Por: Victor Ortega. 10/03/2026.
En 2009, Théorie Communiste en La reestructuración tal cual realiza la delimitación del espacio en la nueva materialidad social del capitalismo mundial, en el que la nación ha perdido su condición de elemento base:
“[…] la globalización no es una extensión planetaria, sino una estructura específica de explotación y reproducción de la relación capitalista. Es el contenido de ésta como forma de la reestructuración de la relación entre proletariado y capital. La segmentación, la flexibilidad, la disminución del valor de la fuerza de trabajo en el marco de las combinaciones sociales de su reproducción y mantenimiento, así como la transformación del plusvalor en capital adicional o la apropiación de las fuerzas sociales del trabajo, se han convertido, en sí mismos, en procesos de difusión ilimitados que construyen un espacio no homogéneo.
“[…] el espacio más pertinente para la globalización dominada por las finanzas es el de la «red» que une los distintos centros financieros entre sí, casi siempre off-shore. La condición de extraterritorialidad de estos lugares y su independencia respecto de la normativa de los bancos centrales y las organizaciones internacionales no relega a los Estados al museo de las antigüedades, aunque éstos ya no sean el elemento pertinente de base que fueron en la configuración multinacional de la globalización que tuvo tras la Segunda Guerra Mundial.
“[…] Si el marco nacional cambia su nivel de relevancia en el sentido de que deja de ser el elemento base de la multi-nacionalización, en el marco de agrupaciones continentales se encarga de gestionar, a mediano plazo, la especialización regional subnacional. En este sentido, a su propio nivel y al de las regiones, es el agente de la articulación de las diferenciaciones. En el marco de las grandes agrupaciones supranacionales, los territorios de especialización no son los propios Estados sino las regiones.” (Subrayado en negritas, nuestro).
Théorie Comuniste nos dice que el mercado mundial establece una lógica de diferenciación regional, de división y partición en niveles:
“[…] El mercado mundial no está abierto; desde el principio es un «espacio acordonado» definido por la creación y la reproducción de divisiones y particiones. Se trata del entrelazamiento de tres niveles: las estructuras creadas por las grandes empresas y sus subcontratistas; los «mercados» internos jerarquizados de las multinacionales, y las alianzas de entre estas multinacionales. El mercado mundial rara vez escapa a esta red.
“[…] El espacio de la acumulación capitalista no es el espacio de la pequeña producción de mercancías; es el de la desigualdad de niveles de desarrollo, el de la dependencia y el del intercambio desigual. Este espacio es fragmentado y homogéneo a la vez.” (Subrayado en negritas, nuestro).
Las contradicciones del tercermundo desaparecen para siempre; nacen otra dinámica social y espacial:
“[…] Es evidente que las nuevas periferias no van a ser las ganadoras en la competencia mundial porque la globalización es el despliegue de estrategias de valorización de las desigualdades cada vez más refinadas y sistemáticas, es decir, sociales. Valorización de desigualdades cuyo propio éxito las reproduce, las acentúa y renueva. Segmentación técnica (sedes de centro de investigación, plantas de producción) y segmentación social (ingenieros y cuadros, técnicos, obreros) se superponen y permiten el establecimiento de estas estrategias.
“[…] Los territorios de los países «subdesarrollados» que se convierten en países de reciente «industrialización» o «emergentes» son «territorios disociados» o «sistemas de mosaicos»…
“[…] Esta red global crea una nueva geografía, muy incierta y problemática; siempre se trata del «escenario malo», pero es el del capital reestructurado, el nuestro. La coherencia global de la reproducción de las relaciones sociales capitalistas no es la reproducción a otra escala de la coherencia más o menos nacional anterior.
“[…] De la reestructuración de la relación de explotación surgió un nuevo mundo. Donde antes prevalecía una localización conjunta de intereses industriales, financieros, mano de obra, puede ahora instalarse una disyunción entre la valorización del capital y la reproducción de la fuerza de trabajo. Por un lado, las fracciones o segmentos del ciclo mundial global del capital crea un «supermundo» a nivel de las inversiones, del proceso productivo, del crédito, del capital financiero, de la circulación de plusvalor y del marco competitivo.
“Por otro lado «los de abajo» tienen derecho a la asistencia compasiva y «los de más abajo aún», a las operaciones de policía y las misiones humanitarias. En estas condiciones, a lo máximo a que puede aspirar es a formar parte de esa fuerza de trabajo comprada de por vida a cambio de un ingreso social miserable y, por ello mismo, individual y transitoriamente explotada a costos más bajos. Esta precarización uniforme de la reproducción de un salariado cada vez más devaluado conlleva la amenaza de ser precipitado al círculo inferior. Este círculo es «el infierno sobre la tierra», el «submundo» de la miseria y del éxodo rural, de las economías sumergidas de supervivencia y campos de refugiados.
“En este nuevo mundo va instalándose en casi todas partes un sistema de represión preestablecido según una estricta correspondencia entre la organización de la violencia y la de la economía, hasta el punto de borrar la distinción entre guerra y paz, entre operaciones policiacas y guerra.
“[…] la guerra se ha convertido en la regulación social, demográfica y geográfica, de la gestión, la reproducción y la explotación de la fuerza de trabajo. Las mafias, que representan la única rama del capital internacional que maneja a la vez el capital financiero y la violencia local permanente, son los aliados naturales de los «gobernadores provinciales» que emprenden guerras baratas, pequeñas guerras de conquista, guerras de vecindad llevadas hasta la etnización y que comportan la masacre y la limpieza étnica como medios ordinarios de tratamiento de los excluidos.
“La represión es permanente, no en todas partes, pero posible en todas ellas: operaciones de castigo, misiones de pacificación forzada, misiones policiales, misiones humanitarias. Se trata de una gestión global: ingresos al límite de la supervivencia bajo amenaza de muerte para masas de individuos arrojados a las urbes por la destrucción de la agricultura, desechables una vez utilizados y masacrados por fuerzas paramilitares o parapoliciales.
“El espacio de este nuevo mundo capitalista no es más que la reproducción a todas las escalas (mundo, continentes, áreas regionales, países, metrópolis, barrios) de este infierno y su organización en círculos concéntricos. La explotación y su reproducción organizan una geografía en la que cada territorio es un reflejo de la jerarquización mundial. Este era ya el caso en la organización clásica de la «jungla americana», de sus ciudades, de sus guetos, de sus suburbios limpitos y de sus Disneylandias. A cada nivel, se mezclan y articulan un centro «hiperdesarrollado», sectores puntados por focalizaciones capitalistas más o menos densas, zonas de crisis y violencia directa ejercida contra los «vertederos sociales», márgenes, guetos y una economía sumergida de tráfico de hombres y mujeres controlada por diversas mafias.” (Subrayado en negritas, nuestro).
Théorie Communiste desarrolla la tesis de la disyunción entre la valorización del capital y la reproducción de la fuerza de trabajo bajo una relación social capitalista global:
“[…] Si la valorización del capital se unifica a través de esta zonificación, no sucede lo mismo en lo referente a la reproducción de la fuerza de trabajo. Cada una de estas áreas tiene modalidades específicas de reproducción.
En el primer mundo: franjas de salarios elevados con privatización de los riegos sociales incrustados en fracciones de la fuerza de trabajo en las que se han conservado ciertos aspectos del «fordismo»… En el segundo: regulación mediante los bajos salarios impuestos por una fuerte migración interna y la gran precariedad del empleo, islas de subcontratación más o menos estables, con poca o ninguna garantía de riesgos sociales y migración laboral.
En el tercero: ayuda humanitaria, tráficos diversos, supervivencia agrícola, regulación mediante todo tipo de mafias y guerras más o menos microscópicas pero también mediante la reactivación de las solidaridades locales y étnicas. El capitalismo está logrando la hazaña de reelaborar el clan, la etnia, la «sociabilidad primaria», para endurecerlos como órganos específicos de la reproducción de la fuerza de trabajo disponible.
“[…] La zonificación es una determinación funcional al capital: mantener, a pesar de la quiebra entre los dos, unos mercados mundiales en expansión y una ampliación global de la fuerza de trabajo disponible, al margen de cualquier relación necesaria en un mismo ámbito de reproducción predeterminado (por eso la zonificación debe ser una abismación).
“[…] La zonificación es movediza, y la lucha de clases la modifica y transforma sus niveles de inserción…
“[…] La globalización no es una mancha de aceite en un espacio determinado, sino una estructura de acumulación dentro de la construcción de un espacio.
“[…] La convivencia y el juego de espejos permanente por todos lados entre los tres niveles de jerarquización productiva mundial conducen a una conformidad espacio-temporal entre la organización de la violencia y la organización de la economía. Esta zonificación aparece a todas las escalas (países, regiones, ciudades, barrios); es una difusión jerárquica, y no una articulación.” (Subrayado en negritas, nuestro).
Nada queda, pues, de los problemas del tercermundo y las luchas de liberación nacional que hemos abordado hasta aquí, como lo dice Théo Cosme en De la politique en Iran (2010):
“[…] Ya no existe ninguna teoría particular de la revolución, ninguna etapa por cumplir, ninguna contradicción específica, ninguna condición nacional de la revolución. Esto no significa en absoluto uniformidad, pero todas las diferencias ya no se plantean diacrónicamente, sino que se han convertido en elementos sincrónicos de un sistema mundial de lucha de clases. El problema ya no existe en términos de cronología. Hay que acabar con cualquier lectura exótica de la lucha de clases en las «periferias». No más exotismo, no más Samir Amin y el capitalismo autocentrado, no más Guevara y los «focos» que preparan el camino al «capitalismo de Estado», no más Lenin y el desarrollo del capital bajo dirección proletaria, no más Vera Zassoulitch y el salto comunitario por sobre los horrores capitalistas».”
