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México 1964-1977: metalúrgicos, electricistas y trabajadores universitarios, 1975-1977

por RedaccionEM septiembre 27, 2025
septiembre 27, 2025
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Por: Victor Ortega. 27/09/2025.

La secuencia de luchas del movimiento obrero que presentamos a continuación fue más difícil de elaborar que la correspondiente a las corrientes del radicalismo estudiantil, debido a la ausencia de bibliografía del radicalismo obrero propiamente dicha. Tuvimos que realizar extractos minuciosos que aparecen enmudecidos, discontinuos e irracionales.

Primero, algunos apuntes del contexto histórico de Saúl Escobar Toledo de su obra El camino obrero: Historia del sindicalismo mexicano, 1907-2017 (2021):

[…] No habrá, después de las huelgas de 1958-1959, ningún movimiento, dentro del sindicalismo nacional, que adquiera gran envergadura, con excepción del movimiento médico de 1964-1965. (p. 94)

[…] Las reformas impulsadas por Díaz Ordaz, en el último año de su gobierno, en 1970, tuvieron como antecedente las reformas constitucionales de López Mateos de 1962 que otorgaron el derecho a los trabajadores en la participación de las utilidades de las empresas y a un salarios mínimo que se decretaría cada año por un organismo tripartito, la Comisión Nacional de Salarios Mínimos.

[…] La ley (de 1970) estableció un piso a las prestaciones laborales: seis días de vacaciones al año; aguinaldo equivalente a 15 días de salario; pago de 200% por cada hora trabajada de tiempo extra si excede de nueve horas semanales; pago triple cuando se labora en días de descanso; goce de siete días de descanso obligatorios al año, y prima de antigüedad equivalente a 12 días por año trabajado.

[…] se concedía una indemnización de cuatro meses y 20 días por año trabajado (superior a los tres meses que normalmente se otorgaban por un despido injustificado) a los trabajadores que por esta razón fueran despedidos.

[…] El reformismo de Díaz Ordaz prosiguió con Echeverría. Entre 1972 y 1974 se reformó la Ley para crear el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y el Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (Fonacot), lo que permitió extender estos beneficios, es decir, créditos para la vivienda y para la adquisición de bienes de consumo durable (electrodomésticos, muebles y otros enseres para el hogar) a sectores de la clase obrera que no tenía ninguna posibilidad de acceder a estas prestaciones por medio de la negociación contractual. (pp. 97-99)

***

Continúa Escobar Toledo:

[…] La crisis abierta en el 68 y la inestabilidad y los conflictos de la década de 1970 fueron el principio del fin del llamado “Estado social autoritario”. Pero a la disrupción política y social debe agregarse el agotamiento del modelo económico y, en particular, “la crisis de la base sociotécnica y del modelo de relaciones de trabajo que sustentaron el desarrollo estabilizador”. (p. 112)

[…] Según un recuento puntual de esos años, en 1971 se presentaron 11 conflictos importantes, en 1972, 32; en 1973, 29; en 1974, 38; en 1975, 39, y en 1976, 29. Abarcaron electricistas, ferrocarrileros, minero-metalúrgicos, textiles, de la industria refresquera, etc. Cubrieron casi toda la geografía del país. Incluyendo a las empresas de la pequeña y mediana industria, pero también a los grandes establecimientos y a conglomerados industriales del tamaña de la Comisión Federal de Electricidad. (p. 113)

[…] Entre 1978 y 1982, gracias a los recursos petroleros con que contó el gobierno de López Portillo, se pudo extender por algún tiempo un ritmo de crecimiento muy alto. Con ello, se evitó un ajuste de grandes proporciones sobre el empleo mientras el salario sufrió una devaluación menor. Sin embargo, la política económica instrumentada dio lugar a un desorden mayúsculo, lo que, junto con un brusco cambio en las condiciones económicas mundiales, desembocó en una nueva crisis en 1982 que fue de mayores y más grandes proporciones que la ocurrida seis años antes.

[…] Hasta fines de la década de 1970, México se caracteriza por un régimen laboral basado en una legislación protectora y una política salarial progresiva, que se expresaba en aumentos monetarios reales y en prestaciones diversas, sobre todo en las empresas más importantes. La estabilidad en el empleo seguía siendo el modelo a seguir porque los sindicatos se asumían como su garante y las empresas preferían mantener una plantilla fija de trabajadores, aunque siempre dejaban un excedente de trabajadores eventuales o a tiempo parcial que se movía al ritmo de los vaivenes del mercado. El gobierno, por su lado, confiaba en que ello formaba parte de un régimen que garantizaba la paz social. (p. 133)

[…] En 1980 se realizaron otras reformas a la Ley Federal del Trabajo. Algunos de los artículos modificados tenían que ver con la capacitación, la higiene y la seguridad en el trabajo. Se trató, fundamentalmente de una reforma de carácter procesal que modificaba los títulos XIV y XV de la ley. Uno de los aspectos más importantes esta reforma fue la que se hizo en el artículo 123, que restringió el derecho de huelga al impedir que éste pudiera ejercerse por otro que no fuese el sindicato titular del contrato colectivo. Es decir, las organizaciones, sindicatos, coaliciones opositoras a los dirigentes que no tuvieran reconocida la titularidad del contrato colectivo no podrían ejercer el derecho de huelga. Ésta fue, según algunos expertos en derecho laboral, una respuesta a la ola de huelgas que se presentó en 1975-1976 en el Valle de México al margen del sindicalismo corporativo.

No sólo eso. Las reformas de 1980 también abrieron la puerta al auge de los llamados contratos de protección. (pp. 120-121)

***

El primer momento de la secuencia que elegimos fue extraída de la obra colectiva Entre montañas y sierras: Resistencia y organización laboral en el Monterrey del siglo XX (2017), y es sobre el conflicto ferrocarrilero, cuyo carácter unitario ya fue enunciado en el apartado del radicalismo estudiantil en su capítulo regiomontano:

[…] En Monterrey, [los ferrocarrileros] se dedican a organizar mítines, volantear en los centros de trabajo y concientizar a los trabajadores. Entre un sinfín de vacilaciones y de dudas sobre si había o no condiciones para la toma del sindicato, finalmente se lleva a cabo el 7 de enero de 1972. En medio de una trifulca, 800 trabajadores ferrocarrileros desalojan a los miembros del comité ejecutivo de la Sección 19 y se encierran en el recinto sindical. Las patrullas rondan el edificio sin intervenir, en tanto que estudiantes de la Universidad y de la Normal Superior les llevan a diario alimentos. Así transcurre una semana esperando el contrataque, pero como nada ocurre, deciden abrir las puertas del sindicato y llamar a una asamblea en la que participan cerca de 3,000 trabajadores. Se elige un nuevo comité ejecutivo con Pedro Osorno como secretario general. El Movimiento Sindical Ferrocarrilero participa en la formación del Frente Obrero Estudiantil y se vincula con otros movimientos de la época: con los electricistas, con el sindicato de la UANL y con las obreras de Medalla de Oro.

La madrugada del 10 de marzo de 1972, los ferrocarrileros acuartelados en el edificio sindical, son agredidos por un grupo de hombres armados de metralletas, pistolas y bombas molotov que buscan recuperar las instalaciones del sindicato. Sin embargo, los disidentes habían sido notificados por sus compañeros de la ciudad de México por medio de un telegrama que posteriormente fue publicado por el periódico El Porvenir.

El telegrama les advierte que los vagones del ferrocarril con “halcones” habían salido con rumbo a Monterrey para recuperar las instalaciones del sindicato. Los disidentes notificaron a la policía mostrando el telegrama, pero ésta se declaró sin autoridad para intervenir  en problemas inter sindicales, por lo que los trabajadores y algunos miembros del Frente Obrero Estudiantil los esperaron adentro, armados con palos y piedras. Para su sorpresa, los agresores llegaron a atacarlos armados de metralletas y dispositivos explosivos, hiriendo de bala a 31 y matando a tres, entre los que se encontraba un estudiante de la preparatoria 1 de la UANL. La policía intervino entonces sin disparar y detuvo a más de 75 trabajadores.

Los agresores declararon haber hecho viaje especial a Monterrey para visitar a sus compañeros de la Sección 19, quienes los recibieron a balazos. Los vallejistas declararon haber sido ellos los agredidos y distribuyeron volantes para informar a la sociedad que el grupo capitalino estaba formado por fuerzas policiacas vestidas de civil, popularmente denominadas “halcones”.

La policía encontró docenas de armas en el edificio sindical y, aunque uno de los muertos era capitalino, la totalidad de los heridos de bala resultaron ser regiomontanos. Muchos fueron recogidos por automóviles particulares y conducidos al hospital ferrocarrilero; entre ellos se encontraban los dirigentes Pedro Osorno, Rodolfo Peña y Lázaro Zertuche quienes consiguieron un amparo para evitar la detención.

En declaraciones posteriores, los agresores dijeron ser miembros del grupo Héroe de Nacozari y haber sido invitados por el secretario oficial de la Sección 19, Manuel Montelongo Hipólito. Por otro lado, Mariano Villanueva Molina, secretario general del ejecutivo nacional, exigió la consignación de Demetrio Vallejo y pidió castigo por ser el autor intelectual de lo ocurrido en Monterrey. Finalmente, el ejecutivo oficial de la Sección 19 regresó al edificio sindical, asumiendo la dirección Francisco Ríos Saucedo. (pp. 282-284)

***

El segundo momento de la secuencia fue extraído de Este puño sí se ve (1987) de Raúl Trejo Delarbre, y sus protagonistas son los metalúrgicos:

[…] Durante 120 días, entre julio y octubre de 1975, más de seiscientos trabajadores sostuvieron una huelga contra la empresa Spicer. (p. 23)

[…] El 29 de junio el comité ejecutivo de la sección sindical del Sindicato de Trabajadores de la Industria del Hierro y el Acero y los trabajadores más activos se reúnen, y varias horas después, ya al día siguiente, estalla la huelga. La dirección estaba integrada por el comité seccional, unos doce asesores del Frente Auténtico del Trabajo y del STIHA y los delegados departamentales más activos. (p. 30)

[…] la huelga rebasó los límites de la planta y se fue conociendo su existencia. Primero fueron los colonos de las zonas aledañas a la fábrica los que apoyaron a los trabajadores, debido a la cercanía geográfica y a que muchos obreros de Spicer vivían en esas colonias. Más tarde, algunos sindicatos independientes llevaron mantas de solidaridad y aportaciones económicas. No tardaron en llegar grupos estudiantiles, especialmente universitarios, que desde entonces siguieron de cerca el conflicto.

Uno de los aciertos del movimiento de Spicer fue haber concitado en torno suyo la solidaridad de amplios sectores y haber difundido el problema por diversos medios. Sin embargo los trabajadores no pudieron establecer una política precisa hacia los grupos y los sectores que les brindaban solidaridad. Desde entonces el movimiento  fue conducido no sólo por los obreros de Spicer sino también por estudiantes y colonos. Las asambleas, discusiones y otras actividades eran de tal forma abiertas que participaban lo mismo trabajadores de Spicer y otras plantas que colonos y estudiantes. (p. 33)

[…] La semana del 11 al 15 de agosto es llamada por los panegeristas del movimiento la “semana del poder obrero” (sic) porque en ella los trabajadores retrasaban la producción con tortuguismo y realizaban constantes actos de protesta (marchas dentro de la planta, mítines, asambleas). El ambiente era tenso. Fuera dela fábrica, piquetes de la policía del estado de México custodiaban las entradas y salidas. Adentro, los enfrentamientos entre los trabajadores de ambos sindicatos pasaban de la violencia verbal a la física.

El descontento espontáneo se manifestaba en desordenadas formas de protesta. Cuando los trabajadores recordaban que algunos de sus compañeros seguían despedidos, por ejemplo, comenzaban a gritar “¡reinstalación-reinstalación!” y detenían el trabajo por varios minutos. Algunos supervisores, que no pueden controlar esta situación, renuncian a sus cargos. La producción disminuye, según los obreros, al 10%.

En lugar del Comité de Huelga que había funcionado durante las semanas anteriores, los trabajadores organizan un “comité de lucha” en el que participan cerca de cuarenta delegados por turno. Había asambleas por turno y departamentos y la instancia superior era la asamblea general. Esta estructura tenía problemas prácticos. La organización por departamentos, lejos de servir para que los trabajadores se movilizarán y discutieran en sus lugares de trabajo, provocó que sólo los responsables de departamento se encargaran del trabajo sindical, propiciando indirectamente la falta de participación de los demás.

Esta organización no logra articular la respuesta de los obreros a la represión administrativa y judicial que comienza a ejercer la empresa. (pp. 34-35)

[…] En el movimiento de Spicer convergían demandas de grupos de colonos que reclamaban rentas menos altas y servicios urbanos, las demandas de otros trabajadores que estaban también en huelga o sufrían malas condiciones de trabajo, la solidaridad de grupos de estudiantes algunos de los cuales tenían en estas jornadas sus primeros contactos con la clase obrera. Sin embargo, el movimiento de Spicer no ofrecía a estos sectores una estrategia de solidaridad mutua que permitiese que tala apoyo no fuera sólo esporádico. (pp. 47-48)

[…] El 8 de octubre un grupo de trabajadores despedidos que pretendía celebrar un mitin frente a la fábrica, se encuentra con algunos trabajadores minerometalúrgicos. Se enfrentan a ellos, discuten y luego los corretean. Apoyados por habitantes de la colonia La Presa, los persiguen, rompen el parabrisas de un automóvil y amenazan con quemar el letrero de la sección local del Sindicato de Trabajadores Minero-Metalúrgicos, que se encuentra junto a la planta. Esta acción entorpece las negociaciones. (pp. 50-51)

[…] Los trabajadores consideran que la derrota no es total pues el convenio permite la posibilidad de que algunos regresen a la fábrica (aunque no los más combativos, que fueron los primeros en ser despedidos) y así levantar una sección democrática del STMM. Unos cuantos deciden de inmediato aceptar su liquidación y buscar otro empleo. La mayoría, después de una larga discusión, decide volver a la fábrica. Pero ni siquiera esta posibilidad les es permitida. (p. 55)

***

En un artículo llamado Spicer, una vez más la derrota (Madera no. 17, octubre de 1975), la Liga Comunista 23 de Septiembre apunta:

[…] Los obreros deben de entender que no se puede triunfar contra la burguesía con mítines y manifestaciones pacíficas, ordenadas y silenciosas, con peticiones y papeleos, con huelgas de hambre. Este tipo de acciones en nada vienen a afectar los intereses burgueses, en nada vienen a afectar la dominación burguesa y sí a fortalecerla. Estas no son formas de lucha proletaria; a la burguesía no le importa que los obreros mueran de hambre, (por eso tienen un gigantesco ejército industrial de reserva); con la huelga de hambre, con las manifestaciones pacíficas y silenciosas, con las peticiones, los papeleos, etc., lo único que se logra es desgastar las propias energías de los obreros y fortalecer la dominación burguesa, la huelga de hambre solo significa eso para los obreros, eso y desgastar en forma estéril su propia vida.

Los obreros de Spicer deben abandonar esa bochornosa situación que sólo favorece a los burgueses y abocarse a realizar una verdadera huelga revolucionaria. Los obreros deben ir a parar el proceso de producción en Spicer, deben hacer la huelga inmediatamente y abocarse a desplegar una amplia actividad revolucionaria con los demás proletarios. Deben ir a extender las ideas socialistas a las demás fábricas, deben organizarse en brigadas y Comités de Lucha Clandestinos y armados e ir a organizar a los obreros; deben desarrollar una movilización que hostigue a la burguesía y que sirva al proletariado para que acreciente su fuerza político-militar, para que desarrolle su conciencia, para que fortalezca su unidad de clase y para que avance firmemente en la construcción de su organización política y militar, en la construcción de su Partido y Ejército Revolucionario.

Si los obreros de Spicer hacen eso, si son capaces de mandar al diablo a los oportunistas y se lanzan al combate contra la burguesía, si se lanzan a hostigarla, si realizan toda una movilización revolucionaria, obtendrán con ello un triunfo el proletariado.

Si ustedes, obreros de Spicer, se lanzan a la lucha revolucionaria, contarán sin duda con el apoyo enérgico y decidido de más y más proletarios. El proletariado fabril responderá con una solidaridad combativa y revolucionaria.

***

En el caso del tercer y cuarto momentos, los episodios de radicalismo obrero son más extraños y difíciles de situar. El tercero es el conflicto de los electricistas. Leemos en Este puño sí se ve:

[…] un grupo encabezado por el secretario general Víctor Manuel Carreto, considera que la tendencia que lidera Raúl Galván ha “capitulado” y se ha mostrado más “dispuesta a componendas con la cumbre” que ha escuchar a los trabajadores. A partir de esa opinión, señala que la integración en secciones como la de Puebla donde existían representaciones tanto del STERM como del SNESCRM, no debe ser paritaria como establecía el Pacto de Unidad (1972), sino tomando como base la representación proporcional de cada uno de los sectores. (p. 70)

[…] Las diferencias en el seno del SUTERM se expresan con mayor beligerancia unos meses más tarde, en el conflicto suscitado en la sección de General Electric. El 13 de junio de 1974, los 3 mil trabajadores de esta empresa ubicada en Cerro Godo, estado de México y que formaban la sección 49 del SUTERM, estallan una huelga en protesta porque los representantes seccionales y el Comité Ejecutivo Nacional avalaron una revisión contractual a espaldas de la sección. (p. 71)

El 12 de junio de 19976, la Tendencia Democrática del SUTERM emplazó a huelga:

[…] Aunque no se permitió la colocación de banderas rojinegras, tuvo lugar una “huelga” parcial y de hecho. Al encontrar sus centros de trabajo ocupados, los electricistas se negaron a laborar y los servicios en muchos lugares quedaron virtualmente suspendidos. A esto contribuye también el inexperto manejo de las instalaciones por trabajadores no especializados que sustituyen a los de la TD. LA huelga, impedida por el ejército y los golpeadores, tiene parcial efecto. (p. 88)

[…] El 27 de julio, se anuncia que los secretarios generales de Puebla y Guadalajara suscriben un acuerdo renunciando a la tendencia y formulando un llamado para volver a trabajar. Éste fue uno de los mejores golpes del charrismo. Al no poder doblegar a los trabajadores en su conjunto, buscó debilitar las voluntades de dos dirigentes que aceptaron ser cohechados. La noticia de esa traición causa un general y natural desconcierto en las secciones involucradas. En Puebla, más de la mitad de los trabajadores, sin entender aún la traición de Carreto se abstienen al votarse el retorno a labores. En Guadalajara, la mitad del Comité Seccional se opone a Aceves, y surge una corriente democrática. (p. 90)

[…] El 16 de enero de 1978, la CFE ordena cerrar la planta hidroeléctrica de La Boquilla Chihuahua, con el fin de dejar sin trabajo a los 150 electricistas, militantes de la TD, que laboran en este sitio… El 3 de marzo, los electricistas que custodiaban la planta son desalojados por policías judiciales y soldados. (p. 94)

[…] Otro ejemplo de resistencia proletaria lo ofrecen los trabajadores de Parral, también en Chihuahua… Desde octubre de 1977 se pretende suplantar a la dirección democrática en Parral con una dirección ilegítima… El 20 de febrero de 1978, un grupo de esquiroles intenta tomar por la fuerza las instalaciones de trabajo. Los electricistas lo impiden, y desde entonces permanecen, por varios meses, sin recibir salarios y desplegando un movimiento que recibe la solidaridad de toda la región, ocupando y defendiendo sus centros de trabajo.

[…] Hasta septiembre de 1978, se llegó a acuerdos iniciales para lograr las reinstalaciones, indemnizaciones, reacomodos y jubilaciones de los trabajadores cuya situación laboral había sido afectada por pertenecer a la Tendencia. El 15 de ese mes, la Tendencia Democrática lo anunció así y señaló que, concluida esta etapa, dedicaría sus esfuerzos a la construcción del Movimiento Sindical Revolucionario. (p. 95)

***

El momento unitario de 1973-1974 en las luchas por la sindicalización de los trabajadores de la UNAM apenas son abordados por Trejo Delabre. Basta con un pequeño párrafo informativo aquí, pues no encontramos ningún episodio ofensivo en la autodefensa de los trabajadores:

[…] Cientos de miles de ciudadanos manifestándose en las calles, acciones solidarias en todo el país, paros nacionales de universidades y sobre todo una sólida entereza que no doblegaron amenazas, agresiones físicas ni la intervención de varios miles de policías, fueron parte del enfrentamiento que sostuvieron el Sindicato de Trabajadores de la UNAM y las autoridades centrales de esta casa de estudios en los 19 días de huelga entre junio y julio de 1977. (p. 108)

[…] La información periodística también cita al general Corona quien informó: “En la Facultad de Filosofía y Letras fueron encontradas 500 bombas molotov, armas de fuego y propaganda subversiva.” Sin embargo, comenta la misma fuente, “este arsenal no fue puesto a disposición del Ministerio Público Federal”. Por supuesto, no podía disponer de arsenal alguno porque no existía.

Los policías, con una mezcla de saña y temor, destrozan puertas y cristales, arremeten contra los automóviles, arrancan propaganda de los muros y detienen, en varios casos con extrema violencia, a cerca de mil trabajadores. Los sindicalistas no oponen resistencia. (pp. 147-148)

***

En un artículo llamado UNAM: Balance de una derrota (Autogestión no. 5, mayo-junio de 1977), el Partido Mexicano del Proletariado apunta en sus Conclusiones:

1) La huelga del STUNAM, al apoyarse sobre falsas apreciaciones políticas, al no prepararse con suficiencia y al estimar mal el momento político, constituyó una derrota más del llamado sindicalismo independiente.

2) El movimiento demostró que cuando la burguesía se enfrenta a un enemigo que rebasa los márgenes de control político “olvida” sus contradicciones y se une para la defensa del orden y la legitimación burgueses.

3) La huelga, planteada en el contexto de aguda recesión económica y política que había demostrado una estrategia de rigidez austera contra los trabajadores, llevó al STUNAM a un callejón sin salida donde el rector pudo contar con el apoyo del Estado para doblegar su contraofensiva.

4) La llamada reforma política puso en evidencia el nuevo “estilo” para controlar los movimientos y mostró una vez más la inoperancia de la demanda de “democracia e independencia sindicales”.

5) La legislación que desea tanto el rector como el PCM y el Estado, se realizará en términos que permitan un funcionamiento más idóneo de las Universidades y más propio a las necesidades del desarrollo.

6) La historia de las luchas en los últimos 20 años demostró que todo movimiento por la democracia e independencia sindicales, en las condiciones actuales, se enfrenta necesariamente a la estructura represiva del Estado capitalista y lleva a la derrota a los trabajadores dada la imposibilidad de rebasar los marcos de la dominación política.

7) La perspectiva del sindicalismo Universitario es limitada. No sólo por la desmoralización que se ha provocado a raíz del último movimiento, sino también por los límites que tiene el sindicalismo dentro de las estructuras capitalistas, al depender de una legislación al servicio de la clase dominante y al adoptar formas organizativas y métodos de lucha burocráticamente reglamentados.

La lucha contra la institucionalización de las organizaciones de los trabajadores empieza a tomar importancia, puesto que se ha convertido en el medio más eficaz que utiliza el Estado para mediatizar y combatir.

***

En Autogestión no. 7 (septiembre-octubre de 1977) aparece el Programa de los Trabajadores ante el Régimen de Austeridad, firmado por la Alianza Marxista Revolucionaria, el Grupo Acción Proletaria, el Partido Mexicano del Proletariado y la Alianza Cívico Demócrata Juarense:

1. Demandamos un aumento general de salarios mayor al 28%, aproximadamente de $1, 500. 00 para todos los trabajadores.

2. Denunciamos los aumentos constantes de los precios como forma de empobrecimiento de las masas trabajadoras, los consumidores organizados deberán ser los reguladores y vigilantes de los precios. Proponemos la formación de cooperativas de consumo independiente.

3. Exigimos el establecimiento de la jornada laboral de 35 horas, -diaria de 7- con descanso de sábados y domingos pagados.

4. Demandamos la desaparición de los impuestos indirectos que paga el consumidor en cada compra. La eliminación de las cargas fiscales, contribuciones, cuotas, etc., cuyo pago exige a trabajadores, colonos y amas de casa.

5. Rechazamos el aumento de los ritmos de trabajo que se nos imponen para aumentar la productividad. Vigilancia estricta de los trabajadores sobre la empresa.

6. Demandamos garantías en el empleo, planta automática para todo trabajador con el propósito de que finalice el sistema de eventuales. Nos oponemos a los despidos en cualquier empresa, institución pública y privada.

7. Exigimos mayores gastos en Educación, servicios médicos, vivienda popular y prestaciones sociales, ante el régimen de austeridad que limita y reduce el presupuesto del Estado en estos renglones.

8. Demandamos que el ejército cese sus intervenciones represivas sobre el movimiento obrero, campesino y estudiantil. Nos oponemos terminantemente a la práctica de los estados de sitio -Oaxaca el último-, y del registro y detención del transporte de viajeros por la carretera.

9. Demandamos la reducción de los precios del transporte urbano, la ampliación de rutas y el mejoramiento del servicio.

10. Exigimos que las empresas establezcan guarderías para todos los hijos de los trabajadores, y proporcionen sin costo, cursos de preparación para sus esposas e hijos mayores.

11. Pugnamos porque los trabajadores decidan todo lo relativo a sus problemas. Porque no haya intromisión de charros, caciques y gobierno, en la toma de sus decisiones.

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