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Del genocidio al cientificidio: el plan sistemático para borrar el futuro de la Argentina 

por RedaccionA septiembre 15, 2026
septiembre 15, 2026
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Por: Alberto Nadra. 15/09/2026

La última dictadura no solo asesinó y desapareció; cortó la transmisión de la experiencia colectiva al diezmar una generación de líderes políticos y sindicales. Hoy, con otros métodos, el gobierno de Javier Milei consuma un vaciamiento análogo: desmantela el sistema científico, ahoga al CONICET, al INTI y a la CONAE, y empuja a nuestros profesionales a la emigración forzada. Del genocidio al cientificidio: un plan sistemático para que la Argentina pierda no sólo su presente, sino su capacidad de proyectar soberanía hacia el futuro.

«Estamos perdiendo el capital más difícil de recuperar: el conocimiento acumulado en la cabeza de nuestros profesionales. Un reactor se puede volver a financiar, pero una generación de científicos que se va del país o cambia de rubro significa décadas de retroceso imposibles de reparar de la noche a la mañana».

Con esta contundente advertencia, la ingeniera nuclear Julieta Romero sacudió el debate en la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados. Su exposición no fue un reclamo sectorial: fue una radiografía del presente. Romero advirtió sobre una fuga de talentos sin precedentes y la parálisis de proyectos estratégicos. Sin embargo, para comprender la verdadera dimensión de este vaciamiento, es necesario inscribir el desmantelamiento del sector nuclear y científico llevado a cabo por el gobierno de Javier Milei en una perspectiva histórica más profunda y dolorosa para el pueblo argentino.

El terror como proyecto: la dictadura y el corte del relevo generacional

La historia de la Argentina contemporánea está marcada por quiebres drásticos en sus procesos de acumulación y transmisión de experiencias. La última dictadura cívico-militar que asoló al país a partir de 1976 no solo impuso un modelo económico de desindustrialización y deuda; su objetivo central fue el disciplinamiento social a través del terror. Para lograrlo, eliminó físicamente a más de una generación de relevo dirigencial. Militantes políticos, cuadros sindicales, referentes estudiantiles y organizadores barriales fueron asesinados, desaparecidos o exiliados.

Con ese crimen de lesa humanidad, la dictadura cortó de raíz los hilos de transmisión de la experiencia colectiva en las luchas populares, acumulada durante décadas y transmitida de generación en generación. El costo social y político de ese bache generacional sigue siendo una herida abierta en la reconstrucción del tejido democrático.

Esa generación diezmada —la de los Tosco, los Ongaro, los Salamanca y los Piccinini— no fue reemplazada. No hubo relevo posible para aquellos dirigentes sindicales que habían construido, desde la fábrica y el barrio, una tradición de lucha y organización que se transmitía de boca en boca y de taller en taller. La dictadura no solo los asesinó o los forzó al exilio: cortó de raíz la cadena de transmisión de esa experiencia.

El nuevo rostro del vaciamiento

Hoy, ese mismo mecanismo de vaciamiento se reproduce con otros instrumentos. Ahora no se fusila ni se desaparece; se asfixia presupuestariamente. Y el blanco ya no son solo los dirigentes gremiales, sino los hombres y mujeres que integran el INTI, la CONAE o el CONICET. La generación que creció sin los referentes sindicales de los ’70 está viendo cómo se intenta que las próximas generaciones crezcan sin los referentes científicos y tecnológicos del presente. El mecanismo es el mismo, aunque el método haya cambiado: interrumpir la transmisión del saber y la experiencia para que el país no pueda proyectarse más allá del corto plazo.

Hoy, bajo la administración de Javier Milei, la Patria se enfrenta a una agresión que guarda una alarmante analogía estructural con aquel pasado, aunque ejecute sus mecanismos desde la asfixia financiera y el dogmatismo de mercado.

El apagón del conocimiento: un desguace planificado

Lo que el actual gobierno está consumando es la destrucción sistemática de nuestra capacidad científica, tecnológica y económica. El ataque no se limita a la CNEA o a los proyectos de vanguardia mundial como el reactor CAREM o el RA-10. Se trata de un apagón generalizado que derriba los pilares del sistema de conocimiento nacional, base ineludible del desarrollo económico.

El ahogo presupuestario desarticula al CONICET y paraliza las becas de los jóvenes investigadores que representan el futuro del pensamiento crítico. Desmantela al INTA y al INTI, los brazos tecnológicos que asisten a la producción agropecuaria e industrial en cada rincón federal. Golpea la soberanía espacial en la CONAE y apaga las aulas de las universidades públicas mediante el congelamiento de sus recursos. Al empujar a los profesionales de élite a la emigración forzada por salarios de miseria, se está perpetrando un crimen de similares consecuencias a largo plazo que los crímenes de la dictadura.

La subordinación geopolítica como objetivo

Estamos presenciando el corte abrupto de la cadena de relevo y acumulación que la Argentina construyó con soberanía, esfuerzo estatal e inversión pública a lo largo de su historia. Formar a un físico, a un biólogo, a un ingeniero o a un tecnólogo de alta complejidad requiere décadas de continuidad institucional; destruirlos toma apenas una firma en el Boletín Oficial o un veto presupuestario. Cuando un científico migra o un equipo de investigación se disuelve, no se pierde solo un puesto de trabajo; se extingue un eslabón del conocimiento nacional que difícilmente pueda recuperarse.

Este proceso excede la mera negligencia de gestión; se revela como un plan deliberado de subordinación geopolítica, que ataca la capacidad de la Nación para pensar y decidir su propio destino. Al vaciar el ecosistema de ciencia y técnica, se condena al país a la condición de mero exportador de materias primas y consumidor de tecnologías extranjeras.

La analogía histórica se vuelve entonces ineludible y brutal: si los sectores concentrados del poder utilizaron ayer la violencia estatal para exterminar el relevo político y social, hoy el anarcocapitalismo utiliza el estrangulamiento económico para liquidar el relevo intelectual y el desarrollo soberano.

Estamos, en definitiva, ante un segundo e irreparable genocidio —humano, científico y económico— que busca arrebatarle a la Argentina no solo su presente, sino su capacidad de proyectarse de forma autónoma hacia el futuro.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: La tecla ene revista

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