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Fiesta de los Muertos en Ve´e Ñuu Chee, región Costa-Montaña de Guerrero

por RedaccionEM noviembre 1, 2025
noviembre 1, 2025
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Por: Ini Yuku Kumi Itu*. 01/11/2025.

Donde la memoria florece: Fiesta de los Muertos en Ve´e Ñuu Chee, (Buena Vista), arte de resistencia desde la región Costa-Montaña de Guerrero

La comunidad Ve´e Ñuu Chee, (Buena Vista), de acuerdo con nuestros usos y costumbres, arraigados en una filosofía milenaria, cada 26 de octubre al amanecer se celebra el Viko Na Ndíi, la Fiesta de los Muertos. Esta celebración no sólo es un ritual, sino un acto profundo y significativo que conecta lo común con lo sagrado, entre los mundos: entre lo terrenal y lo espiritual, entre el presente y la memoria, se entreteje la vida y la dignidad ancestral que habita en los guardianes de la tierra y el territorio

Con las primeras luces del amanecer, la comunidad se reúne para ascender a Ñuu Ndíi, el Pueblo de los Muertos, donde habita nuestra memoria: el Camposanto, ese díase florece con la flor de Cempasúchil. Este no es únicamente un espacio físico, sino un territorio sagrado donde también viven los espíritus de nuestros ancestros que han sembrado palabra, tierra y camino de lo común. En nombre de toda la comunidad, las Autoridades Comunitarias y los Representantes Religiosos realizan un acto de refrendo y súplica, como ofrenda de respeto ante los ancestros y lo sagrado, pidiendo acompañamiento y la voluntad de nuestros ancestros que guíen para el andar colectivo en la vida terrenal y de la comunidad sea en esta o la otra vida.

Este acto no es un hecho individual ni aislado, sino una manifestación comunal, cargada de simbolismo y sentido político. Es un encuentro comunal entre lo espiritual que se reafirma en el sentido de que nuestros muertos no están ausentes, sino que están con nosotros, en el seno de la comunidad, en la memoria viva, en el maíz que sembramos, en el canto que se entona, en el fuego que se enciende en la mayordomía y fiscales. Viko Na Ndíi es un acto de resistencia viva: contra el olvido, la imposición y el despojo desde lo profundo, nuestras comunidades nuestros principales, cantores del pueblo, la comunidad, elevan su voz, su flor, su copal, su palabra para interconectar el mundo de los muertos o sea el mundo de nuestros ancestros.

De este modo, en Ve´e Ñuu Chee cada año se honra a los muertos no como figuras del pasado, sino como guardianes del presente y sembradores del futuro. En Ñuu Ndíi se hace eco de los que fueron, se susurra a los que son y se convoca a los que están por venir. Porque en nuestra cosmovisión la vida no termina: se transforma, se acompaña, se recuerda, se dignifica.

La madrugada del 27 de octubre, la comunidad de Ve´e Ñuu Chee se prepara para uno de los momentos más sagrados de la celebración Viko Na Ndíi, la Fiesta de los Muertos. En este gesto, se asciende al corazón de la montaña que los antiguos nombraban como Yuku Ndíi el Cerro de los Muertos, actualmente llamado Cerro Milagros, un terreno sagrado, un espacio espiritual donde la memoria ancestral encuentra la voluntad viva del pueblo. Este paseo no es sólo físico, sino que acarrea un sentido simbólico muy profundo: es el caminar al umbral entre mundos, al sitio donde los muertos escuchan, acompañan y aconsejan. En este espacio sagrado, se realizan rituales y ofrendas a través de los cuales se reafirma el trato del pueblo con la memoria ancestral, con la tierra, y con la vida digna.

La ceremonia y rito se lleva a cabo con respeto y obedece un orden que refleja la memoria y la espiritualidad de la comunidad. Empieza a las 12 de la medianoche y dura hasta que amanece. En este encuentro se realiza a través de los integrantes de la autoridad municipal quienes son los primeros en subir, exponiendo la organización del pueblo y su rostro político. Luego, sube la mayordomía, que simboliza lo sagrado y tiene como tarea mantener el equilibrio espiritual durante un año. Después suben los fiscales, custodios de la palabra y del rito, que realizan la primera ofrenda y establecen el diálogo entre mundos terrenal e inframundo y finalmente los integrantes de la comunidad se involucran de manera voluntaria con sus peticiones espirituales como acto de bondad. Este rito de celebración se lleva a cabo por medio de dos rezanderos guardianes espirituales y morales, que protegen al pueblo en el ámbito social y político. La chicha morada, la bebida sagrada que representa la sangre de la tierra y es ofrecida durante todo el ritual, no puede faltar en este lugar. Esta bebida no solo nutre, sino que además consagra el encuentro, lo vuelve sagrado y lo convierte en un pacto entre los vivos y los muertos.

Pero llegada la mañana del 28 de octubre, cuando la luz empieza a tocar la tierra, se llega al acto final: el Encuentro entre Vivos y Muertos. En todo un margen que corresponde a la comunidad, se reúnen los cantores, los músicos, la mayordomía, los fiscales y el pueblo entero. Este encuentro tiene un carácter profundamente ceremonial, se canta, se toca, Se llama llamando, porque en nuestra cosmovisión no hay muertos ausentes: están presentes en cada grano de maíz, en cada gota de agua, en cada rio y cañada, en señor del fuego, en cada canto y en cada paso de lucha. Este llamado entre vivos y muertos es también un llamado a la dignidad, a la resistencia, a la continuidad de dignidad Na Savi, Na Vikó, Ñuu Savi (Gente de la lluvia, gente de la nube, y pueblo de la lluvia). Es la afirmación de que la vida no termina, se transforma. Que la memoria no se olvida, se cultiva. Que el territorio no se abandona, se defiende.

Así, el Viko Na Ndíi no es sólo una fiesta, sino una pedagogía ancestral donde emergen los pluriconocimientos encarnados; una práctica viva, una filosofía corporal, una política de las almas; es el momento en el que el pueblo reconoce a sus muertos y los muertos también ratifican su voluntad de acompañar a su pueblo y velar a los intereses colectivos. Es el pacto entre generaciones, entre mundos, entre tiempos; es el corazón de Ve´e Ñuu Chee latiendo fuerte interconectado en Ve´e Savi (casa de la lluvia), con flor (Ita), con fuego, copal y conexión al mundo de los ausentes. Posteriormente, tal como lo prescribe el rito de Viko Na Ndíi, la comunidad de Ve´e Ñuu Chee lleva a cabo una marcha en procesión encabezada por los cantores. Esta marcha ceremonial recorre el corazón del pueblo a partir del canto que abre camino entre los vivos y los muertos. El primer punto de encuentro es la iglesia donde se lleva a cabo un enjundioso rezo de rosarios; los cantores van nombrando, uno a uno, a aquellos que han fallecido: desde los primeros ancestros que abandonaron este mundo hasta el último ser querido que dejó el mundo terrenal. Este acto de memoria colectiva dura cerca de tres horas y se teje mediante canto, llanto, palabra y silencio, el respeto siempre presente la campana nunca deja de sonar, su sonido emite nostalgia y alegría.

Una vez terminado el rezo, los cantantes se dirigen a la Casa del Pueblo la Comisaría para hacer una ofrenda en la mesa del comisario. Junto a esta mesa se sitúa el bastón de mando, símbolo de autoridad, respeto y vínculo entre el gobierno comunitario y el mundo de lo espiritual. Una vez terminado el rezo, los integrantes de la banda de viento se dirigen de forma respetuosa a la casa del comisario, donde también hacen la ofrenda, reconociendo que estos hombres son referenciales como conductores y como personas que representan al pueblo. Seguidamente, se visita la casa de los fiscales, donde se realiza una ofrenda respirando sus voces, reconociendo a estos hombres como Ojo del Pueblo Ñu,un  Nuu Ñuu guiadores del rito y de la memoria, en el servicio que prestan a la comunidad. Al concluir la última ofrenda en la casa del mayordomo, se cierra el ciclo de visitas y ofrendas, con respeto, devoción y gratitud. Durante todo este transitar, que no es un giro, pero tiene la intencionalidad de andar, la banda de viento está animando y alegrando cantando, y de esta manera la música del viento anima el mundo de los muertos de los ancestros como un puente sonoro entre las dimensiones, la campana del pueblo no deja de sonar emite sonido que acompaña el inframundo o sea el mundo de nuestros muertos. Cada nota es una caricia, cada melodía es un llamado con corazón en conexión con las almas de los ancestros Ini Nima (corazón y alma), cada ritmo es una celebración de la vida que continúa.

Para dar cerrando el proceso ritual, los concurrentes vuelven a la Comisaría, desde donde se llama a los principales y a las autoridades para que vayan juntos a la casa de la mayordomía. Allí se comparte la comida en un acto de respeto, en comunión con los muertos, celebrando, alegrándose con las personas queridas y recordadas. Este acto al final no es solamente la comida, es la comunión, es festejar con la continuidad, es el afirmar que están caminando la vida y la muerte de la mano, guiados por la memoria, la dignidad y el amor comunitario.

El Primero de noviembre por la tarde, la comunidad de Ve´e Ñuu Chee se da cita en un acto colectivo de profundo sentido espiritual: la subida al Ñuu Ndíi, al pueblo de los muertos, nuestro Camposanto. Esa subida no es sólo física, sino ceremonial, simbólica, afectiva. Es el caminar hacia el territorio donde habitan nuestros ancestros, donde la memoria se convierte en presencia, donde la comunidad se encuentra con sus muertos, los cuida, los acompaña y los recuerda.

En esta noche sagrada, los coros, la mayordomía y los fiscales ejercen el papel de batutas ceremoniales, guías del rito y del canto. Dirigen la melodía y allanan el camino entre mundos. Con su voz son capaces de invocar, de nombrar, de recordar. Con su canto son capaces de tender puentes entre el tiempo de los vivos y el tiempo de los muertos. Participa la comunidad entera en el velorio colectivo, llevando ofrendas, flores, copal, alimentos, silencios y palabras de despedida. Se encienden velas que iluminan no solo el camposanto sino también el corazón de cada familia. Se canta durante la noche, sin interrupción, en acto de resistencia, en acto de amor y de continuidad. Cada melodía es una caricia para los muertos, una afirmación de que no serán olvidados, una invitación para que acompañen el caminar de los vivos.

Este velorio no es un triste acto, sino de dignidad: reafirmar que nuestros muertos no están ausentes, sino que viven en el maíz que sembramos, en el agua que bebemos, en el fuego que encendemos, en la lucha que hacemos; es la pedagogía ancestral que nos enseña que la vida y la muerte no son un par de opuestos, sino un par de compañeros; que el canto no solo es para consolar, sino que es también para convocar; que la comunidad no solo recuerda, sino que también celebra. De este modo, el primero de noviembre en Ve´e Ñuu Chee no es una fecha más, es un acto de comunión, de memoria viva, de espiritualidad encarnada, es un momento en el que el pueblo se encuentra mirar en sus muertos, y estos reafirmar su voluntad de encontrarse y de acompañar al pueblo, es el pacto entre generaciones, entre mundos, entre tiempos, es el corazón de la comunidad latiendo fuerte, latiendo con flor, latiendo con fuego.

Día 2 de noviembre, los miembros de la comunidad de Ve´e Ñuu Chee se reúnen de nuevo en la iglesia para el último acto ceremonioso de Viko Na Ndíi, la Fiesta de los Muertos. Esa acción indica la llegada del cierre del ciclo ritual. Pero, esta acción también indica que esta es la reafirmación del vínculo eterno que existe entre los vivos y sus ancestros, guardianes del territorio, espíritus de energía viva que acompañan y que protegen el caminar de la comunidad. Guiado a los cantores, la comunidad inicia la procesión hacia Ñuu Ndíi el Pueblo de los Muertos, nuestro Camposanto, es así como honran a su muerto. Este trayecto va de la mano de melodías a través de la banda de viento que envuelven todo el camino, en forma de ofrenda sonora que da la despedida a los muertos vivientes que provienen del inframundo, a su presencia, su fuerza, su guía.

Al llegar, se da paso al momento de la despedida. Las campanas doblan y los cohetes estallan, confirmando que los ancestros han vuelto a su morada y espacio eterna donde descansa para siempre. Las familias lloran de alegría, de nostalgia, de gratitud, se abren emocionalmente, mostrando su amor, su dolor, su esperanza, y la despedida se transforma en una renovación del pacto espiritual, del trato con los ancestros. Y ese momento, ese instante, se convertirá en un ciclo sagrado (no vicioso, sino virtuoso) de memoria, afecto y continuidad. Cada año, la comunidad repetirá y enriquecerán este encuentro, volviendo a reafirmar que la muerte no es ausencia, sino transformación. Que los muertos no se van, sino que caminan con nosotros, y que el territorio no solo se habita, sino que se honra. Así, el final de Viko Na Ndíi no es un final, es un retorno, una rueda de la vida, de la memoria y la dignidad que se renueva a cada canto, a cada flor, a cada lágrima.

Por último, ¿por qué no recordar y reivindicar la memoria de aquellos grandes hombres que, en esta vida, enseñaron a su comunidad a defenderse del mal? Nos mostraron el camino de la resistencia, nos quitaron la venda de los ojos tras más de 534 años de dominación. Frente a viento y marea, hemos sabido esquivar la catástrofe. Por ellos, siempre es justo recordar a los grandes luchadores sociales que entregaron su vida al pueblo de Ve´e Ñuu Chee sin esperar nada a cambio. Para algunos fueron villanos, pero quienes comprendemos su causa sabemos que enfrentaron un sistema y murieron defendiendo a sus pueblos. A estos hombres valientes, que nacen cada cien años, reivindicar su memoria es tenerlos presentes entre nosotros, aquí y ahora. En esta vida, proclamaron con firmeza: “Cero impunidades, cero privilegios”. Hoy, su presencia nos honra. Hasta siempre.

Esta última parte, una historia que continuará… Que la grandeza de nuestros ancestros, no nos abandones, que la victoria sea la flor renaciente sea el bien común

* Oriundo Ve´e Ñuu Chee

Fotografía: Cortesía especial de los habitantes de la comunidad de Buena Vista, Municipio de San Luis Acatlán

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