Por: Yuri Jiménez Nájera. Universidad Pedagógica Nacional-México. 01/12/2025
Presentación
La historia de las luchas colectivas y disruptivas del orden establecido emprendidas por la comunidad universitaria de la Universidad Pedagógica Nacional (conformada por sus tres sectores: académico, estudiantil y de trabajadores administrativos), se remonta a los años setentas del siglo XX, cuando el estudiantado inició sus primeras protestas por mejores condiciones de estudio, luchas seguidas por el personal académico y administrativo en los ochentas y noventas por mejores condiciones académicas y de trabajo, democracia universitaria institucionalizada (académica, política, laboral-sindical) y autonomía universitaria (académica, laboral-sindical, económica, política).
Como parte de esta rica historia, presentamos aquí una de tantas batallas, un breve recuento del emblemático paro académico-laboral de los 65 días (1997) en defensa de la dignidad universitaria colectiva, organizado para enfrentar la ignominia provocada por la burocracia autoritaria en contra de la comunidad académica, una lucha de resistencia frente a la dictatocracia instaurada desde la rectoría de la UPN durante el periodo 1996-1999.[1] La historia se repite en el tiempo presente una vez más… (¿Cuáles son las causas histórico-estructurales de esta recurrencia, en un contexto social distinto?, ¿cuál es el papel de las creencias, prácticas y estrategias de los sujetos intervinientes, de sus intereses y ambiciones, medios y fines, valores y principios?).
La coyuntura histórica 1996-1999
El período del rectorado de Jesús Liceaga Ángeles (1996-1999) en la UPN se caracteriza por la reestructuración salvaje y la ofensiva antisindical instrumentadas por la burocracia de la SEP y la cúpula del SNTE (en la UPN), así como la resistencia del sector académico. Comienza con la llegada a la UPN de un nuevo rector con una política restauracionista inusualmente autoritaria y antisindical, de donde se deriva la pérdida de logros laboral-sindicales y de la bilateralidad para las Delegaciones sindicales de la unidad Ajusco, así como la nueva recuperación del control de la revisión salarial anual por la comisión SEP-SNTE <regreso a la revisión corporativa> y el reposicionamiento de la burocracia universitaria en los espacios de poder institucionales y el consecuente debilitamiento de los espacios académicos ganados por el movimiento académico-sindical aparecido a principios de la década de los ochenta.
Durante este lapso los académicos de Ajusco forman alianzas defensivas entre distintos grupos, algunos de ellos anteriormente enfrentados, e instrumentan una estrategia colectiva de resistencia frente a las acciones de las burocracias de la UPN-SEP y del SNTE (que incluye paros de 24 horas, una huelga de hecho -paro indefinido- que se prolonga por 65 días, varios procesos de elección sindical para renovar la dirigencia de la D-II-UP3 -con o sin el aval “oficial” de la dirección del SNTE-, la organización de diversas consultas y referéndums para tomar decisiones y/o posiciones colectivas de índole académico, laboral y político -estímulos académicos, la reestructuración de la universidad, el estallamiento de paros laborales, la evaluación y destitución del rector-). El período concluye con el cambio de autoridades universitarias y el fracaso de su política impositiva.
Reestructuración autoritaria vs. reestructuración participativa
El Secretario de Educación Miguel Limón Rojas toma la decisión de cambiar a las autoridades de la universidad, después de año y medio de comenzado el sexenio neoliberal del presidente priista Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), con el objetivo expreso de “adecuar las funciones”[2] de la institución en función de la política educativa estatal, para esto confiere al undécimo rector de la UPN en 18 años, Jesús Liceaga Ángeles (junio de 1996-junio de 1999)[3], amplias atribuciones para reorganizar por la vía autoritaria a la Universidad y sus trabajadores, a partir de su nombramiento el día 21 de junio de 1996.
Su administración se encarga de instrumentar un proceso de reestructuración vertical académico-administrativo-laboral centrado en mecanismos eficientistas de control y flexibilización sobre los procesos de trabajo académico, acompañados por la invalidación de espacios sindicales de negociación bilateral, la persecución y represión jurídico-laboral y penal contra dirigentes sindicales y sus bases de apoyo, la aceleración del proceso de fragmentación y atomización de la comunidad académica, la cancelación antidemocrática de espacios académicos colegiados, la violación de convenios y derechos laborales alcanzados en el pasado al fragor de las luchas sindicales (con el apoyo de un sector minoritario del personal académico).
La estrategia de la nueva administración para lograr imponer la reestructuración autoritaria de la universidad se traduce en diversas medidas flexibilizadoras-autoritarias de control “desde arriba”.
Desarrollo del paro académico
La política impositiva y flexibilizadora de las autoridades de la UPN y la imposición inminente de una estructura vertical y autoritaria, provocó que el personal académico de la UPN sostuviera un prolongado paro de labores (huelga de hecho) por 65 días, del 18 de junio al 22 de agosto de 1997, demandando el restablecimiento del diálogo institucional entre la comunidad universitaria y las autoridades, una reestructuración concertada e incluyente en la que participen todos los sectores de la comunidad, el respeto a la representación sindical de los académicos y a sus derechos laborales y prestaciones adquiridas, además de la reanudación de los espacios de negociación laboral y en rechazo a la reorganización autoritaria implantada por la administración universitaria.
Como puede advertirse, varios son los acontecimientos que anteceden al paro del 97. La vieja burocracia de la mancuerna SEP-UPN-SNTE impide la realización de la revisión salarial y en prestaciones (1º de febrero) para el bienio 97-99, que debían efectuar las Delegaciones sindicales[4]. El paro conjunto del 31 de enero al 10 de febrero y el posterior incumplimiento de los acuerdos resultantes por las autoridades de la UPN y la SEP. La reestructuración académica vertical impulsada por la autoridad. El desconocimiento de la representación de las Delegaciones sindicales. El acrecentamiento del “malestar académico” debido a la gestión de la autoridad, que se refleja en comentarios de los profesores e investigadores como: pareciera que el proyecto de las autoridades es “acabar con la institución”, el rector impulsa una “desestructuración” universitaria y fomenta una “cultura del rumor”, “la opción que él ha tomado para meter orden es policíaca: golpear, crear zozobra y a partir de ahí ver la posibilidad de negociar con los universitarios”. Este escenario determina la radicalización de varios sectores académicos que los lleva al enfrentamiento directo con las burocracias de la UPN, SEP y SNTE, a través de acciones como la huelga.
El paro comenzó con un primer enfrentamiento directo con las autoridades que se negaban a salir de las instalaciones, lo que finalmente ocurrió alrededor de las 4:00 a.m. del 18 de junio. Las autoridades de la universidad se niegan a entablar negociaciones con los académicos para llegar a una solución del conflicto académico-laboral, alargando artificialmente el conflicto. En lugar de iniciar el diálogo, la rectoría demanda ante la Procuraduría General de la República a 12 académicos, emprende una campaña de desprestigio y amenazas contra el movimiento, tergiversando las demandas de los maestros a través de los medios de comunicación.
A casi un mes de iniciado el paro, el 15 de julio se realiza la primer reunión entre los académicos y las autoridades de la UPN sin ningún resultado. El día 16 de julio por la mañana, el pleno de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión llega a un punto de acuerdo en el que se solicita a la SEP su intervención en la solución del conflicto en la UPN, por la tarde del mismo día, el Comité de Paro de los académicos se reúne con el Secretario de Educación, para discutir la solución a los problemas de la universidad, comprometiéndose este a intervenir directamente en la búsqueda de una solución al conflicto. Sin embargo el rector declara públicamente que no está dispuesto a negociar con los académicos. El 19 de julio 56 académicos publican un desplegado exigiendo el levantamiento del paro.
Es hasta el 29 de julio que inician formalmente las negociaciones, 41 días después de comenzado el paro, con la participación del Dr. Néstor de Buen (reconocido abogado laboral) como conciliador; estas se prolongan hasta el 22 de agosto del 97, fecha en que la asamblea de académicos acuerda levantar el paro, después de haberse firmado diversos acuerdos.
Los acuerdos entre la Comisión Coordinadora del Paro y las autoridades de la UPN y la SEP contemplan la suspensión de diversas medidas reestructurantes tomadas por la administración (readscripciones impuestas al personal académico y cancelación autoritaria de proyectos); la instalación de tres comisiones bilaterales: 1-reestructuración académica, 2- normatividad y 3-asuntos laborales; la cancelación de las denuncias penales contra 12 profesores, el pago de salarios en forma diferida y respeto a la estancia laboral, derechos y prestaciones de los paristas. En la comisión de reestructuración participarán 3 autoridades de la UPN y la SEP, 5 responsables de proyectos, 2 consejeros académicos, 3 expertos en legislación y planeación universitaria y un representante académico por cada 15 maestros elegido por voto secreto; en la de normatividad participan 4 consejeros académicos, 5 profesores, 2 autoridades y un asesor, en la comisión laboral participa el Comité de la Delegación D-II-UP3, a pesar de que no estaba reconocido por la cúpula del SNTE.
Como producto del movimiento académico defensivo-ofensivo, básicamente se acuerda la conformación de comisiones representativas encargadas de instrumentar una reestructuración concertada en la que participe ampliamente la comunidad académica y definir el cuadro normativo que permita la continuidad de los proyectos generados por los académicos y del carácter nacional de la institución, en el marco del Proyecto Académico 93, salvaguardando los derechos laborales de los trabajadores y los mecanismos de relación bilateral, restaurando su derecho a incidir en la construcción de la Universidad en un ambiente de concertación y libertad académica. Sin embargo los acuerdos solo se cumplieron parcialmente, ya que tanto la comisión de reestructuración académica como la de normatividad nunca fueron instaladas y la laboral resolvió solo parte de la agenda presentada por los representantes sindicales.
Ante la violación de los acuerdos emanados del paro por parte de las autoridades, los académicos emprenden una prolongada lucha que los lleva a lograr la legalización del Comité Ejecutivo de la Delegación sindical D-II-UP3 por parte de la dirección de la sección X del SNTE en marzo de 1998, acreditándolo ante la Rectoría en septiembre. Sin embargo, las revisiones salariales y en prestaciones son centralizadas por los Comités Ejecutivos Nacional y Seccionales (Secc. X y XI) y la SEP, desplazando a las Delegaciones Sindicales DllUP3 y Dlll47, a las que se les pretende imponer el papel de simples gestoras de lo acordado por las “instancias superiores”. Por iniciativa de la D-II-UP3, los dirigentes de los sectores académico, administrativo y estudiantil de la comunidad universitaria deciden evaluar colectivamente la gestión del rector Jesús Liceaga durante casi tres años, mediante un referéndum celebrado el 18 y 19 de mayo de 1999, consiguiendo la remoción del rector por parte de la SEP, aprovechando la coyuntura que se avecina en torno al conflicto de la UNAM, con lo que el secretario de educación evita un nuevo conflicto en la institución, en su lugar nombra a Silvia Ortega Salazar, ex rectora de la unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana-, a quién le corresponde la rectoría 12ª en la historia de la UPN, con lo que culmina este período e inicia uno nuevo radicalmente distinto.
Fuentes:
Jiménez Nájera, Yuri. Académicos y reestructuración en la Universidad Pedagógica Nacional. Tesis de Maestría en Sociología: Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. 2002. Disponible en: https://tesiunamdocumentos.dgb.unam.mx/pdtestdf/0310778/Index.html y/o https://ru.dgb.unam.mx/server/api/core/bitstreams/431ad4e3-74b9-439a-ac3d-78ca6b7b20c3/content
Jiménez Nájera, Yuri: Democracia Académico-Sindical y Reestructuración Educativa en la Universidad Pedagógica Nacional, colec. Reestructuración empresarial, democracia, representatividad y legitimidad sindical en México (vol. VIII); Plaza y Valdés-UAM-IET-AFL-CIO, México, marzo de 2003.
Moreno Moreno, Prudenciano. UPN 1978-2018 : pasado, presente y futuro. Ciudad de México : UPN, 2021. Disponible en: https://area1.upnvirtual.edu.mx/images/libros/PA-135-pasado-presente-futuro.pdf
[1] Con el argumento de “poner orden en la casa”, el rector Liceaga justificó su estrategia dictatorial. Cfr. La Jornada, 31-03-97. https://www.jornada.com.mx/1997/03/31/upn.html
[2] El Sol de México, 25-06-96; p. 7.
[3] El profesor normalista J. Liceaga había sido director de Docencia en la UPN durante los primeros años de existencia de ésta -principios de los ochenta-, en una época de control académico burocrático e inicio de la insurrección académica y sindical democratizadora, posteriormente había seguido una amplia carrera en la burocracia educativa.
[4] Referencia a las Delegaciones Sindicales DIIUP3 de personal académico (Unidades 092 y 097) y DIII47 de personal administrativo en la Ciudad de México.
