Por: Diana Palacios. 10/04/2026.
Falleció en la Ciudad de México a los 82 años el profesor normalista, historiador y militante socialista Enrique Ávila Carrillo, su vida fue una trinchera: del movimiento estudiantil del 68, fundador de la CNTE y la militancia socialista, nunca dejó de luchar contra el Estado, el charrismo y el capitalismo.
Hay muertes que no sólo cierran ciclos, sino que también abren tareas. La de Enrique Ávila Carrillo es una de ellas. Fallecido el pasado 8 de abril en la Ciudad de México a los 82 años, no fue simplemente un historiador o un maestro normalista, fue, con todas sus letras, un militante socialista, que hizo de la historia una herramienta de lucha y de la educación un campo de disputa a favor de la clase trabajadora y campesina.
Nombrarlo sin su ideología sería vaciarlo de contenido. Su vida pertenece a la tradición del marxismo revolucionario, del trotskismo, del zapatismo, de quienes no se resignan a interpretar el mundo, sino que se organizan para transformarlo.
En un país donde la historia oficial ha servido para legitimar al poder, el maestro Enrique Ávila eligió incomodar. Su lectura de la Revolución mexicana no era la de una gesta cerrada y reconciliada, sino la de un proceso atravesado por la lucha de clases, apropiado por nuevas élites. Ahí donde el discurso dominante canoniza figuras, él devolvía la crítica y el debate.
1968: la marca de la represión
Si algo atravesó su vida fue la experiencia directa de la violencia estatal. Como estudiante de la Escuela Normal Superior de México, participó en el movimiento estudiantil de 1968 y fue representante ante el Consejo Nacional de Huelga.
En su participación del 2 de octubre, fue detenido en la Plaza de las Tres Culturas, de ahí trasladado al Campo Militar No. 1 y, posteriormente, a la penitenciaría de Lecumberri, donde fue preso político junto a figuras como José Revueltas, Demetrio Vallejo y Adolfo Gilly.
Esa experiencia no lo llevó a la moderación, sino a la conclusión radical de que el Estado mexicano no era un árbitro neutral, sino una maquinaria al servicio de un orden social que debía ser transformado desde la raíz. Por eso nunca aceptó los llamados a la “reconciliación” con el Ejército, como los impulsados recientemente desde el gobierno. Para él, la memoria no podía construirse sobre el olvido de los crímenes.
Militancia revolucionaria y reorganización
Su trayectoria política estuvo marcada por la búsqueda de una alternativa independiente para la clase trabajadora. Militó en la Liga Obrera Marxista y, después, en el Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Tras la crisis y división del PRT en 1992, se mantuvo con la mayoría de su dirección, que más tarde adoptaría el nombre de Democracia Radical. Pero esto, lejos de ser un episodio menor, fue un proceso que expresó los esfuerzos por sostener una estrategia revolucionaria en medio del reflujo de la izquierda mexicana.
Más adelante, este espacio terminaría confluyendo en la órbita del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Enrique Ávila se integró a ese proceso y militó también en el colectivo de Profes de la Sexta, vinculado a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, donde permaneció activo hasta sus últimos días.
La CNTE y la lucha magisterial
Como fundador de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación a fines de los años setenta, Enrique Ávila fue parte de la construcción de una de las corrientes más combativas del sindicalismo mexicano.
Enfrentó al charrismo sindical y al control corporativo del Estado, defendiendo una práctica basada en la democracia asamblearia, la movilización y la independencia política. Para él, el magisterio no era un engranaje técnico, sino un sujeto político.
Participó activamente en las luchas contra los planes “modernizadores” de los gobiernos de José López Portillo y Miguel de la Madrid, que anticiparon las reformas neoliberales en educación. También fue parte del movimiento por la democratización de la Escuela Normal Superior, proceso que culminó con la ocupación de su sede por granaderos y su posterior desarticulación.
Este compromiso tuvo consecuencias, pues fue vetado durante años de la docencia en la Normal, junto a otros profesores como el también fallecido José Luis Loa Carbajal que no se doblegaron.
Educación, historia y resistencia
Discípulo del historiador Agustín Cué Cánovas, Enrique Ávila dedicó su vida a la enseñanza, a la escritura y a la militancia. Fue autor de más de 30 libros, entre los que están 1968-2008: 50 Años de Represión Despojo y Resistencia, Calendario Cívico Escolar, Revolución de Independencia: A Doscientos Años de Su Inicio, entre otros, pero su obra nunca buscó el reconocimiento académico vacío, él escribía para intervenir.
En sus páginas, México no aparece como una nación armónica, sino como un terreno de conflicto permanente. Recuperó las luchas populares, especialmente las del movimiento magisterial, y formó generaciones de docentes y militantes con una perspectiva crítica del sistema.
Su práctica docente fue coherente con su política: enseñar historia no como relato oficial, sino como campo de disputa.
Fue un férreo opositor a las reformas educativas neoliberales, desde sus primeras expresiones hasta la impuesta durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, baste leer su libro Santa Anna y Peña Nieto: el Despojo de una Nación. Entendía que no eran simples políticas públicas, sino parte de un proyecto para subordinar la educación a las necesidades del mercado con evaluaciones punitivas, precarización laboral e, incluso, con el vaciamiento crítico de los contenidos.
Respaldó también las luchas más recientes del normalismo, como el paro estudiantil de 40 días en la Normal Superior en 2013. Y hasta el final sostuvo una posición intransigente frente a los crímenes de Estado. Denunció la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y se movilizó por su presentación con vida, reafirmando su rechazo al Ejército como institución represiva.
No hay homenaje sin continuidad
Con todo lo anterior no se pretende convertirlo en figura, porque eso sólo sería convertirlo en un nombre propio que se cita, en una referencia que se archiva. Porque, como dije desde el inicio, eso sería “desactivarlo”. Ya que el camarada Enrique Ávila Carrillo no vivió para ser recordado, sino vivió para intervenir, considero que su mayor legado, además de sus textos, son continuar en lucha y fomentar el pensamiento crítico en las escuelas, Como militantes tenemos una gran responsabilidad de preservar su memoria y continuar en la lucha combativa y por izquierda.
En un contexto donde la llamada Nueva Escuela Mexicana mantiene, más allá del discurso, la precariedad docente y el control sindical, el ejemplo de Enrique Ávila cobra una vigencia particular quien salió aún el pasado 2025 a luchar para defender sus ideales revolucionarios y con clara independencia del gobierno y de la derecha. Su vida vuelve a plantear una disyuntiva que sigue abierta: socialismo o barbarie; no como consigna vacía, sino como problema concreto. Porque si algo enseñó Enrique Ávila es, que la historia no está escrita de antemano, que incluso en los momentos más adversos hay quienes deciden no sólo interpretarla, sino luchar por transformarla.
Y que en esa decisión —persistente, incómoda, profundamente política— sigue latiendo la posibilidad de otro mundo. ¡Hasta la victoria siempre, camarada!
