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Dos posiciones sobre la política en el comunismo en México: a propósito de la obra de Leonardo D. Treto Cepeda

por RedaccionEM mayo 24, 2026
mayo 24, 2026
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Por: Victor Ortega. 24/05/2026.

Este año se han realizado varias presentaciones del libro Partido Comunista Mexicano en Nuevo León. Persecución, Memoria y Legado Político, de Leonardo David Treto Cepeda. Es un libro académico financiado por el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana que la doctora Beatriz Adriana Camacho Carrasco, a la sazón presidenta del Instituto, considera “un análisis neutral y documentado”.

En la página 109 aparece una de las tesis fundamentales del libro: “El mayor logro político del PCM, además de haber conseguido el registro electoral, fue catapultar a 23 Diputados Federales de izquierda congregados en el llamado « grupo parlamentario comunista» en las elecciones de 1979”, que habría enriquecido la pluralidad en la vida política, impulsado la reforma democrática e iniciativas de ley relacionadas con la carestía de la vida y el trabajo… o lo que es lo mismo, para Treto Cepeda, lo central en su reconstrucción histórica del comunismo es su legado político-electoral, vigente hasta la segunda década del siglo XXI.

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Treto Cepeda fija la aparición del comunismo formal en Nuevo León en los años treinta y comenta a figuras como Ricardo Villafuerte, Rodolfo Flores, Tomás Cueva, Eliseo Vázquez Chávez, Encarnación Pérez Gaytán, así como el paso de Valentín Campa y José Revueltas (apenas mencionado en la obra literaria de Cristina Rivera Garza) por la entidad. Esta primera generación de comunistas estuvo vinculada a los trabajadores del ferrocarril y los obreros metalúrgicos, entre los que destacan Pilar Rodríguez Ibarra y Román Guerra Montemayor, objetos de desaparición forzada y ejecución, caso que el autor considera el antecedente inmediato de los métodos que el Estado mexicano habría de desplegar posteriormente en una escala mayor para combatir a la oposición.

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Después del abordaje del primer momento de su periodización, Treto Cepeda apenas y menciona lo que a nosotros nos resulta fundamental en la historia de las minorías revolucionarias en México: los ciclos de crítica interna al interior de la matriz formal del comunismo. Otro tanto sucede con el proceso de escisión de la matriz formal del comunismo durante los setentas. Estas omisiones, involuntarias si se quiere, encuadran el trabajo del autor en la línea de la corriente histórica dirigida por Arnoldo Martínez Verdugo, desarrollada por autores como los Concheiro Bórquez y Carlos Iliades, y continuada hasta nuestros días por el mismo Treto Cepeda. Es ahí, en ese momento de la historia de la lucha de clases, en el que se funda la historia del comunismo formal como un momento de lucha por la democracia en general y de la democracia electoral en particular.

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No obstante, el resto del libro, Treto Cepeda ofrece información sobre los sectores sociales que conformaron el comunismo oficial en Nuevo León, figuras poco o nada conocidas, que pueden resumirse en los siguientes: 1) los trabajadores de la o vinculados a la Universidad (Máximo de León Garza –autor de una serie de textos sobre la historia de la lucha de clases en N. L.-, Jesús Ibarra, José Luis Sustaita, Lucilda Pérez Salazar, Cástulo Hernández, Celso Garza Guajardo, Amel Garza Martínez, Tomás González de Luna, Rolando Guzmán Flores, Carlos Ruiz Cabrera, Ernesto Villarreal, José ángel Sánchez, Abraham Nuncio, Hortensia Camacho); 2) los trabajadores del arte (María Belmonte, Rogelio Flores, Xavier Rodríguez Araiza) y 3) los exguerrilleros (Gustavo Hirales, Benjamín Palacios, Elías Orozco Salazar, Mario López Sandoval, Pedro Aguirre López, Ernesto Vásquez Laguna).

Esta nueva composición social del Partido Comunista Mexicano (PCM) después de los años sesenta, se ligó, entre otras, a las luchas de los choferes de la Ruta 1, a los posesionarios de la Loma Larga y de Villa de García, a los obreros del Fundidora, de Aceros Planos y de la Cristalería, a los mineros de la sección 67 y al sindicato de la UANL.

En la Segunda Parte del libro, el autor da cuenta de la historia de descomposición del comunismo formal en grupúsculos en lucha por prebendas y cargos y su reducción, como punto culminante, a la lucha electoral en el marco de la candidatura de Valentín Campa derrotada totalmente a manos de Alfonso Martínez Domínguez. A título de información, de primera aproximación para un inventario de las figuras del comunismo regiomontano, la obra Partido Comunista Mexicano en Nuevo León es una obra recomendable.

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Por nuestra parte, ya hemos expuesto la historia oculta del comunismo en México (tanto la de 1957-1962 como la de 1970-1973) en distintas entregas para este blog, Perspectivas Comunistas, que aparecerá como contenido del segundo volumen de Revolución y ultraizquierda en México próximamente, por lo que en esta parte de este artículo nos vamos a centrar en la crítica que realizó en su momento (1976-1982) el Partido Mexicano del Proletariado (PMP, cuyo origen está en el ciclo de crítica interna a la matriz formal del comunismo entre 1957 y 1962) a la política electoral del PCM así como una exposición de su concepto de política, antagónico al del PCM.

En un artículo de 1976 llamado Control político y elecciones (Revista Autogestión no. 1, primera época), el PMP establece el contenido de la reforma política iniciada por Luis Echeverría y desarrollada por José López Portillo: “la administración de López Portillo tendrá que garantizar una mayor representación en el aparato estatal a los sectores más fuertes del gran capital, en especial al sector financiero nacional, pero también tendrá que adecuar el aparato del Estado a las necesidades de un capitalismo en expansión, lo cual presupone su marcha lenta hacia las formas propias de la democracia burguesa.”.

“El proceso electoral ha servido para fortalecer la alianza que mantienen los diferentes grupos del capital burocrático entre sí y el sector burocrático entre sí y del sector burocrático en conjunto con el sector hegemónico a nivel económico: el capital financiero.”.

En 1981, el PMP apuntaba en Elecciones y parlamentarismo (Autogestión no. 3, segunda época): “Las sucesivas reformas electorales hechas al aparato político, como la “apertura democrática”, tan divulgada en el régimen de Echeverría (1970-1976) y la actual reforma política de López Portillo, obedecen a la necesidad de la propia burguesía para reordenar los mecanismo  de poder y para garantizar el crecimiento económico con estabilidad política. Se pretende asegurar la marcha de la acumulación capitalista modernizando la estructura jurídico-política donde se expresa la dominación del capital burocrático en unión con los grupos del capital financiero nacionales como extranjeros.”.

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Estableciendo el contenido de la reforma política, el PMP realizó simultáneamente la crítica al PCM. En Reforma política y oportunismo (Autogestión no. 4, primera época. 1977), leemos: “La forma de gobierno democrática no deja de ser una dictadura burguesa, con la particularidad de que en México la burguesía burocrática monopoliza el poder y plantea las reglas del juego ‘democrático’.

“Es evidente, por tanto, que la exigencia de que la Ley Electoral de pedir que en toda declaración de principios se exprese el respeto a “las leyes y las instituciones que de ellas emanen” va mucho más allá del simple reconocimiento formal del asunto. Significa caer en el ‘juego democrático burocratizado de la burguesía burocrática y reforzar su sistema político.

“Para decirlo en otras palabras. La exigencia de la Ley encierra, en las condiciones actuales, la renuncia a la revolución política del proletariado, y en su lugar se plantea una serie de transformaciones “democráticas y revolucionarias”, medidas que distan mucho del socialismo, pero que comprenden puntos de posible acuerdo y conciliación con la burguesía burocrática. Este es el fondo programático de las modificaciones que introducirá el XVIII Congreso del PCM en su línea oportunista”.

En Crítica a siete tesis de la izquierda mexicana (1977, Autogestión no. 7, primera época), el PMP realizó la crítica detallada de las siguientes tesis en las que el PCM fundaba su política: 1) El enemigo principal del pueblo mexicano es el imperialismo y sus aliados internos; 2) Dentro del aparato del Estado hay una burguesía buena (progresista) y una mala (reaccionaria); 3) La política exterior del gobierno mexicano es positiva, en cambio la interna es negativa; 4) El aparato del Estado y el sistema están en crisis crónica; 5) La unidad de la “izquierda responsable”, inclusive con sectores “progresistas”, nacionalistas, antiimperialistas” de la burguesía, es urgente ante un golpe militar fascista; 6) El campo socialista se consolida, el imperialismo y el fascismo viven su última fase, se refuerza el movimiento obrero y 7) Debemos organizar el partido de la clase obrera con la unidad de los revolucionarios; porque sólo el partido puede dirigir a la clase obrera.

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Para el PMP la política se define de la siguiente manera: “No todo movimiento social es político, pero todo movimiento político siempre es social, solo adquiere carácter político cuando en la lucha llega se llegan a oponer clase contra clase, en otros términos, el movimiento social se convierte en movimiento político sólo cuando la clase actúa como tal, como clase, es decir, cuando es un movimiento de la clase y, con más precisión, de sectores en cantidad suficiente de ella, en general, contra otra u otras clases de suyo antagónicas o en particular contra la clase o las clases dominantes.”. (Sobre el contenido marxista del concepto ‘política’, Autogestión no.1, segunda época. 1981).

“El objetivo estratégico central de la revolución política proletaria: instaurar la dictadura del proletariado, no establece la verdadera democracia, por el contrario, se propone garantizar el desarrollo de la revolución permanente, hasta la extinción del Estado y de las clases sociales. La dictadura es entonces la polaridad dominante y antitética de la democracia.” (Notas sobre el carácter anti-democrático de las luchas del proletariado, Autogestión no. 1, primera época. 1976).

Lo cual no suponía un abstencionismo pasivo. El PMP proponía durante los procesos electorales: “llamar a votar por consignas políticas que entrañen una descalificación del sistema político actual y se llame a votar por la asamblea popular y, más tarde, se agrega la consigna de votar por la abolición del trabajo asalariado.” (Reforma política y oportunismo, 1977), mediada por un programa reivindicativo permanente contra el régimen de austeridad.

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Hasta aquí, sólo hemos expuesto algunas posiciones de la historia oculta del comunismo en México. Desde el 2026, el contenido tanto la historia oficial como la historia oculta del comunismo en México ha caducado; no obstante, una historia crítica de las minorías revolucionarias, aquellas que no quedaron subsumidas por la IV-T, son motivo de nuestro interés, y a ese interés responden estas líneas que provocaron la publicación de Partido Comunista Mexicano en Nuevo León de Leonardo David Treto Cepeda.

El libro de Treto Cepeda se puede consultar aquí: Partido_Comunista_Mexicano.pdf

Todo lo que hemos escrito sobre la historia oculta del comunismo en México se puede consultar acá: Víctor Ortega archivos – Portal Insurgencia Magisterial

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