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PROVOCACIÓN II: La ofensiva de las resistencias.

Por: Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro, Marcelino Guerra Mendoza. Contacto: labandadelxs3@gmail.com 06/12/2017  

El 21 de octubre de 2017, profesoras de Monterrey Nuevo León volvieron a protestar contra la reforma educativa. En una foto de su página de Facebook, Maestros de Nuevo León, bloquean calles, muestran sus demandas – “Nombramientos definitivos”-, y sus denuncias contra el gobernador, El Bronco: “No te queremos de presidente” ( Maestros de Nuevo León ). 

Escenas como esas las hemos visto desde hace tiempo Quizá no tengan nada de nuevo. Ni sorprendente. Lo que hace llamativa la foto es la frase sobreimpuesta  en la parte superior: CNTE Nuevo León. No es la única. Hay otra, en letras más grandes: ¡ABROGACIÓN DE LA REFORMA EDUCATIVA! 

No es nuevo, dirían muchos. Eso lo vimos antes, podría decirse. Sin duda: acciones similares las hemos visto desde que inició la reforma. Sería mejor decir: las vimos mucho. El tiempo verbal es la clave: las vimos, no las vemos. Ya no las vemos. O las vemos poco. Casi nunca: de ahí la extrañeza. 

¿Por qué llama la atención una foto cruzada por la consigna ABROGACIÓN DE LA REFORMA EDUCATIVA?  ¿Qué tiene de raro? ¿Por qué sorprende, después de años de resistencia? La respuesta es sencilla: porque ya no se hace; porque se olvidó, porque hoy día casi nadie va a la calle para luchar por la ABROGACIÓN de la reforma. 

Recordemos: en México, se acostumbra distinguir la derogación de la abrogación de una ley. La primera significa dejar sin vigencia una disposición parcialmente; la segunda, totalmente. Las maestras de Nuevo León no tienen duda: en sus consignas se encuentra la abrogación. Pero dicen algo más: su lucha por los contratos definitivos sólo se podrá lograr con la abrogación, es decir, dejando sin vigencia totalmente a la reforma constitucional. 

Quizá por eso resulte extraña su consigna y su protesta. Quizá por eso sea una anomalía en las resistencias hoy en día. 

Sin embargo, esta línea narrativa produce una hipótesis fáctica: el triunfo de la reforma y la derrota de las resistencias. La reforma ganó y los maestros disputan la adecuada aplicación de la ley. Sólo eso. En eso quedaron las movilizaciones de ayer. Justo la provocación de la semana pasada. ¿Es la única opción? ¿Sólo se puede pensar así, a partir de hechos, de eventos acoplados y sucesivos que llamamos realidad? 

No. Hay otros modos de pensar y de vivir. Hay otras formas de concebir lo real. Se puede. Pero necesitamos una pequeña digresión filosófica. Disculpen ustedes. Es breve, muy breve. 

No aburriremos con autores o citas. Un ejemplo solamente. Una de las múltiples experiencias de la protesta. Una asamblea. Todas sabemos que es el resultado de muchas acciones y decisiones: los días, los formatos, la duración, la agenda. Cada una resulta de opciones distintas y decisiones únicas. Eso es lo que hace un hecho. Una realidad: la fáctica. Sin embargo, es sólo la actualidad, igualmente reales fueron las otras opciones, las que perdieron, las que no se consideraron en la agenda, las otras posibilidades no actualizadas pero reales. Luego formarán parte de relatos alternativos: lo que hubiera pasado si esa asamblea, por ejemplo, se realizara otro día, con otra agenda; si tal decisión no se hubiera tomado, lo que sucedería si hubieran asistido más, lo que… 

La cuestión no es solamente el hubiera, que rápidamente se acota con un lugar común: el hubiera no existe, nos dicen los idólatras de lo real (los positivistas). El asunto es que este real, esta actualidad, es el triunfo de varios poderes: los que ganaron la decisión, los que impusieron la agenda, los que planearon la estrategia. 

Los hechos son producciones del poder; los otros posibles son igualmente reales, pero derrotados, que más tarde o más temprano construirán uno o muchos relatos para disputar la actualidad -¿cuántas veces hemos visto regresar relatos y prácticas perdedoras, remozadas y reactualizadas. V.gr. el nazismo y los supremacistas?-. 

No los aburriremos con autores y citas, prometimos antes. Sólo un dato para las interesadas: lo anterior forma parte de la filosofía del acontecimiento. De los regímenes de lo real, que tanto interpelan al poder; de las parejas real y posible, actual y virtual. 

Lo que importa de esta digresión es el mundo político que abre. Sobre todo para quienes resisten: la posibilidad de hipótesis contrafácticas. Hipótesis que surgen de las bifurcaciones de lo real: en cada decisión se abren otros mundos posibles. ¡Sólo falta actualizarlos! No volverlos reales, porque lo son, están ahí, se observan, sino hacerlos actuales: fácticos. Y en muchos de esos casos, si no es que en todos, lo real es producto del poder. Los posibles, un efecto de las derrotas. No de una: de muchas. Ese es el compromiso del poder con la realidad. Muchas veces no se distinguen. Y para colmo, expresan la verdad: todo lo real es racional, decía Hegel. 

Pues bien. Otra historia es posible. ¡Igualmente real! Una historia no-lineal, compuesta de caminos no tomados, opciones derrotadas, rodeos, atajos, derivas, ramificaciones, saltos, caídas, emergencias y ensambles diversos. A menudo se la refiere como una práctica literaria. Casi como un género: la historia contrafactual

La ciencia ficción es un campo muy propicio. También la narrativa de Borges: ¿se acuerdan de  El jardín de los senderos que se bifurcan ? ¿De la Magnitud imaginaria de Stanislaw Lem? 

Sin embargo, la historia contrafáctica no es sólo una narrativa que inicia con condicionales: qué pasaría si, qué hubiera pasado, qué sucedería si…; es un campo de lo real no actualizado, un régimen de lo posible no ensamblado, por efecto de múltiples estrategias de poder. Un cambio en las condiciones que producen lo real produce alteraciones en cadena de eventos y, en consecuencia, de la facticidad. Ese cambio es el que pueden producir las resistencias. 

La cuestión es no comprender las condiciones como variables, sino como campos de fuerzas en disputa. Entonces la cosa cambia. No es un ejercicio especulativo, es el trabajo silencioso de las fuerzas soterradas, de las relegadas, de los discursos desvalorizados y las verdades excluidas, que pueden actualizarse y disputar lo real, pero también relocalizarse, ensamblarse de otro modo y con otras argamasas, producir campos emergentes, diferentes o remozados. 

La historia contrafáctica deviene política virtual. Nuevas hipótesis de la multitud. Hipótesis contrafactuales. Se abre un nuevo horizonte conceptual, de una realidad soterrada por el poder: la política en devenir: el  campo de las estrategias virtuales de las resistencias. 

El choro está bueno, dirán algunos, aunque un poco denso, pero ¿y en la reforma educativa qué, cómo, cuáles son estas hipótesis contrafácticas? ¿Cuál la política en devenir, cuáles las estrategias virtuales de las resistencias? ¿Cómo aterriza ese choro mareador, si es que lo hace? 

Nada mas lejano a estos escribas que redactar un programa único alternativo. No se trata de componer otra más de esas utopías que siempre terminan en desgracias, sino de seguir la bifurcaciones, los atajos clausurados, los caminos negados: lo que está ahí sin actualizarse. ¿Ejemplos? Muchísimos. Desde las críticas vueltas lugares comunes, que dirigen conceptualmente las resistencias, a pesar de que hay otras voces y otros conceptos; hasta las mesas únicas de negociación que cerraron el paso a los diferentes; todas las opciones  no consideradas y vetadas; o las eternas repeticiones de las prácticas organizativas y militantes.  ¿Qué tiene de contrafáctico ese lado oscuro, denegado de lo real? Pues la problematización de la derrota. Nada menos que eso. 

¿Qué pasaría si en lugar de la Mesa Única Nacional de Negociación, inspirada, negociada y realizada mayormente por la CNTE, de la que se excluyeron a contingentes del Movimiento Magisterial de Base, de asociaciones de padres de familia, la experiencia fuera otra, en la que hasta los adversarios reconocen los problemas, y advierten un riesgo enorme para todos y todas? ¿Qué pasaría si esa gremialización de las resistencias, que fue una construcción de críticos y dirigentes sindicales, fuera desmantelada por una pedagogía social de los significados y trascendencias de la reforma educativa? Un articulista lo dijo durante la acampada del magisterio en el zócalo, en el verano del 2013: “Durante su estancia en la capital los maestros tendrían que haber hecho una labor pedagógica con los ciudadanos para mostrar las razones de su movilización. Explicar que no sólo defienden prebendas del magisterio, sino que también protestan por las incongruencias de una ley improvisada y llena de parches. Yo tuve que leer en textos de especialistas las inconsistencias del proyecto de ley presentado por el Ejecutivo y las implicaciones que eso tendría en la calidad de la educación. La CNTE hizo muy pocos esfuerzos para explicarlas” ( Jorge Zepeda Patterson, No basta tener la razón ). Quizá porque la misma CNTE no las tuviera claro. Quizá porque la CNTE focalizó y capturó las resistencias. Con la ayuda de muchos críticos y comentaristas. 

¿Qué pasaría si en lugar de defender las negociaciones en lo oscurito, los intereses seccionales, la estabilidad de la burocracia sindical, la preeminencia discursiva y los exabuptos crítico-revolucionarios, se reconocieran las multiplicidades y se pusieran por delante las problematizaciones? ¿Qué ocurriría si en lugar de enfrentarse con padres de familia y pobladores, de reclamarles su apoyo, se  advirtiera que no es una lucha gremial sino poblacional, en donde no hay apoyos sino coincidencias estratégicas? ¿Qué sucedería si en lugar de la arrogancia pedagógica de los perdedores, se entendiera que la educación es un asunto demasiado complicado para dejárselo a los didácticos? ¿Qué, si se pusiera en entredicho la vigencia estratégica de la Movilización-Negociación-Negociación, sobre todo en un asunto que rebasa con mucho las demandas laborales y sindicales? 

Seguramente hay más hipótesis contrafácticas, pero nos atrevemos a sintetizarlas en una: la ofensiva de las resistencias, que por fin entendieron que la reforma educativa es una guerra y que bien vale la pena hacer un plan para ganarla y no solamente reaccionar a las iniciativas del poder. 

Fotografía: josecardenas

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