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América Latina como botín: el regreso sin máscaras del imperialismo estadounidense

por La Redacción enero 8, 2026
enero 8, 2026
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Por: Nicolas Schamne. Argentina. www.atom.bio/schamnenicolas 08/01/2026

Estados Unidos ha dejado de disimular: América Latina vuelve a ser concebida como un territorio a administrar, no como una región a dialogar.

Esa es la tesis central que recorre la nueva arquitectura estratégica impulsada por Donald Trump, una doctrina que no innova, sino que reactualiza viejas jerarquías imperiales con lenguaje del siglo XXI.

El documento (Donroe: el corolario Trump a la doctrina Monroe) que expuso Washington D. C. en diciembre 2025; que orienta esta etapa no habla de cooperación, sino de control; no invoca alianzas, sino obediencia. América Latina aparece allí como un espacio “natural” de influencia exclusiva, una suerte de patio trasero revalorizado en un mundo donde Estados Unidos ya no puede mandar solo, pero tampoco acepta dejar de mandar.

La metáfora es clara: un imperio en repliegue que clava estacas para no perder terreno. Trump no propone una hegemonía global expansiva, sino una hegemonía selectiva y brutalmente territorializada. Frente al ascenso chino y la persistencia rusa, Washington redefine prioridades y concentra fuerzas donde históricamente se sintió dueño: Nuestra América.

El primer eje es militar. La presencia creciente de tropas, ejercicios conjuntos y bases “temporales” configura una ocupación de baja intensidad, legalizada por gobiernos locales dóciles. Argentina, Ecuador, Perú y el Caribe no son excepciones, sino laboratorios. Se ensaya allí una doctrina donde la soberanía se vacía por decreto y la defensa nacional se terceriza bajo el pretexto de la “seguridad”.

El segundo eje es político. La retórica del combate al narcotráfico y al terrorismo funciona como coartada discursiva, no como objetivo real. El verdadero enemigo es cualquier proyecto autónomo que intente diversificar vínculos, proteger recursos estratégicos o disputar sentido común. La advertencia es explícita: quien no se alinee, será señalado como amenaza.

El tercer eje es económico-cultural. Trump reniega del globalismo, pero no del dominio. Rechaza el libre comercio cuando no beneficia a su industria, pero exige apertura irrestricta cuando se trata de recursos ajenos. Es un nacionalismo imperial: proteccionista puertas adentro, extractivista puertas afuera.

Aquí emerge una paradoja que el peronismo conoce bien: el poder que se ejerce sin legitimidad necesita fuerza; el que carece de futuro, necesita velocidad. Estados Unidos acelera porque sabe que el tiempo ya no juega a su favor. Por eso impone, presiona, amenaza. No convence.

La pregunta decisiva no es qué quiere Trump, sino qué harán los pueblos latinoamericanos. La historia de la región no es la de la sumisión pasiva, sino la de la resistencia cíclica. Cada intento de disciplinamiento encontró, tarde o temprano, una respuesta popular, política o cultural.

El futuro no está escrito. Pero una cosa es segura: si América Latina acepta ser un botín, lo será; si decide pensarse como sujeto histórico, volverá a incomodar al poder. Y eso —ayer como hoy— sigue siendo el mayor pecado imperdonable para cualquier imperio en decadencia.

Fotografía: Enviada por el Autor del Artículo

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La Redacción

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