Por: Kay Mann. 27/04/2026
Las manifestaciones masivas “No Kings!” previstas para el 28 de marzo y los ambiciosos preparativos para las movilizaciones del 1 de mayo muestran la creciente unión de las fuerzas que se oponen a Trump. Esta convergencia se produce en el contexto de los ataques de Trump contra los derechos democráticos en Estados Unidos y contra la soberanía de países extranjeros -el ejemplo más reciente es su agresión irresponsable contra Irán- y en el contexto de la caída de su índice de popularidad.
Desde que Trump fue elegido para un segundo mandato, han surgido tres polos de resistencia popular y obrera. El primero gira en torno al colectivo Indivisible, un colectivo con predominio de las ONG que organizó las dos primeras manifestaciones “No Kings!” en 2025 y que ha convocado una nueva serie de manifestaciones para el 28 de marzo de 2026. Cerca de 25 millones de personas salieron a las calles por todo el país en las últimas manifestaciones. Estas manifestaciones han permitido expresar el rechazo a Trump en muchos frentes, como lo demostraron las marchas y las pancartas, sobre todo en defensa de las y los inmigrantes, en solidaridad con Palestina (aunque Indivisible, en sus declaraciones oficiales, no mencionara ni a Gaza ni a Palestina), en defensa de las comunidades LGBTQI+, del medio ambiente y, por supuesto, en general en oposición a la política de Trump que conduce al autoritarismo.
El movimiento contra el ICE
El segundo frente de resistencia contra Trump es el movimiento contra el ICE, la policía de inmigración. La resistencia de las redes anti-ICE de Minneapolis, ante la llegada de más de 3000 agentes del ICE, cautivó la imaginación de antifascistas y antiautoritarios de todo el mundo. El asesinato de Renee Good, activista en apoyo a las personas inmigrantes y ciudadana estadounidense, a manos de agentes del ICE en Minneapolis, cerca del lugar donde George Floyd fue asesinado por un policía en 2020, seguido unos días más tarde por el asesinato de Alex Pretti, también ciudadano estadounidense y blanco, desencadenó un amplio movimiento de protesta que está sacudiendo la situación política estadounidense. Estas manifestaciones masivas y las redes que participan en ellas forman parte de un nuevo movimiento social de masas que reúne todas las características de un movimiento social. La primera de estas características es su magnitud. Si bien las manifestaciones callejeras reunieron a mucha gente, la participación en las redes de solidaridad también fue muy alta. Entre el 25 % y el 50 % de la población de Minneapolis y St. Paul (ciudad vecina de Minneapolis) participó en las movilizaciones y en las redes de ayuda mutua, una proporción excepcional.
La creación de nuevas organizaciones también es típica de un movimiento social. El movimiento anti-ICE ha desarrollado nuevas organizaciones y ha integrado colectivos y redes militantes ya existentes, en particular asociaciones de barrio y redes creadas durante la movilización que siguió al asesinato de George Floyd en 2020. Además de las propias redes, se han desarrollado alianzas entre grupos anti-ICE -nuevos y antiguos-, como en Chicago, donde se fundó una coalición que agrupa a un centenar de organizaciones de toda la ciudad, la Immigrant Coalition for Immigrant and Refugee Rights. Estos grupos se coordinaron con los activistas anti-ICE de Minneapolis. En algunos casos, esto se logró gracias a vínculos ya existentes establecidos por los sindicatos.
El movimiento anti-ICE está presente no solo en Minneapolis y en ciudades como Los Ángeles y Chicago, donde ha habido un despliegue muy importante de ICE, sino también en ciudades como Milwaukee, que por ahora no han visto llegar en masa a los agentes de ICE, pero donde se está desarrollando un movimiento anti-ICE en preparación para tal eventualidad.
Las acciones concretas del movimiento
Este movimiento ha demostrado un nivel de organización impresionante y ha sabido utilizar métodos tradicionales de los movimientos sociales, como las manifestaciones y el boicot, así como variantes originales de estas tácticas. En los barrios, las redes de reacción rápida han creado grupos en la app de mensajería Signal para poner en contacto a las y los activistas (mucha gente participaba por primera vez) y organizar la defensa colectiva a través de diversas formas de ayuda mutua para que las y los inmigrantes puedan escapar de las patrullas de ICE, como la entrega de comida. Cuando se avista al ICE en algún lugar, se avisa en los grupos de Signal y todo el mundo se apresura a acudir al lugar para ayudar y grabar sus actividades. Se difunden los números de matrícula de los vehículos del ICE y la gente activista sigue con sus coches los movimientos del ICE. Se usan silbatos para alertar de la presencia del ICE. La forma en que se organiza la actividad para seguir en coche a los vehículos del ICE recuerda a los piquetes móviles que se montaron durante la huelga nacional del sector textil de 1934 y durante la famosa huelga de camioneros de Minneapolis de 1934.
Se organiza un boicot contra la empresa de alquiler Enterprise y contra los hoteles Hilton, que han alquilado vehículos al ICE y alojado a sus agentes. Se trata de adaptaciones de los métodos utilizados desde los años 80 para presionar a las empresas de forma indirecta, apuntando a sus clientes. En todo el país, estudiantes de secundaria y universitarios se han negado a ir a clase para protestar contra las redadas del ICE, y hay nuevas movilizaciones previstas para el 1 de mayo.
Numerosos sindicatos, entre los más importantes del país, como el Sindicato Internacional de Empleados de Servicios (SEIU), el Sindicato de Trabajadores del Automóvil (UAW) y sindicatos de docentes locales y nacionales, entre ellos la Federación Americana de Docentes (AFT) y la Asociación Nacional de Educación (NEA), así como la propia federación AFL-CIO, han expresado su oposición al ICE. En Minneapolis, estos sindicatos y otros más apoyaron las manifestaciones del 23 y el 30 de enero.
May Day Strong
El tercer polo de resistencia es May Day Strong (MDS), que reúne a sindicatos de izquierda y secciones sindicales, como el sindicato de docentes de Chicago (CTU) o las secciones combativas del SEIU en Minneapolis. MDS está preparando una jornada de acción para el 1 de mayo (May Day en inglés) que consistiría en una huelga general, una huelga de estudios y una huelga de consumo. 3000 personas participaron en una videoconferencia organizada recientemente por MDS para debatir las acciones del 1 de mayo, en particular las huelgas, la ausencia a clase y el boicot económico. La movilización del 1 de mayo de este año seguramente no será una huelga clásica con paros convocados por los sindicatos, debido a las leyes que prohíben las huelgas políticas y a los convenios colectivos en los que los sindicatos han renunciado a la huelga. Pero la agitación a favor de una huelga general va a estimular el debate en torno a la cuestión de la movilización en los centros de trabajo, las huelgas masivas y la necesidad de oponerse a las leyes que restringen la acción sindical.
Es muy posible que las acciones de este 1 de mayo se parezcan un poco a las de 2006 durante el Día sin latinos, que contó con manifestaciones masivas en ciudades como Los Ángeles y Milwaukee –ciudades donde vive una importante población de origen mexicano y latino– así como huelgas de facto cuando muchos trabajadores y trabajadoras se dieron de baja por enfermedad o simplemente no acudieron al trabajo para manifestarse.
La extrema izquierda estadounidense y el movimiento anti-Trump
Más allá de la actividad local contra el ICE en Minneapolis y otros lugares, y de las manifestaciones “No Kings!”, las organizaciones de extrema izquierda organizaron manifestaciones en contra de las agresiones decididas por Trump contra Venezuela y contra Irán, así como en solidaridad con el movimiento anti-ICE. La organización de estas manifestaciones estuvo dominada por organizaciones de orientación campista, como el Partido del Socialismo y la Liberación (PSL) y la Organización Socialista Freedom Road (FRSO). También participaron otros grupos, entre ellos Solidarity, una organización socialista y revolucionaria.
Hasta ahora, la organización más importante de la izquierda estadounidense, Democratic Socialists of America (DSA), se ha dedicado más a la intervención electoral que a las manifestaciones contra la guerra y a la protesta de masas en general. Pero las cosas están cambiando. Algunas secciones de la DSA han participado en acciones sobre Venezuela y el ICE, y parece que la DSA se va a implicar en la oposición a la guerra que Trump está llevando a cabo en Oriente Medio.
Perspectivas de unificación del movimiento anti-Trump
El clima social y político actual en el país ha creado un espacio enorme para la resistencia. Ni la campaña contra las personas inmigrantes ni la guerra contra Irán van a hacer desaparecer el caso Epstein ni a hacer que las clases populares se olviden del coste de la vida, que va a seguir subiendo con el aumento del precio del petróleo provocado por la guerra que afecta a todo Oriente Medio. A diferencia de la operación llevada a cabo en Venezuela, la guerra contra Irán promete durar. Las encuestas ya muestran que la agresión estadounidense cuenta con poco apoyo y es fuertemente rechazada. La guerra también aumentará el descontento hacia Trump entre sus seguidores del MAGA (Make America Great Again) y entre algunos representantes republicanos a quienes había prometido poner fin a aventuras militares como la guerra de Irak.
El movimiento anti-ICE en Minneapolis y en todo el país se ha arraigado profundamente en los barrios populares. Estos episodios recientes dejarán una huella indeleble en la conciencia de millones de personas y muchas se volverán receptivas a análisis y programas radicales en lo social y lo político.
El hecho de que la población inmigrante latina en Estados Unidos forme parte, en su gran mayoría, de las clases populares hace posible una evolución de la conciencia de las masas, partiendo de una simple defensa de sus vecinos y vecinas (que es la perspectiva actual de muchos participantes en el movimiento anti-ICE) para avanzar hacia una oposición a Trump sobre una base de clase más clara. Las y los anticapitalistas y los sindicalistas de lucha deben destacar el carácter de clase de los ataques de Trump y la composición popular y obrera de las comunidades inmigrantes que sufren su ofensiva.
Unificar a los diferentes componentes de la coalición de masas “No Kings!”, que reflejan la resistencia global y sectorial a Trump, con el movimiento anti-ICE, y dotarlos de una dirección democrática y obrera independiente del Partido Demócrata, sería un gran avance para el movimiento anti-Trump. Pero los retos están por delante. Indivisible es una organización vertical donde las decisiones las toman las ONG y no el movimiento de forma democrática. Y sus dirigentes muestran abiertamente su simpatía por el Partido Demócrata y su intención de utilizar las manifestaciones para apoyar al Partido Demócrata.
May Day Strong podría tal vez actuar como enlace entre las manifestaciones de “No Kings!”, con sus diferentes elementos de izquierda, y el movimiento anti-ICE, para constituir un amplio movimiento anti-Trump en el que los sindicatos y las clases populares asumirían la dirección. Los organizadores de las manifestaciones del 28 de marzo conciben su acción como un paso hacia el 1 de mayo, lo que contribuirá a esa unidad. Pero después del 1 de mayo, habrá un gran esfuerzo por parte de Indivisible para orientar el movimiento hacia el apoyo al Partido Demócrata de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026, lo que tendría un efecto desmovilizador sobre el movimiento.
El potencial de los tres componentes de la resistencia a Trump reside en su carácter de masas, en su uso de tácticas tradicionales y nuevas del repertorio de protesta, en su profundo arraigo en las clases populares y las comunidades oprimidas de Estados Unidos, y en su independencia respecto al Partido Demócrata. Y, dado lo que está en juego en las elecciones de mitad de mandato del próximo noviembre, preservar la independencia del movimiento va a ser una tarea especialmente importante. ■
07/06/2026
Inprecor n.º 743
Kay Mann, es miembro de Solidarity, la rama estadounidense de la Cuarta Internacional, y profesora de sociología en la universidad
Traducción: viento sur
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Fotografía: Viento sur
