Por: Carlos Paredes. 18/10/2025
“Si el dinero, (…), ‘viene al mundo con manchas de sangre en la mejilla’, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta pies”. (1)
Antecedentes
Especialmente a partir de la década de 1870, Argentina y Chile estaban subordinados a los intereses neocoloniales de Gran Bretaña, en su condición de proveedores de materias primas de la industria europea.
Como ocurriera en todas las conquistas capitalistas neocoloniales del período, se consumaron a través del despojo y el etnocidio perpetrado por sus fuerzas militares en contra de las comunidades originarias.
Así, se consumó la conquista del sur pampeano y la Patagonia en la llamada “Conquista del Desierto” y, de la Araucanía, en la “Pacificación de la Araucanía”. “En los casos chileno y argentino, un elemento en común es que la sociedad constituida es resultado de la violencia estatal desplegada sobre la población originaria”. (2) Mientras que la conquista de la Isla Grande de Tierra del Fuego y de la Patagonia Austral fue obra de los ganaderos euro/criollos, avalados por los Estado-Nación de Argentina y Chile, quiénes despojaron de sus tierras ancestrales a los Selk’nam y Tehuelche.
Una inmensa usurpación territorial de millones de hectáreas de tierra que, rápidamente, fueron entregadas, a título cuasi gratuito, a la acumulación originaria de capital de sus oligarquías agrarias euro/criollas. En el centro y norte del territorio argentino se dio un despojo similar. “De ahí que el capitalismo considere, como una cuestión vital, la apropiación violenta de medios de producción más importantes de los países coloniales (…) el método inicial del capital es la destrucción y aniquilamiento sistemáticos de las organizaciones sociales no capitalistas con que tropieza en su expansión”. (3)
La “Conquista del Desierto”
En la segunda mitad del siglo XIX, en Argentina, aumentó la presión imperialista de Gran Bretaña y de los grandes terratenientes pampeanos para conquistar los territorios pampeanos y patagónicos poblados por las comunidades Mapuche, Tehuelche y Selk’nam. A fines de la década de 1870, el ejército de Argentina se lanzó a la conquista de los territorios indígenas; campaña que, cínicamente, fue llamada “Conquista del desierto”. “La misión encabezada por Julio A. Roca buscaba incorporar millones de hectáreas al mercado mundial capitalista, frente a la creciente demanda agraria. La matanza sirvió para consolidar una estructura concentrada y parasitaria”. (4)
El general Julio A. Roca encabezó esa campaña militar de exterminio indígena en la “Conquista del Desierto” con 8.000 soldados armados con fusiles Remington, contra 2.000 indígenas pertrechados con lanzas o boleadoras, en una desesperada y estéril defensa de sus comunidades. Entre agosto de 1878 y mayo a 1879, el Ministerio de Guerra y Marina declaró que “1.271 indios de lanza prisioneros; 1.313 indios de lanza muertos en combate; 10.539 indios no combatientes prisioneros; 1.49 indios reducidos voluntariamente”. (5)
Las familias mapuches sobrevivientes fueron recluidas en campos de concentración o “reducciones”; otros, los hombres, fueron trasladados como mano de obra servil a las estancias pampeanas, ingenios azucareros o a las fuerzas armadas, en tanto, las mujeres pasaron a servir a las familias ricas de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y los caciques más afamados fueron desterrados a la Isla Martín García. “Yo jefe, hijos de estas tierras. Blancos ladrones mataron a mis hijos, mataron a mis hermanos, robaron mis caballos y la tierra que me vio nacer. Yo, prisionero”. (6)
En 1884, en el Chaco, el ejército argentino lanzó la conquista de los territorios de los pueblos Pilagá y Toba, para ponerlos a disposición de los ingenios azucareros y haciendas algodonales iniciando la explotación capitalista en esas regiones. Mientras que las comunidades despojadas fueron encerradas en campos de concentración dirigidas por misioneros.
La oligarquía terrateniente, principal beneficiada en la “Conquista del Desierto”
La conquista del sur bonaerense, de La Pampa, del sur de Mendoza y de la Patagonia constituyó una colosal apropiación de millones de hectáreas que pasaron a formar parte de la acumulación primitiva de capital de la elite agraria euro/criolla. “Las tierras conquistadas sumaban 60 millones de hectáreas. Prácticamente la superficie de explotación económica se había duplicado…”. (7)
Una campaña militar que el Estado argentino financió con un “bono patriótico” que se pagó con las tierras conquistadas, además, varias leyes regularon la distribución de las tierras apropiadas a las comunidades indígenas las que, invariablemente, terminaron en poder de la elite oligárquica agraria pampeano/patagónica. “Sólo a la familia Martínez de Hoz (heredera del fundador de la Sociedad Rural Argentina) se le entregaron en propiedad dos millones y medio de hectáreas”. (8)
Otros miembros de la oligarquía que fueron beneficiarios de las tierras conquistadas, son: Martínez, Carlos, 250.000 hectáreas; Unzué, Saturnino, 250.000, Ugarte, Marcelino, 177.500; Del Carril, Salvador, 130.000; Drysdale, Tomás, 122.500; Cambaceres, Antonino, 120.000. También, la alta oficialidad militar fue beneficiada con tierras en pago de los servicios prestados; así, por la ley 1552 de “Premios militares”. “El Estado se desprendía en favor de quinientas cuarenta y una (541) personas (…) un total de cuatro millones setecientas mil cincuenta mil setecientas cuarenta y una (4.750.741)”. (9)
La “Pacificación de la Araucanía”
A partir del año 1550, la conquista colonial española del Reino de Chile avanzó sobre el territorio poblado, por el pueblo mapuche, encabezada por Pedro de Mendoza, imponiendo la esclavitud y el exterminio.
Una conquista que provocó la rebelión mapuche en lo que fue la Guerra de Arauco, que se saldó con un enorme costo humano donde, según el Padre Diego de Rosales, murieron 42.000 soldados y el pueblo mapuche fue diezmado. “Este período, condujo a la destrucción de la sociedad ribereña. Pero también a que de casi un millón de habitantes, en poco más de cinco décadas, quedaran apenas doscientos mil personas”. (10)
Luego de la sublevación general mapuche, liderada por el toqui Agamenón en 1598, la Araucanía volvió al control de su pueblo originario: el pueblo mapuche.
Tres siglos después, en las décadas de 1850/60, se inició un auge de la exportación de trigo y de lana ovina a Europa, situación que hizo crecer la presión de los hacendados euro/chilenos ante el gobierno para incorporar las fértiles tierras de la Araucanía. “Permitir que una tribu de salvajes sin Dios ni ley posea los más feraces campos del país, que envalentonada cada día más por la ineptitud y tolerancia culpabilísima de nuestros gobiernos”. (11) Así, el Estado-Nación de Chile declaró como “tierras fiscales” a los territorios mapuche al sur del río Bío-Bío, que alentó el avance de colonos euro/criollos entre el río Bío-Bío y el río Malleco. Paralelamente, el ejército chileno erigió fuertes militares -Negrete, Mulchén, Angol, Lebú- sellando el dominio del Estado-Nación de Chile en la Araucanía.
Una anexión territorial que no fue pacífica ni mucho menos, por la resistencia de las comunidades mapuche a la pérdida de sus tierras. “En 1868 el comandante de la Alta Frontera, José Manuel Pintos, ingresó con cuantiosas militares al interior de la Araucanía. (…) La campaña de Pinto se transformó en una operación pillaje. Se aplicó la política de ‘tierra arrasada’, siguiendo los métodos más bárbaros de la guerra”. (12)
El avance de los colonos agrarias euro/chilenos continuó hasta llegar al río Cautín.
Finalmente, en 1883, el general Basilio Urrutia encabezó a un ejército, pertrechado con modernas armas, para derrotar la última resistencia mapuche en Villarrica.
Las comunidades mapuche fueron obligadas a vivir en reducciones de las tierras más marginales, condenadas a la miseria material crónica, lo que significó un colapso catastrófico de su existencia social y cultural. “Entre 1881 y 1907 murieron a consecuencia de las hambrunas y las pestes unos veinte a treinta mil indígenas”. (13)
La colonización agraria euro/criolla tras la “Pacificación de la Araucanía”
En la Araucanía, tras la conquista militar, el pueblo Mapuche perdió más de 9 millones de hectáreas, donde sólo 500 mil hectáreas fueron reconocidas a las comunidades indígenas; siendo obligados “a vivir en reducciones, en tierras de inferior calidad agrícola y ganadera. La constitución de estas reducciones, o proceso de radicación, se lleva a cabo entre 1884 y 1930”. (14)
El gobierno chileno favoreció la radicación, especialmente, de inmigrantes europeos en la Araucanía, según ley del año 1874, “los inmigrantes libres que solicitasen concesión de terrenos fiscales situados al sur del Bío-Bío”. (15) Así, el Estado de Chile envió a Europa “un agente de colonización” para interesar a potenciales inmigrantes; surgieron compañías de colonización privadas dedicadas a radicar a ciudadanos europeos en Chile. “Los 9 millones de hectáreas restantes de la Araucanía se repartieron primero entre los colonizadores europeos y, posteriormente, a los nacionales”. (16)
Desde fines del siglo XIX, varias colonias europeas se afincaron en la Araucanía, aprovecharon la cesión de tierras y facilidades económicas dadas por el gobierno para prosperar.
En tanto, el territorio extendido entre Valdivia y el lago Llanquihue, desde la década de 1850, fue cedido por el gobierno chileno a la colonización alemana que, de allí en más, no sólo controlaron económicamente, también, tuvieron una clara la influencia social y cultural germánica en el sur de Chile.
El moderno Estado-Nación y los pueblos originarios en Argentina y Chile
Desde el año 1880, se consolidó el Estado-Nación moderno en Argentina y Chile tras incorporar al territorio nacional los territorios indígenas; expansiones territoriales que fueron criminales conquistas militares contra sus pueblos originarios. En Argentina, entre 1880/1910, se radicaron unos 3 millones de inmigrantes europeos; en Chile, también existió una importante inmigración de aquel continente.
Ambos países se organizaron bajo relaciones de explotación capitalista aunque subordinado a las relaciones neocoloniales o imperialistas con la potencia occidental dominante; con la particularidad de un continuo aplastamiento de sus pueblos indoamericanos originarios.
En tanto, domina una ideología eurocentrista, heredada del ideario colonial, que fue adoptada por sus oligarquías, que implicó degradar, social y culturalmente, a sus comunidades indígenas, para entronizar una identidad neocolonial europeizante. “Seguir justificando el eurocentrismo, a luz del siglo XXI, es un planteamiento que no es ajeno a posturas ideológicas conservadoras que siguen considerando a América Latina como una simple prolongación de Europa y a ésta, como la única fuente posible de generación de pensamiento”. (17)
El avance neocolonial británico en la Patagonia Austral y archipiélagos fueguinos
En la segunda mitad del siglo XIX, los gobiernos de Argentina y de Chile estaban, económica y políticamente subordinados al neocolonialismo británico; una sujeción que, en la Patagonia y Tierra del Fuego, se manifestó en un enclave neocolonial a partir de 1880.
Desde las Islas Malvinas, en poder del gobierno británico desde 1833, se alentó a la conquista/colonización de la Patagonia Austral y la Isla Grande de Tierra del Fuego; para destinarlas a la producción de ganadería ovina, a su vez, proveedores de lana de la industria textil europea. “Entre 1880 y 1900 más de 3.700.000 de hectáreas santacruceñas pasaron de la soberanía indígena a la propiedad privada con la mediación jurídica del Estado y económica de los capitales malvineros y londinenses”. (18)
Y, en el sur de Río Negro y norte de Chubut, el gobierno argentino cedió colosales extensiones de tierra al capital inglés, para los mismos propósitos. “En los últimos años del siglo XIX una empresa formada en Londres, The Argentine Southern Land Co., (“Compañía de Tierras del Sud Argentino”) conocida también por su sigla TASLCo., recibió como regalo del gobierno nacional la propiedad de casi un millón de hectáreas en el norte de la Patagonia”. (19)
El exterminio de los pueblos Selk’nam y Qawásqar
Los ganaderos fueguinos, como José Menéndez a la cabeza, fueron los directos responsables de la extinción de las comunidades Selk’nam y Qawásqar. “Dar caza a los indios, sea por sus peones que van haciendo excursiones en los bosques, sea por la policía, cuyo inspector vive en la misma estancia del Señor Menéndez; y los policiales, distribuidos en los puestos sirven de ovejeros”. (20)
Desde 1890, los misioneros salesianos intentaron frenar la extinción de las comunidades Selk’nam y Qawásqar, para recluirlos en la Isla Dawson, en medio del estrecho de Magallanes. Aunque, trágicamente, como consecuencia de epidemias ante las que no tenían inmunidad, murieron rápidamente. El misionero salesiano Maggiorino Borgatello, testigo de esos sucesos, denunciaba que “deberían haberles dejado una buena porción de terreno donde pudieran reunirse y poder vivir como había hecho hasta ahora de la caza y de sus pequeñas industrias. En lugar de eso no pensaron para nada en los indios”. (21)
El eterno despojo indígena
El etnocidio y despojo indígena marcó a sangre y fuego los albores del modo de explotación capitalista en Argentina y Chile. Esos crímenes constituyen “crímenes de lesa humanidad”, que aún permanecen impunes.
En tanto, la política de aplastamiento económica y social de los pueblos originarios siguió en el siglo XX.
En 1924, la policía chaqueña y estancieros perpetraron la matanza de 423 personas de las comunidades qom y moqoit en Napalpí, Chaco, en 1924; masacre de 750/1.000 miembros de las comunidad pilagá en Rincón Bomba, Formosa, en 1947, los fusilamientos consumado por el ejército argentino de peones en huelga en estancias de Santa Cruz en 1921. Además, de la quita de tierras a familias indígenas en el norte argentino, la Patagonia y la Araucanía. “La expropiación de la comunidad de Boquete Nahuelpán, en Chubut, en 1937, tuvo como único argumento que se trataba de indígenas araucanos y que practicaban el cuatrerismo”. (22)
Similar proceso permanente de desposesión indígena se replicó en Chile.
En la actualidad, el despojo de tierras indígenas se consuma a través de la burocracia judicial que, tramposamente, desconoce los “títulos precarios” otorgados por el gobierno nacional a las familias mapuche/tehuelche. Sólo a título de ejemplo, en Villa La Angostura, los intereses inmobiliarios y turísticos despojaron de sus tierras a la comunidad mapuche Paichil Antriao que “ya tenía presencia allí en 1902, anterior en consecuencia a la fundación de la ciudad. En ese año el estado le había donado sus propias tierras a José María Paichil e Ignacio Antriao, en ese momento la donación era de 625 ha. Con los años la cantidad de tierras cada vez fue menos. Hoy habitan unas 45 hectáreas en el cerro Belvedere, cotizada zona turística en donde se realizan variadas operaciones inmobiliarias con gente de elevado nivel económico”. (23)
A modo de epílogo
Los crímenes cometidos por los Estado-Nación de Argentina y de Chile permanecen impunes, y la burguesía dominante impone el silencio sobre esos criminales sucesos constitutivos de su riqueza original. “Fernando Leniz, ex ministro de la dictadura y ex presidente de la Corporación de la Madera, dueño actual del fundo Chauquen de 170 hectáreas, señaló que con los mapuche ‘no existe deuda histórica, lo que se perdió, se perdió’”. (24)
Esa es la profunda razón que explica la eterna lucha de las comunidades mapuche contra el despojo de sus tierras que continúa hasta nuestros días; también, luchan por preservar su antigua cultura comunitaria y ecológica. Un pueblo que, en su histórica rebeldía, grita como aquel mapuche de la cordillera neuquina: “tira tu tiro nomás, estoy costumbrao a morir”. (25)
Imagen de portada: Política Exterior.
Notas
(1) MARX, Karl, en: El Capital, Siglo XXI editores Argentina, Avellaneda, 2004, Tomo I, Volumen 3, página 950.
(2) DELRIO, Walter y PEREZ, Pilar, en: A ambos lados de la cordillera: similitudes y diferencias en la construcción de la sociedad de colonos
tras la ocupación militar del Wallmapu. https://rid.unrn.edu.ar/handle/20.500.12049/7373
(3) LUXEMBURGO, Rosa. Citada por CONTRERAS PIÑA, Lenin Vladimir, en: La teoría de la acumulación por despojo, apuntes críticos
desde la economía política. https://estudiosdeldesarrollo.mx/observatoriodeldesarrollo/wp-content/uploads/2023/06/32-2.pdf
(4) GUERRERO, Alejandro. Citado por PARRA, José Luis, en: A desalambrar, Margen N° 116, Marzo 2025.
https://www.margen.org/suscri/margen116/tapa116.pdf
(5) MASES, Enrique Hugo, en: Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1930), op. cit.,
página 61.
(6) Cacique Modesto INACAYAL. Citado por ARANDA, Darío, en: Argentina originaria. Genocidios, saqueos y resistencias.
https://iwgia.org/images/publications/0473_Aranda.pdf
(7) TUR, C. Citado por BALAZOTE, Alejandro y VALVERDE, Sebastián, en: Frontera, desierto y Estado nacional. https://ri.conicet.gov.ar/
bitstream/handle/11336/251344/CONICET_Digital_Nro.52d074cb-c481-4ff2-9edd-b3e941123cdd_B.pdf?sequence=2&isAllowed=y
(8) PARRA, José Luis, en: A desalambrar, Revista Margen N° 116, Marzo 2025. https://www.margen.org/suscri/margen116/tapa116.pdf
(9) ODDONE, Jacinto, en: La burguesía terrateniente argentina, Buenos Aires, ediciones Líbera, 1975, página 245.
(10) BENGOA, José, en: Historia de los antiguos mapuches del sur. Desde antes de la llegada de los españoles hasta las paces de Quilín, op. cit.,
página 218.
(11) Diario EL MERCURIO DE VALPARAISO, del 29.09.1880. Citado por BENGOA, José, en: Historia del Pueblo Mapuche. Siglo XIX y XX,
Santiago de Chile, Ediciones Sur, 1985, página 273.
(12) BENGOA, José, en: Historia del Pueblo Mapuche. Siglo XIX y XX, op. cit., página 157.
(13) BENGOA, José, en: Historia del Pueblo Mapuche. Siglo XIX y XX, op. cit., página 339.
(14) URZÚA, José Miguel y SCHIAFFINI, Hernán, en: El ‘Conflicto Mapuche’ en Chile y Argentina.
Notas para un estudio comparativo de los contextos actuales. https://www.redalyc.org/journal/127/12777314002/12777314002.pdf
(15) BENGOA, José, en: Historia del Pueblo Mapuche. Siglo XIX y XX, op. cit., página 347.
(16) DUER, Mara, en: La colonialidad en el espacio, una revisión del ordenamiento espacial en la Araucanía, a partir de los cercamientos a la
tierra al sur de Chile. https://cerac.unlpam.edu.ar/index.php/huellas/article/view/6671/7856
(17) MENDEZ REYES, Johan, en: Eurocentrismo y modernidad. Una mirada desde la Filosofía Latinoamericana y el Pensamiento descolonial.
https://www.redalyc.org/pdf/737/73725513007.pdf
(18) HARAMBOUR R., Alberto, en: Soberanía y corrupción. La construcción del Estado y la propiedad en Patagonia austral (Argentina y Chile,
1840-1920). https://www.scielo.cl/pdf/historia/v50n2/0073-2435-historia-50-02-0555.pdf
(19) MINIERI, Ramón M., en: Ese ajeno Sur. Un dominio británico de un millón de hectáreas en la Patagonia.
(20) Monseñor FAGNANO, José. Citado por NICOLETTI, María Andrea, en: Los misioneros salesianos y la polémica sobre la extinción de los
selk’nam de Tierra del Fuego. http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0254-92122006000100007
(21) Padre BORGATELLO, Maggiorino. Citado por NICOLETTI, María Andrea, en: Los misioneros salesianos y la polémica sobre la extinción
de los selk’nam de Tierra del Fuego. http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0254-92122006000100007
(22) DELRIO, Walter, en: La lucha de los mapuches y sus estereotipos. https://nuso.org/articulo/la-lucha-de-los-mapuches-y-sus-estereotipos/
(23) GRANERI, Carlos Horacio, en: Desalojos de Comunidades Originarias: Persistencia y Resistencia. http://www.hechohistorico.com.ar/
guardamemorias/trabajos/PUEBLOS%20ORIGINARIOS/JORNADAS%20DE%20HISTORIA%20PATAGONIA/2008/Graneri.pdf
(24)GOMEZ LEITAN, Juan Carlos, en: Tierra, territorio y autonomía: la lucha política del movimiento social mapuche en la sociedad neoliberal
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Fotografía: Huella del sur
