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El pensamiento secuestrado y la teocracia del Imperio: La guerra contra Irán desde la raíz

por RedaccionA marzo 15, 2026
marzo 15, 2026
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Por: Carlos Martínez. 15/03/2026

En el fragor de la guerra que Estados Unidos e Israel han desatado contra Irán, la gran maquinaria de propaganda occidental opera a pleno rendimiento. Nos hablan de democracia, de liberación, de derechos de las mujeres y de lucha contra el terrorismo. Pero un análisis materialista, que es el único que nos permite desentrañar las verdaderas relaciones de poder, nos obliga a mirar más allá de la cortina de humo. Nos obliga a poner al descubierto las ideas que, desde la sombra, apoyan a los impulsores de la guerra y les otorgan la fuerza «moral» necesaria para atacar, destruir, imponer y cometer genocidios. Porque estos señores de la guerra están muy lejos de querer «imponer» la democracia y mucho menos de defender a las mujeres. Su impulso es más profundo, más oscuro y, para ser precisos, más teológico de lo que estamos dispuestos a admitir.

Antes de entrar en el meollo, es obligatorio, en estos días tristes, hacer una pausa y un reconocimiento. La gran Susan George acaba de fallecer, y su pérdida es incalculable para el pensamiento crítico. Quienes militamos en ATTAC tuvimos el privilegio de conocerla, de compartir trincheras. Recuerdo con cariño su ejemplar dedicado de El pensamiento secuestrado, editado por Icaria en 2007. En aquel libro, Susan, con su lucidez implacable, ya destripaba el entramado de fundaciones ultraconservadoras y religiosas, esa tela de araña tejida en Estados Unidos que iba a cambiar el pensamiento de las grandes sociedades occidentales. Lo que ella describió como una amenaza latente es hoy la estructura política dominante. Su obra es la brújula sin la cual no podemos entender cómo el mesianismo y el dinero se fusionaron para secuestrar no solo el pensamiento, sino la política exterior de la potencia hegemónica.

Es curioso, y profundamente desvergonzado, ver cómo liberales, woke supuestamente de izquierdas, ultraderechistas y conservadores de toda laya se unen para señalar a Irán como una teocracia retrógrada. Lo hacen para justificar su destrucción. Pero si aplicamos el mismo rasero, el edificio se les cae encima. El ente sionista de Israel no es una democracia como la Noruega; es un estado religioso judío que discrimina legalmente a quienes no son judíos. Su razón de ser, para una parte fundamental de su población y su gobierno, no emana de la voluntad popular, sino de un mandato divino: ser el «pueblo elegido» con derecho a usurpar Palestina porque Yahvé se la entregó. Eso no es política, es teología aplicada con tanques y bombas.

Pero el matrimonio sagrado que impulsa esta guerra no se entiende sin mirar a Washington. Como ya advertía Susan George, las sectas religiosas bíblicas, los cristianos-sionistas, han tomado el poder en Estados Unidos. No hablo de los luteranos europeos o de un cristianismo social, sino de sectas protestantes fundamentalistas, que han hecho suya la causa del Estado de Israel por una razón muy concreta: creen que el regreso de los judíos a Tierra Santa y el control de los lugares sagrados es un requisito indispensable para el Armagedón, para la segunda venida de Cristo. Para ellos, el mundo no tiene futuro; se acaba. Y si se acaba, lo único que importa es forzar ese final para cumplir la profecía. Son nihilistas apocalípticos con las manos en el poder y los pies en el Despacho Oval.

Esta oligarquía, que mezcla el capitalismo más depredador con el fervor milenarista, ha encontrado en el sionismo religioso judío un espejo donde mirarse. Los sectores ultra ortodoxos y de extrema derecha que dominan la política israelí (los mismos que hablan de anexionarse Cisjordania y borrar Palestina del mapa) también esperan un mesías, violento y conquistador. Para ellos, la expulsión de los palestinos no es un crimen de guerra, sino el cumplimiento de un designio.

En esta confluencia de mesianismos, la guerra contra Irán adquiere una dimensión apocalíptica. Irán, en la teología de estos locos, es la pieza que falta. La «Gog y Magog» moderna que debe ser derrotada para que el Mesías venga (sea judío o Cristo). Por eso no buscan un acuerdo, no buscan la paz. Buscan la destrucción. La III Guerra Mundial no es un riesgo colateral para ellos; para estas teocracias sionistas (judías y protestantes), sería un pequeño incidente, un trámite profético, quizás incluso una ayuda para acelerar el fin de los tiempos y la victoria final de «su» dios.

Occidente, con su falsa superioridad moral, nos vende la guerra como un conflicto geopolítico por el petróleo o por el programa nuclear. Eso es cierto, pero es solo la capa superficial. La raíz, la energía que moviliza a las bases electorales de Trump y a los gobiernos de Netanyahu, es esa mezcla explosiva de racismo, supremacismo y mesianismo. Son racistas porque se creen el pueblo elegido; son supremacistas porque consideran a los palestinos a los musulmanes, a los católicos y ortodoxos orientales como obstáculos desechables en su historia sagrada. Su extensión en diversas zonas de occidente no es fruto de la casualidad, sino de los intereses políticos de Estados Unidos e Israel, que financian y promueven a estas iglesias y lobbies para crear una quinta columna que justifique sus guerras desde el púlpito.

Por eso, desde un análisis materialista, debemos denunciar la hipocresía. No se trata de una lucha entre la democracia secular y la teocracia. Se trata de una guerra del imperialismo, que se ha revestido ahora con Trump y Netanyahu de un manto teológico ultra reaccionario para justificar lo injustificable.

Mientras tanto la Unión Europea ha renunciado a su propia civilización europea, por tanto al laicismo y el humanismo; a la razón; al derecho romano y a la filosofía griega, para entregarse a la religión del consumo neoliberal, el cambiar el sentimiento por el materialismo y la sumisión al poder anglosajón al haber renunciado a la soberanía popular sustituyéndola por la burocracia de Bruselas y la dependencia de los EEUU y el sionismo. Por eso la UE es ya irrelevante, solo sirve para perjudicar a los pueblos del continente y dotar de tropas auxiliares al imperio. En eso si que hemos copiado al imperio romano, los galos, los iberos, los celtas, los germánicos, volvemos a dotar de tropas auxiliares al Imperio Romano 2.0 y al Calígula 2.0 que nos domina. Pero antes hemos enterrado lo que según Susan George son las grandes aportaciones de Europa al mundo, el estado social y añado las conquistas del movimiento obrero hasta la victoria de 1945 e incluso los años sesenta y el marxismo.  

El «pensamiento secuestrado» del que hablaba Susan George ha tomado el poder y nos arrastra a todos al matadero. Nuestra tarea es desenmascarar esas ideas, mostrar la sombra que proyectan y recordar que, detrás del ruido de las bombas en Teherán, hay una voz que susurra en Washington y Jerusalén: «Así lo ha querido Dios». Y contra esa locura, solo cabe oponer la razón de los pueblos, la solidaridad de clase y la lucha por la paz.

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Fotografía: El común

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