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«Las comunidades desaparecen cuando los ríos mueren»

por RedaccionA abril 22, 2026
abril 22, 2026
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Por: Carlos Madrid. 22/04/2026

@Carlosmartnez90

El nuevo libro de Robert Macfarlane tiende una trampa al lector antes de ponerse con él. La pregunta del título, ‘¿Están vivos los ríos?’, se responde afirmativamente de inmediato. Pero, al finalizar la lectura, nos preguntamos por qué todavía no los reconocemos como seres vivos tanto en nuestra imaginación como ante la ley. De la mano de activistas, artistas y legisladores del movimiento por los Derechos de la Naturaleza, Macfarlane nos lleva en un viaje global a reencontrarnos con esa verdad olvidada.

¿Qué necesitamos para comprender que un río está vivo?

A mí me ha llevado cuatro años de viajar a través de ríos, de encontrar a gente inmersa en ellos y de llegar a lugares en los que son imaginados como seres, como sujetos con vidas, muertes y derechos. Algo que, desde nuestro punto de vista occidental y posilustración, nos interpela. Como digo en el libro, se necesita desaprender una serie de cosas en la instrumentalización que hemos hecho de los ríos y del mundo natural como recurso. Estas ideas fluyen en nuestra subjetividad e instituciones, por lo que tenemos mucho trabajo por delante. En mi país, Inglaterra, vivimos casi en el extremo más radical con un sistema de agua completamente privatizado y en colapso, porque todos los ríos están heridos o muertos por la contaminación y el abandono.

«En mi país, los ríos están heridos o muertos por la contaminación y el abandono»

¿Qué conlleva la muerte de un río?

Nuestras vidas y comunidades están constituidas gracias a ríos vivos. Por ello, esas mismas comunidades se cierran y fallecen cuando el río muere. Nuestras ciudades y pueblos están donde están muchas veces porque empezaron a crecer junto a los ríos. A día de hoy hay pocos sanos: representan el 0,0002% del agua del mundo y sin embargo no reconocemos su fragilidad, su rareza y su magia. En mi país, la crisis de nuestros ríos ha tenido un impacto ecológico, pero también en la salud. Ya nivel social e imaginativo: ya no podemos relacionarnos con nuestros ríos ni entre nosotros gracias a ellos. Los ríos empezaron a ser imbebibles, luego no se podía nadar en ellos y en algunos lugares ni siquiera les puedes tocar. Hay algo que hemos hecho tremendamente mal. La pregunta es qué hacemos a partir de aquí.

¿Qué podemos hacer?

Por ejemplo, podemos imaginar otros lugares del mundo y ver que hay otras maneras de convivir con los ríos. Incluso de legislar para que haya agua fresca. Por ejemplo, en Múnich el agua de la ciudad se convirtió en una especie de canal con muralla y en los años 90 se reimaginaron la relación con él de una manera visionaria: invirtieron millones de euros y lo liberaron. Ahora fluye por la ciudad, hay césped alrededor y ha dado una vida enorme al espacio y a los ciudadanos. En mi ciudad, Cambridge, cuyo nombre significa el puente sobre el río Cam, el río ha sido siempre muy importante desde la época de los romanos. Pero ahora tiene el agua más contaminada de toda Inglaterra.

«Nuestro destino fluye con los ríos y siempre será así»

Para conseguir ese cambio, ¿qué procesos tienen que suceder para que vuelvan a ser considerados como seres vivos?

A veces digo que necesitamos una revolución de la imaginación y de la legislación. Yo cuento historias, soy escritor, trabajo con música, con películas, y creo que todo ese trabajo de reimaginar nuestra relación con los ríos tiene que hacerse en parte a través de las artes. Pero también es necesario escuchar a las organizaciones en torno a ellos, ya que hacen de guardines de los ríos, y legislar. Los derechos de la naturaleza son muy importantes, y España en ese sentido es líder con el reconocimiento hace unos años de la laguna del Mar Menor como personalidad jurídica. Ha sido un punto de inspiración para otras legislaciones.

Has puesto el ejemplo del Mar Menor, que está casi muerto. ¿Debería de regularse antes de llegar a ese punto?

Totalmente. Deberíamos trabajar la prevención y no la reparación. El primer tercio del libro se desarrolla en Ecuador. Allí se han aprobó una legislación en 2008 y cuando las compañías mineras llegaron para cargarse el bosque de Los Cedros y sus ríos, esos artículos se convirtieron en la fuerza sobre la cual el Tribunal Constitucional pudo evitar daños en lugar de tener que apostar por la restauración después. Cuando llegamos a la implementación, muchas veces es tarde. Pero voy a decirte un último pensamiento: creo que en cierto modo no deberíamos ni estar hablando de derechos y legislación porque significa que hemos perdido el argumento moral. Este, para mí, es evidente. Es decir, nuestro florecimiento coexiste con el de los ríos, por lo que cuando estos mueren, los costes son inmensos. A todos los niveles. Es por el bien de todos que los ríos deben de tener vida. Si hay voluntad, se puede naturalizar un río en 20-30 años.

«Nuestro florecimiento coexiste con el de los ríos, por lo que cuando estos mueren, los costes son inmensos»

Has hablado de Ecuador, donde esa constitución también salió adelante por la lucha de las culturas indígenas. ¿Qué pueden aportar ellas a los ríos?

Las comunidades indígenas son los custodios del 80% de la biodiversidad del mundo. Quizás incluso más. Están haciendo una labor extraordinaria para recuperar esa vida. También sabemos que los derechos pioneros han sido motivados por estas comunidades. Por ejemplo, en la ley de Nueva Zelanda sobre el agua fueron fundamentales. En ella sostuvieron que el río era un ser viviente, lo que fue fundamental porque ponía el ecocentrismo en el corazón y no en las estructuras de gobernanza, que son totalmente antropocéntricas. Yo viajé a Ecuador, a Canadá, y aprendí muchísimo de sus comunidades. También he visto versiones de esas ideas en mi país, con nombres distintos, pero el mismo trasfondo. Yo creo que estas ideas las podemos encontrar en muchas culturas.

¿Qué responsabilidad tienen los gobiernos y empresas sobre esta degradación?

Casi toda. En el Reino Unido, una empresa tiene derechos que están garantizados. En cambio, un río que ha fluido durante 10.000 años no los tiene. Algo que para mí es radicalmente erróneo. Igualmente, yo no quiero que los ríos tengan los mismos derechos que una corporación, lo que quiero es que su vida sea reconocida. Después está todo el tema de las externalidades, es decir, que el balance de una empresa no muestra el daño causado a los ríos. Pero ahí debería incluirse todo lo que va al alcantarillado porque si no se invisibilizan los costes de lo que provocan. Karl Marx habla del regalo de la naturaleza al capital. Realmente hemos estado gastando ese regalo desde que el capital existe, pero ahora en la columna del debe la cantidad debería ser ingente. Para ser un poco más preciso, te diría que la privatización en mi país se ha traducido en 80.000 millones de libras pagadas por los contribuyentes y en más del doble en perjuicio. Durante más de 30 años, se ha extraído el activo de esos ríos y el dinero ahora está en bancos que no vamos a recuperar. A mí me gustaría pensar que lo privatizado en Inglaterra un día va a ser público y que las empresas van a pagar por ello.

¿Cómo sería una buena gestión o transición en países donde el agua es un recurso estratégico?

Podemos fijarnos en Japón. Allí hay una ley del agua que se aprobó a finales del siglo XIX que la reconoce como un bien común, por lo que no se puede privatizar. Estamos hablando de una isla muy poblada que tiene un sistema de agua que reconoce la necesidad de que pueda realizar sus funciones, pero también que es un bien común. Tiene un nivel de satisfacción muy alto por parte de la población en cuanto a cómo se gestiona. En España tenéis una situación difícil por la sequía del sur y las inundaciones catastróficas, por lo que podemos pensar en vuestros ríos como fantasmas o monstruos. Nuestro destino fluye con los ríos y siempre será así. Por lo que no tenemos que confinarlos, abandonarlos o suprimirlos; pensar en eso es pensar en un futuro no vivible.

«Yo no quiero que los ríos tengan los mismos derechos que una corporación, lo que quiero es que su vida sea reconocida»

Además de ríos, en el libro expandes la idea a la naturaleza.

El libro no solo nos pide que reimaginemos los ríos, sino también la vida. Para mí río es un verbo. Igual que la palabra vida. No somos unidades aisladas, sino que todo fluye y todo está en relación. Por eso, el hecho de reconocernos como un elemento entretejido con todo lo demás y no la cúspide de la pirámide es fundamental. El mundo es una suma de diversidad rica y compleja, y los humanos simplemente somos una parte de ese tejido. Las setas, por ejemplo, nos muestran que todo está conectado. Quería alejarme de la gramática más convencional para ir hacia una de la animacidad, de ese poder de la vida.

LEER EL ARTÍCULO ORIGINAL PULSANDO AQUÍ

Fotografía: Ethic

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