra cognitiva, la ciberguerra y la utilización de las redes sociales como nuevos dispositivos de elaboración de subjetividad se han convertido en herramientas centrales de las disputas de poder contemporáneas.

Las grandes élites que conforman la Nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica (NAFT) encontraron en las plataformas digitales un mecanismo para intervenir sobre el debate público, administrar la circulación de información y modelar percepciones sociales en tiempo real. Corporaciones tecnológicas con capacidad de alcance global como Meta, Google, Amazon, Microsoft o X concentran niveles inéditos de poder sobre la circulación de información, convirtiéndose en actores con capacidad de incidir sobre conflictos, procesos políticos y disputas geopolíticas.

En este escenario, la manipulación de las mentes pasó a ocupar un lugar decisivo dentro de las estrategias de dominación, complementando las formas tradicionales de intervención política y militar. Los llamados “golpes blandos” expresan con claridad esta transformación, donde ya no dependen exclusivamente de las fuerzas armadas, sino también de operaciones mediáticas, mecanismos judiciales, dispositivos algorítmicos y procesos de manipulación comunicacional capaces de desestabilizar gobiernos, disciplinar sociedades y reconfigurar consensos políticos sin necesidad de una ocupación militar directa.

Es en ese sentido que la disputa en torno a Palestina expresa con claridad este nuevo escenario. Mientras el pueblo palestino enfrenta un g3nocid1o, denunciado por numerosos organismos internacionales por ser constitutivo de graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario y crímenes de guerra, donde la reducción poblacional alcanzó 254.000 personas por muertes, desplazamientos y condiciones de vida (según la Oficina Central Palestina de Estadísticas), en paralelo se despliega una ofensiva tecnológica y comunicacional orientada a controlar los relatos, disciplinar la circulación de imágenes y videos, y limitar la construcción de solidaridad internacional.

La batalla por el relato

Según el artículo de Aouragh (2026), llamado “Ilusiones digitales, delirios políticos, la propaganda Hasbara de Israel revisitada en tiempos de genocidio”, la estrategia comunicacional del Estado sionista de Israel tiene como eje histórico la Hasbara, término hebreo que puede traducirse como “explicar”. En la nueva fase que vivimos, esta política excede ampliamente la diplomacia tradicional y se articula mediante una estructura sofisticada de guerra digital basada en inteligencia artificial, publicidad segmentada, redes de influencia digital y operaciones algorítmicas coordinadas.

El ecosistema comunicacional sionista funciona mediante una red integrada por organismos estatales, empresas privadas, plataformas tecnológicas, influencers pagos y agencias de publicidad. Según la revista Frontiers in Political Science, el Ministerio de Relaciones Exteriores israelí y la Unidad del Portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel operan cientos de cuentas oficiales en múltiples idiomas con el objetivo de intervenir directamente sobre las audiencias internacionales.

A esto se suma el rol de Lapam, la agencia gubernamental de publicidad de gobierno, encargada de ejecutar campañas masivas en redes sociales durante momentos críticos. Estas operaciones buscan inundar plataformas como Instagram, TikTok, X o YouTube con contenidos pagos orientados a legitimar las acciones de Israel y bloquear la circulación de denuncias sobre el g3nocid1o en Palestina.

En paralelo, grupos proisraelíes y estructuras asociadas al denominado “advocacy”, como el Proyecto Esther de Estados Unidos, financian redes de creadores de contenido que incorporan mensajes sionistas en publicaciones cotidianas, sumado a las redes de trolls y campañas coordinadas de reportes masivos para eliminar contenidos palestinos o de solidaridad internacional.

Según informes de Human Rights Watch, Access Now, Electronic Frontier Foundation, 7amleh y Social Media Exchange (SMEX)1 y otras organizaciones especializadas en derechos digitales, las publicaciones que documentan bombardeos, desplazamientos forzados o asesinatos de civiles palestinos son frecuentemente objeto de restricciones, remociones o limitaciones algorítmicas en distintas plataformas. El objetivo es impedir que determinados relatos se vuelvan virales y neutralizar rápidamente cualquier contenido que cuestione la narrativa sionista.

El Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS por sus siglas en inglés, Institute for National Security Studies), de la Universidad de Tel Aviv, y uno de los think tanks de seguridad más influyentes de Israel, caracteriza esta arquitectura como una “Cúpula de Hierro Digital”, una infraestructura tecnológica y comunicacional destinada a blindar el relato sionista en el territorio virtual global.

A esto se suma la utilización de estrategias de desinformación destinadas a sembrar dudas sobre los testimonios palestinos, donde conceptos como “Pallywood” son utilizados por cuentas sionistas para acusar falsamente a la población palestina de “fabricar escenas de sufrimiento” y forman parte de una lógica de deshumanización que intenta relativizar las violaciones a los derechos humanos y desplazar el foco de las responsabilidades estatales sobre la población civil palestina.

En esta nueva fase, la producción y difusión audiovisual ocupa un lugar estratégico, donde la circulación de imágenes, videos y narrativas del genocidio se volvió central para construir legitimidad política. Mientras que desde Gaza se viralizan videos protagonizados por niñeces palestinas, mujeres cocinando entre escombros, cuidando niñeces en campamentos o reconstruyendo redes comunitarias bajo bombardeos constantes, las cuentas oficiales israelíes y sectores afines impulsan contenidos orientados a humanizar a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), muchas veces mediante escenas de soldados bailando, rutinas cotidianas o estéticas propias de influencers militares.

Narrar el g3nocid1o desde el territorio

Las periodistas palestinas cumplen un rol central en la disputa del territorio virtual, ya que son quienes documentan el g3nocid1o desde el territorio buscando romper el cerco mediático internacional, razón por la cual también son foco principal de ataques. Artículos y denuncias de organizaciones como la ONU, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) o reportajes en medios como El País y Yemayá Revista afirman que las comunicadoras palestinas enfrentan una “triple opresión”.

Además de la explotación laboral propia del sistema capitalista y de las desigualdades estructurales vinculadas a los roles de cuidado propias del patriarcado, las periodistas se enfrentan a riesgos extremos por el hecho de ser palestinas. Según el Sindicato de Periodistas Palestinos (PJS), entre 2023 y 2025 fueron asesinadas 34 periodistas palestinas.

La causa palestina ha logrado convertirse en una causa de los pueblos libres del mundo, por lo que han emergido nuevas redes comunicacionales de periodistas, activistas y colectivas transfeministas que buscan romper el cerco mediático mediante la difusión del g3nocid1o y la lucha por la soberanía del pueblo palestino.

En América Latina, estas redes de solidaridad también se expresan en movimientos sociales, sindicatos, organizaciones de derechos humanos, espacios académicos y medios de comunicación alternativos que disputan los sentidos construidos por los grandes conglomerados mediáticos internacionales y contribuyen a sostener una agenda internacionalista de apoyo al pueblo palestino.

Surgen, entonces, nuevas iniciativas internacionales de carácter pacífico como Global Sumud Flotilla y Global Sumud Maghreb, movimientos compuestos por activistas de todo el mundo cuyo objetivo es llevar ayuda humanitaria al pueblo palestino y denunciar el bloqueo sobre la Franja de Gaza.

Estas iniciativas también han enfrentado obstáculos, persecuciones y vulneraciones de derechos durante su desarrollo. Entre los casos más recientes se encuentra el de Lucas Aguilera y Paula Giménez, directores de investigación de NODAL e integrantes del convoy Global Sumud Maghreb, quienes el pasado 24 de mayo fueron secuestrados por fuerzas de facto en territorio libio mientras participaban de una misión civil y humanitaria de solidaridad con Palestina. A la fecha continúan detenidos ilegalmente junto a otros integrantes de la misión internacional.

La violencia desplegada contra Palestina deja al descubierto dispositivos contemporáneos de dominación constituidos por el control de la información, las plataformas y los algoritmos, profundizando la dimensión de la guerra multidimensional en la que se encuentra inmerso el sistema internacional contemporáneo. Estos hechos reafirman que la virtualidad es un territorio estratégico donde se disputa legitimidad, legalidad y soberanía.

Frente a ello, las redes de solidaridad digital y ayuda humanitaria constituyen formas concretas de resistencia frente a las múltiples expresiones de violencia que atraviesan nuestros territorios y subjetividades. Sostener y profundizar estas luchas continúa siendo una tarea fundamental para quienes aspiran a un mundo más justo, soberano, profundamente humano y libre.

1.Human Rights Watch (dedicada a investigar abusos y promover la defensa de los derechos humanos); Access Now (enfocada en defender y ampliar los derechos digitales de los usuarios en riesgo para garantizar un internet libre, abierto y seguro); Electronic Frontier Foundation (defiende activamente las libertades civiles, la privacidad y la libertad de expresión en el entorno digital); 7amleh (centro árabe para el avance de las redes sociales); SMEX (Social Media Exchange, promueve los derechos digitales, la privacidad y la libertad de expresión específicamente en la región de Medio Oriente y el Norte de África)

*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Feminista Aquelarre en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de Nodal

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Nodal

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