Por: Anna Lagos. 15/09/2025
WIRED en Español conversa con Frida Ruh, especialista en inteligencia artificial y prospectiva; líder de AI The New Sexy, una iniciativa que impulsa el acceso inclusivo a la IA en América Latina, promueve la igualdad de género y trata de empoderar mediante de la educación y la tecnología.
Frida Ruh (Ciudad de México, 29 años) lleva tatuada una frase en su brazo izquierdo: «Trying stuff until something works«. Este parece ser su lema de vida: intentar de todo hasta que algo funcione. Y hacerlo sin miedo. Desde lanzarse en paracaídas, practicar surf o hablar frente a cientos sobre IA y sesgos hasta renunciar a Google para cuestionar a las big tech con libertad y promover la igualdad de género o el empoderamiento de las personas de la comunidad LGBTI+ en tecnología.
Los últimos meses han sido intensos para Frida. En enero de este año participó en el Foro Económico Mundial, en Davos, donde representó a México y compartió su perspectiva sobre cómo hacer la IA más inclusiva. Y hace unos meses fue reconocida por Forbes 30 Under 30 y como una de las 100 voces más influyentes en el mundo en IA, ocupando el lugar #72. Ahora, será una de las invitadas a WIRED Summit The Big Interview Powered By Nissan, el evento de WIRED en Español que reúne a las voces que escriben el futuro.

Frida Ruiz nació en Iztapalapa, la segunda demarcación más poblada de México, solo por detrás de Tijuana, con casi 2 millones de habitantes. Es la primera persona de su familia en tener una formación universitaria; estudió becada en un colegio privado y desde pequeña se propuso entrar en la Universidad Anáhuac. Lo logró. Ahí estudió Actuaria y Finanzas.
«Al independizarme, para cubrir mis gastos, empecé a hacer tareas para otros estudiantes. Las que pagaban mejor eran las de programación, así que para ganar más dinero tuve que aprender a programar. Ahí entendí su poder como herramienta de movilidad social», explica Frida Ruh en entrevista para WIRED en Español. Trabajó en startups y en el Banco Santander, gracias al apoyo de uno de sus líderes, descubrió el poder transformador del machine learning, iniciando así un camino marcado por la innovación. Más adelante se desempeñó como especialista de producto en Google. “Renuncié porque quería tener la libertad de cuestionar la tecnología, algo que no siempre puedes hacer desde adentro de una big tech. Si los que trabajamos en esto no podemos alzar la voz, ¿quién lo hará?”.
Actualmente es cofundadora de Wavy Node, una startup enfocada en la prevención de lavado de dinero en Web3. También lidera AI The New Sexy, una iniciativa que nació como un podcast de pandemia y que ahora impulsa el acceso inclusivo a la IA en América Latina promoviendo la igualdad de género y el empoderamiento a través de la educación y la tecnología. Como persona no binaria y lesbiana, durante mucho tiempo no tuvo figuras con las cuales identificarse. «Por eso mi trabajo tiene un sesgo muy marcado hacia incluir a mujeres y personas de la diversidad en tecnología. Mi objetivo es, como digo, sesgar el sesgo”.
Frida Ruh, que lleva una pulsera y un reloj inteligente; cabello corto y quebrado, y lentes naranja neón, llega a las oficinas corriendo, pero sonriendo, como siempre. Para ella, optimista y entusiasta, pero nunca ingenua, el futuro puede ser brillante si pensamos suficientemente en él.
Cuando le pregunto sobre la posible o adecuada regulación de la IA, no se anda con generalidades. Se enfoca en lo local. “México se está volviendo el laboratorio del mundo. Sin reglas claras, aquí se prueban los modelos de IA, de edición genética, de todo… La buena noticia es que nos llegan todos los modelos; la mala es que nos llegan con consecuencias posibles como las violaciones a la privacidad y al uso de los datos”.

La solución, sostiene, no es solo una tarea del Gobierno. “Necesitamos un esfuerzo conjunto de la academia, la sociedad civil y las empresas privadas. En México, las iniciativas suelen morir con el cambio de legislatura. Si es un trabajo colaborativo, es más difícil que se archive, porque todos hemos invertido en él”.
Esta entrevista ha sido editada para mayor brevedad y claridad.
WIRED: ¿Es la inteligencia artificial “the new sexy”?
Frida Ruh: En este momento, sí, es lo más sexy que tenemos. La inteligencia artificial existe desde hace mucho tiempo, pero la diferencia es que antes solo existía en la teoría. Hemos llegado al punto donde las computadoras ya pueden ejecutar esas operaciones que antes solo se comprobaban en papel. Se alinearon los astros: tenemos los datos que se recolectan a través de dispositivos, las computadoras que pueden procesarlos y el financiamiento para las iniciativas. En el pasado hubo momentos de gran desarrollo que se detuvieron por falta de fondos, conocidos como el “invierno de la IA”. Ahora todo se acomodó para que hubiera un crecimiento más que exponencial.
“Creo que somos más que nuestra capacidad para resolver problemas; eso sería reducirnos a un producto utilitario. Lo que nos define es la capacidad de conectar, nuestra vulnerabilidad, el miedo, los sueños”.
WIRED: Este resurgimiento, o “verano de la IA”, plantea preguntas existenciales. ¿Cuáles son las que más te preocupan?
Frida Ruh: Veo que mucha gente quiere frenar el desarrollo de la IA por el temor de que sea más inteligente que nosotros. No digo que no haya que tener precaución, pero creo que el miedo es más profundo. Los seres humanos nos hemos definido por ser los únicos seres inteligentes. Si históricamente esa es nuestra definición, ¿qué pasa cuando la inteligencia ya no es exclusivamente nuestra? Ahí es donde debemos preguntarnos: ¿qué nos define como humanidad?
Creo que somos más que nuestra capacidad para resolver problemas; eso sería reducirnos a un producto utilitario. Lo que nos define es la capacidad de conectar, nuestra vulnerabilidad, el miedo, los sueños. Estas crisis existenciales vienen de no saber cuál será nuestro rol en el mundo, de preguntarnos qué haremos si perdemos el trabajo.
Esto se conecta con un tema de género. Históricamente, los hombres han sido vistos como los proveedores. ¿Qué pasa cuando los trabajos se automatizan y la figura masculina ya no es la única proveedora de ingresos? El poder económico se transformará. Volvemos al punto de “cuál es nuestro lugar en el mundo”. No sé si la humanidad esté lista para tener más tiempo libre. Es la promesa de siempre desde la Revolución Industrial, pero esta vez es diferente porque el avance tecnológico es mucho más rápido. Es un escenario plausible.
“Podríamos pensar en la redistribución como un derecho, algo cercano a la promesa que nos hacía blockchain de un procesamiento descentralizado. Quizás es muy idealista, pero mi trabajo es precisamente imaginar esos otros futuros posibles y deseables para todos”.
WIRED: Sobre esa idea de “soy mi trabajo” y conceptos como el ingreso básico universal, ¿cuál es tu perspectiva?
Frida Ruh: Tengo una teoría. El ingreso básico universal es una posibilidad, pero hay otra que me parece interesante: el cómputo básico universal. Hoy, el poder de cómputo está en manos de unas pocas empresas, que son las que generan los ingresos con las IA más potentes. ¿Qué pasaría si, en lugar de redistribuir los ingresos, redistribuimos el capital? Y en este nuevo mundo, el capital ya no es solo dinero, sino también poder computacional.
Podríamos pensar en esa redistribución como un derecho, algo cercano a la promesa que nos hacía blockchain de un procesamiento descentralizado. Quizás es muy idealista, pero mi trabajo es precisamente imaginar esos otros futuros posibles y deseables para todos, no solo para las empresas que tienen el capital financiero.

“Debemos pensar cómo usar la IA en las industrias fuertes de nuestro país, como la de hidrocarburos, el turismo o la ganadería. El contenido que vemos en internet está enfocado en una productividad que no representa a la mayoría de las empresas mexicanas”.
WIRED: ¿Cómo ves el futuro de la IA en América Latina, y específicamente en México?
Frida Ruh: Siempre se habla de que los sistemas son sesgados, y es cierto, pero a veces no entendemos bien qué son los sesgos. No se trata solo del sesgo de datos (entrenar modelos con información de EE. UU. y Europa). No podemos competir con Google u OpenAI reentrenando sus modelos porque no tenemos la capacidad de cómputo.
Lo que sí podemos hacer es enfocarnos en los otros dos tipos de sesgos El sesgo de diseño, que se refiere a las cosas que damos por sentado al crear un producto. Por ejemplo, asumir que todas las personas tienen acceso a internet o un celular potente con suficiente memoria. Hay personas que deben elegir entre instalar ChatGPT, la app de su banco o sus redes sociales. Debemos enfocarnos en modelos locales y de código abierto para no ampliar la brecha de desigualdad.
Luego existe el sesgo de casos de uso. Me molesta que los ejemplos de uso de nuevos modelos sean triviales, como “jugar una partida de ajedrez con lenguaje natural”. Esos casos no tienen nada que ver con los problemas de Latinoamérica. Necesitamos imaginar usos que hagan sentido en nuestro contexto. ¿Para qué nos sirve la visión por computadora en México? Quizá para digitalizar los enormes volúmenes de información que no ha sido analizada. Debemos pensar cómo usar la IA en las industrias fuertes de nuestro país, como la de hidrocarburos, el turismo o la ganadería. El contenido que vemos en internet está enfocado en una productividad que no representa a la mayoría de las empresas mexicanas.
WIRED: Entonces, ¿regular o no regular la IA?
Frida Ruh: Antes de regular, hay que entender. Quienes crean las regulaciones en nuestro país hoy no entienden muy bien qué es la inteligencia artificial. Para poner reglas, hay que entender el juego. México, al no tener regulaciones tan estrictas como en Europa o Estados Unidos, se está volviendo el laboratorio del mundo. Aquí vienen a probar modelos de IA, de edición genética, de todo. La buena noticia es que nos llegan todos los modelos; la mala es que también nos llegan con todas sus consecuencias, como posibles violaciones a la privacidad y uso de datos.
«Antes de regular, hay que entender. Quienes crean las regulaciones en nuestro país hoy no entienden muy bien qué es la inteligencia artificial. Para poner reglas, hay que entender el juego».
WIRED: Ayúdanos a imaginar narrativas menos catastrofistas sobre el futuro con el uso correcto de la IA.
Frida Ruh: Observamos un fenómeno curioso: la gente suele tener una visión negativa sobre el futuro de su país, pero una positiva sobre su futuro personal. Siempre caemos en la utopía o en la distopía, pero la realidad nunca es ninguna de las dos. La ficción es clave aquí, porque es la antesala de la ciencia y nos ayuda a imaginar mejores futuros.
Debemos pensar en nuestros futuros locales. En lugar de preocuparnos por el próximo celular que ni siquiera producimos en México, pensemos en el futuro de la alimentación. La comida es parte de nuestra identidad cultural. Me dolió enterarme de que el mole podría desaparecer en unos años porque las especies de chiles con las que se hace ya no se están dando por el cambio climático. ¿Quién está aplicando tecnología para que esas cosas que nos definen culturalmente no se pierdan? Mi trabajo es ayudar a que la gente se imagine estas posibilidades, porque si no lo imaginamos, nunca sucederá.
«Debemos pensar en nuestros futuros locales. En lugar de preocuparnos por el próximo celular que ni siquiera producimos en México, pensemos en el futuro de la alimentación, por ejemplo».
WIRED: Mencionaste que muchos jóvenes en tecnología vienen de la periferia buscando movilidad social. ¿Cómo es esa realidad?
Frida Ruh: El estereotipo del startupero de Silicon Valley no representa a los ingenieros que realmente están detrás de la tecnología en México. Muchos de los programadores de las big techs vienen del Estado de México o de municipios alejados, y viajan horas para llegar a su trabajo. Entraron a este mundo porque les dijeron que las ingenierías pagaban bien y que saber programar les daría acceso a mejores sueldos.
México se está convirtiendo en un hub de mano de obra barata para carreras STEM. Los salarios aquí son más competitivos para las empresas, incluso más que en la India. En el contexto mexicano no son necesariamente malos sueldos, pero a nivel global no son competitivos. Esto es benéfico en el corto plazo para muchos, pero debemos aspirar a más que el mínimo indispensable y hablar de una vida digna.
“México se está convirtiendo en un hub de mano de obra barata para carreras STEM. Los salarios aquí son más competitivos para las empresas, incluso más que en la India”.
WIRED: Además de la desigualdad económica, sé que te interesan otros temas como la brecha de género o la diversidad. ¿Cómo se cruzan estos temas con la IA?
Frida Ruh: Hablar de igualdad de género no es solo hablar de mujeres. Por ejemplo, los periodos de paternidad para los hombres son de unos cuantos días. ¿Cómo procesa un hombre en tan poco tiempo que un ser vivo ahora depende de él? Esas dinámicas que afectan a los hombres también nos perjudican a las mujeres.
“Como persona no binaria y lesbiana, durante mucho tiempo no tuve figuras con las cuales identificarme. Por eso mi trabajo tiene un sesgo muy marcado hacia incluir a mujeres y personas de la diversidad en tecnología. Mi objetivo es, como digo, sesgar el sesgo.”
Por otro lado, si a las mujeres en general nos va mal, a las mujeres trans no te cuento. La esperanza de vida de una persona trans en México es de 30 a 31 años. Esto se debe a que son expulsadas de sus casas, no pueden estudiar y, por lo tanto, no acceden a la economía formal. Como persona no binaria y lesbiana, durante mucho tiempo no tuve figuras con las cuales identificarme. Por eso mi trabajo tiene un sesgo muy marcado hacia incluir a mujeres y personas de la diversidad en tecnología. Mi objetivo es, como digo, “sesgar el sesgo”.
“Mi esperanza es que dejemos de hablar de la IA solo en términos de productividad y empecemos a hablar de cómo puede darnos una vida más digna, más larga y, en general, mejor”.
WIRED: Para terminar, una predicción audaz: ¿cómo será el mundo en 2035 gracias a la IA?
Frida Ruh: Me gusta pensar que la IA hará mi vida más bonita. Practico deportes como paracaidismo y surf, y me imagino un futuro donde la tecnología me permita seguir haciéndolos. Mi esperanza es que dejemos de hablar de la IA solo en términos de productividad y empecemos a hablar de cómo puede darnos una vida más digna, más larga y, en general, mejor. Que nos permita conectar más con las personas, viajar y estar presentes para hacer aquello para lo que sentimos que vinimos al mundo.
LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ
Fotografía: wired. José Carlos Martínez
