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PUNTO DE NO RETORNO: el fin de Era y el estado de la edición en México

por RedaccionA septiembre 1, 2026
septiembre 1, 2026
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Por: Juan Pablo Carrillo Hernández. 01/09/2026

El éxito de Ediciones Era fue reflejo (y ejemplo) no sólo de una gran creatividad y un enorme tesón, sino también de circunstancias sociales y culturales en torno al libro que quizá hoy ya no existen

Esta semana, el mundo cultural mexicano se agitó por un anuncio que aunque destinado originalmente a clientes comerciales, se filtró al público en general. En efecto: en un comunicado al parecer pensado y escrito sobre todo para librerías y otros comercios afines, Ediciones Era anunció el cese definitivo de sus operaciones, alegando una situación financiera ya imposible de sobrellevar, derivada de deudas contraídas durante la pandemia de 2020 y al parecer agravadas en años recientes.

Imagen del comunicado de Era filtrado a través de redes sociales (17 de agosto de 2026)
Comunicado de Era filtrado a través de redes sociales (17 de agosto de 2026)

La noticia causó conmoción, entre otras razones, porque Era fue durante varias décadas, una de las editoriales independientes más importantes de México, prestigio que se ganó a fuerza de creatividad y trabajo y, también, en cierta medida, a una muy buen aprovechamiento de las circunstancias de su época. La afortunada imprudencia juvenil de sus fundadores –los hermanos Neus, Jordi y Francisco Espresate, Vicente Rojo y José Azorín, todos ellos de menos de 30 años de edad al comenzar la editorial, entre 1959 y 1960– coincidió con un momento muy particular tanto de México como del mundo.

Para empezar, la editorial se benefició en lo inmediato del impacto que tuvo en la vida cultural, intelectual y académica de México el llamado “exilio español”, esto es, los españoles que abandonaron su país a causa de la Guerra Civil de 1936 a 1939, prácticamente todos ellos republicanos y, en el caso de los adultos, en varios casos ya provistos de una formación sólida en disciplinas como las ciencias sociales y humanas, las artes, la filosofía y otras. Los fundadores de Era pertenecieron al exilio español y, de no ser por éste, no se hubieran conocido en México, lo cual ya marca un cierto grado de importancia de dicha circunstancia.

Neus Espresate y Vicente Rojo en las oficinas de Era, en 1967 (Foto: Héctor García)
Neus Espresate y Vicente Rojo en las oficinas de Era en 1967 (Foto: Héctor García)

Un segundo elemento que explica la importancia y consolidación de Era en el medio editorial mexicano fue la efervescencia cultural, social y política de los años 60 y 70 del siglo pasado, sin duda la mejor época de la editorial, durante la cual consolidó un catálogo actual y atractivo, apoyado particularmente en dos campos, la literatura y las ciencias sociales, lo cual no fue para nada casual.

Por el lado literario, dichos fueron los de la producción de varias de las obras que o se volvieron canónicas dentro de la literatura mexicana, o aunque menos importantes, fueron obra de los escritores que sin duda pertenecen ya a dicha historia. Por mencionar algunos de los más destacados de la época, fue en Era donde Carlos Fuentes publicó Aura, en 1962, sin duda el libro más leído del autor, tanto que hasta hace no mucho tiempo formaba parte de las lecturas obligatorias en las escuelas secundarias del país. José Emilio Pacheco también publicó ahí algunos de sus primeros poemarios, e igualmente Era fue la casa editorial de José Revueltas, algunos de cuyos libros tuvieron admirables portadas diseñadas por Vicente Rojo.

En Era apareció el primer libro de crónicas de Carlos Monsiváis, Días de guardar (1970), algunas primeras ediciones de Sergio Pitol, la también célebre La noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska y dos de los libros más originales de Octavio Paz: Discos visuales y Marcel Duchamp, ambos publicados en 1968 y diseñados en colaboración con Vicente Rojo; el primero una suerte de artefacto poético manipulable, muy a la usanza de las prácticas artísticas de la época, y el segundo un libro-maleta inspirado en los famosos ready-mades del artista francés, con varios contenidos en su interior, a saber, escritos del propio Duchamp traducidos por Tomás Segovia, el ensayo «Marcel Duchamp o el castillo de la pureza” de Octavio Paz y reproducciones del artista.

Detalle de
Detalle de «Discos visuales» (arriba) y «Marcel Duchamp» (abajo), libros-objeto diseñados por Octavio Paz y Vicente Rojo en 1968 y publicados por Ediciones Era en ese mismo año

Además del talento nacional, de por sí vasto, Era también recogió los frutos de parte del buen momento que vivió entonces la creatividad literaria de América Latina. En 1961 publicó la primera edición fuera de Colombia de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, así como la primera edición autorizada por el autor de La mala hora, en 1962, su tercera novela. En 1968 salió de sus imprentas la primera edición fuera de Cuba de la monumental y legendaria Paradiso de José Lezama Lima, en este caso además con una feliz circunstancia adicional: a sabiendas de que la editio princeps publicada por Ediciones Unión en La Habana en 1966 abundaba en erratas, la revisión y corrección de Era estuvo a cargo nada más y nada menos que de Julio Cortázar y Carlos Monsiváis. A ello habría que sumar dos grandes escritores guatemaltecos exiliados en México a causa de la dictadura en su país que derrocó al gobierno democrático de Jacobo Arbenz: Luis Cardoza y Aragón, gran poeta y excelente crítico de arte y ensayista, y Augusto Monterroso, quizá el mejor exponente de la microficción y la narrativa miscelánea, ambos con títulos no sólo que se volvieron de referencia imprescindible en sus propios ámbitos, sino también de alguna manera entrañables para los lectores, sobre todo en el caso de Monterroso.

Y por si esto no fuera poco, cabe hablar de otro par de factores que de alguna manera están unidos: la fuerte presencia del marxismo en la cultura occidental de las décadas de 1960 y 1970 y, por otro lado, el aumento exponencial de la población con acceso a la educación universitaria en México en esos mismos años.

Ambas circunstancias van un poco de la mano porque, como decíamos, el otro gran pilar del catálogo de Era, además de la literatura, fueron las ciencias sociales, cuya producción académica y de divulgación se sostenía y se alimentaba de ese círculo virtuoso para la editorial. Si había interés por obras de divulgación o francamente académicas que explicaban algún aspecto de la realidad social desde una perspectiva marxista, era precisamente porque una parte importante de los lectores de la época se había formado en dicha perspectiva en las universidades del país. De ahí que títulos como La democracia en México de Pablo González Casanova (1965) o los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci (de 1975 el primer tomo) fueran también títulos del catálogo de Era con muy buena recepción.

Algunas portadas de libros publicados por Ediciones Era
Algunas portadas de libros publicados por Ediciones Era

A este panorama cabría agregar un apunte al margen: paradójicamente, la opresión del régimen priista en México provocó, como por carambola, una cierta fertilidad intelectual en el país, lo mismo entre autores, que entre editores y, por supuesto, lectores. Los escritores escribían no sólo incesantemente, sino además creativamente, como dominado por una sed de encontrar nuevos rumbos para su creatividad, emular o superar lo que se hacía en otras latitudes, estar a la altura o brillar con lustre propio. Y para dar lugar a esa creación hubo revistas literarias y académicas, suplementos en periódicos, editoriales con mayor o menor alcance, e incluso espacios poco usuales como lecturas de poesía, encuentros de escritores y otros. Y los lectores no se quedaban atrás: entre ellas y ellos se compartía un impulso un tanto inédito e insaciable por saber y cultivarse, discutir, estar enterados. Sin duda una combinación de circunstancias más que deseable para cualquier editorial que, por su parte y en el caso particular de Era, se le debe reconocer el mérito de haber sabido leer el momento que atravesaba el país y aprovecharlo a su favor. 

Sin embargo, parafraseando la vieja canción de Charles Trénet, cabría preguntarse ahora “que reste-t-il ?”, o dicho en buen español: ¿qué queda de todo aquello? Tras el anuncio de Era, varias personas en redes sociales, comentadores de ocasión pero quizá no del todo equivocados, sugirieron que el cierre de la editorial podría explicarse por la falta de renovación o actualización de su catálogo (aun con publicar excelentes escritores contemporáneos como Coral Bracho, Fabio Morábito o Verónica Murguía). Otros, más audaces, señalaron la inviabilidad de que una casa editorial aspire a sostenerse con la venta de un puñado de títulos, en su caso, Las batallas en el desierto y quizá algún otro longseller y venta garantizada del catálogo.

¿Cuándo fue la última vez que leíste una novedad de Era? ¿Has leído algún libro de Era publicado en los últimos diez años?
De no ser así, una de dos: o Era no supo renovarse y apostó a vivir toda su vida de Las batallas en el desierto, o tú no eres el lector que crees ser y…

— Federico Guzmán Rubio (@feguz77) August 18, 2026

También se aludió al precio elevado de sus ejemplares o al hecho de que la obra de algunos autores otrora emblemáticos de la editorial –Malcolm Lowry, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, entre otros– ha pasado en años recientes a otros sellos, lo cual ha contribuido a mermar el interés contemporáneo por las publicaciones de Era.

La tragedia fue que el maravilloso catálogo de ERA estaba cada vez más fuera del alcance de sus lectores potenciales. ¿Cuántos días de salario mínimo costaba el tomo de Revueltas con el ensayo de sobre un proletariado sin cabeza?

— Tigre de la Falacia☭ (@OscarDelDiablo) August 18, 2026

El cierre de @edicionesera es, en parte, culpa de los herederos de autores icónicos que sacaron sus obras de su catálogo para dárselos a las grandes trasnacionales, como fue el caso de José Emilio Pacheco

— Horacio Acosta (@amarillomango) August 18, 2026

La situación, como se advierte, no es para nada sencilla y difícilmente quedará zanjada pronto o del todo. El martes pasado, un día después de la filtración de su mensaje para clientes, la editorial emitió un comunicado oficial dirigido a los «muy queridos lectores de Era» en el que si bien amplía o explica de otras maneras las causas de su cierre, también deja entender que éste no es inmediato y quizá ni siquiera definitivo. «Lo que hoy anunciamos es que Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones», dice el mensaje, con una cierta ambigüedad que no se deja descifrar con soltura.

Ante las dudas generadas por un comunicado interno para clientes que se hizo público en diversos medios de comunicación, preparamos para todos los lectores que nos han acompañado a lo largo de 66 años este único mensaje oficial sobre Era, ya disponible en nuestro sitio web. pic.twitter.com/JMNOZI37QB

— Ediciones Era (@edicionesera) August 19, 2026

Además, el viernes 21 de agosto la Secretaría de Cultura del gobierno de México anunció una venta especial en apoyo a la editorial: un fin de semana en las instalaciones del Complejo Cultural Los Pinos en donde Era llevará ejemplares de todo tipo: descatalogados, firmados por autores, de su catálogo actual y otras mercancías como tazas y libretas. 

https://www.instagram.com/p/DcUhhuvx9UR/?utm_source=ig_web_copy_link&igsi=NTc4MTIwNjQ2YQ==

Una medida no se sabe si de emergencia o improvisada, y quién sabe si en última instancia inútil, dada la situación agonizante de la editorial. En todo caso, sin duda tardía, pues el gobierno –a través de instituciones como su sistema de bibliotecas públicas y librerías, la Secretaría de Educación y las dependencias culturales en general– tiene un grado de responsabilidad en el mantenimiento y buen desarrollo del ecosistema del libro, del cual forman parte importantísima las editoriales independientes. Una “venta especial” de dos o tres días es incomparable con prácticas sostenidas en el tiempo como la compra de ejemplares para el acervo de bibliotecas públicas, la formación de lectores a través del sistema educativo nacional o la implementación de clubes y otros espacios similares, programas públicos de apoyos a la edición y la distribución, entre otras. 

Por lo pronto, y a reserva de lo que pueda ocurrir con Era durante las próximas semanas, tal parece que con su cese de actividades se cierra uno de los episodios más importantes de la edición en México, lleno de títulos admirables y que sin duda marcaron la vida lectora de miles y quién sabe si millones de personas a lo largo de casi setenta años de esfuerzo admirable. Pero más allá del lamento, la historia de Era puede servir más bien como inspiración y ejemplo concreto de que una aventura editorial, aunque ardua siempre y por definición, puede sin embargo arrojar algunos de los frutos más inesperados y valiosos de los que puede producir el trabajo humano.


Juan Pablo Carrillo Hernández es director editorial de Pijama Surf. PUNTO DE NO RETORNO es una columna que busca ofrecer pistas para comprender mejor alguno de los sucesos de nuestra realidad cotidiana sobre el cual vale la pena detenerse y reflexionar.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Abebooks

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