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2015/1995: La crítica de la socialdemocracia implica la crítica del anarquismo y las izquierdas comunistas

por RedaccionEM marzo 1, 2026
marzo 1, 2026
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Por: Víctor Ortega. 01/03/2026.

Uno de los ejes de ruptura con la ultraizquierda histórica se produce a partir de la categoría de programatismo. Roland Simon, miembro de la revista Théorie Communiste, cuyo objetivo a partir del fin de milenio es delimitar su teoría mediante una ruptura más marcada con la ultraizquierda, en Historia crítica de la ultraizquierda (2015) establece 1) el impulso histórico que descompone el programatismo; 2) el ser del programatismo y 3) los inicios de la desintegración histórica del programatismo:“[…]

Bajo el impulso de la huelga de masas de mayo-junio de 1968, después de que el otoño caliente italiano de 1969 y el levantamiento polaco de diciembre de 1970 sucedieran a la primavera francesa, que conflictos a menudo violentos y sin reivindicaciones se multiplicasen en los Estados Unidos y que todas las instancias de la reproducción de la fuerza de trabajo y de la necesidad de renovar su relación con el capital se ponían en tela de juicio, cabía pensar que al reformismo obrero, al control de los partidos comunistas y de los sindicatos sobre la clase y al bombo izquierdista les quedaba ya poca cuerda, y que todas esas luchas, aun siendo limitadas, anunciaban un nuevo «asalto proletario» que iba a desembocar a corto plazo en la lucha final. Sin embargo, los límites de las luchas de la época fueron apareciendo a medida que éstas se desarrollaban, y hubo que formular preguntas decisivas tanto sobre los resultados de las revoluciones pasadas como sobre el análisis de las luchas en curso, las perspectivas de desarrollo del modo de producción capitalista y la concepción general del comunismo.

“Desde nuestro punto de vista actual, debido a que toda afirmación del proletariado desapareció tras la reestructuración que siguió a este asalto, en la actualidad cabe entender toda la acción histórica del «viejo movimiento obrero» y del «período 68» mediante el concepto de programatismo.

“De forma general, puede decirse que el programatismo se basa en una práctica y una comprensión de la lucha de clases en la que una de esas clases, el proletariado, encuentra los fundamentos de la organización social futura en la emancipación de su condición, que se convierte en un programa a realizar. En la lucha de clases entre proletariado y capital, el proletariado es el elemento positivo que hace estallar la contradicción; la revolución es, pues, afirmación del proletariado: dictadura del proletariado, consejos obreros, emancipación del trabajo, período de transición, extinción del Estado, autogestión generalizada o «sociedad de productores asociados». Uno de los términos de la contradicción se presenta como resolución de la contradicción.

“El proletariado es investido de una naturaleza revolucionaria que lo torna contradictorio al capital y que se modula de acuerdo con unas condiciones históricas más o menos «maduras». El programatismo no es una simple teoría, es, por encima de todo, la práctica del proletariado, en la que el ascenso de la clase dentro del modo de producción capitalista (de la socialdemocracia a los consejos obreros) se concibe positivamente como un trampolín hacia la revolución y el comunismo. Es la práctica del proletariado desde comienzos del siglo XIX hasta finales de la década de 1960. Ahora bien, al estar esencialmente vinculado al período de subsunción formal del trabajo bajo el capital, durante la primera fase de subsunción real, a partir de la década de 1920, el programatismo «se descompone» bajo la forma específica de la identidad obrera.” (Subrayado en negritas, nuestro).

Ahora bien, la socialdemocracia, tan denostada por la ultraizquierda, fue tan programática como los consejos obreros o el anarquismo, que la ultraizquierda piensa como “más radicales” o “más auténticos”. En 1995, Théorie Communiste publica La revolución proletaria (1848-1914), en la que fundamenta la positividad histórica de la socialdemocracia, idéntica a la del anarquismo, el sindicalismo revolucionario o la de las izquierdas comunistas históricas por medio de 1) su matriz programatista; 2) sus rasgos fundamentales; 3) su contenido y 4) el final de su ciclo:“

[…] para el proletariado, la Comuna supone el fin de la práctica autónoma de las mediaciones programáticas de la revolución. A medida que el proletariado queda totalmente especificado como clase del modo de producción capitalista, el programatismo evoluciona de forma simultánea, en tanto socialdemocracia y afirmación inmediata del proletariado como clase dominante, como afirmación inmediata de las tareas comunistas a realizar, y como crítica interna del programatismo, de los sindicatos y de la política (anarquismo, escisiones socialdemócratas). Ambos aspectos están mutuamente implicados, y esa implicación no significa otra cosa que la imposibilidad, en sus propios términos, de la afirmación del proletariado.

“Veremos desarrollarse esta imposibilidad del programatismo, dentro de sus propias determinaciones, como una imposibilidad interna que producirá a partir de sí mismo, a lo largo del período y de forma específica según las fases históricas: la época de la doble revolución, el período de la Primera Internacional, la fase socialdemócrata y sindicalista revolucionaria, y la aparición de las Izquierdas.

“[…] La coexistencia de los dos términos (crecimiento de la clase dentro del capital y producción de una sociedad distinta sobre la base del proletariado), que implica internamente el simple hecho de que la revolución haya de ser la afirmación del proletariado, se hace imposible y estalla cuando, tras el período de 1871-1873, comienza el paso a la dominación real.

“[…] El rasgo fundamental que nos permite captar como un todo el conjunto de prácticas globalmente denominadas reformistas es que la contradicción entre el proletariado y el capital plantea la revolución como afirmación del proletariado.” (Subrayado en negritas, nuestro).

De esta manera, la socialdemocracia es una desintegración interna de la modalidad histórica de actividad del proletariado vinculada al cambio radical de reproducción de las relaciones sociales capitalistas (la nueva materialidad social bajo la dominación real del trabajo por el capital) en las que la fuerza de trabajo queda integrada:

“[…] La revolución se inscribe en una perspectiva de crecimiento lineal de la clase, para la cual el crecimiento gradual y pacífico del propio modo de producción capitalista es la mejor garantía.

“[…] La búsqueda de un desarrollo apacible del capital no sólo supone rechazar la teoría de la crisis, sino que tiende a evitar todo aquello que pueda perturbar el desarrollo del capital o entorpecer su curso; es preciso evitar toda catástrofe.

“[…] está implícito en el simple hecho de que la revolución se plantee como afirmación de la clase, lo que implica en la práctica que todo crecimiento, reforzamiento o conquista de la clase en el modo de producción capitalista se consideren como etapas de la revolución. Este es el origen fundamental del reformismo.

“[…] Si el capital existe a partir de este momento en todas sus determinaciones, si es él quién estructura el conjunto de la sociedad, si no hay arcaísmos ni modos de producción paralelos, esto no impide que la integración de un proceso de trabajo inadecuado y la reproducción externa de la fuerza de trabajo, se convierta en el curso de su desarrollo en los límites que el capital se pone a sí mismo en el seno mismo de la extracción de plusvalor absoluto; es en este sentido que es progresista. Al convertirse en obstáculos, el capital los supera como «arcaísmos»; es el rechazo y la superación lo que crea el arcaísmo. El capital se presenta, por tanto, como progresista, este es el segundo origen del reformismo.

“[…] en la práctica reformista, la aceptación o el rechazo de las alianzas no se basa en posiciones de clase, en la acción específica del proletariado, sino en las demás clases para encargarse de la modernización… que se convierte en el criterio exclusivo. Ahí reside todo el significado del debate interno de la socialdemocracia sobre el tema de «la masa reaccionaria».

“[…] al sustituir al objetivo, la democracia ya no es simplemente una forma política: es un período histórico en sí misma. Se convierte en la resolución de las contradicciones del capital, en la creación de nuevas relaciones de producción: la comunidad de productores asociados, la adecuación entre el trabajador y el ciudadano.

[…] La democracia es la expresión social, no sólo política, del proceso fundamental de la dominación real: la reproducción, la asociación y la defensa del proletariado se convierten en momentos reales del proceso del capital.

[…] Para que la socialdemocracia pueda convertirse en un partido directamente gestor del capital y lo haga efectivamente, es decir, como partido obrero, hace falta que el capital se convierta, a través de su propio movimiento y de forma adecuada, en la reproducción y la asociación del proletariado… el acceso de la clase en tanto desarrollo del capital se convierte en gestión de éste, y adquiere entonces como contenido la capacidad específica de ser contrarrevolución en relación con la revolución.

[…] La socialdemocracia en el poder no significa un desarrollo cualquiera del capital, ni unas relaciones de clase o de reproducción de la sociedad cualesquiera: capital organizado, defensa del salario como ingreso o inversión, forma republicana del Estado, eliminación definitiva de todos los vestigios sociales, antagonismo entre las clases como objeto de consenso en tanto motor del conjunto social. En la década de 1970, este tipo de política socialdemócrata llegó al final de su ciclo histórico.

[…] Las características de la socialdemocracia no se pueden limitar a aquello que se proclama como tal. La socialdemocracia es el sentido dominante de la época. Según las áreas de desarrollo del capital (lo que constituye en ese caso un criterio de análisis permanente), según la forma en que el capital integra a los estratos sociales que lo preceden, y según el Estado que lo implique, este proceso socialdemócrata, para el desarrollo de la clase, su consolidación dentro del sistema, equivale al curso al curso de la revolución, se desarrolla de manera diferente.

“[…] Asistimos más a una socialdemocratización general y profunda de la lucha de clases que afecta a todo el período, que a la existencia de grandes partidos socialdemócratas (que pueden no existir).” (Subrayado en negritas, nuestro)

Finalmente, Théorie Communiste, deja una interesante nota sobre el comienzo de la crítica del programatismo:

“[…] El foco teórico del programatismo radica en la separación efectuada entre la lucha de clases y el desarrollo del modo de producción capitalista… La crítica del programatismo empieza por la crítica de la separación objetivista y culmina en la crítica del concepto de naturaleza revolucionaria del proletariado, definida de una vez por todas y modulándose de acuerdo con las condiciones que se den.”

Así pues, la condena de la socialdemocracia en sí misma es insuficiente; lo que limita la crítica de la neoultraizquierda contemporánea que quiere la demolición de la socialdemocracia y su “crítica despiadada” sin la destrucción del legado histórico, ya obsoleto, del programatismo, que incluye, como hemos visto, tanto al anarquismo como a las izquierdas comunistas, por ejemplo.

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