Por: Comuna Docente. 21/09/2026
¿Nos quedamos sin alumnos? Desde el gobierno de ultraderecha de Javier Milei, se viene batiendo el parche de que la culpa de la baja de la natalidad en nuestro país es culpa del feminismo. Como docentes, nos empezamos a enfrentar a las consecuencias de este fenómeno poblacional y social.
Ya en una nota en nuestra revista N°22 nos referimos al tema. Seguimos profundizando, investigando, estudiando para posicionarnos con más elementos.
¿Es el feminismo el causante de la baja de la natalidad? ¿Nos quedamos sin alumnos y escuelas por culpa de la Ley del Aborto? No, nada más alejado de la realidad, veamos las verdaderas causas.
En el libro La revolución demográfica, las investigaciones de los licenciados Rafael Rofman y Carola Della Paolera hacen una periodización que incluye largos procesos, que nos ayuda a entender cómo llegamos hasta acá. Durante la mayor parte de la historia humana, la dinámica poblacional fue nacer mucho y vivir poco con tasas globales de fecundidad de 7 hijos por mujer y una expectativa de vida al nacer que rondaba apenas los 30 años y una mortalidad infantil que diezmaba a la mitad de los niños antes de los 10 años.
Eso cambió a fines del siglo XVIII, con las transformaciones en las sociedades occidentales, y los cambios en la urbanización, en las tecnologías de producción, el acceso a la educación y la construcción progresiva de una cultura de derechos (en particular, de las mujeres y los niños), se inició el proceso de transición demográfica. Este proceso, que comenzó en Inglaterra y Francia para luego expandirse al resto del mundo, marcó el paso regímenes de alta mortalidad y fecundidad a otros de tasas bajas. Aquí se inicia el período que llega hasta nuestros días de nacer poco, pero vivir más, que trae como principal consecuencia poblaciones adultas mayores con poca juventud.
La Argentina, desde la conformación del Estado Nación fue en general poblacionista, recordemos la premisa de Alberdi a mediados del siglo XIX de “gobernar es poblar”, más centrado en atraer inmigración europea que en fomentar la natalidad. La política desde el Estado en general tuvo continuidades con algunas intermitencias natalistas (fomento o impulso de los nacimientos), pero lo que se fue imponiendo fue el enfoque de derechos, por el que se prioriza que las personas (y especialmente las mujeres) decidan autónomamente sobre sufecundidad. Es necesario aclarar, que la política implementada a fines del siglo XIX, no incluyó la incorporación de los pueblos originarios, sino su exterminio.
Las causas del descenso de la fecundidad
Para las proyecciones demográficas desde 1950, se aplicó en todo el mundo “el método de los componentes”: el mismo consiste en discriminar cada uno de los tres componentes del cambio demográfico: la fecundidad, la mortalidad y las migraciones.
A mediados del siglo XX, los demógrafos comenzaron a desarrollar el concepto de determinantes próximos para explicar la baja de la fecundidad: cambios sociales, económicos, psicológicos o ambientales. Estos determinantes toman en cuenta la edad al inicio y fin de la fertilidad, costumbres y normas sobre cohabitación, matrimonios y relaciones de pareja en general, duración del periodo de lactancia, uso y efectividad de anticonceptivos e interrupciones voluntarias o involuntarias de embarazos.
A mediados del siglo XX, los demógrafos comenzaron a desarrollar el concepto de determinantes próximos para explicar la baja de la fecundidad: cambios sociales,
económicos, psicológicos o ambientales. Estos determinantes toman en cuenta la edad al inicio y fin de la fertilidad, costumbres y normas sobre cohabitación, matrimonios y relaciones de pareja en general, duración del periodo de lactancia, uso y efectividad de anticonceptivos e interrupciones voluntarias o involuntarias de embarazos.
A medida que el descenso de la fecundidad se universalizó, alcanzando prácticamente a toda la población mundial, se evidenció que el principal determinante próximo era la generalización en el uso de anticonceptivos eficaces. Hay una tendencia muy común a atribuir el descenso de la fecundidad a las crisis económicas. En esto los autores de La revolución demográfica son categóricos: … la Argentina es un buen ejemplo de cómo la crisis económica o sociales suelen tener poco
impacto sobre la fecundidad: durante las últimas dos últimas crisis (la hiperinflación a principios de los años ́90 y la salida de la convertibilidad a principios de 2.000) las tendencias en los niveles de fecundidad no tuvieron cambios relevantes”
.
El gran cambio
A partir del 2014 todo cambió sorpresivamente en nuestro país, y los autores lo plantean así: “En ese contexto, el hito más sorprendente ocurrió recientemente: La “revolución silenciosa” que se inició en el 2014. En sólo 10 años, la fecundidad en la Argentina cayó un 48%, alcanzando un mínimo histórico de 1,23 hijos por mujer en el 2024. Esta caída imprevista se concentró en las mujeres más jóvenes (una baja del 66% en menores de 20 años) y fue transversal a todos los estratos ocioeconómicos. Las causas no parecen haber sido económicas ni pandémicas, sino culturales y tecnológicas: cambios en los vínculos y las decisiones de las personas y el acceso masivo a nuevos anticonceptivos, como los implantes subdérmicos de larga duración” (2).
Para que tengamos un parámetro de referencia, hoy a nivel global, la fecundidad está en 2,2 hijos por mujer. La caída es en todo el país y en todos los estratos socioeconómicos. El descenso de la fecundidad fue rápido y a todas las edades, aunque concentrado en las mujeres más jóvenes.
Lo relevante para tener en cuenta es que el periodo de crecimiento poblacional de la transición demográfica que conocimos hasta ahora está llegando a su fin, y que una nueva etapa se inicia en la historia demográfica de la humanidad.
Algunos demógrafos la llaman la segunda transición demográfica. “Este proceso se caracteriza por una tendencia a un nivel de fecundidad por debajo del reemplazo (2,1 hijos por mujer), que combina maternidad más tardía, menor cantidad de hijos, un aumento de la proporción de la población que nunca tendrá hijos, un descenso en los matrimonios (reemplazados por una mayor incidencia de la cohabitación y la vida sin pareja) y un creciente uso de métodos anticonceptivos de alta
eficacia” (3).
El debate, entonces, no debería centrarse en cómo modificar estas decisiones, sino en repensar las normas e instituciones sociales para adaptarlas a la nueva realidad: una población que inevitablemente irá envejeciendo.
La segunda transición demográfica tiene un efecto particular sobre la estructura por edad que se llama “bono demográfico” .
Este bono – una ventana que se cierra en 15/20 años – es una oportunidad, ya que, en este momento, los jóvenes y adultos que trabajan y producen, tienen menos niños y adolescentes por un lado y menos adultos mayores por el otro, “para mantener”
.
Dentro de 20 años, menos jóvenes en edad de producir, tendrán que mantener más adultos mayores. Esto es irreductible. El libro en cuestión, plantea una salida en los marcos del sistema, es decir adaptándose a las actuales relaciones de producción, en “Por primera vez en la historia, los sistemas educativos no necesitan preocuparse por construir más escuelas para absorber a una población creciente debido a la baja en la fecundidad. Esta disminución en el número de alumnos permite reasignar recursos para mejorar la calidad y pertinencia de la enseñanza…”
La reducción de los nacimientos va a impactar en las aulas. Hay una salida fácil para los gobiernos nacional y provinciales, que es ajustar y cerrar escuelas y cursos,
nosotrxs podemos y debemos pensar distinto. Se puede mantener las actuales aulas con un menor número de estudiantes para de verdad poder hacer lo que tanto se nos pide, seguir las trayectorias educativas de cada uno. Esto será posible siempre y cuando tengamos un presupuesto educativo de acuerdo a las demandas salariales y de infraestructura del sistema.
Trabajar en un sistema educativo con menos estudiantes es una oportunidad para poder mejorar la transmisión de conocimientos socialmente productivos a quienes asisten a ella. Como docentes tenemos que pensar y posicionarnos sobre el tema, antes de que nos estalle y se ajuste, como viene pasando, en la educación pública donde habría que hacer los cambios necesarios para producir más para que vengan más inversiones y así, hacernos ricos antes de hacernos viejos”. Creemos que esta salida es debatible, y será objetivo de otra nota plantear un esbozo o una alternativa pensada desde lxs docentes como clase trabajadora.
¿Una oportunidad para el sistema educativo?
Compartimos con los autores, en la oportunidad que nos abre esta situación ya que, al haber menos niños, esto nos permite priorizar la calidad educativa. Si la perspectiva es que tengamos aulas con menos alumnxs y estudiantes, producto de la segunda transición demográfica y la baja de la natalidad, se nos ocurrió consultar a docentes – de primaria y secundaria – sobre cómo aprovecharían la oportunidad de tener cursos con menos alumnos. Claro que nosotros tenemos nuestra mirada, pero quisimos abrir la consulta a otros docentes.
Hicimos la siguiente pregunta: ¿Qué cosas desde el punto de vista pedagógico (que no podés hacer ahora) te permitiría hacer un curso con 15 alumnos? Las respuestas, son dignas de consignar:
Lorena. Primaria.
Desde el punto de vista pedagógico obviamente que manejarte con pocos chicos suma. A nivel alfabetización es mucho más sencillo. porque los podés subdividir en grupos inicial, intermedio y avanzado. La enseñanza es prácticamente personalizada. A nivel áulico podés disponerlos en forma de U, en semicírculo o como se te ocurra para facilitar la interacción. En un aula de 15 chicos la enseñanza es más personalizada, mejor manejo del material. En una clase se puede hacer una mesa redonda donde te puedes sentar con los pibes, se crea un clima muy íntimo, y es más fácil para trabajar la dificultad, ya sea en el área de matemáticas, el área de práctica, el lenguaje y las actividades.
Melina. Primaria.
Con 15 alumnos en el aula se vincula de manera más personalizada, la mirada es más atenta y se puede acompañar con mejor calidad las necesidades de cada uno.
Se acompañan las trayectorias, se pueden realizar actividades con prácticas, el uso de laboratorio, con menos alumnos, es más sencillo de organizar los tiempos y la
mirada atenta. Seguramente tendríamos menos agotamiento de la voz. En resumen, más posibilidades de adaptar actividades y armar proyectos para cada uno/a.
Raquel. Primaria.
¡Sería maravilloso! Muy productivo a nivel pedagógico un aula con 15 alumnos. Se puede conocer mucho más rápido al grupo y las características de cada alumno. Individualizar sus capacidades y dificultades. Desarrollar y aplicar estrategias de trabajo que permitan atender la diversidad en los aprendizajes. El encuentro con las familias es más dinámico por obvias razones. El equipo de apoyo escolar puede atender con prontitud las necesidades que el docente va observando. Se maximizan los recursos materiales: libros, computadoras, espacios, salidas educativas, comedor, etc. Nosotros lo vivimos en la práctica cuando se reduce el grupo por razones climáticas. Lo diferente que se trabaja con un grupo reducido.
Florencia. Primaria.
En el marco de la educación inclusiva considero que en un aula ideal sería de 15 pibes. Uno puede readecuar o configurar de manera personalizada las propuestas
pedagógicas. En el nivel primario cada uno de los niños y niñas tienen un proceso alfabetizador distinto, que depende del proceso cognitivo individual. No todos
aprenden a escribir y a leer a la vez, todos tienen un punto de partida y un momento preciso para que esos contenidos se adquieran y así pueda alfabetizarse.
El problema está, que es difícil seguir lo que uno planifica, porque muchas veces nos quitan el tiempo otras demandas. Con 29 alumnos en 3er grado, es sobrecarga
laboral, porque ¿cómo hacemos los docentes para readecuar y acompañar a estos niños, cuando todos tienen distintos niveles de aprendizaje. Sinceramente, no se
logra. La maestra tiene que tomar lista, corregir, tiene que explicarle a uno a otra, hay que tener en cuenta que en cada aula hay también niños con otras capacidades. Es la maestra la que se encarga de todo. A todo eso hay que sumarle los informes pedagógicos niño por niño. La evaluación, tenemos también que estar a cargo del PPI (Proyecto Pedagógico Individual), que se elabora para los niños que tienen otras capacidades o distintas formas de aprender, para que tengan un diagnóstico preciso. A esto se suman los actos escolares, eventos, jornadas. Con más alumnos, todo esto se multiplica.
Pao, Matemática. Secundaria.
Nos permitiría realizar un trabajo y explicaciones más personalizadas dentro del aula. Mayor atención por alumno en el seguimiento de avances y retrocesos.
Seguimiento de tareas extra escolares y corrección de las mismas, dando apoyo y acompañamiento en las dudas y necesidades de los estudiantes. Como consecuencia se lograría mayor continuidad en los aprendizajes. Al ser menor la cantidad de estudiantes en el aula, la distracción y dispersión de los mismos suele ser menor. Esto trae como consecuencia mayor concentración, de manera que el dictado de los temas puede darse con mayor profundidad. Se puede lograr mayor acercamiento con los estudiantes desde la conversación, compartir experiencias referidas al estudio, brindar espacios de escucha, haciendo que se genere un vínculo en el que se sientan parte integrante del proceso de enseñanza aprendizaje, no solo desde lo académico. La carpeta de actividades diarias es fundamental en el área de matemática, y las actividades referidas al seguimiento y corrección de las mismas, suele ser de mayor calidad y más dinámica si el tiempo destinado para ello es mayor. Al tener menor cantidad de estudiantes por aula, el tiempo destinado para estas actividades será mayor, no solo en cantidad sino en calidad.
Nora, Lengua. Secundaria.
Podríamos dedicar más tiempo a los alumnos que presentan dificultad, detectar más rápido diferentes problemáticas y abordarlas. Mayor posibilidad de participación, sería más fácil que todos puedan expresarse. Se podría compartir mejor el poco material que hay en bibliotecas. No gastaría tanto en
fotocopias. Ayudaría a una mejor convivencia y podría hacer un mejor seguimiento de las trayectorias.
Romina, Historia. Secundaria.
Tengo cursos de esa cantidad más o menos y son más personalizados. Los conoces más rápido. Puedo tener mejor seguimiento de los alumnos, capaz me permite organizar alguna actividad distinta como alguna salida. Es más fácil organizar actividades donde todos puedan dar una opinión. Igual, a veces no es solo la cantidad de alumnos sino más bien su predisposición a participar en la clase.
Graciela, Cs. Naturales. Secundaria.
Un aula de 15 alumnos, me permite personalizar el proceso de enseñanza – aprendizaje mucho más. Tomar en cuenta aspectos no estrictamente académicos que
puedan impactar en el proceso. Podés incorporar ludificación en las prácticas. Las correcciones incluso mejorarían drásticamente y las devoluciones serían muchísimo más significativas, retroalimentando así el proceso de aprendizaje de cada alumno/a. Es esperable que con aulas reducidas el comportamiento y el compromiso con el aprendizaje y la escolaridad mejore notablemente. Así también los vínculos entre pares y con los docentes mismos.
Moni, Matemática. Secundaria.
Por mi materia con 15 alumnos podría trabajar más tiempo en formar particular porque al hacer ejercicios yo necesito ir viendo cómo los van desarrollando para
orientarlos o indicarles cosas puntuales. En general menos bullicio permite mayor posibilidad de concentración. Soraya, Físico-Química. Secundaria. Un curso con 15 alumnos me permitiría: Generar debates. Hacer experimentos. Hacer seguimiento y asistencia a estudiantes de manera más personalizada. Utilizar material bibliográfico para cada estudiante.
Mónica, Lengua. Secundaria.
Podría trabajar sobre el texto propio. Reformulación del escrito. Vocabulario y uso de pronombres y sinonimia. Coherencia y cohesión desde lo escrito. Búsqueda del estilo personal de escritura. Comprensión lectora individualizada. Mariana, Historia. Secundaria. Trabajar con cada uno puntualmente sobre sus dificultades, necesidades y potencialidades.
Andrés, Geografía. Secundaria.
Un aula con 15 estudiantes para mí te permite una educación más personalizada, seguir cada trayectoria y generar otro vínculo con los chicos. La explicación del
tema, se da en un marco más íntimo y permite dialogar. Podemos debatir. Yo trabajo en escuelas con 20 chicos, con 10 chicos y con 40. La diferencia es muy
evidente. También hay una mala distribución de la matrícula. Hay escuelas con aulas de 40 pibes y a 10 cuadras escuelas con 5 chicos. Me parece que es una isiónolítica que pase esto, para cerrar escuelas o cursos, y ahorrarse sueldos y cargos. Para ahorrar plata y ajustar, se sobrecarga al docente que tiene que trabajar muchísimas horas para sobrevivir con aulas numerosas. Es evidente que, en este caso, “menos es mas”.Si tenemos que prepararnos para una reducción de matrícula producto de la baja de la natalidad, se abre una ventana de oportunidad para dar mucha y mejor educación a menos alumnos en las aulas.
Último acuerdo paritario: Impacto de la baja de natalidad en la matrícula
Creemos necesario discutir este problema en las escuelas. En el último acuerdo paritario del Suteba, de julio del 2026: “Se reconoce la necesidad de diseñar propuestas estratégicas que incluyan una planificación integral de los actores institucionales, la infraestructura, la organización escolar y del trabajo docente, así como las políticas de inclusión” y se propone que, “Estas propuestas deberán construirse a
partir de un diagnóstico compartido, que permita anticipar y dar respuesta a los desafíos que plantea la disminución de la matrícula escolar”. Este tema no puede quedar en manos de una conducción provincial, más preocupada en defender sus intereses y los del gobierno provincial que el de lxs trabajadorxs de la educación.
Reaccionemos antes de que sea tarde.
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Fotografía: Huella del sur
