Por: José Yorg. 06/01/2026
“La Humanidad está harta de la opresión, vuelve a identificar con claridad que la paz y la prosperidad solo pueden construirse cooperativamente”.
“El cooperativismo debe reemplazar al capitalismo, de otro modo se corre el riezgo de que la humanidad desaparezca”. José Yorg.
Los acontecimientos bélicos recientes y la aplicación dogmática de políticas públicas neoliberales a escala global obligan a una reflexión profunda sobre el estado actual del orden jurídico internacional y el sentido real de la democracia.
Lo que estamos presenciando no es una crisis pasajera, segun mi humilde opinion, es un cambio estructural profundo: el mundo y el orden jurídico internacional han mutado radicalmente. En ese proceso histórico, la democracia y el orden juridico internacional, tal como la conocíamos, aparece hoy ante nuestro ojos gravemente arruinada.
El núcleo del problema reside en la expansión de una fuerza contracultural que opera con lógica totalizante: el neoliberalismo. Su pretensión no es únicamente económica, sino civilizatoria. Busca alterar nuestra mentalidad colectiva respecto de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
Las políticas neoliberales persiguen un objetivo inconfesable pero evidente: la naturalización de una nueva forma de sometimiento. Se intenta que aceptemos de buen grado la esclavitud del siglo XXI. Para ello, se reconfiguran instituciones, se vacían leyes y se resignifican derechos, con el propósito de adaptar las conciencias a un nuevo orden socioeconómico profundamente desigual.
Numerosos pensadores, historiadores y sociólogos coinciden en que los cambios sociales profundos no se imponen solo por la fuerza, sino también mediante la reiteración de prácticas que buscan volverse normales. Sin embargo, ese mismo arraigo cultural puede transformarse en una resistencia pacífica poderosa cuando los pueblos toman conciencia del despojo.
La humanidad está cansada y harta de la opresión. Por eso, la búsqueda de la paz y la prosperidad reaparece con nitidez como la opción más sensata y humana, pero ya no desde el individualismo, sino desde la construcción cooperativa del destino común.
En tiempos de descomposición normativa y violencia legitimada, el dilema es claro: o se profundiza la barbarie del sálvese quien pueda, o se reconstruyen, desde abajo y en comunidad, los valores que hacen posible una democracia real.
Tesis desarrollado desde Formosa, Argentina
Riesgo de Extinción: Sostengo que si no se logra «cooperativizar» el mundo, el riesgo de extinción de la especie humana es real y cercano, debido a que el sistema actual prioriza el capital sobre la vida.
Cooperativismo o Barbarie: Planteo el dilema contemporáneo como «Cooperativismo o Barbarie», argumentando que las relaciones de producción deben humanizarse para evitar la desintegración social.
Poder Político: Enfatizo que el cooperativismo debe superar su «vacío de poder político» y constituirse como un Partido Cooperativo para ofrecer una salida a las crisis de pobreza y marginación.
Dignidad Humana: Considero que frente a políticas que impactan negativamente en el pueblo, es vital reforzar la dignidad humana mediante valores solidarios y una guía constitucional que incluya el cooperativismo.
Cuando todo nos parece perdido es necesario tener la conciencia despierta.
Vivimos un tiempo donde la violencia, la desigualdad, el cinismo del poder y la banalización del dolor se exhiben sin pudor. Eso deprime, sí, pero también revela. Revela qué valores están siendo arrasados y cuáles siguen resistiendo, a veces en silencio, a veces en gestos pequeños pero obstinados.
Desde una mirada filosófica–cooperativa, hay algo clave: el sistema dominante necesita sujetos anestesiados, no pensantes; individuos aislados, no compañeros; consumidores resignados, no ciudadanos solidarios. Por eso, cuando uno siente este peso existencial ante lo que pasa en el mundo, en realidad está ocurriendo lo contrario de la derrota: está ocurriendo la lucidez.
El cooperativismo —como ética, no solo como forma económica— nace justamente para estos momentos históricos: cuando el individualismo fracasa como promesa de felicidad y la competencia se muestra como pedagogía de la crueldad.
Pensar hoy, sentir hoy, dolerse hoy es un acto político. Y sostener la idea de compañerismo cuando todo empuja al sálvese-quien-pueda, es una forma de resistencia moral y social.
No estamos para el optimismo ingenuo, eso seguro. Pero sí para una esperanza organizada, sobria, crítica, fraterna. Esa que no niega la oscuridad, pero decide no pactar con ella. Cuando todo nos parece perdido es necesario tener la conciencia despierta.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!
Fotografía: José Yorg
